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La boleadora es fundamentalmente un arma de caza, aunque a veces se ha empleado como arma de guerra. Así se utilizó en  Sudamérica, en la época de la conquista, donde los indígenas causaron gran daño con ellas a los soldados españoles.

Su uso arranca del Paleolítico Inferior (Achelense Medio) y se prolonga, en unos u otros países, hasta casi nuestros días.

La boleadora está formada por uno o varios pesos o bolas atados o sujetos a cuerdas, cuyos extremos se unen entre sí. Sujetándola por una de las bolas, se voltea por encima de la cabeza y se lanza a las patas de los animales a la carrera, enrollándose a ellas y derribándolos.

PREHISTORIA
Con mucha probabilidad la primera boleadora usada por el hombre primitivo era una simple piedra, más o  menos redondeada ,atada a una cuerda de cuero, que se volteaba a la manera de una honda y se lanzaba con energía para producir un fuerte impacto en el animal a cazar. Con este artilugio se conseguía una mayor distancia de lanzamiento y un impacto más potente que con piedras simplemente lanzadas a mano. Los objetos arqueológicos denominados "poliedros litícos" es muy posible que correspondan a este uso.

Después de una fase en que esta boleadora inicial pudo estar dotada de un pequeño mango para facilitar el lanzamiento, y al comprobarse que el conjunto se enredaba a veces en las patas de los animales, se iría adoptando la configuración de boleadora de dos o tres pesos, ya pensada para este nuevo tipo de técnica de caza: el lanzamiento a las patas y derribo del animal. Asímismo se comprobaría la conveniencia de usar piedras lo más redondas posible, que rodaban facilmente por el suelo y prolongaban y hacían más eficaz la acción de la boleadora. Los objetos arqueológicos denominados "bolas", que a veces aparecen en grupos de tres, parecen confirmar este uso. El diámetro medio de estas piezas está alrededor de los 8 cm. El método de sujección de las bolas a las cuerdas debió ser mediante envolvimiento en una bolsa piel, como se haría posteriormente.
 

SUDAMÉRICA
  La boleadora se ha usado ampliamente en los altiplanos y pampas, donde las manadas de grandes hervíboros han sido objeto de persecuación y caza a lo largo de los tiempos. Argentina, Chile, Uruguay, sur de Brasil y las mesetas de los Andes son lugares que han visto tradicionalmente a las boleadoras en acción hasta casi nuestros días. Los incas las utilizaron como deporte y arma de combate.
El tipo de sujección era ó bien por enfundamiento en cuero ó por atado de la cuerda en un surco tallado diametralmente en la bola. El diámetro medio es de 5 ó 6 cm.
Se han utilizado boleadoras de tres, dos y hasta un sólo peso. Estas últimas, usadas por los aborígenes de la pampa argentina, tienen el nombre de "bola perdida", porque una de sus varientes de uso consiste en un tipo de atadura que libera la bola del cordel en el lanzamiento.
 

NORTEAMÉRICA
También se ha usado la boleadora por los indios aborígenes de Norteámerica, pero especialmente por los esquimales del Norte, que han utilizado además un tipo especial de boleadora ligera, adaptada para la caza de aves migratorias, como patos y gansos. Estas boleadoras pueden tener más de tres pesos y con frecuencia van dotadas de un pequeño mango. La distancia eficaz de caza puede alcanzar los 35 m.
 

ACTUALIDAD
Apenas si se usa ya la boleadora, salvo como objeto de folklore en Argentina, donde hasta entrado el siglo xx era una herramienta habitual del "gaucho" en las labores ganaderas.
Como deporte tampoco ha encontrado acogida, salvo para los aficionados a las armas primitivas, que todavía se esfuerzan, en algunos países, por construir ejemplares y practicar con ellos.
 

CONSTRUCCIÓN Y USO
Un procedimiento sencillo de construcción es partir de cantos rodados de mar, de caliza, en los que se perfeccionará la forma esférica con una amoladora. Con la misma herramienta, o con una lima redonda fina, se tallará un surco diametral, al que se atará la cuerda por medio de un nudo corredizo. Las tres bolas encordadas se unirán por el extremo de las cuerdas con un nudo seguro. No es necesaria la perfecta redondez de las bolas para practicar, pudiendo utilizarse una forma poliédrica realizada por percusión, a la que se desbastarán posteriormente las aristas.
La longitud de las cuerdas puede ser variable, generalmente inferior a 1 m. El diametro de las bolas es de 5 cm por termino medio.
 Hay boleadoras que utilizan pesos distintos, siendo lo general en estos casos que la bola de sujección para lanzar sea de tamaño inferior a las otras dos; a veces incluso ésta es de madera, haciendo casi exclusivamente la funcion de mango. A veces tambien la lg. de las cuerdas es distinta.

El lanzamiento es por volteo, por encima de la cabeza, sujetando la boleadora por una de las bolas y haciendo girar las otras dos de manera que no se junten del todo. Al lanzar, las bolas volarán separadas entre sí, girando como las palas de un helicóptero.
No es nada fácil conseguir una buena habilidad en el lanzamiento, ni tampoco adquirir una buena puntería. El blanco a utilizar será un poste o palo grueso bien clavado en tierra. La boleadora se enrollará a él si acertamos en el blanco.

La boleadora para caza de aves puede hacerse con pequeños cantos de caliza taladrados, o incluso con plomos de pesca. Las cuerdas pueden ser de fibra sintética delgada, acabando todas en un pequeño mango de madera o en un simple nudo. Pueden utilizarse hasta cinco o más pesos y la lg. de las cuerdas variar entre los 50 y 70 cm. El lanzamiento se hace sujetando la boleadora por el mango o nudo central y volteando. El conjunto vuela con los pesos abiertos como las varillas de un paraguas, formando una especie de red volante.
 
 
 
 
 
 
 

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