EL PASTOR Y LA DIOSA

 

 

 

 

 

 

 

 

En el papiro número 3.024 del Museo de Berlín se han conservado dos interesantes textos del antiguo Egipto. De un lado, se nos ha transmitido el Diálogo de un hombre desesperado con su alma; de otro, en un conjunto de 25 líneas, se reproduce un fragmento de un relato maravilloso, del que desgraciadamente se ha perdido el principio y el final. En él se narra de manera ciertamente confusa el encuentro entre un pastor y una mujer de belleza sobrenatural, en las inmediaciones de una laguna en la que el hombre estaba apacentando su ganado.

 

El cuento del pastor, en el que se encuentran ambiguas referencias acerca de una aparición espectral, se ha fechado en los tiempos de la Dinastía XII (Reino Medio), si bien autores como Jesús López han encontrado antecedentes de esta historia en los propios Textos de los Sarcófagos (hacia 2100 a.C.) y piensan, incluso, que es un asunto que pudo ser desarrollado ya en los momentos del Reino Antiguo.

 

Ya hemos comentado que el texto se ha conservado incompleto, de modo que no conocemos ni como se inicia ni como termina, lo que hace que no podamos tener una idea clara de cómo se desarrollaba realmente su trama, si bien la idea que se nos ha transmitido es la del espíritu de una mujer bellísima, que se manifiesta al protagonista en las inmediaciones de una corriente o estanque de agua. Estamos, en suma, ante una imagen que es frecuente reconocer en la historia de las apariciones espectrales: el espíritu de una mujer hermosa se aparece junto a un lago o río.

 

El cuento se ha transmitido en un único manuscrito, que ya comentamos que se conserva en el Museo de Berlín. Seguidamente reproduciremos las líneas con las que se inicia ese fragmento que se ha conservado, utilizando para ello la versión de Lefevre (2003). El pastor, que habla en primera persona, nos narra el inquietante encuentro que ha tenido con un ser de belleza sobrenatural:

 

“Mirad –dice el pastor a sus compañeros-, habiendo descendido al estanque que está próximo a estos pastos, ví allí a una mujer; no era de la raza de los hombres. Mis cabellos- continúa- se erizaron cuando ví su peluca ensortijada, y como era de lisa su piel. Jamás haré yo lo que ella dijo: el temor que ella me ha causado está (aún) en mi cuerpo”.

 

En este confuso texto podemos conjeturar que el pastor parece que está insinuando de manera velada que la extraña mujer le habría hecho una proposición de tipo sexual . En ese sentido se debería interpretar la alusión a la peluca ensortijada que lleva la aparecida, que en el antiguo Egipto suele simbolizar el deseo de seducción. El pastor, sin embargo, no habría aceptado ese encuentro galante con el espíritu (¿quizás una diosa?) debido a que su cuerpo estaba plenamente poseído por el miedo.

 

El relato, seguidamente, desarrolla una breve composición lírica en la que se nos habla de ganados que atraviesan las lagunas y se hace una alabanza de la crecida del Nilo. El tono de esta parte de la obra nos recuerda las frases que en las mastabas del Reino Antiguo se suelen poner en boca de los pastores representados en las escenas funerarias.

 

Por último, el fragmento conservado del cuento finaliza hablándonos de un nuevo encuentro entre el pastor y la mujer. Nuevamente se insinúa, ahora con más claridad, la proposición sexual que la bella, en esta oportunidad desnuda, hace al hombre. Hemos de lamentar que la descripción de esa posible unión amorosa entre un hombre y un ser del Más Allá no se haya conservado:

 

“Cuando la tierra se aclaró, al despuntar el día, se hizo como él había dicho. Esta diosa lo encontró cuando él iba al extremo de la laguna. Vino despojada de sus vestiduras, y sus cabellos estaban desordenados...” (Así termina el fragmento conservado).

 

Finaliza, pues, el cuento ofreciéndonos de nuevo la imagen de la sobrenatural mujer, ahora desnuda, que está jugueteando con sus cabellos e insinuándose claramente al pastor. Todo parece sugerir que este, ahora tranquilizado, terminará accediendo a las pretensiones de la mujer.

 

Encontramos en este sugerente texto una posible relación entre dos simbolismos de los que se nos habla en el mismo: de un lado las referencias a la crecida del Nilo;  de otro, la imagen sobrenatural de la hermosa mujer.  En el primer caso, los hombres, ante el fenómeno de la gran inundación, es sabido que sienten inicialmente temor, ya que están viendo como las aguas crecen de manera impetuosa. Después, sin embargo, podrán contrastar los efectos benéficos de la irrigación y no podrán sino estar agradecidos al gran Nilo. Algo de todo esto se expone en la parte central del cuento.

 

Del mismo modo, ante la inesperada primera aparición de la hermosa, el pastor siente un miedo intenso que paraliza sus miembros y que le impide acceder a su pretensión de aventura galante. Más adelante, sin embargo, cuando el cuento finaliza, parece ahora que el hombre, perdido el miedo ante esa imagen espectral de la hermosísima mujer, está dispuesto a gozar de la unión sexual que esta le ofrece.

 

No debe causarnos sorpresa que los antiguos egipcios pensaran que los espíritus de los difuntos pudieran apetecer seguir manteniendo relaciones sexuales tras la muerte. En multitud de pasajes del Libro de los Muertos se nos dice, una y otra vez, que los espíritus que habitan en los Campos de Osiris llevan allí una vida placentera, bastante similar a la que llevaban en la tierra, comiendo y disfrutando del sexo, libres ahora –eso sí- de cualquier tipo de preocupación.

 

 

 

 

 Bibliografía

 

  • Lefebvre, G. (2003): “Mitos y cuentos egipcios de la época faraónica”. Madrid.

 

  • López, Jesús (2005): “Cuentos y fábulas del Antiguo Egipto”. Barcelona.

 

  • Serrano, J.M. (1993): “Textos para la historia antigua de Egipto”. Madrid.

 

 

 

 

 

5 de septiembre de 2005