En el Templo de Debod, traspasada la capilla de Adijalamani se accede a una serie de pequeños y misteriosos compartimentos que en palabras de Martín Almagro, que fue Director de la Misión Arqueológica Española en Oriente Próximo, "con su escasa iluminación y sin decoración alguna, con sus estrechas puertas secundarias, sus recovecos y misteriosos cubículos para guardar el tesoro o para el recogimiento de los iniciados, nos alejan del tiempo y del ambiente espiritual de nuestra cultura. El transitar por ellos ensancha la sensibilidad del visitante y ayuda a comprender mejor muchas páginas iniciales de la historia y del arte humano, que tuvo en Egipto su más gloriosa cuna".
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Templo de Debod |
| EL TEMPLO DE DEBOD Los Misterios de Egipto en Madrid
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Templo de Debod |
El templo de Debod fue donado a España por el gobierno de Egipto en 1970 como reconocimiento de los trabajos que nuestra Misión Arqueológica había realizado en Nubia tras la campaña que en 1959 había promovido la UNESCO. Los trabajos tuvieron como finalidad salvar los yacimientos arqueológicos que iban a quedar inundados por las aguas del Nilo, con motivo de la construcción de la inmensa presa de Asuán. Actualmente, el templo se encuentra enclavado en el céntrico parque madrileño de la Montaña del Príncipe Pío, muy cerca de la Plaza de España.
Había sido erigido hacia 200-180 a.C. por Adijalamani, faraón de Meroe y estuvo inicialmente consagrado al culto del dios Amón, en unos tiempos en que Egipto estaba sufriendo sucesivas invasiones, primero por parte de los asirios, que en 672 a.C. habían saqueado Tebas, y posteriormente de los ejércitos persas y de los hombres de Alejandro Magno.
En estos momentos tan tormentosos para Egipto, Nubia, estrecho pasillo que comunica con la profunda y misteriosa África, se constituyó en un reducto conservador de las más viejas esencias del milenario país del Nilo. En Nubia, más allá de la primera catarata, la teocracia monárquica faraónica habría de continuar desarrollando la última fase de su ciclo histórico, en unos tiempos en que Egipto, bajo el gobierno de los Ptolomeos, que adoraban a los dioses egipcios pero no creían en ellos, conocía una influencia helenística cada vez más profunda.