LA RB: UN INSTRUMENTO DE EMANCIPACIÓN

LA RB: UN INSTRUMENTO DE EMANCIPACIÓN

                                                  Javier Mendez-Vigo

 

 

            Cuando Van Parijs en la década de los 80 planteó la  asignación universal” lo hizo como una  “vía capitalista al comunismo”.  Propuesta que abrió un debate dentro del  “marxismo analítico” al cual pertenecía Van Parijs. Ya en este momento la propuesta tuvo sus críticas, entre otras la J. Elster. Pero a pesar de todo esta propuesta se ha ido afianzando a lo largo de décadas. Sin embargo, Van Parijs ha evolucionado desde el marxismo analítico hacia un liberalismo solidario. Mientras que otros, desde la izquierda marxista han ido evolucionando del simple rechazo a la aceptación de este nuevo derecho.

            Lo que ha sucedido es que por un lado el paradigma keynesiano (fordista) ya no es posible; pero al mismo tiempo, con la derrota del estalinismo y de su colectivismo la izquierda se quedó sin referente. Se ha producido un giro derechista a nivel institucional que ha producido que la socialdemocrácia haya aceptado la política económica del neoliberalismo.

            El neoliberalismo ha significado la hegemonía neoliberal, consiguiendo un ataque a los derechos sociales. Todo el proceso hegemónico del neoliberalismo ha implicado un retroceso  de los derechos a épocas pasadas. Es decir, se produjo un  “asalto al Estado de Bienestar” (como decía Pedro Montes), devolviéndonos al siglo XIX que también relató Charles Dickens.

            La vuelta al mercado  “puro” necesitaba destruir cualquier traba que obstaculizara el proceso de una nueva acumulación del capital. De ahí que desde una contractualidad central se dictará un nuevo tipo de derecho al trabajo que potenciará : (a) la flexibilización;  (b) la individualización de las relaciones laborales. Todo lo cual se hacia en detrimento de la organización y por tanto de la asociatividad. La balanza la inclina de nuevo el Estado hacia el mercado.

            Pero al mismo tiempo, dicha contractualidad central exigía un nuevo tipo de organización que permitiría aplicar un nuevo tipo de disciplina en la empresa, ejerciendo por consiguiente de nuevo el chantaje. La culpa de la crisis es del trabajador por exigir demasiado, lo que permite la existencia de  “excluidos” que no podrán entrar en el mercado de trabajo ya que los fijos no ceden en sus reivindicaciones. La nuea moral ya no habla de explotación sino de excluidos y privilegiados que permiten que aquellos sigan sin trabajo. El paro ya no sería un problema de explotación de los propietarios, sino un problema de  “solidaridad” de aquellos que disfrutan de su trabajo. La apariencia de la nueva situación,  se ha producido gracias a un ajuste de las relaciones laborales.

            Dicho ajuste se realizó a lo largo de un amplio proceso donde se llegarón a quebrar los cimientos de la solidaridad social. Se atacaron las condiciones mismas del trabajo. Como dice Thomas Coutrot la nueva cultural de la empresa neoliberal que exigía la  “individualización” de las relaciones laborales impone un nuevo modelo en las formas de organización de la empresa que consiste en que la  “empresa madre” lance una propuesta y, a renglón seguido, la empresa “mejor colocada” (interna o externamente) obtiene la inversión de la matriz.

            Ahora bien lo dicho exige la autonomía en la gestión, también en lo financiero.  Pero lo verdaderamente importante es que por un lado se niega la existencia del actor colectivo, y por otro lado se exige al trabajador que se implique en la empresa.

            El problema reside en que el sistema capitalista sólo conoce como trabajo a aquél trabajo por el cual se recibe una remuneración. Por decirlo de otra manera, el capital tiene una relación mediante la cual para conseguir beneficio necesita una mercancía que produzca valor. El capital necesidad de la fuerza de trabajo. Ahora bien, por salario entenderemos  “el precio de la fuerza de trabajo, ligado (pero distinto de ) su valor, definido por las subsistencias al trabajador”

            Incluso Jacques Bidet ( “Salaire”; Dictionnaire critique du marxisme) nos dice que el valor de la fuerza de trabajo es definida como un  “producto histórico” que correspondería a las necesidades sociales. Si seguimos dicha definición habría que preguntarse por la forma en que se constituyen las necesidades sociales.

            El salario tiene una parte  “diferida” que permite que el trabajador tenga una  “caja de seguridad” que permite que el trabajador tenga una  “caja de seguridad” en los momentos de paro. Por otro lado la consecución del  SMI durante el proceso en el que se desarrolló el pacto keynesiano permitió la institucionalización  de la solidaridad entre generaciones. Dicho pacto [keynesiano] permitía que el trajador realizara una serie de cotizaciones. Por consiguiente en dicha etapa el trabajador percibía

Salario neto. Era el resultado de una negociación política, fundada sobre una relación de fuerza que impone el reconocimiento de calificaciones homologadas por convenios colectivos....

Salario bruto. El salario total (salario directo +  cotizaciones sociales)

            Dicho tipo de salario suponía para el trabajador un colchón socioeconómico ante la adversidad. Pero dicha seguridad se quebró con la crisis estructural del sistema, apareciendo el paro de masas

            Con las distintas [contra] reformas laborales el neoliberalismo ha conseguido un objetivo fundamental: el abaratamientos de costes. Y uno de los pasos ha sido precisamente el hecho de eximir de su parte al empresario. Se considera a partir de ahora al trabajador como un   “emprendedor” que ha de asumir los mismos riesgos que el empresario cuando arriesga su capital en la inversión. Tesis ideológica que enmascara la realidad. Ya que las relaciones no se dan entre individuos no- iguales sino entre grupos o clases sociales, lo que convierte a la relación laboral en una relación asimétrica. Ya que la contractualidad interindividual supone la contractualidad central  que legitima a aquella.

            Por consiguiente la ofensiva neoliberal se ha centrado en cuatro ataques:

1)      ataque a los parados. Mediante las distintas  “reformas laborales se ha alargado el espacio de trabajo para recibir el subsidio de desempleo

2)      ataque a las normas de empleo. Mediante un nuevo  “derecho”, se nos adentra en el lado obscuro. Se flexibiliza el trabajo hasta llegar a una precarización total. Se obliga al trabajo parcial.

3)      Ataque a las Asignaciones, fundamentalmente a la RMI

4)      Ataque a las pensiones. Se pretende privatizar lo publico. Se intenta que el sea el mismo trabajador se financie el mismo su jubilación.

Se desarticula [desregula] el mercado de trabajo; a la vez se destroza la solidaridad y de nuevo se introduce la competitividad entre trabajadores. En última instancia se desvirtúan los derechos sociales, quedando únicamente la libertad del individuo para  “arriesgarse” en el mercado de trabajo

            ¿Qué hacer? Cuando lo que era un  “derecho” ha quedado reducido a un deber, una obligación que nos ha llevado a una dualización :  “quien hoy tiene trabajo, mañana puede no tenerlo. Por tanto, también hay dualidades en el grupo de personas que poseen un contrato de trabajo al estilo clásico, dotado de todas sus garantías: estable, a jornada completa, indefinido, con seguridad social y seguro de desempleo; por el otro, estarían aquellas personas que se mueven en los márgenes de lo asalariado, que van de contrato temporal en contrato temporal, de ETT a ETT, y que realizan frecuentes entradas y salidas en el mercado laboral” [José Luis Rey Pérez]

 

La RB un nuevo derecho

 

            Es en este contexto de final de siglo cuando se lanza la propuesta de la RB como el derecho que tiene cualquier persona por el mero hecho de ciudadanía de recibir una asignación del Estado o región de manera individual, incondicional y universal, Es un derecho burgués, político y socioeconómico. Pero por ser un  derecho burgués hemos de rechazarlo. No podemos caer en radicalismo maximalistas. Por otra parte, una cosa es que la RB sirva para  “reformar” el sistema capita [modelos débiles] y otra muy distinta es la necesidad de que la RB se convierta en un instrumento de transformación del sistema [modelos fuertes].

            Desde este modelo fuerte es que se puede transformar la situación. Es lo que se hace desde los Nuevos Movimientos Sociales [NMS]. Esto es así ya que los NMS no basan la salida de la crisis en las reivindicaciones meramente  “productivistas” sino en la necesidad del  reconocimiento y recuperación de la dignidad perdida. Así ante el retroceso de los  “derechos sociales”, estos movimientos reivindican una renta suficiente y el aumento de los mínimos sociales.

            Salir de la contradicción entre el productivismo y el  reconocimiento del desprecio y por consiguiente recuperar la dignidad, quizás en esto radique la apuesta ética de los NMS desarrollados en la última década del siglo XX.  Una nueva perspectiva se abre con la persistencia en la lucha de todos aquello colectivos  “despreciados” y  “desgajados” del tejido social (los que la nueva sociología denomina excluidos). Los  “sin techo”, los  “sin papeles”, los  “parados de larga duración”.

            La irrupción de estos movimientos (como la  “marcha europea de parados”) que se encontraban fuera del sistema pone sobre el tapete la  [in]justicia del sistema económico, y con su exigencia de reconocimiento reivindican al mismo tiempo el “derecho a la ciudadanía”.

            Por lo tanto la RB se convierte en un instrumento en manos de los trabajadores y de los NMS, que incluso ha conllevado a la reivindicación de un  derecho al salario”.

            En un momento en que la hegemonía político- cultural del neoliberalismo nos lleva hacia una sociedad a la americana, donde lo que predomina son los trabajadores pobres [working poor], con varios trabajos para poder sobrevivir, y donde los derechos sociales están en plena retirada. En una sociedad donde cada vez es más fácil el  despido libre y donde el empresario queda exento de sus responsabilidades fiscales, el trabajador queda de nuevo indefenso.

            Por dicha razón la RB se está convirtiendo en un instrumento que permitirá dar una ventaja al trabajador: la  seguridad y la libertad. La seguridad que proporciona a cualquier ciudadano el  saberse  “poseedor” de una renta por derecho; pero también la libertad de sentirse no- dependiente de ningún señor.

            La RB también puede ser el r peldaño para reivindicar el  derecho al salario ya que el  “derecho al salario es la más alta expresión del derecho a la renta” [AC! Quimper,  “Salaire por tous!”]. Ahora bien, dicha reivindicación significa que la parte del valor mutualizado (la cotización social) aumente y no como sucede con la política neoliberal tienda a desaparecer del salario.  Nos encontraríamos con el siguiente esquema desarrollado por AC!

 

 

 


                         “Beneficios”

                        (Excedente    Bruto de

                        Explotación)

 


                            Salario

                            Mutualizado                                                 SALARIO

 

                            Salario

                            Directo