ANTIGUO EGIPTO
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EL HOMBRE Y SU TRANSCENDENCIA EN EGIPTO
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"Yo soy Hoy. Yo soy Ayer. Yo soy Mañana. A través de mis numerosos nacimientos permanezco joven y vigoroso. Yo soy el Alma divina y misteriosa que en otro tiempo creó a las divinidades del Duat, del Amenti y del Cielo. Yo soy el Timón del Oriente, Señor de las dos Caras divinas. Mi radiación ilumina a todo ser resucitado que, no obstante pasar en el Reino de los Muertos por Transformaciones sucesivas, busca su camino penosamente a través de la Región de las Tinieblas"
Capítulo LXIV del "Libro de los Muertos" El espíritu del difunto se ha identificado con el Principio Creador (Atum) y se ha transformado en un ser de Luz que ha quedado despojado de la materia.
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Representación alada de Isis. Museo de El Cairo. |
Las fórmulas y rituales que se integran en el "Libro de los Muertos" de los antiguos egipcios, conocido por estos como "Libro de la Salida del Alma hacia la Plena Luz del Día", ofrecen la creencia de que cuando el hombre fallece su espíritu inicia un proceso de elevación que debe culminar, tras ser liberado de las imperfecciones de la materia, con su glorificación y transformación en un espíritu luminoso (akh) asimilado al gran dios primigenio que resplandece en el interior de las creencias religiosas de este pueblo milenario.
A lo largo de sus distintos pasajes el libro nos narra ese proceso de paulatina transformación del alma del fallecido en un ser de Luz que llegará a desligarse totalmente de la materia. La rúbrica final, en efecto, nos dice que: "Este libro te enseñará las Metamorfosis por las cuales pasa el Alma bajo los efectos de la Luz. En verdad, este Libro es un misterio muy grande y muy profundo. No lo dejes jamás entre las manos del primero que llegue o de un ignorante".
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