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Algunos Textos Órficos que se han conservado, influidos posiblemente por las antiguas creencias egipcias, acreditan que los iniciados en estos cultos mistéricos pensaban que una vida de ascetismo y piedad no aseguraba que el alma del difunto pudiera hacer frente de modo adecuado a las amenazas que le esperaban en su viaje por las regiones tenebrosas del Hades. Para conseguir liberarse plenamente de la carne, evitar la reencarnación y alcanzar la unión con la esencia divina, el iniciado precisaba haber practicado durante su vida terrena unos ritos específicos de modo que antes de morir ya conociera lo que le habría de suceder en la ultratumba. Iniciación era sinónimo de muerte en vida; gracias a la iniciación, a través de ritos secretos, el individuo moría al mundo de los hombres comunes y nacía al grupo de los elegidos, de los que buscaban asegurarse la plena felicidad eterna.
Pero es que esas dos circunstancias de haber vivido la experiencia iniciática, anticipándose a la propia muerte, y de haber tenido una vida piadosa, tampoco aseguraban que al alma fuera a alcanzar la integración con el Uno. Las amenazas que aguardaban al difunto –al igual que sucedía en las concepciones egipcias- aconsejaban que este viajara provisto de ciertos textos que con sus indicaciones evitaran que pudiera quedar extraviado en el temido reino infernal. En el caso de los iniciados en las creencias órficas estas “guías” se confeccionaron tanto en papiro, como en láminas de oro, material menos susceptible de perecer por el propio paso del tiempo.
De los textos para el viaje al más allá que presumiblemente hubieron de escribirse sobre un soporte de papiro destaca el Papiro Derveni. Láminas de oro, el otro soporte utilizado, se han conservado varias, procedentes de tumbas fechadas en general entre los siglos IV y III a.C., si bien existe una romana del siglo II d.C. que nos confirma la continuidad de estas creencias en estos tiempos más avanzados. Se trata de unos textos especialmente sugerentes en la medida en que sus propietarios nunca pensaron que los mismos habrían de llegar a ser leídos por otras personas. No son obras literarias destinadas a un público sino textos iniciáticos, de naturaleza secreta, prohibidos a los profanos, que jamás deberían haber llegado a nuestras manos. Solamente sus propietarios, que deseosos de alcanzar la plena felicidad habían dejado establecido que tras su muerte querían que fueran depositadas sobre su cuerpo (usualmente, en la boca, en la mano o sobre el pecho), deberían de haber podida acceder a ellas.
Letanía de la sed
Una de estas láminas órficas de oro se conserva actualmente en el museo de Reggio Calabria. Había sido identificada en la excavación de la tumba 19 de la necrópolis de Hiponión y se ha fechado en el entorno del 400 a.C. Estaba colocada sobre el pecho de la difunta. Veamos su contenido:
“De Memoria (Mnemosyne) he aquí la obra. Cuando esté a punto de morir e ingresar en la bien construida morada de Hades, hay a la derecha una fuente y, cerca de ella, enhiesto un blanco ciprés. Allí, descendiendo, las almas de los muertos encuentran refrigerio. A esa fuente no te acerques en ningún caso. Más adelante encontrarás el agua fresca que mana del lago de Memoria, y delante están los guardianes que te preguntarán con corazón prudente qué es lo que estás buscando en las tinieblas del funesto Hades. Diles: “Soy hijo de la Tierra y del Cielo estrellado, agonizo de sed y perezco, dadme presto de beber del agua fresca que mana del lago de Memoria”, y apiadándose de ti, por voluntad del rey de los etonios te darán de beber del lago de Memoria y finalmente podrás tomar la frecuentada y sagrada vía por la que avanzan los demás gloriosos mystai y bakchoi (es decir, los iniciados).”
En esta lámina órfica podemos destacar diversos componentes que entendemos revisten especial interés:
- El texto nos habla de lo que los autores denominan Letanía de la sed, manifestando al principio del mismo que es obra de Memoria.
- Los órficos daban especial importancia a la necesidad de que durante el viaje por el más allá el alma del difunto fuese capaz de conservar su memoria, para que recordando todos los conocimientos a los que había tenido acceso durante su iniciación pudiera evitar los peligros que habrían de amenazarle en ese viaje.
- Se trataba, en suma, de que el alma fuera capaz de recordar lo que ya había conocido en el proceso de iniciación. De ese modo evitaría quedar retenida en el Hades, convertida en una sombra errante que había de sufrir diversos castigos, para posteriormente ser objeto de una nueva encarnación. El iniciado deseaba evitar todo eso y para ello debía conservar la memoria.
- En el orfismo todo tiene un componente simbólico. En este texto se nos dice, a modo de metáfora, que el alma, que tiene sed, no debe caer en la tentación de beber en la primera fuente que se le aparecerá, situada a la derecha, junto a un ciprés. Debe ser capaz de resistir las tentaciones que durante su viaje por el más allá se le van a presentar. Debe recordar todo lo que ya ha conocido en su vida terrenal y esperar a alcanzar al Lago de Memoria.
- Nos brinda también el texto una fórmula mágica que, a modo de contraseña, el alma debe recitar ante los guardianes que vigilan el lugar. La influencia de los textos funerarios egipcios parece manifiesta en este punto.
- El texto sugiere finalmente que tras una vida piadosa en la tierra y tras conocer los misterios de la iniciación, si los vigilantes tienen compasión del alma dejaran que beba del agua de Memoria, de modo que podrá, al fin, acceder a la vía sagrada por la que los gloriosos iniciados avanzan hacia la divinidad.
Letanía de la pureza
Veamos seguidamente el contenido de otra lámina en el que, en este caso, se presta especial atención a la denominada Letanía de la pureza, que permite profundizar en lo que habíamos considerado en la anterior Letanía de la sed. Se trata de la llamada lámina Turío-3, que se conserva en el Museo Nacional de Nápoles y que se encontró en otra tumba fechada en los siglos IV-III a.C.
“Llego pura entre los puros, reina de los etonios, Eucles, Eubúleo y demás dioses y démones, ya que yo me glorio también de pertenecer a vuestra estirpe feliz. Pagué la pena de acciones injustas o porque me sometiese la Moira o por el rayo lanzado desde las estrellas, y ahora me presento suplicante ante la casta Perséfone para que llena de buena voluntad me envíe a las sedes de los puros.”
En esta segunda lámina podemos destacar también diversos elementos que permiten profundizar en las creencias órficas:
- En este texto, más que insistir en la necesidad de conservar la memoria en el viaje por el más allá se nos habla de que el difunto debe haber tenido en la tierra una existencia piadosa y pura.
- La difunta insiste en que ha terminado su proceso de purificación y es por tanto consciente de que su alma pertenece a la feliz estirpe de las divinidades.
- Durante su existencia terrena ha pagado ya la pena de las acciones injustas, alusión bien al crimen antiguo de los Titanes contra Dionisios o a otros posibles pecados cometidos contra los dioses en vidas anteriores.
- La difunta manifiesta que esa purificación pudo ser lograda gracias “al rayo lanzado desde las estrellas”. Estas palabras son frecuentes en otras láminas órficas y pensamos que hacen referencia simbólica a la llegada de “rayos de luz divina” gracias a los cuales los iniciados habrían podido completar su proceso de iniciación mistérica. Sería algo similar a la recepción de la Luz divina (Espíritu Santo) por los primeros Apóstoles cristianos, de la que nos habla el Nuevo Testamento.
- Al igual que en la lámina anterior, la difunta, finalmente, suplica a la diosa infernal Perséfone, que permita que sea enviada a las mansiones celestiales de los puros, consiguiendo así evitar la en otro caso inevitable retención en el Hades y la posterior reencarnación.
Muerte y glorificación
La culminación del proceso de iniciación en los misterios órficos suponía que el alma del difunto fuera capaz de alcanzar el estado de bienaventurado propio de todos aquellos que han llevado en su existencia terrena una vida piadosa, siendo además conscientes, gracias a las enseñanzas secretas recibidas, de que en el espíritu del hombre se encierra un componente inmortal que se distingue por participar de la propia naturaleza de la divinidad.
El iniciado, gracias a los misterios, comprendía cual era la verdadera naturaleza de su alma y tomaba conciencia de que durante su viaje por el más allá tenía que esforzarse por mantener su memoria, recordando la constante necesidad de mantenerse firme y rechazar las diversas tentaciones que habrían de acecharle.
La buena voluntad que manifestaban los vigilantes del más allá acerca de los difuntos que habían tenido una existencia piadosa y que se habían purificado gracias a la iniciación, debía permitir que, finalmente, los mystai, asimilados a los bakchoi, pudieran arribar a la sagrada y frecuentada vía que conduce a las celestiales mansiones de los glorificados.
BIBLIOGRAFÍA
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