Dobles arcos superpuestos
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Sala de oración de Abd al-Rahman I. Como acierto indudable de la mezquita cordobesa destaca que el Inmigrado ordenó levantar un edificio cuyas naves, al ser perpendiculares a la kibla, hacen que la atención de los creyentes se oriente sin ninguna duda en la dirección que su fe establece. En ese sentido, parece que el más importante de los oratorios de al-Andalus acusa la influencia de la mezquita al-Aksa de Jerusalén, en la que se establece esa misma orientación. Por contra, no sucede así en la mezquita omeya de Damasco, en la que las naves se orientan en sentido paralelo al muro de la kibla, ayudando a provocar cierta desorientación entre los fieles.
En la estructura de la mezquita fundacional la nave central, que se encamina al mihrab, es más ancha que las demás. A cada lado de ella, se sitúan cinco naves, cada una de las cuales se alza sobre líneas de arcadas sostenidas por once columnas. Las dos naves de los extremos son algo más angostas que las otras, habiéndose sugerido que, quizás, pudieran haber constituido los oratorios destinados a las mujeres
Para conseguir dotar de una altura adecuada a la sala de oración, los arquitectos que levantaron el edificio utilizaron un ingenioso sistema. Sobre cada uno de los capiteles que coronan las columnas colocaron un cimacio sobre el que, a su vez, reposa un pilar que es el que soporta luego la arcada que sostiene la techumbre. La idea básica es que los pilares consiguen incrementar de una manera notable la altura de las columnas, estando unido todo el conjunto por dos arcos, uno inferior, que une los cimacios que coronan las columnas y tiene forma de herradura, y otro superior, de medio punto, que reposa en los pilares. Es de destacar que los arcos inferiores tienen una función estructural que brinda el adecuado soporte al entramado, ya que en otro caso, para evitar el desplome habría sido necesario unir los cimacios con tirantas de madera.
El conjunto resulta de una belleza sorprendente. Las dovelas de los arcos combinan la piedra y los ladrillos de color rojo (en ese mismo color estaban pintados los cimacios), de tal modo que el oratorio se constituye en un hermoso bosque de columnas en el que se produce una concentración de arcadas superpuestas que se prolonga hasta más allá de donde alcanza la mirada, logrando que el espacio acentúe aún más su inmensidad. El éxito indudable de los arquitectos de El Inmigrado fue conseguir un oratorio amplio, ligero y transparente a pesar de que los soportes arquitectónicos utilizados, columnas de acarreo, eran de dimensiones muy reducidas. Pocas veces se ha conseguido tanto utilizando unos medios tan modestos. La persona que pasea por el templo cordobés tiene la impresión de estar contemplando un milagro de la arquitectura. No deja de sorprender que el edificio, con una estructura tan aparentemente débil, sostenido por columnas de proporciones tan reducidas, se mantenga en pie desde hace más de 1.200 años.
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