Montañas y Románico  
Montañas y románico: la Cataluña histórica
LUGARES POR DONDE PASA LA RUTA

Ripoll, Sant Joan de les Abadesses, Sant Pau de Seguries, Camprodón, Molló, Prats de Molló, La Preste, Le Conques, Pla de Guillem, Casteil, Abadía de Canigou, Villafranche de Conflent, Prades, Sant Michel de Cuxa, Col du Fourtou, Oms, Llauro, Ceret, Le Perthus, Col Tre Thermes, Castillo de Requesens, Sant Climent, Mollet de Peralada, Garriguella, Llançá, El Port de la Selva, San Pere de Rodes, Cadaqués, Roses, Castelló D’ampuries, Sant Pere Pescador, L’Escala, ruinas de Ampurias, Viladamat, Torroella de Fluvia, Figueres, Navata, Besalú, Serinyá, Banyoles, Porqueres, Mieres, Santa Pau, Olot, Vallfogona de Ripollés, Ripoll.

NIVEL Y DURACIÓN
Consta de unos 470 kilómetros en su totalidad y es exigente cuando se trata de pasar los pirineos, aunque se ve compensado por los pocos kilómetros que hay que hacer cada jornada. Realización en 15 días.
SALIDA Y LLEGADA A MADRID

Desplazamientos en tren estrella y regional *
Hay tren regional hasta Ripoll desde Barcelona, pero hasta la capital catalana hay que utilizar el tren nocturno, tanto de ida como de vuelta.

* Tren estrella: es necesario reservar las literas inferiores de los compartimentos para debajo de las mismas poner las bicicletas.
   Tren regional: en el caso de ser más de cinco bicicletas hay que pedir permiso a RENFE, llamar a Antonio Molsalve 91 506 66 51.

DESCRIPCIÓN

Se trata de un recorrido circular por la Cataluña histórica, empezando, por cuestiones de comodidad a la hora del desplazamiento, en Ripoll. Especialmente recomendable para cuando el clima es más propicio.
Ya en el punto de salida podemos admirar uno de los conjuntos artísticos más valiosos de toda la ruta, el monasterio de Ripoll es uno de los modelos básicos del arte románico español y europeo, su magnífico estado de conservación hace del conjunto un hito ineludible para todo viajero que por allí deambule.
Salimos por el carril-bici que nos indica la anterior existencia de una vía férrea ya desechada, hasta el siguiente pueblo, el cual no desmerece, en cuanto a esplendor se refiere, del anterior; se trata de Sant Joan de les Abadesses, en donde, de nuevo, el románico surge como protagonista, el pueblo en sí está lleno de rincones con encanto.
Nos adentramos por la comarcal, progresivamente, en un paisaje flanqueado de forma cada vez más estrecha por las montañas pirenaicas, con sus pinos en las laderas y las cumbres de piedra gris plomizo, siguiendo el valle del río Ter, dentro del cual desembocamos en Camprodom, en donde de nuevo merece la pena introducirse en su encantador centro, con su puente romano y las calles flanqueadas de casas de piedra.
A partir de aquí y hasta llegar a la frontera francesa, en el col D’Ares, comienza una progresiva subida, acompañada por los inseparables pinos y el curveo de la carretera.
Una vez bajamos este primer puerto nos encontramos con Prats de Molló, que se divisa en la distancia, colocado en la ladera de una montaña. Es muy interesante la visita de las intrincadas calles peatonales del centro de la localidad y subir al castillo que divisa el valle.
Tomamos el camino hacia el balneario que hay cerca de La Preste, pero nos desviamos a la derecha por una empinada y tranquila carretera hacia el refugio en Le Conques y por camino hasta el alto de Pla de Guillem, en donde la vista es capaz de extasiar a las miradas más exigentes.
Se sigue bajando por pista de forma continua durante kilómetros hasta las inmediaciones de Casteil y la Abadía de Canigou, encontrándose está última en lo más alto de una de las montañas cercanas, en un paraje espectacular que compite, en un igualado pulso, con la belleza y la armoniosidad del monasterio románico que allí se erige desde el siglo XII.
Se continúa por tranquilas carreteras hacia Villafranche de Conflent, una localidad totalmente amurallada cuyo encanto sorprende al viajero por la elegancia y sobriedad de sus empedradas calles y edificios.
La siguiente localidad importante es Prades, en donde ya hemos salido de las montañas pirenaicas y contemplamos una zona con pequeñas colinas muy habitada y transitada.
El siguiente hito en nuestro camino es San Michel de Cuxa, de nuevo el románico en su máximo exponente, el monasterio bien merece un buen rato de deleite y recreación.
La zona que afrontamos ahora, en continuo rumbo este, está salpicada de pequeñas colinas, por cuya falda transcurre la carretera que nos lleva hasta Ceret, entre zonas de árboles de hoja caduca y con escasos pueblos.
Ceret es conocida por haber vivido Picasso en la localidad durante muchos años, sus calles aún conservan un encanto especial que sin duda fue lo que retuvo al afamado pintor durante todo ese tiempo, merece la pena darse una vuela por sus bulliciosas calles llenas de vida.
Desde Ceret afrontamos de nuevo una continua pero progresiva subida hasta Le Perthus, en donde empieza el puerto que termina en la frontera española, en cuya cumbre se contempla el valle del alto Ampurdá y la costa mediterránea, casi fusionada con el cielo brumoso.
Se desciende por el antiguo camino de contrabandistas y el parque natural con dirección a Climent, en donde seguimos una cada vez más transitada comarcal hacia la nacional que desemboca en Llança, un pueblo costero de casas inmaculadamente blancas y calles estrechas típico de la zona de la Costa Brava, como el vecino Port de la Selva.
En lo alto de un monte, en una situación privilegiada para la defensa y con el mar como referencia, encontramos el monasterio impresionante de San Pere de Rodes, la piedra románica nos hace retroceder ocho siglos para contemplar uno de los lugares con más encanto de la provincia de Gerona.
Siguiendo por la costa nos encontramos con la histórica Roses, con sus pequeñas casas típicamente mediterráneas y un claro ambiente turístico. Desde este punto la llanura se extiende salpicada de numerosos pueblos hasta llegar a L’Escala, en cuyo municipio se encuentra uno de los yacimientos clásicos más importantes de nuestro país, con su ciudad griega y romana y el impresionante trabajo didáctico que hace del lugar cita ineludible.
Seguimos hacia el norte para encontrarnos con el gran centro urbano de Figueres, en donde merece la pena apreciar la originalidad de Dalí en su visible museo, en el centro de la localidad.
Saliendo de Figueres empezamos a notar como el terreno se ondula poco a poco hasta llegar a Besalú, cuyo cogollo artístico, su puente románico y el encanto de la apacible vida de sus ciudadanos dotan al lugar de un ambiente mágico, por enésima vez la piedra y el románico sirven de telón de fondo.
Continuamos entre suaves y verdes colinas hacia Banyoles, con su enorme lago natural, en donde se practican multitud de deportes acuáticos.
Ya en una zona volcánica, la de la Garrotxa, encontramos a otro de esos pueblos típicos de Gerona, edificados en piedra y con intrincadas y tranquilas calles, aunque lo más peculiar es el entorno, con pequeños cráteres alrededor, testigos mudos de un pasado que contrasta sobremanera con la tranquilidad y la fertilidad de los campos y bosques.
Seguimos entre volcanes de escasa altitud hasta la señorial y distinguida Olot, en donde encontramos uno de los centros más populosos de la zona, el más importante de la Garrotxa.
Desde aquí afrontamos una continua subida hasta las inmediaciones de la localidad de la que partimos, de Ripoll, completando un periplo en el que el paisaje, el románico y el encanto mediterráneo han dejado una huella indeleble.

 

FOTOGRAFÍAS:
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Mapa
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