TÉCNICA
DE USO Y CONSTRUCCIÓN
MANEJO
Nos referiremos en primer lugar al propulsor simple, utilizado inicialmente en los tiempos prehistóricos, cuyo uso se basaba exclusivamente en el efecto palanca para propulsar la azagaya por medio del bastón propulsor. Aquí la fuerza física es el el factor principal del alcance y los propulsores son más o menos robustos y rígidos.
La posición de partida es similar a la de lanzamiento de jabalina, y la azagaya se sujeta entre los dedos pulgar e índice contra el resto de dedos de la mano que agarra el mango del propulsor, como se aprecia en la imagen.
El codo está plegado de manera que la azagaya está en posición más o menos horizontal sobre el hombro. El lanzamiento se efectua proyectando el brazo hacia adelante, desplegando el codo hacia la vertical a la vez que el propulsor, de manera que en la posición de disparo brazo y propulsor quedan desplegados añadiendo longitud a la palanca. La siguiente animación aclara el procedimiento:
(Cortesía de Thunderbird Atlatl.
Ver enlaces)
Cuando se utilizan propulsores y azagayas más sofisticados, como fueron los usados por los indios norteamericanos o los que se utilizan en la actualidad en encuentros y juegos prehistóricos, la azagaya suele ser delgada y flexible y el propulsor más plano y flexible también, produciendose, como ya hemos dicho, un efecto mas sofisticado que el simple de palanca. Consiste en la deformación elástica del conjunto azagaya-propulsor a la manera de un resorte, de manera que absorbe de manera eficaz toda la energía desplegada en el movimiento de lanzamiento desde su inicio, la cual se libera en el momento de disparo a la manera de de un resorte que propulsara la azagaya. El efecto tiene cierta analogía al salto de trampolín, en el que el saltador aprovecha de manera hábil el empuje de la tabla para propulsarse a más altura.
Con este tipo sofisticado de
propulsor de azagaya no es necesario efectuar tanta fuerza en el
lanzamiento como con el de palanca, sino "encontrar" la
manera adecuada de impulsarlo para producir el acoplamiento
elástico de los dos elementos mecánicos en juego, su
deformación, y permitir posteriormente su liberación o
recuperación mediante una parada en seco del impulso. El
lanzamiento se convierte así en una especie de "empujon
frenado" que permite el salto de la azagaya a expensas de la
energía acumulada en ella misma. Para ello, también, es
necesario "afinar" el conjunto por medio de contrapesos
en el propulsor, de manera que las flexiones en propulsor y
azagaya concuerden y
se acoplen bien en el disparo. Dada la
variedad de materiales, formas y dimensiones de propulsor y
azagaya que pueden usarse, no es fácil dar reglas fijas de
dimensionamiento, aunque como norma general se puede decir que la
flexión del propulsor debe ser mucho menor que la de la azagaya
(ésta juega el papel principal de resorte). En la práctica, el
afinamiento óptimo se consigue probando diferentes dimensionados
para un mismo diseño y material y deplazando los contrapesos del
propulsor hasta encontrar la posición ideal. En la imagen,
correspondiente a una instantánea del momento de disparo,se
aprecia el efecto de flexión de la azagaya:
CONSTRUCCIÓN
Los diseños de propulsores y azagayas son muy variados. El más simple consiste en un palo natural extraído de una rama en la que se aprovecha una ramita lateral para hacer el pico de apoyo de la azagaya. Una sencilla navaja basta para confeccionar este propulsor de ocasión o supervivencia. Otra rama derecha y larga, preferentemente un brote nuevo sin ramificaciones de diversos arboles, o cañas y espadañas, servirán de azagayas. No es indispensable utilizar emplumes si la azagaya es larga, ya que se estabiliza en el vuelo por si misma debido a su longitud.
Modelos más elaborados
emplearán maderas seleccionadas, elásticas, como el fresno,
aunque en general la elasticidad se puede conseguir a
expensas de la delgadez del instrumento. Una varilla industrial
de pino de 1 cm de diámetro, disponible en cualquier tienda de
bricolage, puede servir de manera excelente como azagaya. En
cuanto al propulsor, cualquier rama gruesa nos permitirá su
talla de manera adecuada, y si queremos facilitar la tarea, una
tablilla delgada, flexible, a la que se adosará un mango y un
puntero en los respectivos extremos, permitirá un eficaz
diseño.
Veamos un modelo relativamente sencillo:
Dimensiones: azagaya de 180 cm de
lg./ 1cm de diámetro/100 grs de peso. Propulsor de 60 cm de lg.
Obsérvese el acoplamiento propulsor azagaya y la punta de la misma, realizada en este caso en sílex:

Obsérvese también que no se ha empleado emplume alguno en la azagaya, y sin embargo su funcionamiento es correcto, direccionandose y estabilizándose bien. Hay que decir que el emplume, si se utilizan azagayas flexibles, es aconsejable reducirlo lo más posible, ya que dada la flexibilidad de la azagaya tiende a oscilar en el vuelo y por ello el emplume añade resistencia al mismo disminuyendo el alcance.
El siguiente diseño, más ligero, consiste en una azagaya natural de espadaña y propulsor de caña de bambú, cortada longitudinalmente para darle flexibilidad. La terminación del borde de acoplamiento está hecha a la altura de un nudo de la caña, para utilizarlo como apoyo hembra. El extremo de la azagaya está cortado en seco y redondeado, con terminación macho. Es el tipo de acoplamiento inverso al del ejemplar anterior:

En
cuanto a los emplumes, de utilizarse, el procedimiento más
sencillo consiste en sujetar los extremos del cañón de la pluma
a la azagaya por medio de atado simple, que puede también
completarse con un atado en la mitad o enrollado en espiral a
todo lo largo del cañón. Dos plumas suele ser suficiente:
Finalmente, hay que
resaltar la importancia de la punta de la azagaya. Su misión no
es sólo la evidente de penetración, sino que en las azagayas
que funcionan con flexión en el lanzamiento, sirve para mejorar
ésta, ya que al desplazar algo más el centro de gravedad hacia
la punta, la azagaya se comprime y flexa por inercia entre la
punta y el propulsor. Basta sin embargo una punta de una doceava
parte del peso de la azagaya, para conseguir esta mejora. Ello
hace que no deban emplearse, en general, azagayas apuntadas
simplemente por afilamiento del propio vástago.