MANIFIESTO DE LO BORDE

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A finales de los años 60 la sociedad española estaba aletargada por el franquismo. Algunos jóvenes, sin embargo, espoleados por el movimiento contracultural que había puesto en jaque a la sociedad adulta de Occidente, adoptaron nuevas formas de vida al margen de las establecidas, dando origen a una actitud "underground" de marcados rasgos autóctonos. En Sevilla, por ejemplo, se creó un pequeño reducto de libertad en torno al grupo Smash, pionero de la llamada "música progresiva". A parte de unos cuantos discos memorables, el grupo sevillano dejó para posteridad un documento en el que se planteaba hacer música como algo unido indisolublemente a una visión del mundo y una forma de vida totalmente ajenas a los convencionalismos sociales de la época. No se trata de un texto expresamente antiprohibicionista, pero recoge claramente las ansias de libertad de toda una generación. 

MANIFIESTO DE LO BORDE

Cosmogonía de la estética de lo borde:

• Hombres de las praderas (Dylan, Hendrix, Jagger…)
• Hombres de las montañas (Manson, Hitler…)
• Hombres de las cuevas lúgubres (funcionarios)
• Hombres de las cuevas suntuosas (presidentes de consejos de administración, grandes mercaderes)

- Los hombres de las praderas son los únicos que están en el rollo y que han salido del huevo. Sus carnets de identidad son sus caritas.
- Los hombres de las montañas se enrollan por el palo de la violencia y la marcha física.
- Los hombres de las cuevas lúgubres se enrollan por el palo del dogma y te suelen dar la vara chunga.
- Los hombres de las cuevas suntuosas se enrollan por el palo del dinero y del roneo.
- No se puede hacer música en las cuevas del infortunio; hay que abrirse hacia las praderas.
- Las relaciones hombre de las praderas-mercader de las cuevas suntuosas son siempre de sado-masoquismo.
- Sólo se puede vivir tortilleando.


I. No se trata de hacer “flamenco-pop” ni “blues aflamencado”, sino de corromperse por derecho.
II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza.
III. Imagínate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego el del Gastor, a la guitarra, y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo el compás, y dile: canta ahora tus canciones. ¿Qué le entraría a Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel [Molina] cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico:


          
                                                Aunque digan lo contrario,

          
     
                                          yo sé bien que esto es la guerra,
          
      
                                        puñalaítas de muerte
          
      
                                         me darían si pudieran.

 

Juan Carlos Usó, en Spanish trip (La aventura psiquedélica en España), Barcelona, La Liebre de Marzo, 2001, pp. 98-99.

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