LAS SACERDOTISAS

LAS SACERDOTISAS

Es tan contundentemente manifiesto el protagonismo femenino a través de todos los tiempos, que los hallazgos arqueológicos  están hoy en día saturados por  innumerables  testimonios culturales depositarios, como prueba evidente, de dicho protagonismo.     

El análisis somero a que nos invita la antropología gnóstica, quiere, sobre todo, en honor a la Verdad, colocar en su lugar a todas éstas figuraciones arcaicas que desde los primeros albores de la humanidad, se han venido expresando de manera reiterada y que puede, en algunos casos y sobre todo debido al Kali Yuga y a la pérdida de conciencia, puede, (repetimos) darse a interpretaciones erróneas.

Las diosas que veneraron los hombres cavernícolas y que con asombro se ha constatado que perduraron hasta los comienzos de la historia (las llamadas figuraciones esteatopigias, esculturillas femeninas con caderas y formas excesivamente prominentes), o las que eran depositarias de la adoración de todos los pueblos  y que las colocaban entre sus santuarios, ya fueran rústicos o refinados, entre los ríos, cuevas o tumbas, merecen por su propio valor, una atención respetuosa acorde con su dignidad.

Una actitud exclusivamente simple y pragmática, podría inducirnos a pensar que ésta figuraciones eran meros amuletos o símbolos con los cuales el hombre prehistórico pretendía influir sobre la naturaleza, pidiendo a las fuerzas ocultas de la “Diosa Madre” sus favores en cuanto al clima o a la alimentación.       

Sin menospreciar éstas funciones, la Antropología Psicoanalítica Gnóstica explica que además de ello, la Diosa Madre un sus múltiples manifestaciones, ha sido siempre el modelo a seguir de toda mujer, como expresión del Eterno femenino.   

La manifestación femenina en su totalidad tiene cinco aspectos bien diferenciados a cuya fuente indostánica nos atenemos.

Primero: como la Diosa Madre Inmanifestada, cuya presencia se halla en las ya mencionadas figurillas esteatopigias sin formas concretas; segundo: como la Diosa Madre Manifestada, cuyo poder viviente se constata en  las diversas diosas conocidas como Atenea, Diana, Demeter, etc.; tercero: como la Diosa Madre Natura, que está personificada en las sacerdotisas de todos los tiempos; cuarto: en la Divina Kundalini, que es la maga elemental dentro del templo viviente del ser humano; quinto: la Diosa Madre Muerte, vivo ejemplo del fin de todas las cosas, del cambio temporal de todo lo existente, ella es Ekate, Proserpina, Koatlikue o Kali.

Por tal explicación se entiende que, caeríamos en grave error al equiparar, igualar o confundir los cometidos de las diferentes representaciones femeninas, por sus muy diferenciadas u obvias actividades. Aunque nacemos y morimos en su seno, no es lo mismo celebrar un nacimiento que una defunción.  

Sin embargo caeríamos en un grave error si pretendiéramos dar la exclusividad totalitaria de la Creación y el Poder de la Generación, al aspecto femenino , pues todos los principios genésicos aluden claramente a un poder dual originario de todo lo creado.

Entre los aztecas, es el Omeyocan o lugar del Dos;  en el Olimpo griego, es en donde moran los dioses y las diosas; en el Amenti egipcio usan su poder los espíritus santificados de consortes divinos... así puede comprobarse que todas las teogonías comparten desde sus más remotos orígenes, los principios macho-hembra asignándoles a cada uno de ellos, las labores propias de su género, para convivir en armonía.     

Hay que entender por ello, que el término esotérico de “androginismo” es mucho más profundo de lo que se podría apreciar a simple vista.

Hablar de magia y de ritos sagrados en nuestra cultura contemporánea es como querer diseccionar, sin pudor y sin miedo, un aspecto ..... a  transgredir los misterios, con cierto aspecto morboso e irrespetuoso, un hecho éste que el mismo Pitágoras eludía.        

Solo una correcta predisposición de humildad y sencillez nos podría dar la llave para adentrarnos en el aprendizaje de tan tamaña empresa.    

Antiguamente éstos eran los prolegómenos si realmente se quería influenciar por los medios litúrgicos, como corolario ello influía en el ambiente socio-familiar, pues todos nos ínter penetramos, pero cabe resaltar que los hallazgos rupestres de figuras y pinturas de féminas desnudas y mostrando su sexo, no es, en modo alguno detonante de ninguna promiscuidad sexual, sino de una ingenuidad y sencillez de veneración por la materia prima primordial.

El Venerable Maestro Samael Aun Weor en su tratado sobre Antropología Gnóstica aclara muy bien que la actual raza humana deviene de su antecesora la Atlante y que los simios se crearon por la mezcla de verdaderos hombre con bestias de la naturaleza, que para dolor de los presente, fueron nuestros progenitores, es decir, que el simio y el hombre como dijera  Darwin tienen un antepasado común.        

Darwin añadió que un ente inferior no puede procrear a otro superior y que después de que alguna especie orgánica ha pasado por un proceso selectivo de estructuras y de fisiología, se caracteriza en forma constante y definitiva, sin volver a pasar por ningún otro cambio, asumiendo definitivamente las características peculiares  y definitivas a su especie.         

De modo que si la antropología oficial pretende compara la sexualidad  de los primates con la del hombre, hay argumentos científicos que difieren en su planteamiento básico que abarcaría también a su comportamiento psicológico, no meramente físico.

En cuanto a las interpretaciones pragmáticas que se vienen haciendo de las orgías sagradas, hoy que está temporalmente abierto el esoterismo, debido a la gravedad de los tiempos que corremos, es necesario hablar.                 

En la gran Mesopotamia –por hablar de la cultura madre Indo-asiática-, las sacerdotisas eran de rango real, o por lo menos de familias de abolengo. Se tenía por un gran honor que la hija del gobernante optase por ser Iniciada en los Misterios. Lo mismo ocurría en Grecia, Egipto, o con las vestales romanas, sin olvidarnos de las ciwalteotl totonacas... hay multitud de ejemplos.        

Pero definitivamente eran otros tiempos, ellas querían mantener en secreto el “Velo de Isis” para evitar la curiosidad de profanos y de profanadores, como dijera Herodoto “guardando de ello en benéfico silencio”.        

No todos los ritos eran agrícolas, culminando con las siembras, los aztecas, al igual que otras muchas culturas, poseían un calendario oficial de regulación de lunas y tránsitos cenitales y otro –que no siempre coincidía con el anterior- para otros cultos religiosos.

Las mujeres sacerdotisas, aunque eran libres  de actuar en todas sus labores, no excluían al varón de sus ritos, ellos formaban parte complementaria y activa de los mismos.

La tradición es muy respetuosa para ellas, jamás adjudicaría a tales prácticas  los excesos sexuales, ni las drogas ni los asqueantes vicios de la masturbación, como se ha venido a difamar últimamente. Si Herodoto habla de “prostitutas sagradas” es con el solo objetivo esotérico del trabajo de la transmutación.

En los textos sumerios en donde se citan a los “bastones fálicos” se puede apreciar la inmensa reverencia que tenían por ellos. Eran denominados como “la clavija mística que da estabilidad al edificio”.        

Casi todas la “korais” griegas que fueron desenterradas de la acrópolis de Atenas, llevaban como atributos, la flor, el fruto o la paloma, además de esa expresión de dignidad que las caracteriza, tenían inscripciones de sus humildes y agradecidos devotos que admitían en ellas, haber sido ayudados en su trabajo.

Bastones fálicos, clavijas o símbolos masculinos que indicaban el poder y la veneración, no pueden, ni deben ser relacionados con los vibradores de masturbación de éste degenerado siglo XXI.

En aquel entonces no se pensaba de una auto-estimulación femenina, emparejar semejantes vicios con los ritos sagrados, es solo el producto del ego y de la mente animal que pretende en tales difamaciones, rebajar la condición de sacerdotisa a la de una vulgar lesbiana, nada más a despropósito.        

Existen tres tipos de sexo: el infra-sexo, el sexo-animal y el supra-sexo, ésta era la asignatura estudiada por todas las sacerdotisas de todos los tiempos arcaico. Los misterios sexuales tienen un carácter sagrado que exige, ante todo una gran castidad (no celibato), ello implica la práctica de la supra-sexualidad que nada tiene que ver con la infra-sexualidad, ni con la sexualidad-animal.        

Pretender que las sacerdotisas sagradas se auto-embarazaban por algún sistema sin cooperación masculina es todo un absurdo y máxime cuando el embarazo no era para ellas el objetivo anhelado.

Si es cierto que en las fiestas llamadas “Misias”, las sacerdotisas tras varios días de encierro voluntario en el templo y cuya preparación consistía en ayunos y meditaciones, salían con la sonrisa en los labios, pero era una sonrisa limpia, desprovista de  morbo sexual y mucho menos efectuado con animales.

Con una percepción limitada, escéptica y pragmática de la historia solo se puede prejuzgar en base del propio contenido psicológico degenerado, solo con una perspectiva pura que confiera dignidad y valor al ser humano se pueden trascender los límites y conceptuar desde el fondo y causa de las cosas.

La mujer actual es llamada con urgencia a ejercer su misión sagrada como sacerdotisa de su hogar, de su mundo y entorno. En éstos tiempos de crisis, es la mujer, quien debe tomar la rienda del verdadero valor de la existencia y cultivar en su derredor los eternos valores humanos que dignifican la raza. Ella es la mediadora del cosmos y portadora del espíritu.

El Venerable Maestro Samel Aun Weor pone de manifiesto que la mujer tiene la santa predestinación para guiarse a sí misma y a su varón en armonía, respeto y libertad, llevar la antorcha del conocimiento y gracias a las vibraciones de Urano, disfruta del dominio sobre la biología orgánica del varón.

                                                                                        Sagrario Galdós

                           “¡Mujer adorable!... tú eres la senda del filo de la navaja; el rocalloso camino que conduce al Nirvana.”

                                                                             Samael Aun Weor

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