|
Fez, Ain-Bouali, Oulad Mimoun, Pont du
Sebou, Karia-Ba-Mohamed, Fes-el-Bali, Mjara, Ain-Dorij, Kharrouba,
Zoumi, Nefti, Mocrisset, Chefchaouen, Souk-el-Arba-des-Beni-Hassan,
Dar-Ben-Karriche-El-Bahri, Tetuan, Mdiq, Castillejo, Ceuta.
|
|
Al comienzo de nuestro viaje merece la pena
pasar al menos un día o dos en la ciudad de Fez, ciudad
imperial donde las haya, en cuya medina aún se respira
el aire de las especias, de los cueros y de los siglos; en sus
puertas, sus murallas y su palacio aún encontramos un
guiño de la grandeza que en otros tiempos representaron;
el ambiente cálido y ajetreado permite disfrutar al viajero
de una sociedad diferente y abierta al extranjero.
A la salida de Fez, y mientras nos esforzamos
en pasar las primeras pendientes, no debemos dejar de contemplar
su intrincado laberinto de calles, salpicadas de alminares y
tejados de colores, ocupando todas las colinas de los
contornos, y, a lo lejos, las nieves del Atlas Medio que muestran
su imponente majestuosidad a escasa distancia hacia el sur de
la gran ciudad.
Enseguida empezamos a ver aquello que
será la tónica general de nuestro viaje, al menos
hasta las ciudades del norte de Marruecos, el campo, lleno de
vida y de gente, las mezquitas blancas dispersas por las colinas,
las casas encaladas y los pueblos pequeños pero densamente
habitados.
En Karia-Ba-Mohamed encontramos un centro
de bastante relevancia en la comarca, y es especialmente interesante
recorrer su mercado, útil y práctico, como los
compradores que lo frecuentan, desvinculado por completo del
turismo de las ciudades.
A los pocos kilómetros empiezan
a esbozarse en el horizonte las primeras cumbres de piedra marrón
oscura, llenas de gritas y de las cárcavas que son características
del Rif.
Al llegar a Fes-el-Bali cuidado con no
seguir por la carretera, se ha construido un embalse en el río
Ouerrha y hay que tomar una alternativa de 20 kilómetros
por camino que sale desde este mismo pueblo y va a parar a Majra,
ya pasada la presa. El paisaje es verde, salpicado de montañas
afiladas y con un inmenso embalse en el fondo del valle.
Una zona más llana nos permite
acercarnos a una serie de pueblos de mayor tamaño, como
Kharrouba, que sirven de prólogo para afrontar la parte
más escarpada de la cordillera.
En la zona más alta del Rif, a
partir de Zoumi, se contemplan los paisajes más impresionantes
de la sierra, con un verde esmeralda que rodea todos los lugares,
sólo interrumpido por zonas de tierra ocre oscuro que
contrastan sobremanera con la vegetación.
Sólo a partir de Mocrisset empieza
una larga bajada hasta el río Loukos, poco antes de coger
la nacional que desemboca en Chefchaouen, no sin antes subir
dos pendientes bastante largas.
Chefchaouen se encuentra en un lugar privilegiado,
sobre el valle, en la falda de una de las montañas más
altas de la zona. Refulgen desde todas partes sus blancos edificios,
apretados de forma escalonada, y cruzados por estrechas calles
con mucha pendiente. La medina de esta ciudad es diferente a
la de Fez, más abierta y más turística,
capaz de satisfacer al más exigente comprador. Destacan
igualmente sus casas blancas y azules, un aspecto mediterráneo
que denota sus influjos norteños.
Pasado Chefchaouen empezamos a encontrarnos
en las estribaciones de la cordillera del Rif y para llegar
a Tetuán nos deslizamos por una suave bajada de varios
kilómetros.
Tetuán es una ciudad con dos culturas,
una europea, con casas coloniales y edificios de varias plantas;
y otra puramente musulmana, con el consulado español
y la medina como máximos exponentes. Fue la capital del
Marruecos español y eso ha dejado huella en el urbanismo
de la ciudad, aunque su realidad musulmana no ha dejado de plasmarse
en ningún momento; sus mezquitas, tiendas y sus getes
no dejan lugar a duda sobre este particular.
De Tetuán a Ceuta hay pocos kilómetros
y todos bastante llanos, acercándonos progresivamente
a la costa, la cual sale a nuestro paso para no dejarnos en
el pueblo de Mdiq. Castillejo es el último hervidero
antes de pasar a la europeizada Ceuta, que intenta evidenciar
su realidad española en un lugar en el que todo le es
ajeno.
|