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Sigüenza, Barbatona, Estriégana,
Alcolea del Pinar, La Hortezuela de Océn, Padilla del Ducado,
Riba de Saelices, Huertahernando, monasterio de Buenafuente
del Sistal, Villar de Cobeta, puente de San Pedro, Alto Tajo,
Peralejos de las Truchas, Casa de Tejadillos, Las Majadas, Villalba
de la Sierra, Ventorro, Embid y Cuenca.
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Desplazamiento en tren regional *
Chamartín: 8,00 u 8,20 y llega a Sigüenza a las 9,19 o 9,51
Cuenca: 18,45 y llega a Madrid a las 21,26
*en el caso de ser más de cinco bicicletas hay que pedir
permiso a RENFE, llamar a Antonio Molsalve 91 506 66 51.
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Sigüenza es una noble ciudad que merece
la dedicación de algunos momentos, especialmente pata observar
su iglesia con torres de castillo, su plaza porticada o el castillo
que actualmente es Parador Nacional.
Por la zona oeste de Sigüenza se
toma una comarcal con destino a Alcolea de Pinar, la ascensión
es casi constante hasta este municipio. En Alcolea de Pinar
es visitable una casa que se encuentra totalmente labrada en
una gran piedra, con dos pisos y todos los detalles de una vivienda
normal, un lujo arquitectónico de un alcarreño con una gran
dedicación y tesón.
Un poco más adelante, en La Hortezuela de Océn, se experimenta
un cambio sustancial en el tipo de carreteras, en el terreno
y paisaje: las carreteras van siendo más estrechas y el paisaje
más agreste, son las estribaciones de la zona montañosa del
río Tajo y el río Gallo.
Pasado Riba de Saelices el terreno se vuelve más abrupto y empiezan
a verse por doquier los bosques de pinos que son tan característicos
en la zona sur de Guadalajara y el norte de Cuenca, algo que
no perderemos de vista hasta la misma capital conquense, un
auténtico pulmón en el centro de la península.
El monasterio de Buenafuente de Mistral es el culmen de una
larga subida, se trata de un conjunto que todavía está habitado
y en el que se nota que la vida sigue fluyendo por entre sus
muros, con casas nuevas y remodelaciones en las antiguas. Su
iglesia y la entrada nos dan una pista de su pasado, remontándose
a finales de la Edad Media y el Renacimiento, dotado de una
austeridad casi cisterciense y en un paraje absolutamente aislado
y despoblado.
En Villar de Cobeta abandonamos la estrecha carretera y con
ella todo rastro de vida humana, nos adentramos en un espacio
que parece virgen si no fuera por el camino por el que rodamos;
conserva todo el lado salvaje de la naturaleza.
Salimos a los pocos kilómetros al puente de San Pedro, la unión
entre el río Gallo y el Tajo: uno de aguas limosas y turbulentas,
mientras que el otro ofrece sus aguas cristalinas y límpidas.
Seguimos por un tramo de asfalto hasta una desviación a mano
izquierda justo después de un impresionante cortado en la roca
por el que sólo cabe el pavimento de la comarcal, unos tres
kilómetros después del puente de San Pedro.
Aquí cogemos a nuestro compañero por más de 60 kilómetros, el
río Tajo, que aparece serpenteante y bravo ya desde sus primeras
aguas. El camino es ancho y está en un estado bastante bueno,
tiene continuas subidas y bajadas, pero no son en ningún caso
demasiado duras.
Después de unos 45 kilómetros de pista, de aguas, de paisajes
llenos de vegetación, agua, cañones, montañas y buitres nos
encontramos de nuevo con el asfalto, cogemos la carretera con
dirección a Taravilla durante unos 5 kilómetros, entre los cuales
se encuentra una dura subida, para luego desviarnos hacia el
embalse de Taravilla, justo antes de la terrible subida al pueblo
del mismo nombre, a mano derecha en un cartel indicativo del
Alto Tajo.
Otra subida nos espera hasta las inmediaciones del embalse,
pero esta vez por tierra, de nuevo entramos en un cañón, pero
algo más amplio que el anterior, aunque con una vegetación más
espesa y a más altura.
Después de otros 15 kilómetros de pista llegamos a una carretera
que nos conduce a Peralejos de las Truchas, un tranquilo pueblo
que se encuentra precedido por unas altísimas buitreras.
Desde Peralejos retrocedemos por la misma carretera hasta coger
la comarcal que lleva a Tragacete, encontrándonos al poco un
puerto con rampas de gran dureza, que sólo son paliadas por
las vistas cada vez más cercanas de las buitreras que sirven
de epílogo al parque natural del Alto Tajo.
Siguiendo por esta carretera veremos a mano derecha, antes de
encontrarnos con ningún pueblo, una desviación a mano derecha
que nos conduce hacia Los Tejadillos y Las Majadas a través
del espeso bosque que conforma el parque natural del Hosquillo,
un pinar que parece no haberse visto alterado desde los tiempos
de la Creación.
Después de otro puerto hasta Las Majadas nos encontramos con
una larga bajada hasta Villalba de la Sierra, y un llano y de
nuevo otra bajada nos conduce hasta Cuenca, una ciudad elevada
en una colina en la que sus casas colgantes, su iglesia gótica
de estilo afrancesado y sus viviendas encaladas y pintadas de
colores hacen de su conjunto urbano uno de los más bonitos de
nuestra geografía.
En la parte baja de la ciudad, al sur de la misma se encuentra
la estación de RENFE, punto final de una excursión en la que
el cicloturista vuelve con los pulmones cargados de oxígeno
puro y en la retina un sinfín de bosques y cortados, un deleite
para el viajante, especialmente en la exuberante primavera.
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