Recepción en al-Zahra
Con objeto de ofrecer una visión animada de la vida en la Corte Omeya vamos a seleccionar seguidamente diversos fragmentos de otra crónica de al-Maqqari en la que narra como el Califa y Príncipe de los Creyentes al-Hakam II recibe en el palacio de Madinat al-Zahra a un rey cristiano, Ordoño IV, que viene a solicitar su ayuda y protección. En esa crónica podemos apreciar los sentimientos del rey cristiano al encontrarse con la suntuosidad califal, en el marco, precisamente, de Madinat al-Zahra.
El sábado al-Hakam mostró interés por ver al cristiano y se hicieron inmediatamente los preparativos para la ceremonia. Se equipó a las tropas como para la guerra y se vistió espléndidamente a la guardia eslava. Se ordenó a los ulemas, teólogos, secretarios y poetas que aparecieran en el salón de audiencias, mientras se avisaba a los visires y altos funcionarios del estado para que estuvieran en sus puestos a la hora señalada.
Cuando llegó el momento (de la audiencia), al-Hakam apareció en el trono en el salón oriental del palacio de Madinat al-Zahra, que se abría sobre la terraza. Tenía a cada lado a sus hermanos, sobrinos y demás parientes, y a los visires, cadíes, magistrados civiles, teólogos famosos y demás altos funcionarios, todos sentados en fila según su jerarquía y posición....
Ordoño se trasladó desde su residencia en Córdoba a Madinat al-Zahra acompañado de los príncipes cristianos de al-Andalus. Próximos ya al palacio, Ordoño hubo de seguir un camino a cuyos lados estaba formada la infantería, colocada en orden tan admirable que los ojos se quedaban asombrados por su uniformidad, y en tan apretadas filas que la mente se sorprendía de su número. Tal era la brillantez de sus corazas y armas que los cristianos estaban estupefactos de lo que veían. Con la cabeza baja, los párpados entornados (por el asombro) y los ojos semicerrados (por lo mismo), llegaron hasta la puerta exterior de Madinat al-Zahra, llamada Bab al-Akuba (Puerta de las Cúpulas).......
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Panorámica parcial del alcázar |
Llegados frente al salón oriental del palacio, donde estaba al-Hakam, Ordoño se detuvo, descubrió su cabeza, se quitó la capa y permaneció algún tiempo en actitud de asombro y respeto, bajo la impresión de que se aproximaba al radiante trono del califa.......... Cuando se halló ante el trono, se echó al suelo y permaneció algunos instantes en tan humilde posición; se levantó, avanzó unos pasos, se postró de nuevo y repitió tal ceremonia varias veces, hasta que llegó a poca distancia del Califa............Al-Hakam guardó silencio durante algún tiempo, para dar ocasión a serenarse y a sentarse, y cuando notó que el cristiano se había repuesto algo de su emoción rompió el silencio y dijo: Bienvenido seas a nuestra corte, Ordoño. Ojalá veas cumplidos tus deseos y realizadas tus esperanzas. Encontrarás en nosotros el mejor consejo y la más cordial acogida y mucho más de lo que esperas.
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Pórtico de la casa de los Visires |
Cuando el interprete explicó a Ordoño el sentido de estas benignas palabras, se reflejo en su rostro la alegría, levantóse, y besó el tapiz que cubría las gradas del trono. Narra en este punto al-Maqqari las pretensiones de Ordoño, que en síntesis había acudido ante al-Hakam para acogerse a su protección y solicitar ayuda militar que le permitiera enfrentarse a su primo Sancho. La respuesta del Califa, que reproducimos seguidamente, fue positiva: Hemos escuchado tu discurso y comprendido tu pensamiento -dijo entonces el Califa-. Ya verás como recompensamos tus buenas intenciones. Recibirás de nosotros tantos beneficios como recibió tu adversario de nuestro padre, de feliz memoria, y aunque tu competidor tiene el mérito de haber sido el primero en implorar nuestra protección, éste no es motivo para que te estimemos menos ni para que nos neguemos a concederte lo que a él le dimos. Te conduciremos a tu país, te colmaremos de júbilo, consolidaremos las bases de tu poder real, te haremos reinar sobre todos los que quieran reconocerte como soberano y te enviaremos un tratado en el que fijaremos los límites de tu reino y del de tu primo......
Después de hablar así el Califa, Ordoño volvió a arrodillarse, y deshaciéndose en acciones de gracias, se levantó y abandonó la sala andando hacia atrás. Cuando llegó a otro departamento, dijo a los eunucos que le habían seguido que estaba deslumbrado y estupefacto por el majestuoso espectáculo de que había sido testigo.........
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