Jornada

 

JORNADA DEL ARRABAL

 

 

 

El día 25 de marzo del año 818 culminó el proceso de ira y descontento social con la sublevación de los pobladores del arrabal de Shaqunda, que en la denominada "Jornada del Arrabal" estuvieron a punto de tomar el alcázar real, poniendo en grave aprieto al emir, que en algunos momentos llegó a temer, incluso, por su propia vida.

 

Sabemos por Ibn Idari que los amotinados cruzaron el Puente Viejo y se enfrentaron con las tropas de al-Hakam, peleando con dureza y no cediendo en sus posiciones. Era fuerte el ánimo del populacho, convencido de que con su alzamiento iban a conseguir derrocar al tirano, empeño en el que, según al-Nuwayri, hicieron pronto causa común gentes procedentes de otros arrabales de la ciudad, que se unieron a los sublevados.

La silueta de la Mezquita se refleja en el Guadalquivir

En una sugestiva recreación de la Córdoba omeya Antonio Muñoz Molina nos revivía de modo admirable estos momentos terribles de la vida de al-Hakam:

 

"Los muros del alcázar no existían solo para prevenir ataques de los enemigos exteriores: como la Alhambra, el alcázar de Córdoba era una recelosa fortificación construida para defender al rey de los motines de sus súbditos, y por eso tenía puertas que permitían salir de la ciudad sin pasar por sus calles. Cuando la sublevación del arrabal de Shaqunda, al-Hakam, que veía desde una terraza el alud furioso de la muchedumbre y no estaba seguro de que sus mercenarios la pudieran contener, volvió serenamente a su tocador y se perfumó la cabeza con almizcle y algalía. Alguien, extrañándose de que actuara así en un trance tan desesperado, le preguntó por qué lo hacía, y el Emir contestó: Éste es el día en que debo prepararme para la muerte o para la victoria, y quiero que la cabeza de al-Hakam se distinga de las de los otros que perezcan conmigo".

 

Tras unos primeros momentos de incertidumbre, las tropas de al-Hakam, saliendo del recinto amurallado de Córdoba por la Puerta del Puente, se enfrentaron a la chusma, a la que, no sin esfuerzo, consiguieron hacer retroceder a la largo del puente, sobre el que se desarrolló una espantosa carnicería. Fue en este momento cuando una parte de la caballería del emir se replegó entrando de nuevo en Córdoba por esa misma Puerta del Puente y volviendo luego a salir, rápidamente, por la de Hierro (conocida como de la Pescadería en los posteriores tiempos cristianos). Era su intención vadear el Guadalquivir y tomar posiciones detrás del arrabal amotinado.

 

La estratagema de al-Hakam tuvo un éxito inmediato. Los hombres de su caballería que habían cruzado el río encontraron pronto el refuerzo de diversos contingentes que procedentes de las ciudades y pueblos más próximos de la Cora acudían a Córdoba reclamados por el emir. Todos ellos fueron penetrando en el arrabal y prendieron fuego en sus viviendas, lo que hizo que los amotinados, que seguían combatiendo en el puente, viendo sus casas en llamas, abandonaran sus posiciones y huyeran despavoridos, quedando, sin embargo, atrapados entre las fuerzas que avanzaban por el propio puente y las que lo hacían por el arrabal. Poseídos por el terror los amotinados fueron masacrados, sin piedad, por los hombres de al-Hakam. Las súplicas de los cordobeses fueron estériles. Los mudos, que ni siquiera las entendían, pasaron a cuchillo, sin el más mínimo miramiento, a centenares de ellos.