Peter Jackson

Peter Jackson

 

Ocho años después de que Peter Jackson decidiese llevar El Señor de los Anillos a la gran pantalla, su ambicioso sueño se ha visto realizado. En esta primera entrega de la entrevista de dos partes, el director toma una gran bocanada de aire y se atreve a sumergirse en este proyecto monumental, desde sus sorprendentes comienzos hasta sus triunfadoras conclusiones.

Ha sido un largo viaje... Ahora que se ha terminado, ¿cómo te sientes?
Bueno, es una mezcla de sentimientos. Sé que no habrá más Señor de los Anillos, y eso me da mucha pena. Pero, por otro lado, también está bien, porque hemos puesto todo nuestro corazón y nuestras almas en este proyecto y hemos creado tres películas que, en realidad, ya no nos pertenecen a nosotros. Ahora son parte del entretenimiento de la gente y ha llegado el momento de que nosotros nos dediquemos a otra cosa.

¿Creciste leyendo los libros y soñando con convertirlos algún día en películas?
Creo que fue allá por 1978 o 1979 cuando leí por primera vez los libros. Iba en un tren camino de Auckland, a un curso de grabados de fotografías, que era a lo que me dedicaba por ese entonces. Recuerdo que pensé qué podía hacer en ese viaje de doce horas en tren y finalmente me compré El Señor de los Anillos. Y allí que me senté, viendo como el paisaje de Nueva Zelanda pasaba ante las ventanas del tren, mientras seguía leyendo la novela.

¿Fue entonces cuando te vino a la cabeza la idea de adaptar el libro a la gran pantalla?
Me gustaría decir que tuve una visión en la que me veía haciendo las películas, pero cuando tienes 18 años y un curso de grabado por delante, es imposible que te imagines haciendo El Señor de los Anillos algún día. Podrías imaginar que sería una película grandiosa, pensar que no puedes esperar hasta que alguien al fin se decida a hacerla, pero nunca podrías soñar que algún día serías tú mismo el que lo harías.

¿Cuándo te diste cuenta por primera vez de que serías capaz de afrontar semejante proyecto?
Estábamos trabajando en Agárrame esos fantasmas en 1995 y fue cuando utilizamos por primera vez, efectos especiales generados por ordenador de forma masiva. Creamos una pequeña compañía llamada WETA y con ella hicimos los efectos de los fantasmas, emocionándonos inmediatamente con todo lo que los ordenadores eran capaces de hacer. Fue cuando nos dimos cuenta de que habíamos llegado a un momento de la historia en el que podíamos sacar en una película todo aquello que pudiésemos imaginar.

Lo que te llevó a pensar...
… en qué tipo de película que hasta ahora no había podido hacerse, podría llegar a hacer? Y en seguida supe que se trataría de una película de fantasía, una película con ciudades grandiosas, monstruos, batallas, cosas que ahora sí era posible enseñar en una película. E inmediatamente pensé en El Señor de los Anillos. Habían pasado unos 20 años desde que había leído el libro y me lo volví a leer a toda velocidad. De hecho aún conservaba la vieja edición que había leído por aquel entonces.

¿Qué hiciste a partir de ese momento?
Llamé a mi agente y le pedí que mirase quién tenía los derechos de El Señor de los Anillos. Me imaginé que estarían a buen recaudo por un estudio o por algún tipo de asociación y que sería imposible conseguirlos. Pero se dieron una serie de fortuitas y afortunadas circunstancias las que me permitieron hacerme al final con los derechos.

¿Cuál fue el gran reto a la hora de adaptar El Señor de los Anillos al cine?
Bueno, en primer lugar, que el libro es demasiado largo. Llegó el momento en el que nos dimos cuenta de que deberíamos hacer tres películas y eso fue una de las mejores cosas que le pudieron pasar a este proyecto. Pero, incluso así, se trataba de un libro muy complicado. Tolkien dotó de profundidad a los personajes y a la historia, dándoles un auténtico trasfondo. Eso queda muy bien en un libro, pero es muy difícil de trasmitir en la pantalla. Sobre todo si lo que ocurre es que no puedes contar esa historia si lo pasas por alto. Así que todo ese detallismo que hemos puesto, es el que era necesario debido a la importancia que tenía en la historia.

Y, por supuesto, había demasiados personajes.
Normalmente en una película tienes que intentar no tener más personajes de los que puedas manejar. Y obviamente tuvimos que eliminar una gran cantidad de los que aparecen en el libro. La cantidad que aparece en la película está en el límite de lo que podíamos meter en el tiempo que teníamos y dentro de la estructura del guión necesaria para contar la historia.

¿Cuál fue tu filosofía a la hora de hacer el casting de esta película?
Hubo dos cosas principalmente: Una fue encontrar actores que fuesen capaces de representar a algunos de lso personajes más queridos de la historia. Todo el que ha leído el libro se ha imaginado a Frodo o Gandalf o Aragorn o Arwen y teníamos una especie responsabilidad de ser fieles a esta representación. La otra era estar seguros de que esos actores eran buena gente. ïbamos a tener que trabajar juntos al menos durante tres años y es demasiado tiempo si te toca trabajar con alguien que no te gusta. Hemos tenido la suerte de acertar de lleno. Ha sido un reparto increible.

 

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