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Aliaga, Camarillas, Jorcas,
Allepuz, Villarroya de los Pinares, Fortanete, Umbría, Cantavieja,
Mirambel, Olocau del Rey, Tronchón, Villarluego, Pitarque, Aliaga.
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Aliaga es una localidad enclavada en
una pequeña serranía. Nada más comenzar
a pedalear nos encontramos una pequeña subida desde la
cual contemplamos la huella del trazado del antiguo tren que
comunicaba esta zona con claros fines de explotación
minera, aunque una de sus características y cualidades
principales era precisamente su relativo aislamiento con respecto
de la zona norte de la provincia, Castellón suponía
su zona de mayor contacto, ya que durante mucho tiempo, parte
de este territorio perteneció a la orden templaría
de San Juan de Jerusalén.
En Camarillas encontramos vestigios de
su rico pasado renacentista, el dinero de América se
hizo presente en numerosos pueblos de la comarca, con iglesias
y palacios de gran esplendor, aunque actualmente en ruina.
En Allepuz encontramos un gran municipio
con su iglesia del característico estilo neomudejar turolense,
su palacio renacentista y sus intrincadas calles con casas de
piedra, encaramadas a la montaña, sobre el próximo
valle del Alfambra.
Seguidamente se comienza el ascenso al
puerto de Sollavientos entre paredes de piedra de gran altura
y el valle salpicado de chopos y acacias, bajo la atenta mirada
de los buitres.
Después de la bajada, encontramos
un tranquilo pueblo de bonita iglesia y casas señoriales
del siglo XVI, se trata de Villarroya de los Pinares.
Más adelante, después de
pasar los puertos de Villarroya y Cuarto Pelado, llegamos a
la capital de la comarca del maestrazgo, la sede de la orden
de San Juan de Jerusalén, a la amurallada Cantavieja,
con sus calles empedradas, sus casas de caliza su plaza de arcos
apuntados y sus magníficas vistas del valle y la sierra
Palomita.
Mirambel es un pueblo que conserva en
todas sus zonas el encanto de un reducto medieval, recibió
incluso un premio europeo de conservación y restauración.
Es el paradigma de pueblo turolense de la sierra, con sus casas
de sillarejo, sus soportales, sus calles empinadas y empedradas
y pequeños rincones con un encanto singular que hacen
indispensable el callejeo; todo ello rodeado de una firme muralla
flanqueada en cada esquina por puertas y torres circulares.
Siguiendo nuestra ruta, llegamos a un
recóndito pueblo de la serranía llamado Tronchón,
en el que destacan sus balcones de madera y la iglesia de estilo
colonial y renacentista que preside el centro del pueblo.
Para continuar hacia Villarluengo debemos
tomar un largo camino con alguna que otra subida y bajada de
bastante pendiente, aunque el paisaje compensa todo esfuerzo,
especialmente cuando se observa a lo lejos las famosas agujas
de piedra y cañones que se forman en los encajonados
valles de las cercanías. También contemplamos
uno de los mejores ejemplos de explotación rural que
tuvo perduración desde la Edad Media hasta nuestro siglo,
se trata de los “mas”, realizados en piedra y enclavados en
lugares de buena visibilidad y defensa.
Villarluengo es un pueblo bastante grande
que destaca por su ubicación, al filo del cañón.
También aquí encontramos las casas de piedra características
de la comarca pero en una menor proporción.
Bajando el puerto de Villarluengo podemos
disfrutar del paisaje más impresionante de los que hemos
contemplado en la excursión, lleno de árboles
de hoja caduca y altísimos farallones de piedra que parecen
estar cortados a capricho. La carretera serpentea entre grades
murallas de piedra habitadas por buitres, y el río Pitarque
pasa embravecido al lado de la estrecha carretera que nos conduce
hasta el pueblo del mismo nombre, un pequeño y recóndito
lugar con calles estrechas y vistas impresionantes.
Para salir de Pitarque sólo hay
una manera, un camino con una empinadísima pendiente
de tres kilómetros que nos permite salvar las altas montañas
y poder bajar progresivamente hacia el valle del río
Guadalope, entre arces, pinos y hayas, salpicadas entre la desprendida
roca de la sierra de la Lastra, camino de nuestro punto de partida,
la población de Aliaga.
Una excursión para los comienzos
del otoño.
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