La Coordinadora
Radical Antiprohibicionista (CORA) es la organización política de los
antiprohibicionistas de la Unión Europea.
La CORA fue fundada en 1988 y tiene por objeto acabar con el
régimen prohibicionista de las drogas que ha favorecido la constitución de un
sistema internacional de mafia, violencia y corrupción en constante
crecimiento, favoreciendo el desarrollo de políticas autoritarias, y amenazando
libertades civiles y garantías democráticas.
Sostiene la legalización de las drogas. Está a favor de
leyes eficaces que reglamenten y controlen la producción, la venta y el
consumo. Pretende impedir que la represión sea un obstáculo para los
tratamientos y la reinserción de toxicómanos, transformando un problema social
y sanitario en una cuestión delictiva y de carácter público.
Lucha para acabar con la confusión existente entre las
distintas drogas y sus efectos. Confusión que expone a los consumidores a
graves riesgos, impidiéndoles afrontar el problema real.
Desea la legalización para controlar su consumo, disminuir
los riesgos que provoca el abuso de las mismas y, por consiguiente, reducir el
número de muertos por sobredosis así como la difusión de enfermedades como el
Sida.
No desea una liberalización de la droga, pues ésta está ya
liberalizada. La droga circula sin control alguno y su tráfico está en manos
de miles de mafiosos. En todas las ciudades, en todos los países, existen
bares, parques, casas privadas, tiendas, callejuelas y plazas en las que a
diario, a cualquier hora, se pueden comprar drogas prohibidas. Incluso en los
cuarteles y en las cárceles. Los vendedores no faltan pues la droga, prohibida,
es un mercado suculento. El toxicómano, que necesita su dosis, sin alternativa
alguna se ve obligado a robar y a revender. La criminalidad organizada obtiene
enormes beneficios que recicla en actividades legales, y extiende su control
hacia el campo político y económico así como del Estado.
La CORA es una asociación abierta a todo el mundo. A ella se
suman ciudadanos de a pie y representantes políticos de todas las tendencias.
La CORA se financia gracias a las inscripciones individuales,
las contribuciones y las iniciativas de autofinanciación.
EL PROHIBICIONISMO DE LAS DROGAS ES UN DELITO
Querida amiga, querido
amigo:
La Cora es una asociación de ciudadanos y de personalidades políticas
antiprohibicionistas a nivel europeo, comprometidas a favor de la legalización
como método más racional para afrontar el problema de la droga. Estamos a
favor de la aplicación de políticas de despenalización o reducción del
daño, pero creemos que son insuficientes y ciegas para lograr el primer
objetivo que se proponen, a saber: acabar con el comercio mafioso, clandestino,
ilegal y criminal.
* El Congreso de París
La CORA va a celebrar su IX congreso en París, los próximos días 5 y 6 de
junio, con el eslogan "El Prohibicionismo de las drogas es un crimen contra
la humanidad". El Congreso está abierto a todo el mundo, mientras que el
derecho de palabra está reservado a los inscritos. Nuestro objetivo consiste en
lograr 100 inscritos en Francia, y por ello te invitamos a comunicarnos, lo
antes posible tu disponibilidad, tu intención de participar en este congreso.
Hemos decidido, en este momento, convocar nuestra asamblea política en París
por dos motivos. El primero es que, a lo largo de los últimos meses, las
señales procedentes de Francia nos han conducido a creer que tras Italia y
Bélgica, la CORA podría cobrar fuerza en este país. La carta con
informaciones confidenciales de Emmanuel Ratier, cercano al Frente Nacional de
Jean-Marie Le Pen, en su dosier sobre los grupos de presión de la droga (nº
43) ha presentado a la CORA como el motor propulsor del antiprohibicionismo en
Europa. La segunda razón es que Francia representa actualmente, junto a Suecia,
el estandarte del prohibicionismo en materia de drogas en Europa, utilizando una
estrategia agresiva que elimina legalmente, todo debate interno y que, al mismo
tiempo, intenta imponer una recia estrategia represiva a los demás países de
la Unión Europea, en especial ejerciendo presiones ilegítimas en los Países
Bajos, conocidos por su pragmatismo tolerante.
* El prohibicionismo de las drogas es un delito
La vía de la denuncia radical del vacío prohibicionista, que la CORA siempre
ha seguido, junto a quienes no se dejan embaucar por la falacia de un posible
compromiso entre el permisivismo o la reducción de los riesgos sanitarios, nos
otorga una responsabilidad enorme así como una oportunidad de lucha política.
Esto es algo que han comprendido los burócratas del prohibicionismo más
empedernidos, y no sólo Francia. Prueba de ellos son los procedimientos puestos
en marcha por el diputado europeo socialdemócrata, el sueco Anderson, para
expulsar a la CORA de las oficinas del Parlamento Europeo.
En este momento, tenemos que trabajar para dar nueva fuerza y nuevos objetivos a
nuestras razones y convicciones. En el último Congreso de Bruselas trazamos una
primera forma de organización política de los antiporhibicionistas de la
Unión Europea, y estaremos en París para lanzar la campaña "el
prohibicionismo de las drogas es un delito". Un eslogan que pretende poner
de manifiesto la necesidad de no aceptar pasivamente el prohibicionismo de las
drogas como un gaje de la política y del político, con respecto a lo cual,
antes o después el tiempo se encargará de hacer justicia. Asimismo, es
necesario denunciar siempre las razones ético-morales, que asesinan la
democracia, el derecho y la mismísima ciencia, con consecuencias desastrosas
desde un punto de vista económico, sanitario y social.
* La actual política prohibicionista
Se dan cita todos los elementos que constituyen un acto delictivo: el
prohibicionismo mata cada año a miles de consumidores de drogas; pone en
peligro de muerte a otros miles de personas; permite, conscientemente, difundir
enfermedades mortales; permite, de forma directa y objetiva, que redes
internacionales del crimen organizado se lucren; financia al resto de los
tráficos criminales; funda y justifica todas las políticas represivas de las
dictaduras y de algunas pseudo-democracias; todos ellos delitos relacionados
intencionalmente y con conocimiento de causa. El prohibicionismo es la forma
más perfecta de la lucha que la barbarie lleva a cabo contra la civilización.
Es un delito y al mismo tiempo un crimen de guerra. Lo mismo se aplica a las
decenas de millones de consumidores que el Estado pone en manos de la
criminalidad o condena al contagio de virus que pueden ser mortales. Tres
cuartos de lo mismo para los cultivadores, que antes cultivaban, como nosotros
hacemos con el tabaco y la uva, pero que actualmente son tratados como
criminales y al mismo tiempo son esclavos de la criminalidad. Esto se aplica
asimismo a todos los ciudadanos víctimas de violencias cada vez más atroces y
más absurdas puesto que podrían ser evitadas y que son causadas más por la
necesidad de obtener las drogas prohibidas que por las drogas en sí, o peor
aún, por el control de los astronómicos beneficios ilegales.
Nos hallamos ante una situación en la que las nuevas drogas como el éxtasis ya
no necesitan ser cultivadas, sino que pueden ser producidas en una cocina, en
una ciudad cualquiera de Europa. Y eso es así porque la nueva frontera de la
lucha contra la droga necesita una monstruosa e irresponsable máquina
burocrática capaz, con la fuerza de la ideología, de difundir
sistemáticamente violencia.
¿Que nos estamos pasando? Qué va. El último informe de la Organización
Internacional para el Control de los estupefacientes - un organismo
independiente, compuesto por personas escogidas por los Estados miembros de la
ONU, con el único cometido de controlar la difusión de drogas - dice que el
consumo de drogas aumenta porque existe el rock e Internet, y porque
organizaciones antiprohibicionistas a favor de la legalización (de todas las
drogas, por si fuese poco) son responsables de que se hayan desmoronado los
controles, y que hay que frenarlas, incluso recurriendo a leyes especiales,
negándoles, si es menester, la libertad superflua de expresión.
Nosotros vamos a seguir usando esta libertad, y lo haremos con motivo del
congreso de París, en un país de la Unión Europea, patria de las libertades y
de los derechos humanos, en donde hablar de legalización supone un delito
perseguido por una ley nazi y estalinista (el tristemente célebre artículo
LC630 del Código de Salud Pública), que considera todo argumento alternativo
en materia de estupefacientes, sospechoso de presentar positivamente las drogas.
Celebraremos nuestro congreso en París, en una sala del Parlamento, el próximo
5 de junio. Un lugar cercano, institucional, en el que no faltarán - no nos
cabe la menor duda - quienes intenten prohibir el Congreso.
* Manifestaciones ante las Naciones Unidas
Asimismo, el día 7, se celebrarán manifestaciones ante las Naciones Unidas y
en otros lugares del mundo con motivo del "1998 Global days against the
Drug War", la víspera de la conferencia de la ONU en la que está previsto
que se proponga por enésima vez la política prohibicionista, en versión
planetaria, bajo el minucioso liderazgo del director del UNCDP, Pino Arlacchi, y
que el Partido Radical Transnacional ha públicamente denunciado a la Comisión
en materia de drogas de Viena.
* Los proyectos para el futuro
Armados de no violencia, con y por la fuerza del derecho, de la libertad y de la
democracia, es indispensable pasar inmediatamente a la acción:
promoviendo y/o apoyando las LISTAS ANTIPROHIBICIONISTAS EN LA UNION EUROPEA para las elecciones del Parlamento europeo del próximo junio de 1999, solicitando a organizaciones, partidos y personalidades públicas que propongan la legalización. En esta fase, no se trata de organizar directamente las listas, sino de crear las condiciones necesarias para que la presencia antiprohibicionista en el próximo Parlamento se vea reforzada.
organizando una campaña extraordinaria de financiación que nos permita contar con instrumentos mínimos esenciales y tecnologías adecuadas para comunicar y actuar en Europa.
organizando una red de militantes no violentos, dispuestos a dar forma concreta a sus esperanzas y a sus objetivos; para que se inscriban a la CORA o aporten su contribución (cuota mínima de inscripción anual para 1988 100.000 liras italianos), y anuncien su presencia en el Congreso.
Eric Picard (secretario) y Marco Cappato (tesorero), en el IX Congreso, París, 5-7 de junio de 1998.