Cuarenta años de trabajos
Las obras de Madinat al-Zahra se iniciaron en el año 936 de nuestra Era y según nos han dejado escrito los cronistas duraron cuarenta años. Las fases de esplendor de la nueva ciudad palatina corresponden a los periodos de Abd al-Rahman III y al-Hakam II, toda vez que la autoridad del tercer califa, Hisham II, fue meramente representativa, ya que delegó el poder real en su primer ministro, el conocido Almanzor de las fuentes cristianas, que desplazó en el año 981 el centro palatino y administrativo califal desde Madinat al-Zahra a Madinat al-Zahira, nuevo palacio creado por el dictador en la zona este de Córdoba.
Según las noticias que nos han transmitido los historiadores árabes, en la construcción de Madinat al-Zahra gastó Abd al-Rahman III incontables tesoros, que llegarían a suponer la tercera parte del total de los ingresos del Estado. Así, por al-Maqqari, sabemos que: los ingresos de al-Andalus, en los días de aquel soberano, ascendían a 5.480.000 dinares que producían los impuestos, más 765.000 dinares que rendían los mercados, el quinto del botín tomado al enemigo, y la capitación que se cobraba a los judíos y a los cristianos, cuya suma era igual a la de todas las anteriores. De estos ingresos al-Nasir gastaba un tercio para el pago del ejército, un tercio depositaba en las arcas reales y el resto aplicaba para la construcción de Madinat al-Zahra y de aquellos otros edificios que se erigieron durante su reinado.
Según ese mismo cronista: Se empezó la construcción del Alcázar y ciudad de al-Zahra en el año 325 (936 de nuestra Era) y se continuó durante cuarenta años, es decir, veinticinco del reinado de al-Nasir y quince de su sucesor al-Hakam. Pues aunque el Alcázar estuvo completo mucho antes de la muerte de al-Nasir, se hicieron muchos aumentos por su hijo al-Hakam y la parte de recepción de la corte, los cuarteles para las tropas, jardines de recreo, baños, fuentes, etc., no se completaron hasta los tiempos de al-Hakam. Durante el reinado de Abd al-Rahman se emplearon diariamente 6.000 sillares de piedra, grandes y pequeños, pulidos o sin desbastar y de todas las formas y tamaños..... El número de bestias empleadas para el acarreo de estos materiales ascendía a 400, aparte de 400 camellos pertenecientes al sultán y de 1.000 mulas alquiladas..... Cada tres días se empleaban 1.100 cargas de limo y yeso. El número de columnas empleadas en la construcción ascendía a 4.000....... De éstas, algunas vinieron de Roma, 19 del país de los francos, 140 fueron ofrecidas por el emperador de Constantinopla, la mayor parte de mármol verde y rosa fueron traídas de Cartago, Túnez, Isfakis y otros sitios de África. Las restantes provenían de las canteras de sus dominios en al-Andalus....
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Panorámica parcial del yacimiento |
El califa, especialmente interesado en el seguimiento del desarrollo de las obras, se desplazaba muy frecuentemente desde Córdoba para controlar personalmente que las mismas se adaptaban a sus deseos. En esos inspecciones era acompañado por su hijo al-Hakam. El interés de al-Nasir por la ciudad de al-Zahra le llevó, incluso, a descuidar sus deberes religiosos de los viernes en la Mezquita Aljama de la capital, lo que motivó que fuese censurado públicamente por el Juez de Córdoba y jefe de la oración.
En su interés por conseguir que al-Zahra fuese una nueva ciudad esplendorosa al-Nasir no dudó, incluso, en ofrecer compensaciones económicas a las personas que accedieran a trasladar su residencia a ella. Por Ibn Hawqal sabemos que invitó al pueblo a vivir allí y ordenó promulgar por al-Andalus la proclamación siguiente: -Quien quiera construir una casa o elegir un local de habitación próximo al soberano, recibirá una prima de 400 dírhemes.- Un río de gente se apresuró a edificar; los edificios se hicieron densos y la popularidad de esta ciudad adquirió proporciones, hasta el punto de que las casas formaban una línea continua entre Córdoba y al-Zahra.
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Capitel del portico del Salón del Trono |
El recinto de la nueva ciudad ocupaba una superficie del orden de las 120 hectáreas, estando cercado por una doble muralla. El espesor de cada uno de los muros era de cinco metros, que era la misma distancia que separaba cada uno de los muros, es decir, la anchura total de la doble muralla era de quince metros. Solamente una parte de la zona norte contaba con una única muralla, dadas las especiales características del terreno, si bien existían torres albarranas que reforzaban la solidez de la defensa.
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