La creación del mundo en Egipto

 

 

 

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Ra, Khepri y Atum (tumba de Ramsés VI en Tebas).

 

 

 

Según las antiguas creencias egipcias el Demiurgo utilizó la magia de la palabra, es decir, el Verbo, cuando decidió crear el mundo que conocemos. A través del inmenso poder de la palabra el Creador fue activando de forma mágica los distintos elementos a crear, que previamente habían sido concebidos por su pensamiento. Los egipcios no tenían dudas de que cuando el Demiurgo pronunciaba el nombre de algo, gracias al poder mágico de la palabra, esa cosa que había expresado se materializaba y alcanzaba la vida.

 

Las creencias que se plasman en la Biblia, a fin de cuentas, tampoco difieren demasiado de las egipcias. En el Génesis, por ejemplo, se nos dice que "Dijo Dios: ¡Hágase la luz! Y la luz se hizo". En el Islam, igualmente, se encuentran también noticias similares, así en El Corán (XVI, 40) leemos: "Cuando Nos queremos una cosa, Nos decimos simplemente: ¡Sea!, y ella es".

 

Los "Textos de las Pirámides", haciendo referencia al momento de la creación, nos dicen que en el principio, cuando todavía no existían el cielo ni la tierra, cuando no había hombres, cuando ni siquiera los dioses habían nacido, ni tampoco la muerte, ya existía el Nun, es decir, las aguas primordiales, un inmenso abismo acuoso que contenía, en estado inerte, el germen de la vida.

 

Atum, el espíritu divino, flotaba en las aguas del Nun y según esos antiguos textos llegó un momento en que tomó conciencia de sí mismo y deseó dar vida a todo lo que existe. Fue en ese instante cuando la creación se inició. Se hizo la luz. Nació el sol. Se produjo el paso de la no existencia a la existencia. Habría de ser luego Ra, en cuanto suprema manifestación del Verbo, el que propagaría la creación tanto a través de la magia de la palabra como utilizando la fuerza de los signos escritos, trabajo en el que sería auxiliado por Thot, dios del conocimiento y de la escritura.

 

En los textos egipcios abundan las referencias acerca del poder creador de la palabra. Petosiris, sacerdote de Hermópolis, nos dejó escrito en las paredes de la tumba de su familia: "Construí esta tumba en esta necrópolis, junto a los grandes espíritus que aquí están, para que se pronuncie el nombre de mi padre y el de mi hermano mayor. Un hombre es revivido cuando su nombre es pronunciado..."