PROPULSORES DE AZAGAYAS PREHISTÓRICOS








Durante el Paleolítico Superior proliferan en los yacimientos arqueológicos las puntas de proyectil de sílex, dotadas de diversas formas de pedúnculos para sujeción a los astiles de jabalina o azagaya. Son igualmente abundantes las denominadas específicamente "puntas de azagaya", realizadas en hueso, que acabarían imponiéndose definitivamente en el periodo Magdaleniense, caracterizado por la talla y decoración del hueso y asta de reno para una gran variedad de útiles.





Estas puntas se montarían sobre astiles de considerable longitud, cuyo otro extremo probablemente estuviera desnudo todavía, ya que la gran longitud de las azagayas les proporcionaba suficiente estabilidad y direccionalidad sin necesidad de emplume. Este sería imprescindible más tarde, con la aparición del arco y su dardo corto.

Junto a las puntas magdalenienses aparecen frecuentemente unos objetos, de asta también, caracterizados como propulsores, que presentan a veces una bella decoración y figuraciones de animales esmeradamente tallados. Su calificación como objetos de prestigio, podría inscribirse dentro de una gran producción en materiales menos nobles y perecederos, que no han llegado hasta nosotros.





Obsérvese en ellos el gancho en un extremo, destinado a acoplar con la azagaya. El otro extremo suele llevar una perforación para sujeción a la mano por medio de una correa. En algunos propulsores extremadamente cortos, se ha supuesto un cierto suplemento o unión con un mango de madera, que naturalmente no se ha conservado, lo mismo que los posibles ejemplares realizados totalmente en madera.

Es de destacar la importancia concedida a la decoración con tallas animales, que probablemente tenía un significado simbólico y mágico, aparte del meramente decorativo.

Con este ingenio el hombre paleolítico lanzaría las azagayas a una distancia considerable, incluso con bastante precisión, aunque lo más probable es que partidas de varios cazadores lanzaran sus dardos a la vez sobre la pieza, como se deduce de algunas pinturas rupestres que representan a un animal herido con varias azagayas, consiguiendo así una debilitación del mismo por pérdida de sangre.
 
 

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