REGENERACION

 

 

Regeneración del mundo en Egipto

 

 

 

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Representación de Maat, coronada por una pluma.

(Museo Arqueológico de Florencia).

 

 

 

Una vez que Ra creó el mundo, este se encontró amenazado por grandes peligros. El propio dios (el sol), nacía cada día y se ocultaba al anochecer, tragado por el abismo y pasando a quedar inmerso en las amenazas del Mal y de las Tinieblas. Los egipcios, atemorizados por la diaria desaparición del sol, pensaban que Ra tenía necesidad, día tras día, de renovar el supremo acto de la creación. Era totalmente necesario, para vencer al Mal, que la Verdad, la Justicia y el Equilibrio del cosmos asegurasen cada nuevo día el mantenimiento de la creación. Esta no se concebía como algo estático, sino que tenía un carácter dinámico y precisaba de ser regenerada, lo que se conseguía gracias a los poderes mágicos de dioses y sacerdotes.

 

Esa función de mantener el orden de la creación estaba asignada a la diosa Maat, hija de Ra, que día tras día nutría de Justicia y Equilibrio a las divinidades que eran objeto de culto en los santuarios egipcios. Gracias a las virtudes de que Maat estaba investida se podía conseguir el milagro de que la creación del mundo se repitiera, sin cesar, hasta el infinito. En otro caso, los inmensos peligros que acechaban al mundo triunfarían y las fuerzas del Mal, que buscaban el retorno a la no existencia, es decir, al caos que precedió a la creación, saldrían triunfantes sobre el Demiurgo.

 

En palabras de Claire Lalouette, estudiosa de las creencias semíticas: "En el universo, las fuerzas de la desobediencia y del Mal se encarnan en un cierto número de personajes cuyas presencias y acciones nefastas hacen peligrar gravemente el orden del mundo, volviendo inestable su equilibrio, y atacando de forma especial los poderes celestes. Las serpientes, los ángeles caídos y los demonios se esfuerzan en destruir la obra primera del Creador".