Ocaso y evocación
La caída del Califato de Córdoba, que se enmarca en un contexto de guerras civiles entre los distintos grupos que ansiaban el poder en al-Andalus, tiene sus antecedentes directos en la actuación de Almanzor, responsable de la entrada masiva de beréberes en el ejército, que utilizó para afianzar su poder dictatorial. Así Ibn Hayyan nos habla de cómo Almanzor siguió colmando de bienes a los beréberes, pues se sirvió de ellos en provecho propio al apoderarse del mando, los elevó sobre las restantes categorías de sus ejércitos, los convirtió en fuerza personal suya, y se hundió con ellos en las tinieblas mientras vivió.
Pocos años después de la muerte de Almanzor, al-Andalus se desgarraba en una cruel guerra civil, llamada fitna por los cronistas, que enfrentaba en una situación confusa a los legitimistas omeyas contra los beréberes. En ese contexto de sucesivas campañas bélicas, de contradictorios resultados, pero siempre crueles en sangre cordobesa, se produjo la destrucción de la ciudad palatina que un día soñó Abd al-Rahman al-Nasir. Esos acontencimientos fueron narrados por Ibn Idhari: En aquel tiempo Hixam no ocultaba la esperanza de reconciliarse con los beréberes, por confiar en que se desorganizarían y volverían a él, alejándose de Sulayman. Sin embargo, los beréberes sentían aversión por los habitantes de Córdoba, como consecuencia de las atrocidades cometidas contra ellos.....
Los beréberes se establecieron en Secunda y en el paso de Al-Mahida, realizando incursiones y matanzas, mientras que Hixam con sus súbditos y Wadih con sus tropas permanecían detrás del muro, sin cruzarlo un solo palmo...... Se guerreaba diariamente y las matanzas eran repetidas. Faltaban dinero y hombres y a ello añadíanse epidemias y enfermedades. Sin embargo los cordobeses seguían deseosos de combatir a los beréberes, aunque estuviesen incapacitados para hacerlo y se hallasen desprovistos de medios...
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Ruina y desolación en la mezquita |
El año 401 (1010 de nuestra Era) los beréberes se movieron hacia Córdoba y entraron en al-Zahra. Al-Zahra estaba defendida por una parte del ejército; algunos de sus defensores fueron condenados a muerte, a otros se les perdonó la vida. Los beréberes se instalaron allí y nadie cruzaba la trinchera....
El 25 de Xaban (3 de abril de 1011) los beréberes salieron de al-Zahra y empezaron a hacer correrías en las zonas próximas y lejanas de la región, saqueando, destruyendo, incendiando y matando.........Los moradores de todos los alrededores acudieron a Córdoba por temor a los beréberes y llegaron a ser más numerosos que los mismos ciudadanos. La mayoría murió de hambre o fueron muertos fuera de la ciudad y todo su ganado pereció.......
Fueron años muy penosos para Córdoba, que vio como su población era masacrada y el sueño califal se desvanecía. Abd Nasr al-Fath, visitando las ruinas de al-Zahra se lamentaba: Tales fueron los lugares habitados por los Omeyas; en ellos gozaron del poder, del reposo, de prosperidad y de placeres; más ya los arrebató de allí la mano de la muerte. Hoy solo viven en las historias y todo su aliento se reduce a los aromas que se queman por los muertos y al polvo de los sepulcros. Los azares y alteraciones de la fortuna han desfigurado su rostro. Ya en sus desiertos alcázares no se escucha otro acento que el graznido de siniestras aves y el lúgubre silbido de los genios, y ya despojados de sus brillantes adornos, solo el búho viene a visitarlos cuando anochece. Allí donde reinaron, en otro tiempo la majestad y la fortuna, hoy se miran igualmente confundidos el héroe y el flaco de corazón, el poderoso y el miserable. Tal es el mundo: sus obras de hoy no son más que ruinas para mañana, y sus esperanzas, en lo fugaz y engañoso, se asemejan al vapor de sarab. Perecieron las mujeres dotadas de graciosos hoyuelos en sus mejillas y todo pasó para nunca más volver.
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Arquería derrumbada del pórtico de acceso al alcázar |
El recuerdo y la nostalgia de al-Zahra hicieron que el poeta cordobés del siglo XI, Ibn Zaydun, escribiera los siguientes versos:
¿Acaso un desterrado podrá volver a al-Zahra después que la lejanía le haya hecho derramar sus últimas lágrimas?
¿Volveré a ver los zócalos tan resplandecientes de las paredes de los salones reales, en donde los atardeceres más oscuros nos parecían auroras?
Recuerdo con toda evidencia cómo eran en este palacio los dos qurt, la qubba, el vasto kawkab y el sath.
Es un lugar de recreo que recuerda por su dulzura exquisita el paraíso celestial, pues todo hombre que allí se encuentre no sufrirá las fatigas de la sed, ni el ardor del sol.
Seguramente, las noches que he pasado junto al Guadalquivir son más cortas que las que pasé junto al Guadiana.
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