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LA INICIACIÓN EN LOS MISTERIOS DE LOS EGIPCIOS Lo que conocemos como Misterios de los egipcios era un conjunto de enseñanzas a través de las cuales los iniciados accedían al conocimiento de las cosas divinas. Por motivos obvios, los egipcios fueron especialmente parcos en transmitir a los no iniciados información acerca de esos Misterios, de modo que solamente gracias a los textos funerarios conservados en las tumbas hemos recibido noticias que nos hablan de los secretos que se encierran en las creencias que acerca del hombre, la muerte, el Más Allá y la divinidad existían en esta apasionante civilización.
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Para los egipcios la tumba era la Casa del ka. En sus textos funerarios nos han dejado escrito que cuando al hombre llega a la muerte lo que ocurre, realmente, es que el difunto pasa a su ka. Pasar al ka era para los egipcios sinónimo de morir. En ese momento la energía o fuerza vital que había tenido el hombre en vida pasaba a ser absorbida por los kas del grupo ancestral. Convertido ya en un ancestro, el difunto, en el futuro, pasaría a recibir en la tumba las ofrendas y oraciones de sus deudos; a cambio, como compensación, contribuiría a que la energía vital de los ancestros siguiera fluyendo hacia los vivos.
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EL BA: EL HOMBRE Y EL ESPÍRITU El ba era un compuesto espiritual tanto del hombre como de los dioses y representaba de alguna manera un vínculo de unión entre lo meramente humano y la divinidad. Los egipcios pensaban que el hombre tomaba conciencia de su ba, es decir, de su espíritu, y establecía contacto con él en los momentos en que por causas diversas ese componente se independizaba del cuerpo y salía al mundo exterior. Esa extraña situación se producía, viviendo la persona, durante los sueños o a través del proceso de iniciación en los Misterios. También se producía, inexorablemente, tras la muerte, cuando según nos dicen los “Textos de las Pirámides” el cuerpo del hombre es para la tierra y el ba se eleva a los cielos.
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EL AKH: EL ESPÍRITU DIVINIZADO La última etapa del proceso de iniciación mistérica, tras haber vivido previamente las experiencias del ka y del ba, sería la de sentir como nuestro espíritu toma contacto con lo que los egipcios denominaban akh, que podríamos traducir por “espíritu divinizado”. En un proceso análogo a los que hemos estudiado para el ka y su vida en la tumba, y para el ba y su estancia en los Campos de Osiris, la experiencia del akh suponía, una vez que la muerte alcanzaba al hombre que su espíritu, plenamente libre de impurezas y ultimado el proceso de Glorificación, arribase al Reino de la Luz Pura de Ra.
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LA NATURALEZA Y EL COSMOS EN LA RELIGIÓN EGIPCIA El gran aporte de la religión egipcia a la historia de los religiones fue que supo trascender la vinculación primitiva entre fenómenos naturales y religión para elevarse a unos discursos metafísicos que suponían ofrecer, primero solamente al rey y más adelante a todos los hombres declarados Justos en el Juicio de Osiris, una clara esperanza de vida tras la muerte. Una nueva vida que se desarrollaba en el cosmos (también Naturaleza, a fin de cuentas), en el Reino Celeste de Re, en donde los espíritus, transformados en Iluminados o Luminosos (espíritus akh) vivían asimilados a la divinidad e integrados en ella.
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HAPY: ALABANZA DE LA CRECIDA DEL NILO Conscientes desde los primeros momentos de su historia de la importancia de la crecida del Nilo, los egipcios personalizaron este acontecimiento, cuyo origen no comprendían, haciéndolo recaer en la existencia de un genio al que denominaron Hapy, que al modo de un dios padre bondadoso era el gran difusor de la vida, fecundando los campos y apagando la sed de hombres y animales.
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HEKA Y MAAT: LA CREACIÓN DEL MUNDO Los antiguos egipcios pensaban que el hombre tenía una misión importante en el cosmos. Con sus ritos y sus plegarias el sacerdote egipcio debía ayudar a que cada nuevo día el acto de la creación pudiera ser renovado y el sol saliera de nuevo. Gracias a la sabia utilización de Heka y de Maat el hombre contribuía a que la amenaza que el Mal supone no llegase jamás a triunfar.
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CREACIÓN Y REGENERACIÓN DEL MUNDO EN EGIPTO Los antiguos egipcios eran conscientes de que todos los días, cuando anochecía, el gran barco en el que Ra y su séquito viajaban por el Nilo celeste desaparecía de los cielos y se hundía en el reino de las Tinieblas, donde tenía que afrontar inmensos peligros. Afortunadamente, gracias a los poderes mágicos de Ra, el Mal era vencido noche tras noche y al día siguiente, cada mañana, se reproducía el milagro. Al amanecer, el sol volvía a brillar de nuevo en el horizonte y la creación del mundo se renovaba. Cada nuevo día era celebrado con júbilo por los hombres.
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MAAT: EL HOMBRE Y EL ORDEN DEL MUNDO Los egipcios pensaban, cuando llegaba el momento de la muerte, que si un hombre había vivido y actuado de acuerdo con Maat, es decir, había ajustado su existencia a la Verdad y la Justicia, cuando fallecía su vida estaba asegurada en el más allá para siempre. El hombre justo, conformado a Maat, tenía la esperanza de ajustar su destino, tras la muerte, al de Osiris. Los elementos espirituales que se integraban en el hombre eran de naturaleza divina y por tanto eran eternos del mismo modo que lo son los dioses. Ahora bien, si el hombre no había sido justo, es decir si no había obrado en su vida conforme a Maat, tras la muerte le esperaba la aniquilación y el olvido.
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FÓRMULA PARA VIVIR TRAS LA MUERTE En el capítulo 2 del "Libro de los Muertos" encontramos una atractiva síntesis de las creencias de los antiguos egipcios en relación con el paso de la muerte a una nueva vida en el más allá.
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Situados en el contexto del enfrentamiento entre los dioses Horus y Seth, los aspectos mitológicos y simbólicos que entraña la leyenda del Ojo de Horus, el Udyat de los antiguos egipcios, se insertan a modo de segunda parte en el popular mito de Osiris, del que se nos han transmitido sugerentes imágenes por el helenista Plutarco en su obra Isis y Osiris.
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EL MÁS ALLÁ Y EL FIN DE LOS TIEMPOS El capítulo 175A del “Libro de los Muertos” contiene interesantes reflexiones en relación con el más allá y sobre como habrá de ser el fin de los tiempos, de acuerdo con las creencias propias de los antiguos egipcios.
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Pensaban los egipcios que en el Inframundo, uno de los espacios que concebían en su esquema del mundo, se encontraba la Duat, el Reino de los Muertos (o de Occidente), cuyo monarca era Osiris, Señor de los Occidentales. En la Duat era donde los espíritus de los hombres fallecidos tenían que pasar por diversos procesos de purificación que habrían de permitir, si conseguían arribar al estado de Glorificado, que fueran admitidos finalmente en el Reino Celeste de Re, en el Reino de las Estrellas.
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Entre las instrucciones que el escriba Any dirigía a su hijo, se incluye el que posiblemente sea el más hermoso canto de amor a una madre que se haya escrito en el mundo antiguo. Any, que desea que su hijo se forme como un hombre íntegro, le transmite la necesidad de que en todo momento muestre hacia su madre la gratitud que le debe por tantos años pasados de cuidados y desvelos desinteresados.
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Los Textos de las Pirámides nos han transmitido unas creencias esotéricas que nos hablan del modo en que el espíritu del faraón, tras su muerte, debe ser objeto de diversas transformaciones en el Más Allá, en un proceso que habrá de culminar con su manifestación como espíritu akh, ser de luz o espíritu luminoso, que se integrará en la divinidad suprema de Re. En este estudio pretendemos aproximarnos a las creencias que los sacerdotes egipcios llegaron a desarrollar acerca de los mundos que el espíritu de su rey debía atravesar antes de arribar, finalmente, a ese reino de la luz de Re.
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EL FARAÓN Y EL JUICIO DE HORUS En los “Textos de las Pirámides” se nos ofrece la imagen de que el espíritu del Rey fallecido, del mismo modo que antes le había sucedido a Horus, heredero de Osiris, también tendrá que ser juzgado por el Tribunal de la Enéada, tras haber sido previamente purificado. El Rey será juzgado por las Dos Verdades (Isis y Neftis, coronadas por Maat) y contará en ese proceso con la protección que otorga el Ojo de Horus.
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HIMNOS DE ASCENSIÓN DEL REY EN LOS TEXTOS DE LAS PIRÁMIDES Los Textos de las Pirámides están integrados por multitud de conjuros a través de los cuales los sacerdotes de Heliópolis pretendían facilitar la ascensión del espíritu del Rey fallecido, que tras ser purificado en diversos mundos intermedios situados entre la tierra y el Reino Celeste de Re, debería acceder a este último lugar, convertido ya en divinidad y destinado a resplandecer como una estrella en el firmamento rodeado del resto de los dioses, sus hermanos. La pretensión final era que terminado el proceso de ascensión el Rey brillará en el Cielo como Re.
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AMENAZAS A RE Y AL ORDEN DEL MUNDO EN LOS TEXTOS DE LAS PIRÁMIDES Los Textos de las Pirámides incluyen conjuros en los que el espíritu del Rey fallecido emite terribles amenazas tanto contra Re, el Dios Primordial, como contra el Orden del mundo, en el caso de que se le pongan impedimentos en su pretensión de acceder al Reino Celeste. El Rey está dotado de un inmenso poder, ya que es un dios, y afirma, por ejemplo, que si se le ponen trabas en su proceso de ascensión no dudará en impedir que el sol salga en el nuevo amanecer o que las estrellas brillen en el firmamento.
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EL, VIAJE AL MÁS ALLÁ EN LOS TEXTOS FUNERARIOS DEL ANTIGUO EGIPTO En el antiguo Egipto la muerte fue considerada como la primera etapa de un largo proceso de fenómenos que habrían de culminar con el renacimiento y la transfiguración del difunto. El hombre egipcio desarrollaba su vida en dos momentos. En el primero, limitado en el tiempo, vivía en la tierra; en el segundo, que habría de durar toda la eternidad, la vida se desarrollaba en el Más Allá, en el Occidente, en los lugares celestes en los que reinaban Re y Osiris, considerado este último el gran dios de la ultratumba y cuyo sugerente mito de muerte y resurrección ofrecía a los egipcios una esperanza de vida tras la muerte.
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En el papiro número 3.024 del Museo de Berlín se han conservado dos interesantes textos del antiguo Egipto. De un lado, se nos ha transmitido el Diálogo de un hombre desesperado con su alma; de otro, en un conjunto de 25 líneas, se reproduce un fragmento de un relato maravilloso, del que desgraciadamente se ha perdido el principio y el final. En él se narra de manera ciertamente confusa el encuentro entre un pastor y una mujer de belleza sobrenatural, en las inmediaciones de una laguna en la que el hombre estaba apacentando su ganado.
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Durante los momentos históricos que hoy conocemos como Primer Periodo Intermedio los egipcios hubieron de contemplar como la tradicional fortaleza física y espiritual de su país caía derrumbada por las adversidades. Los textos que se han conservado recogen las consecuencias que ese deterioro de las instituciones egipcias produjeron sobre las creencias y la vida cotidiana de los hombres. Atónitos ante lo que estaba sucediendo los egipcios llegarían a cuestionarse el orden establecido y en ese contexto de agitación los hombres dudarán, incluso, de las creencias tradicionales que sobre la religión y la vida de ultratumba imperaban en el país.
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En su cuento profético Neferty nos ofrece una narración que describe una situación de crisis en Egipto que tradicionalmente se piensa que hace referencia a los penosos acontecimientos del Primer Periodo Intermedio. En opinión de algunos investigadores, sin embargo, los sucesos que se describen podrían ser los que habrían acontecido en los tiempos finales de la dinastía XI, que habrían de culminar con la llegada de Amenemhat I al poder.
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Con este nombre se conoce una narración que se ha conservado grabada en signos jeroglíficos en una estela que fue encontrada cerca del templo de Khonsu, en Karnak, en 1829 y que actualmente se conserva en el Museo del Louvre. Se trata de un texto de tipo propagandístico que los sacerdotes tebanos elaboraron en alabanza al dios Khonsu, al que se atribuía entre sus poderes mágicos una capacidad especial para ahuyentar a los espíritus que molestaban a los hombres. En su contenido todo parece indicar que la narración se inspira en una antigua leyenda popular que los sacerdotes querían ahora convertir en documento oficial.
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De la lectura de la estela de Intef (XII dinastía) parece desprenderse que con esas declaraciones de su capilla en Abidos este hombre, adornado con las excelsas virtudes de los sabios, pretendía justificar ante los Jueces del Más Allá su actuación en la tierra. Ese es el motivo de que el texto se considere un antecedente de la posterior “Confesión Negativa” del “Libro de los Muertos”.
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Los Textos de los Sarcófagos suponen un conjunto de diversas fórmulas de Glorificación que los antiguos egipcios conocieron como "Libro de proclamar justo al difunto en el Reino de los Muertos". Son unos textos que comenzaron a aparecer en las tumbas de las elites en los momentos del Primer Periodo Intermedio, a partir del reino de Heracleópolis. En tanto que los Textos de las Pirámides habrían sido los himnos que los sacerdotes recitaban en los funerales de los reyes, los Textos de los Sarcófagos habrían sido consideradas por los egipcios como guías que permitían que el difunto se adentrase por los mundos de la ultratumba.
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TEXTOS PARA LOS VIVOS EN EL "LIBRO DE LOS MUERTOS" El "Libro de los Muertos" de los antiguos egipcios contiene diversas fórmulas mágicas cuya finalidad no es ayudar a los espíritus de las personas fallecidas sino que se pretende que sean conocidas y practicadas por hombres que todavía viven y que han sido iniciados en los misterios de la vida y la muerte.
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En una de las tumbas del Valle de los Reyes, que albergó en su día los restos de Tutmosis III, fueron identificadas las primeras copias que se han conservado del denominado Libro del Amduat, obra que nos habla del viaje nocturno del dios Re y su sequito a lo largo de las doce horas de la noche por la Duat, el reino del Inframundo que es gobernado por Osiris, dios de los muertos.
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Tenemos
constancia de que los egipcios hacían llegar mensajes a sus difuntos escribiéndoles
cartas que depositaban en las tumbas. Estos textos, que constituyen una singularidad que
distingue a la literatura egipcia, solían escribirse sobre los recipientes cerámicos en
los que se depositaban las ofrendas dirigidas al fallecido y reposaban en la creencia de
que los espíritus eran seres luminosos que tenían poderes mágicos y que gozaban de una
gran movilidad, visitando la tierra tantas veces como lo deseaban.
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El Museo del Louvre conserva una estela dedicada a un personaje llamado Amenmenés en la que se nos transmite con abundantes detalles una versión propiamente egipcia del mito de Osiris. La estela se ha fechado en los tiempos del Imperio Nuevo y nos expone las creencias que muchos siglos después Plutarco habría de narrarnos en su obra "Isis y Osiris".
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En el himno a Osiris insertado en la estela de Amenmenés (Museo del Louvre) se van citando, en diversos momentos, a muchos de los dioses más significados del antiguo Egipto. De esos dioses ofrecemos aquí información acerca de los aspectos más significados de sus respectivas historias: la Enéada de Heliópolis, Ra, Amón, Osiris, Isis, Horus, Thot, Maat, ...
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EL HOMBRE Y SU CORAZÓN ANTE OSIRIS La idea de que las acciones de los hombres han de ser sometidas a un juicio tras la muerte por los poderes divinos tuvo su origen en los tiempos antiguos de la historia de Egipto, si bien solamente habría de quedar plasmada de manera rigurosa en los textos funerarios del Reino Nuevo una vez que culminó la elaboración del conjunto de fórmulas mágicas que se integran en lo que conocemos como “Libro de los Muertos”.
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EGIPTO, TIERRA DE MISTERIOS: EL JUICIO DE LOS MUERTOS Cuando el egipcio fallecía, antes de alcanzar el Reino de Osiris, su alma precisaba vencer los inmensos peligros que acechaban en las temidas regiones subterráneas, tarea para la que resultaba especialmente valioso conocer una colección de conjuros que permitían que pasara felizmente desde el momificado cuerpo hasta el deseado Amenti, donde Osiris reinaba. Esta recopilación de conjuros, que en nuestros tiempos conocemos como El Libro de los Muertos, servía como guía valiosa que permitía al alma cruzar, subida en la Barca de Ra, el pavoroso mundo de la noche.
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Para que, tras la muerte, el resultado del juicio fuese favorable al alma era necesario que el hombre, en su vida, hubiese actuado de acuerdo con lo establecido por su corazón, órgano en el que reposaba la idea de lo que es verdadero y justo, es decir, símbolo en el hombre de Maat, la diosa de lo justo y del equilibrio en el cosmos.
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AKHENATÓN, EL MÍSTICO DE LA LUZ Amenofis IV, del que poco se conoce antes de su llegada al poder, pronto destacó por su interés por la filosofía, la espiritualidad y la mística. Habiendo recibido la iluminación de Dios decidió cambiar de nombre y se hizo llamar Akhenatón (El que es grato a Atón), constituyéndose en profeta de unas nuevas creencias según las cuales la vida en nuestro mundo es un don del dios supremo, dios que se distingue esencialmente por su bondad y que el faraón identificaba con la Luz del Sol (el Disco Solar o Atón), en cuya energía se encuentra la clave de la vida.
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En las tumbas de los tiempos de la herejía atoniana se han conservado diversas versiones de un himno al Sol que se piensa que fue elaborado por el propio Akhenatón, a fin de cuentas el único que podía acceder directamente a las revelaciones del Supremo. En estas composiciones se expresa con optimismo el fuerte impulso místico que movía al faraón.
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Piezas emblemáticas de la Sala de Arqueología Egipcia del Museo Arqueológico Nacional de Madrid son tres momias que se exponen al público acompañadas de sus correspondientes radiografías.
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EL TEMPLO DE DEBOD: LOS MISTERIOS DE EGIPTO EN MADRID La visita al Templo de Debod, donado a nuestro país por el gobierno egipcio en 1970, permite conocer las singularidades de los espacios sagrados propios de un santuario del Antiguo Egipto. Sus rincones más profundos, alejados del ambiente espiritual de nuestra cultura, permiten evocar un pálido reflejo de todo lo que pudieron representar los Misterios que allí hubieron de desarrollarse en otros tiempos.
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LAS CREENCIAS DE PETOSIRIS, SACERDOTE DE THOT, SEGÚN LOS TEXTOS DE SU TUMBA La tumba de Petosiris, situada en la necrópolis de Tuna el-Gebel, en las inmediaciones de la antigua Khmun (Hermópolis), fue considerada en los momentos tardíos de la historia de Egipto como un lugar especialmente santo al que acudían peregrinos que conservaban la memoria de un antiguo sacerdote de Thot cuyos restos, junto a los de otros familiares, allí se conservaban. La tumba contiene diversas inscripciones en cuyos textos se ha transmitido buena parte del profundo halo de misticismo que envolvía a la figura de Petosiris.
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LAS CREENCIAS MÁGICAS EGIPCIAS Y LOS NIÑOS Si la magia impregnaba la vida en Egipto, en el caso de los niños esa continua presencia de las creencias mágicas era especialmente intensa. Los misterios que rodeaban los conocimientos sobre la concepción de los niños (embarazo, gestación y alumbramiento) y la situación de gran debilidad con que estos llegaban al mundo, sometidos a peligros que amenazaban sus vidas, hacían que la necesidad de ritos mágicos propiciatorios resultase imprescindible.
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LA MAGIA DE LA PALABRA EN EGIPTO
El
hombre egipcio tenía una visión de la realidad que impregnada por la magia
difería claramente de la que poseen los hombres modernos. En el Egipto de
los faraones las creencias de los individuos estaban dominadas por unos
componentes religiosos, rituales y mágicos, que hacían que todo adquiriese
un sentido transcendental que en nuestros tiempos, dominados por un modo de
vida subordinado al pensamiento científico, hemos perdido.
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LOS LIBROS Y LA ETERNIDAD EN EGIPTO Los antiguos egipcios pensaban que el recuerdo del nombre aseguraba, de algún modo, la inmortalidad de la persona que lo había portado. Si el hombre había tenido una vida virtuosa, tras su muerte, le esperaba un proceso de glorificación que habría de culminar con la divinización del fallecido, que sería asimilado a Osiris. Ese ansia de eternidad, tan propio de Egipto, era también facilitado si el recuerdo del fallecido quedaba unido para siempre a una obra escrita, es decir a un libro. A lo largo del tiempo, gracias al inmenso poder de la palabra escrita, cada vez que alguien leyese el libro su autor vivirá.
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El texto con el que iniciamos este estudio, un fragmento del capítulo 2 del Libro de los Muertos, permite que evoquemos a unos hombres, los antiguos egipcios, cuyas creencias acerca de la vida y la muerte se distinguían por la presencia continua en ellas de intensos componentes de tipo mistérico y mágico. En el antiguo Egipto la vida de los hombres, tanto en la tierra como en el Más Allá tras la muerte, estaba dominada por el poder de una divinidad primigenia, Heka, que era entendida como la personificación de los poderes mágicos responsables del origen y del mantenimiento de la vida.
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RETRATOS FUNERARIOS EN EL ANTIGUO EGIPTO El Museo Egipcio de El Cairo acoge una sorprendente exposición de pintura funeraria integrada por una colección de retratos que proceden de las excavaciones realizadas en las necrópolis de El Fayum. Citados fondos brindan una atractiva oportunidad de acceder a los que son, posiblemente, los retratos más antiguos que la cultura occidental nos ha legado.
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EL HOMBRE Y SU TRANSCENDENCIA EN EGIPTO Las fórmulas y rituales que se integran en el "Libro de los Muertos" ofrecen la creencia de que cuando el hombre fallece su espíritu inicia un proceso de elevación que debe culminar, tras ser liberado de las imperfecciones de la materia, con su glorificación y transformación en un espíritu luminoso (akh) asimilado al gran dios primigenio que resplandece en el interior de las creencias religiosas de este pueblo milenario. A lo largo de sus distintos pasajes el libro nos narra ese proceso de paulatina transformación del alma del fallecido en un ser de Luz que llegará a desligarse totalmente de la materia. La rúbrica final, en efecto, nos dice que: "Este libro te enseñará las Metamorfosis por las cuales pasa el Alma bajo los efectos de la Luz. En verdad, este Libro es un misterio muy grande y muy profundo. No lo dejes jamás entre las manos del primero que llegue o de un ignorante".
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EL HOMBRE Y SU TRANSCENDENCIA EN EL HERMETISMO Hermes Trimegisto (tres veces grande) es la denominación que los filósofos griegos utilizaron para referirse al antiguo dios egipcio Thot, que era uno de los dioses primordiales egipcios, que encabezaba una ogdóada de dioses que según antiquísima creencia se habría asentado sobre la colina primigenia de Hermópolis. Creador de las ciencias y de las artes vinculadas a la escritura Thot era una divinidad que jugaba un papel de gran transcendencia en las Casas de la Vida, en donde se estudiaban los conocimientos que había legado al hombre, vinculados con las creencias religiosas, la magia, la medicina, la astrología y la alquimia.
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ISIS Y OSIRIS: ALABANZAS EN EL KÓRE KÓSMOU El Kóre Kósmou, que se integra en los denominados Extractos de Estobeo, nos ha transmitido interesantes noticias que nos hablan de la función civilizadora que desarrollaron Isis y Osiris en unos tiempos legendarios en que los hombres tenían un modo de vida que se distinguía por el salvajismo y la impiedad.
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La espiritualidad egipcia y sus creencias sobre el hombre y su trascendencia afloran continuamente en las doctrinas del "Corpus Hermeticum". Los textos que conocemos como "Sabidurías egipcias", que nacen en el Imperio Antiguo, habrían de influir tanto en la forma como en el fondo de muchos de los tratados que se atribuyen a Hermes Trimegisto, que los helenistas identificaron con Thot, el antiguo dios egipcio del conocimiento. Las creencias del sacerdote Petosiris, plasmadas en las inscripciones de su tumba, o los textos del denominado "Libro de los Muertos" egipcio, parecen impregnar muchas de las posteriores creencias herméticas.
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