MANIFIESTO PARA LA DESPENALIZACIÓN DEL CANNABIS
("L’APPEL DU 18 JOINT")
Los
cigarrillos, los licores, la aspirina, el café, el vino, los calmantes, etc.,
forman parte de nuestra vida cotidiana. En cambio, un simple "porro"
de cannabis (en cualquiera de sus diferentes formas: marihuana, haschís, kif,
aceite) puede llevarnos a la cárcel o al psiquiatra.
Decenas de documentos
oficiales (especialmente los informes La Guardia en EEUU, Wootton en Gran
Bretaña, le Dain en Canadá) han demostrado que el cannabis no produce ningún
tipo de dependencia física, y en cambio sí la producen drogas
"duras", como la heroína, y también el tabaco o el alcohol, y no
provoca ningún efecto nocivo comparable ("Ni siquiera una bronquitis,
salvo en el caso de los fumadores empedernidos", ha escrito el director del
Instituto Nacional Contra el Abuso de las Drogas, en EEUU). El contenido de
tales documentos jamás ha llegado al conocimiento del gran público francés;
han preferido permitir que la gran prensa montase toda clase de campañas de
intoxicación basadas en ineptas mentiras.
En varios países —Estados
Unidos (California, Oregón, Alaska), Países Bajos, Canadá— la legislación
sobre el cannabis ha sido considerablemente suavizada. En Francia, se sigue
manteniendo la confusión entre drogas duras y drogas suaves, entre grandes
traficantes y pequeños intermediarios o simples usuarios. Ello permite mantener
e intensificar una represión cada vez mayor; desde 1969, la policía puede
entrar sin mandato judicial en cualquier sitio, a cualquier hora del día o de
la noche, con el pretexto de la droga. Ello permite también los arrestos
masivos de jóvenes y los despliegues policiales. Es una excusa para detener a
cientos de personas, pequeños revendedores o fumadores de cannabis, cuando todo
el mundo sabe que los peces gordos de la heroína están en libertad. Estas
detenciones, evidentemente son selectivas y afectan sobre todo a la juventud
obrera y a los inmigrados, particularmente en las regiones.
Pues bien, miles y miles de
personas fuman actualmente cannabis en Francia, en las redacciones, en los
liceos, en las facultades, en las oficinas, en las fábricas, en los
ministerios, en los cuarteles, en los conciertos, en los congresos políticos,
en sus casas, en la calle. Todo el mundo lo sabe. Para terminar con este
silencio hipócrita, declaramos que hemos fumado cannabis en varias ocasiones y
que tenemos la intención de reincidir eventualmente. Consideramos inadmisible
cualquier forma de represión individual, sometida a la arbitrariedad policial y
creemos que con este manifiesto apoyamos activamente a todas las víctimas de
esta represión. Exigimos que se tomen las siguientes medidas:
—Despenalización total del
cannabis, de su uso, su posesión, su cultivo (autoproducción) o introducción
en el territorio francés en cantidades aptas para el consumo habitual.
—Apertura de centros de
información sobre las sustancias psicotrópicas, por orden alfabético:
alcohol, cannabis, cocaína, fármacos, heroína, LSD, tabaco, etc.
Nosotros no tenemos nada que
ver con la legalización de la marihuana, ni con su comercialización. Si los
trusts se apoderan de ellas, es un problema de la sociedad. Este texto no es una
incitación al consumo. Solamente pretende terminar con una situación absurda.
Paul Alessandrini, Jacques Baratier, Copi, Pierre Clementi, Emile Copferman, "Cahiers du Cinéma", François Chatelet, Gilles Deleuze, Philippe Druillet, André Glucksman, Alain Geismar, Félix Guattari, Gotlib, Dominique Isserman, Alain Jaubert, Jean Marc Levy-Leblond, Maxime Le Forestier, Jean-François Lyotard, Colette Magny, Edgar Morin, Bulle Ogier, Marcellin Pleynet, Marielle Righini, Philippe Sollers, Severo Sarduy, Topor, Jean-Benoît Yelkin…
VV.AA., en Libération, traducido en "Topoteca: droga y literatura" de El Viejo Topo, octubre de 1976, pág. 40.