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EL JUICIO DEL CORAZÓN |
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Dice el capítulo 30 A del “Libro de los Muertos” de los antiguos egipcios: “Fórmula para impedir que el corazón del difunto N. se oponga a él mismo en el Más Allá” Que diga (el difunto, al llegar a la Sala de Maat, donde habrá de ser juzgado en presencia de Osiris, la divinidad del Inframundo): “¡Oh mi corazón (proveniente) de mi madre, oh mi corazón (proveniente) de mi madre, oh víscera de mi corazón de mi existencia terrenal! ¡No levantéis falsos testimonios contra mí en el juicio, ante los Señores de los bienes! ¡No digáis a propósito de mí: “Hizo aquello, en verdad” con respecto a lo que hice; no os levantéis contra mí delante del Gran Dios, Señor del Occidente! ¡Salve a ti, corazón mío! ¡Salve a ti, víscera de mi corazón! ¡Salve a vosotras, entrañas mías! ¡Salve a vosotros, dioses preeminentes, portadores de majestuosos penachos, cuyo poder radica en vuestros cetros! Anunciadme a Re, recomendadme a Nehebkau cuando llegue al Occidente del cielo. ¡Que sea durable sobre la tierra, que yo no muera en el Occidente, que sea allí un bienaventurado”
ACLARACIONES
-El ba (alma) del difunto, tras atravesar con éxito el Inframundo y haber sido purificado, accedía, al fin, a la Sala de la Doble Maat, en donde habría de ser juzgado en presencia de Osiris, acompañado de Isis, Neftis y otras divinidades. -En algunas de las ilustraciones del “Libro de los Muertos” se ve que en uno de los platos de la balanza está colocado el difunto y en el otro, su propio corazón. -Para que el resultado del juicio fuese favorable al alma era necesario que el hombre, en su vida, hubiese actuado de acuerdo con lo establecido por su corazón, órgano en el que reposaba la idea de lo que es verdadero y justo (es decir, símbolo en el hombre de Maat, la diosa de lo justo y del equilibrio en el cosmos). -Vemos en este conjuro que el alma pide a su propio corazón que no levante falsos testimonios contra ella, ya que en ese caso sería aniquilada y no alcanzaría la vida eterna. -Nos llama la atención la frase que dice literalmente: “¡No digáis a propósito de mi: “Hizo aquello, en verdad” con respecto a lo que hice…” Con esta frase parece que el alma está suplicando a su corazón que no la delate ante el Gran Dios (Osiris), que no informe de que cometió alguna concreta falta o pecado en su vida. Se está suplicando que no se diga al tribunal que el difunto hizo tal cosa, entendemos que pecaminosa. -En decir, en esta formula del capítulo 30 A (existe otra fórmula diferente a aplicar en otras circunstancias, la denominada 30 B), el difunto le hace a su corazón dos peticiones distintas: de un lado, que no levante falso testimonio contra él; de otro, que no lo delate por aquel pecado que cometió. -Más adelante, el difunto saluda e invoca tanto a sus propias entrañas como a los cuatro dioses de majestuosos penachos. Estas divinidades eran los cuatro hijos de Horus: Ansit, Hapy, Duamutef y Qebehsenuf, bajo cuya protección se colocaban determinadas vísceras del cadáver del difunto en el momento de la momificación. -Todo parece sugerir que el difunto piensa que tanto su propio corazón, como sus entrañas y los dioses que presiden la actuación terrenal de esas entrañas, son de alguna manera responsables de sus actos, y por tanto son también responsables de aquella falta o pecado que cometió, acerca de la cual pide a su corazón que no le delate en este momento trascendental. -En suma, el corazón –suplica el hombre- debe callar acerca de algo negativo que sabe que el hombre hizo en su vida, para que su alma no sea ahora condenada a la aniquilación en el Juicio de Osiris. Es decir, que el alma del difunto no pide perdón ni manifiesta arrepentimiento, como sería usual en nuestra cultura, sino que suplica a su corazón que calle lo que sabe, ya que de alguna forma serían las propias divinidades las responsables últimas de sus actos. |
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21 de agosto de 2008 |