Conservación de las pinturas murales de Medina Azahara
|
La dirección del conjunto arqueológico de Medina Azahara desarrolla un proyecto pionero en España para la conservación in situ de las pinturas murales. Éstas, con las que se recubrían todas las construcciones -tanto si se trataba de edificios públicos como privados, calles o murallas- iban destinadas a la protección de la piedra, además de contribuir a su ornamentación. Hasta ahora, las técnicas generalizadas para la conservación de este tipo de pinturas murales consisten en el traslado de las mismas, su restauración y su exhibición en museos, porque se entiende que, en su lugar de origen, tienden a desaparecer. "Nuestra filosofía es contraria a esto y pasa por garantizar la conservación de estas pinturas en su ubicación originaria, porque la imagen de estos edificios la daban sus enlucidos y no la piedra", asegura el director del conjunto, Antonio Vallejo, que admite que la experiencia cordobesa está sirviendo como referente en otras zonas de España. Los recubrimientos de Medina Azahara, ciudad que mandó construir el califa Abderramán III en el 936, constaban de dos zonas bien diferenciadas: zócalos de entre 50 y 60 centímetros de altura de color almagra (rojizo) y una gran superficie de pared enlucida en blanco. Así pues, en la panorámica de esta ciudad palatina predominaría una vistosa ornamentación bicolor. La mayoría de los zócalos son lisos, aunque algunos fueron decorados con diseños geométricos o que reproducen la colocación de sillares, y existe algún caso raro con motivos vegetales. Los expertos mantienen la hipótesis de que estos recubrimientos fueron algo más avanzados que los que supuestamente se realizaron en la anterior capital del Califato, Qurtuba -aunque no queda constancia de su existencia-, puesto que en otros elementos ornamentales como los atauriques realizados en piedra sí "se llevó a cabo todo un proceso de renovación, tanto en las formas como en los diseños", concretó Vallejo. El director del conjunto indicó que la conservación de estos restos de enlucido hasta nuestros días es un hecho excepcional en todo el mundo; tan sólo en el palacio del califa han perdurado 2.300 metros cuadrados de pinturas murales. Este hecho se debe a que su composición (formada por mortero de cal y arena) lo convierte en un material muy frágil y perecedero. A ello se une también la circunstancia de que las piedras utilizadas para la construcción de Medina Azahara no eran de buena calidad y facilitaban la caída de los enlucidos. La técnica pionera de recuperación, que aplica la empresa Gares, viene realizándose desde el año 98, aunque no ha sido hasta ahora cuando se ha podido constatar el buen resultado de los procesos. A grandes rasgos, consiste en el uso de un soporte llamado Aerolan (formado por aluminio y fibra de vidrio) sobre el que se integran las pinturas y que actúa como aislante. La gran ventaja es que no se deteriora ni tampoco daña la piedra en la que se inserta. En algunos casos, la restauración de los enlucidos estaba incluida en proyectos integrales, como ocurrió con la Casa de Yafar, aunque en otros se ha actuado de manera urgente. Quizás
la premura con la que Abderramán III quiso erigir su ciudad propició que
las piedras utilizadas para su construcción no siempre fueran de la mejor
calidad. Su deterioro a lo largo de los siglos ha repercutido directamente
en el desprendimiento de sus enlucidos. En la actual fase de restauración
se está actuando en las habitaciones califales del pabellón central, en
las estancias anejas al salón rico de Abderramán III y en el camino de
ronda bajo, entre otros espacios.
|