| MOMIAS Y USHEBTIS EN MADRID
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Piezas emblemáticas de la Sala de Arqueología Egipcia del Museo Arqueológico Nacional de Madrid son tres momias que se exponen al público acompañadas de sus correspondientes radiografías. Una de ellas, datada en tiempos de la dinastía XXVI, corresponde a una mujer de unos 25 años; otra, cubierta con cartonajes dorados, pertenece a Nespamedu, sacerdote de época ptolemaica, y la tercera es de otra mujer de edad más avanzada (sobre los 60 años). Curiosamente, se expone una cuarta momia que si bien externamente así lo parece lo cierto es que su interior está formado por una estructura de madera recubierta de vendas que simulan un cuerpo humano, destacando, sin embargo, que los cartones que recubren el conjunto si son auténticos.

Sarcófago de Taremetchembastet. Museo Arqueológico Nacional. Madrid |
Sabemos que el proceso de momificación, cuya duración afirmaba el griego Heródoto que duraba setenta días, respondía a la necesidad ineludible de preservar el cuerpo del difunto de su destrucción, como único medio de garantizar su supervivencia en el Más Allá. En el caso de las familias más adineradas, el sarcófago en el que se introducía la momia, se revestía de una bellísima decoración en la que se plasmaban determinados rituales de clara significación religiosa y funeraria. En el Museo de Madrid destacan los sarcófagos de Amenemhat y Taremetchenbastet, reproduciendo este último, en su tapadera, el capítulo 72 del Libro de los Muertos. Quienes no tenían recursos para costearse un sarcófago solían, al menos, encargar una máscara funeraria, que en tiempos posteriores pasaría a ser una mera mascarilla de yeso aplicada sobre el propio rostro del difunto.

Caja de Ushebtis. Museo Arqueológico Nacional. Madrid |
También se exponen en el Museo Arqueológico Nacional, entre multitud de objetos que integraban los ajuares funerarios de las tumbas, diversas figurillas mágicas que representan a los denominados shabtis o ushebtis, literalmente "los que responden". Pensaban los antiguos egipcios que en el Más Allá debían de seguir prestando diversos trabajos corporales, por lo que, para evitarlos, introducían en sus tumbas estas figurillas de sirvientes destinadas a reemplazar al difunto en la prestación de esos trabajos. El capítulo VI del Libro de los Muertos contiene un conjuro que hace expresa referencia a los ushebtis: "¡Oh tú Figurilla mágica, escúchame! He sido convocado, he sido condenado a ejecutar trabajos de todas clases, esos que obligan a hacer a los Espíritus de los muertos en el Más Allá; sabe, pues, ¡oh Figurilla mágica: puesto que ahora posees ya útiles, que debes obedecer al hombre en su necesidad! Aprende pues que serás tú la condenada en mi lugar, por los vigilantes del Duat: a sembrar los campos, a llenar de agua los canales, a transportar arena del Este hacia el Oeste..... (La Figurilla responde:) - Aquí me tienes...... Espero tus órdenes ....".