Lo clásico y lo islámico
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| Alzada en un espacio de tiempo muy breve, la mezquita fundacional de Córdoba, verdadero milagro de la arquitectura andalusí, no puede ser sino una obra de síntesis, que aglutina algunos antecedentes y elementos de origen romano y visigodo (los propios materiales de acarreo utilizados, la planta de tipo basilical, la idea de arquerías superpuestas que entrañan los acueductos, los arcos de herradura...) y otros que están vinculados con la arquitectura oriental (la propia planta de la mezquita, en suma, viene a reproducir el modelo de la sala de oración de al-Aksa en Jerusalén). No cabe duda de que la mezquita de Abd al-Rahman I acusa la influencia de las tradiciones arquitectónicas clásicas, pasadas por el filtro que habían supuesto las anteriores experiencias omeyas en Oriente Próximo. Algunos autores piensan que el oratorio cordobés debió ser alzado por arquitectos de origen sirio; en todo caso, es evidente que El Inmigrado, al igual que sus antepasados omeyas, sentía una intensa admiración por el arte clásico, lo que ha quedado patente en la reutilización de las columnas y capiteles de épocas anteriores.
Con la mezquita fundacional de Córdoba, alzada en unos tiempos en que su familia había sido aniquilada, Abd al-Rahman, que no había dudado en enfrentarse con todas sus consecuencias a los califas de Bagdad, además de llegar a cabo una obra piadosa en un momento ya cercano al de su próxima rendición de cuentas ante el Altísimo, supo alzar a los cielos un símbolo claro del nuevo poder omeya que en Occidente se estaba ahora desarrollando.
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