La extensión del reino de Toledo varió a lo largo de su historia, centrándose en la
región actualmente conocida como "Castilla-la Mancha". Este territorio, sólo a medias islamizado, nunca estuvo totalmente sometido al califato de Córdoba, siendo teatro de frecuentes
rebeliones. Alcanzó su independencia tras la disolución del califato: hacia 1036, Ismail Dahfir, del clan bereber de los Beni Dilnun, proclama la indendencia. El reino tendrá
tres reyes musulmanes:
Ismail Dahfir (1036-1038), que luchó contra los
cordobeses para mantener la independencia.
Abul asan Yaya ben Ismail ben Dylinun al-Mamún (1038-1075), conocido en las
crónicas cristianas como "Almamún" o "Alimenón".Es considerado el más poderoso
de los soberanos musulmanes de su tiempo. Conquistó Córdoba y Valencia. Fue ayudado a conquistar el
trono por Fernando I de Castilla y León. Posteriormente se
enfrentó con él, siendo derrotado y debiendo pagarle tributo. Conocido también por su amistad con
Alfonso VI, a quién dio asilo cuando éste fue destronado por su hermano, Sancho II. Fue envenenado
en Córdoba, en 1075, cuando acababa de conquistarla con la ayuda de Alfonso.
Yahya ben Ismail ben Yahya Al-Kadir (1075-1081).
Nieto del anterior. Nefasto gobernante, perdió las conquistas realizadas por su abuelo, así como
las provincias al sur del río Tajo. También tuvo que enfrentarse a la sublevación de sus súbditos,
divididos en dos facciones: los musulmanes, que eran partidarios de una ruptura de la alianza con
Castilla-León, y un acercamiento a los otros reinos musulmanes, y que estaban apoyados por el rey
Al-Mutawakkil de Badajoz, y los mozárabes y judíos, partidarios de la alianza con Castilla e,
incluso de la anexión. En 1080 el rey Al-Mutawakkil entró en la ciudad de Toledo, mientras Al-Kadir
se refugiaba en Cuenca.
En 1081, Al-Kadir cedió sus derechos sobre Toledo al rey
Alfonso VI de Castilla y
León, a cambio de que éste le ayudara a reconquistar el trono de Valencia.
Después de la cesión, Alfonso VI todavía tardó cuatro años en entrar en la ciudad: para mantener
su honor, la población de Toledo llegó a un acuerdo secreto con él, mediante el cual el rey
castellano "atacaría" a los toledanos durante cuatro años, después de los cuales éstos se rendirían.
De esta forma, la ciudad de Toledo se entregó a los castellanos el 6-5-1085, entrando Alfonso VI en
la ciudad el 25-5-1085. La toma de la ciudad de Toledo constituye un momento crucial en la
Reconquista:
- Por un lado supone un cambio en la relación de fuerzas entre la España cristiana y musulmana: antes de esta conquista era más
poderosa la segunda, y sólo sus frecuentes periodos de división
y guerra civil (conocidos como "fitna") permiten a los reinos cristianos
sobrevivir e incluso expanderse. Después de esta conquista serán
los estados cristianos los más poderosos, y sólo la intervención
norteafricana (almorávides, almohades y benimerines) retrasará
la conquista total de la España musulmana hasta el siglo XV.
- Por otro lado, supone también un cambio en las relaciones entre
los diferentes reinos cristianos: antes, era León el reino más
poderoso, y, al mismo tiempo, considerándose heredero del antiguo
reino visigodo, reclamaba su supremacía sobre los demás estados
ibéricos. Después de su unión con Toledo, pasa a ser
Castilla el reino más poderoso y, al mismo tiempo, siendo Toledo la antigua capital del reino godo, y la sede episcopal más importante
de España, también Castilla tendrá una base teórica
sobre la que reclamar su supremacía.
A partir de este momento, la historia de Toledo coincide con la de
Castilla. Inicialmente, el reino de Toledo estaba formado por los obispados de Toledo y Cuenca; con el tiempo, se extenderá hacia el Sur, a costa de los territorios musulmanes (como se puede observar en el mapa de la herencia de
Fernando III). A partir
de los Reyes Católicos, la división entre los reinos de Castilla y Toledo se cambiará por la de Castilla la Vieja -
Castilla la Nueva.