
El poder del sonido
En todas las religiones se atribuye al sonido
un poder sagrado, bien en forma de palabra como en la cristiana (al
principio
era el verbo, y el verbo estaba con Dios, y el verbo era Dios) o en
forma
de expresiones verbales o mantras, como en la hindú, de los
cuales
el más simple y a la vez el primordial, origen de todo, es el
OM,
cuya vibración profunda es interpretada como el sonido mismo de
la creación. En otras religiones, como las
chamánicas
asíaticas o americanas, diversos instrumentos, pero sobre todo
el
tambor, con su ritmo grave y repetitivo, tienen el poder de ser
vehículo
o transportar al chamán al mundo de los espíritus por
medio
del trance. Estos instrumentos cobran así un valor sagrado y son
contemplados como los portadores de la voz de los espiritus que se
comunican
con el hombre.
Desde nuestra perspectiva racionalista
occidental,
este fenómeno lo interpretamos en el sentido de que determinados
sonidos y ritmos repetitivos son capaces, asociados a otros agentes, de
provocar estados alterados o potenciados de conciencia, posibilitando
la
entrada en trance de personas especialmente preparadas, que pasan
así
a niveles de percepción más profundos, a los contenidos
intuitivos
del inconsciente y la visión arquetípica de lo real.
Evidentemente,
ello se articula con contextos culturales que incluyen una
visión
sagrada de la existencia, no materialista ni racionalista a ultranza.
Uno de estos instrumentos sagrados o
mágicos
es la bramadera, empleada ya en la religion paleolítica, en los
rituales de las cuevas con pinturas.
Identificación
La bramadera es una plaqueta alargada de
madera
o hueso, y en ocasiones metal, sujeta por una perforación en un
extremo a una cuerda larga, por medio de la cual se voltea a la manera
de una honda, haciéndola producir un sonido
característico
que ha sido interpretado en las culturas primitivas como de
carácter
sobrenatural o sagrado, y empleado generalmente en los rituales de
iniciación.
Denominaciones
Su nombre sugiere con bastante
precisión
el sonido que hacen al girar. Se las conoce también por otros
nombres,
como zumbadores, que resulta más impreciso en cuanto a la
identificación
sonora, o como rombos, denominación francesa (rhombe), aludiendo
también de manera imprecisa a su forma, ya que existiendo
diversos diseños, el rombico, elongado o no, no es el más
frecuente, sino el fusiforme. En inglés se ha difundido mucho el
nombre de "bull roarer" (bramador de toro), pretendiendo precisar
más
aún la sonoridad. Churinga es el nombre empleado para designar
los
artefactos de este tipo usados de manera significativa por los
aborígenes
australianos, aunque también se emplea para designar otros
objetos
diferentes, realizados en piedra o madera y de forma general más
ancha u ovoide y mayor tamaño, no aerófonos, conteniendo
símbolos totémicos y diferente información
esquematica
de carácter sagrado para el clan.
Se le han dado también otros nombres,
como el de "palo zumbador" en Mesoamérica.
Nos gusta sobre todas la denominación
de bramaderas o bramadoras, ya que dentro de su precisión
identificativa
sonora, deja un amplio margen a las variaciones en sonido que el
instrumento
puede adoptar en función de su diseño. El bramido del
toro
es bastante aproximado a su sonido. Algo menos grave es el bramido del
mar o del viento fuerte, que también se dan en los
ejemplares
de diseño más pequeño.
Origen
Aparecen por primera vez en los registros
arqueológicos del Paleolítico Superior, junto a otros
objetos
de configuración semejante con los que a veces se las ha
confundido,
como son los colgantes. Las bramaderas prehistóricas
están
realizadas en lámina de hueso, escindida de una costilla de
animal,
y son extraordinariamente delgadas y de sección trasversal muy
aplanada,
tendiendo a lo plano convexo. Su diseño es generalmente
fusiforme
u ovalado y siempre llevan una perforación en un extremo, a
veces
en una cabezuela o botón destacado de la pieza.
Distribución y tipos
Más allá de los tiempos
prehistóricos,
hay que destacar el conocimiento y uso de la bramadera por griegos y
romanos
en diferentes ritos religiosos. En tiempos más recientes, hay
que
referirse a poblaciones aborígenes de Australia, Nueva Guinea,
Brasil,
sur de Africa y América del Norte, principalmente. Pero hay
registros
de su uso por todas partes, como en América del Sur y Central y
en Europa. En España se ha usado en las diferentes regiones,
aunque
su uso, perdido el carácter mágico-religioso de las
culturas
primitivas, aparece reducido a lo lúdico y en algunos casos a
instrumento
de pastores para asustar a diversos animales.
Los diseños de cada época y
área
tienen sus peculiaridades, aunque predomina el modelo ya optimizado en
la prehistoria, fusiforme, con o sin una pequeña cabeza donde se
localiza el orificio de amarre de la cuerda.
Bramaderas australianas
Las bramaderas aborígenes australianas
son las más significativas, así como los rituales en que
se emplean son los mejor informados. Se las llama en lengua aborigen
Churingas
o Tjurungas, y en lengua anglosajona se ha popularizado el ya citado
nombre
de Bull roarer. Con frecuencia van decoradas por una cara o por las
dos,
y los diseños son geometricos y de simbología tribal,
aunque
también pueden ser exclusivamente personales. Su sonido se
asocia
a lo sobrenatural y se emplean en los ritos de iniciación de los
varones, estando prohibida su contemplación o uso a los no
iniciados
(mujeres y niños). Cuando tiene lugar un ritual, su sonido
advierte
a los no iniciados que deben abandonar la zona sagrada en que
éste
tiene lugar. El "bull roarer" australiano se hace de "muga"(acacia
aneura),
de madera dura y compacta de color rojizo, más resistente y
pesada
incluso que el ébano. Esta madera, por sus buenas
características
de resonancia, se emplea para todo tipo de instrumentos musicales
aborígenes,
e incluso, por su elasticidad, para la fabricación de arcos. La
cuerda suele ser de cabello humano o pelos de opossum.
En cuanto a las dimensiones de las bramaderas, hay que decir que son muy variables, desde algo menos de 10 cm hasta más de un pié de longitud, variando el sonido que producen según el tamaño. Las más pequeñas dan un sonido suave y más agudo, mientras que las grandes producen un sonido grave y profundo.
Finalmente hay que decir que el uso de
bramaderas
se ha incorporado, como instrumento musical, a algunas composiciones
modernas,
persiguiendo el efecto especial de su sonoridad, e incluso se ha
sintetizado
electrónicamente.

Bramadera australiana

Bramadera de Nueva Guinea
Experimentación de uso y construcción
La dinámica que tiene lugar al voltear el instrumento a la manera de una honda es curiosa y compleja. No entraremos en formulaciones matemáticas, por otro lado complejas, bástandonos a los propósitos de este breve artículo el manejo de explicaciones intuitivas y prácticas. Por un lado, se produce un giro de la bramadera sobre su eje longitudinal (en prolongación de la cuerda). Este movimiento es el típico de desplazamiento de un plano rectangular en un fluido bajo ciertas condiciones de dimensión y peso. Se puede simular fácilmente dejando caer en el aire una tira de papel de pequeñas dimensiones. Comienza a girar como un rodillo debido a la resistencia del aire a su desplazamiento, que se adapta en remolino a su caída. Al girar la bramadera de esta manera, la cuerda de sujeción comienza a torsionar, enrollándose sobre sí misma hasta que la fuerza de torsión es lo suficiente como para hacer que la bramadera empiece a girar en sentido contrario, deshaciendo la torsión y volviéndolo a hacer en el nuevo sentido. Y así sucesivamente. La bramadera gira pues de manera pendular, amortiguando su giro según la cuerda se aproxima a su límite de torsión. La combinación del movimiento de volteo y de giro de la bramadera producen en el aire una perturbación que se traduce en el típico zumbido o bramido del instrumento. Por otro lado, y dependiendo de las caracteristicas de resonancia del material de la bramadera, el zumbido adoptará ligeras varaciones en timbre o intensidad. Pero básicamente el zumbido lo produce el diseño de la bramadera más que la naturaleza de su material, obteniéndose resultados semejantes emplenado materiales de ensayo tan diversos como maderas duras y blandas, metales, cristal o escayola.
El sonido, en correspondencia con el giro de la bramadera en uno y otro sentido, se producirá a intervalos, ondulante en intensidad, apagándose y retornando en cada periodo de inversión del giro. Para que la bramadera suene con intensidad son necesarias varias cosas. La primera, que el volteo se produzca con suficiente energía centrífuga para que tense bien la cuerda y la velocidad de la bramadera pueda ser alta. Deberíamos utilizar por tanto, en principio, un material de cierto peso, como maderas duras, hueso consistente, metal, etc. Esto, sin embargo, puede obviarse parcialmente compensándolo con otros factores, como el espesor de la pieza, que añadirá peso a un mismo diseño. También hay que decir que incluso empleando materiales livianos, una vez formado el remolino de aire en torno a la bramadera, éste produce una cierta inercia durante el volteo, tensando también la cuerda, si bien tardará más en empezar a "tirar" y la bramadera volteará y girará más despacio debido al frenado del aire, y el sonido será menor. Incluso para que comience a girar habrá que ayudarla torsionando previamente un poco la cuerda o haciendo chocar la bramadera contra el suelo en el primer volteo para que gire un poco; de lo contrario la bramadera se desplazará por el aire sin girar. La consideración del peso de la bramadera nos lleva a uno de los aspectos importantes del diseño, y es la relación entre la superficie que la bramadera ofrece al desplazamiento en el aire y el peso de la misma. Si la relación es grande, el frenado del aire no permitirá impulsarla ni voltearla de manera eficaz, incluso no llegando a girar sobre su eje. Si la relación es pequeña, o sea, la bramadera es en exceso pesada en relación a su tamaño, podrá voltearse bien, pero no conseguirá girar tampoco pues el empuje del aire no será capaz de crear el torbellino envolvente. Así pues, si emplearamos materiales pesados tendríamos que ir a secciones finas, a bramaderas delgadas, para mantener un buen valor de la relcion. Por el contrario, si empleamos materiales ligeros, habrá que ir a espesores grandes para conseguir un cierto peso relativo a la superficie. El empleo de secciones delgadas tiene la ventaja de aprovechar la resonancia del material, por lo que lo general es recurrir a materiales pesados, además de dotados de buenas características de resonancia. Un buen valor de la citada relación Superficie/Peso es entre 2 y 3, expresadas dichas magnitudes en centimetros cuadrados y gramos respectivamente.
Otro factor clave del diseño es la forma. En primer lugar, para conseguir que la bramadera gire de manera estable y no caótica, es necesaria la simetria respecto al eje de giro. Un factor esencial es que cuanto menor sea su momento de inercia respecto al eje de giro ( dirección de la cuerda), mas deprisa girará la bramadera. Es el conocido efecto del patinador, que después de propulsarse girando sobre una pierna y teniendo la otra extendida, además de los brazos, recoge sus extremidades para comenzar a girar vertiginosamente. Así pues, los diseños recogidos en torno al eje, como los fusiformes, serán preferibles a los ovalados o circulares, y los rectangulares alargados a los de tendencia cuadrada. Y este diseño, el fusiforme, es el seleccionado preferentemente desde la prehistoria de manera natural y práctica. Cuando un diseño es muy expandido respecto al eje de giro, tienden a producirse desequilibrios en el mismo, y la bramadera acaba por moverse de manera caótica y sin eficacia sonora. Por el contrario, los diseños fusiformes, alargados, se aprovechan del efecto giroscópico que produce su elevada velocidad, consiguiendo una gran estabilidad del eje de giro frente a perturbaciones ocasionales en el volteo. Sus ventajas se multiplican, pues, frente a otros diseños.
Una prueba de que la bramadera está
bien diseñada teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora, es
que
teniéndola suspendida y moviendola como un pendulo, comienza a
girar
espontáneamente de manera estable a las pocas oscilaciones, como
una peonza. Es el momento de empezar a voltearla.
Relacionado intimamente con el diseño
está el sonido de la bramadera. Evidentemente, las
características
de la perturbación producida en el aire van a depender por un
lado
de la velocidad de giro de la bramadera, y por otro, de su
tamaño.
Cuanto mas deprisa gire la bramadera, mayor será la frecuencia
del
sonido producido, más agudo será. Cuanto más
grande
en superficie, las perturbaciones serán más amplias, de
mayor
longitud de onda, de menor frecuancia, y el sonido será
más
grave. Aproximadamente, ambos factores, velocidad y tamaño,
están
relacionados de manera inversa debido a la resistencia del aire al
movimiento
de la bramadera, por lo que puede concluirse qu bramaderas grandes
produciran
sonidos ghraves, profundos, y bramaderas pequeñas, sonidos
más
agudos. Hablando de diseños fusiformes, las bramaderas
inferiores
a un palmo producirán sonidos agudos y las superiores a un
pié,
sonidos graves.
Como
hemos dicho anteriormente, el diseño más común es
el fusiforme muy elongado. Para optimizar el instrumento, hay que
llegar
a un compromiso en la estrechez del diseño para que, ofreciendo
la menor resistencia al aire, sea capaz sin embargo de producir
un
giro rápido debido al empuje del aire. Diseños ovalados o
anchos ofrecen mucha resistencia al aire aunque giren bien, y los
demasiado
estrechos pueden llegar a no girar por debilidad del empuje del aire.
Se
han empleado diferentes diseños a lo largo de los tiempos,
con formas como la rectangualar o de tablilla, la rómbica
más
o menos acusada o redondeada, la ovalada más o menos ancha y
otras.
En cuanto a la forma fusiforme, predominando los diseños
alargados
de puntas agudas o redondeadas, una buena relación de
longitud/anchura
es 7/1, y .
Otro factor a considerar es la cuerda de sujeción. Es evidente que el grosor de la misma debe ir en relación al tamaño de la bramadera, siendo la norma general que cuanto más delgada la cuerda mejor. El centro de gravedad del conjunto cuerda-bramadera debe estar lo más próximo posible al centro de la bramadera para que el volteo sea eficaz, por lo que el peso de la cuerda debe ser liviano. Y en cuanto a la longitud de la cuerda, deberá ser generosa para que la bramadera adquiera buena velocidad en el volteo, pero deberá ir en relación a su peso, ya que una cuerda larga en ausencia de una fuerza centrifuga potente, será frenada por el aire y destensada. Una longitud de 1,5 m. es una buena medida para una bramadera de tamaño y peso promedio. Otro aspecto importante, son sus características de torsión. Deben desecharse cuerdas rígidas, que agotarían pronto su capacidad de torsión, produciendo periodos muy cortos de sonido en la bramadera. Cuanto más delgada sea la cuerda y menos rígida, más largo será el periodo de sonido. También la longitud influye en el periodo de sonido, como es lógico, que será mayor cuanto más larga. El diámetro de las perforaciones de los especímenes reales reproducidos confirma el empleo de cuerdas finas. Un cordel de 1,5 a 2 mm. de diámetro es adecuado para una bramadera promedio de 24 x 4 x 0,4 cm.
En relación al volteo, hay que decir que cuanto más enérgico, más intenso es el sonido, pero que si la bramadera está bien construida, no es preciso más que hacerla girar normalmente para que suene con claridad. El sonido, como dijimos, va a depender de la combinación de los dos movimientos citados: el de desplazamiento por volteo y el de giro en torno al eje de la bramadera. Si disminuye la velocidad de alguno de ellos, disminuye la vibración del aire y el sonido se amortigua.
Finalmente, consideraremos el efecto de la
sección
transversal de la bramadera. Las bramadoras prehistóricas suelen
se de sección plano-convexa, lo cual podría resultar
más
bien del empleo de una tira de hueso de costilla que de un uso
intencionado,
lo mismo que la curvatura longitudinal de la pieza. Sin embargo, la
existencia
de diseños aborígenes con este tipo de sección,
nos
hace pensar que el diseño sí es intencionado. Lo normal
sin
embargo en las bramadoras aborígenes es una sección
ligeramente
biconvexa o plana con los bordes rebajados. En todos los diseños
tiene lugar un fenómeno curioso consistente en que la bramadera
se eleva en el volteo cuando gira en un sentido y se baja cuando gira
en
el otro. Tenemos asi un movimiento de volteo sucesivamente alto y bajo
coincidiendo con los periodos de sonido. El fenómeno es debido a
que la bramadera al girar sobre su eje, acusa el efecto Magnus,
produciendose
una diferencia de presión entre las partes superior e inferior
del
remolino formado al girar, que hace que la bramadera suba o baje segun
el sentido de giro. Si el volteo, como es normal, se hace de derecha a
izquierda por encima de la cabeza, cuando la bramadera gira en sentido
contrario al reloj, la parte superior de la bramadera se desplaza al
girar
en el mismo sentido que el desplazamiento por volteo y se encuentra con
el aire, produciéndose una sobrepresión, mientras que la
parte inferior, al alejarse del aire, produce una depresión,
dando
el conjunto una resultante de fuerzas hacia abajo que hará bajar
el plano de volteo. Cuando se invierta el sentido de giro, se invierte
la fuerza, que ahora será hacia arriba. Si el volteo se realiza
a un lado del cuerpo, en un plano vertical, la bramadera se
acercará
y alejará del cuerpo rerspectivamente. El empleo de bramaderas
de
diferentes secciones modifica ligeramenente este fenómeno,
pero
se sigue produciendo siempre. Una acentuación del mismo se
produce
con bramaderas que tengan una cara plana, como las citadas de
seccióm
plano-convexa. En el ejemplo explicativo del fenómeno que
detallamos
antes, cuando el borde de la bramadera ataca el aire, si es plano,
produce
más sobrepresión, pronunciandose la elevación o
descenso
de la bramadera. Naturalmente, esto se consigue a expensas de una mayor
fricción contra el aire y algo menos de velocidad de giro de la
bramadera, por lo que no siempre se preferirá este
diseño.
Posiblemente el fenómeno de sube y baja de la bramadera tuvo
también
una cierta significación, al lado del sonido, en los rituales de
los pueblos primitivos.
Descripción de figuras
1- Bramadera con decoración antropoforma. Nueva Guinea, siglo XIX-XX.
Medidas: 51,2 x 7,2 x 0,5 cm
2- Bramadera australiana en madera de mulga. Medidas: 26 x 3,5 cm
3- Bramadera de Papúa Nueva Guinea. Tamaño: 52 cm
4- Bramadera de Papúa Golfo Nueva Guinea. Polícroma en su cara superior,
bordes rebajados. Plana y sin decoración por la otra cara.
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Jesús Vega Hernandez
Octubre 2003
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