LOS LIBROS Y LA ETERNIDAD

EN EGIPTO

 

 

 

 

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Estatua de Ugiahorresneti, con abundantes inscripciones jeroglíficas.

 

 

 

Los antiguos egipcios pensaban que el recuerdo del nombre aseguraba, de algún modo, la inmortalidad de la persona que lo había portado. Si el hombre había tenido una vida virtuosa, tras su muerte, le esperaba un proceso de glorificación que habría de culminar con la divinización del fallecido, que sería asimilado a Osiris.

 

Ese ansia de eternidad, tan propio de Egipto,  era también facilitado si el recuerdo del fallecido quedaba unido para siempre a una obra escrita, es decir a un libro. A lo largo del tiempo, gracias al inmenso poder de la palabra escrita, cada vez que alguien leyese el libro su autor vivirá.