Restauración de una Espada de los Reales Guardias de Corps.
por
Juan José Pérez
Introducción: Una vieja amiga.
En un artículo anterior publicado en este
mismo sitio (Espadas de los Reales Guardias de
Corps) describí en detalle un ejemplar concreto de espada de montar
perteneciente a un guardia de dicho cuerpo en tiempos de Carlos IV, situándola
previamente en su contexto histórico.

Fig. 1 Espada de Guardia de Corps, 1.789
Ya entonces comenté que, lamentablemente, la
guarnición de dicha espada carecía de uno de sus gavilanes, el de parada, lo
que, sin detraer en nada su valor histórico, sí que menoscababa su aspecto
estético, apreciado junto al anterior por todo aficionado al arma antigua. Por
parte de varias personas se me sugirió algo que, aunque yo ya había
considerado, no acababa de decidirme a hacer: restaurar este elemento y
devolver a esta espada una apariencia más próxima a la original.
Toda intervención sobre una antigüedad debe
ser un acto meditado. Y la decisión no fue sencilla: una restauración de este
tipo implica añadir un elemento no original a una pieza antigua, lo que de por
sí es discutible, pero además puede suponer la modificación, y en algunos casos
sustitución, de alguno de sus componentes originales. Yo estaba dispuesto a
aceptar lo primero, pero en modo alguno quería someter a esta vieja espada a
alguna alteración de sus partes.
En el caso que nos ocupa la
pieza perdida podía ser recreada con bastante exactitud, puesto que debió ser
prácticamente idéntica al gavilán superviviente. En estas espadas de guarnición
de conchas esto es una regla casi sin excepción. Este fue uno de los motivos fundamentales
para animarme en mi empeño: no se trataba de una restauración
“creativa”, donde cabe la especulación sobre la adecuación y
exactitud de los elementos que se reponen, sino que en este apartado podía
trabajarse sobre seguro.
El otro punto, sin embargo,
me preocupaba. Para fijar el nuevo gavilán a la guarnición, sería necesario
algún tipo de manipulación sobre la pieza. Una alternativa, e histórica además,
es la reparación con soldadura de latón mediante el uso de un soplete o
lamparilla. El resultado suele ser bueno, pues la soldadura es resistente y la
línea de unión es fina. Además, el mayor brillo del latón frente al hierro
tiende a disimularse con la pátina que el primero va adquiriendo. Por otro
lado, era un método habitual de reparación en época y se usaba asimismo en la
confección de otros elementos, como las vainas de chapa de hierro, fabricadas
con chapa soldada a todo su largo. Otro método para unir estas piezas delicadas
es la soldadura de hilo, técnica reciente que no he podido verificar, pero de
la que he recibido informes positivos.
No obstante, ambos métodos
presentan un requisito que, al menos a mi juicio, los hace indeseables: es
preciso desmontar completamente la espada, para evitar, entre otras cosas, que
el puño en madera simplemente se queme, o que un calentamiento excesivo del
conjunto lleve a deformaciones y posteriores holguras. Pero desmontar una
espada antigua supone correr el riesgo de dañar algunas piezas, así como tener
que rehacer el extremo de la espiga para que ésta pueda remacharse de nuevo.
Además, la alteración del remachado original es bastante evidente.
En este punto de la historia
apareció Leonardo Daneluz, magnífico espadero y amigo, quien desde su Argentina
natal me sugirió una posible solución.
El método a seguir
Veamos el estado inicial de
la pieza y el defecto a restaurar. A continuación, una imagen de la guarnición
de la espada en la que se aprecia la rotura:

Fig.2 Reverso de la guarnición previa a la restauración
Al ver el lugar de la rotura
del gavilán, justo en su arranque, ente la patilla y el guardamano, Leonardo me
sugirió lo siguiente: hacer un gavilán nuevo provisto de un tetón o espiga
corta en su extremo, de un grosor tal que pudiese encajar en un pequeño taladro
practicado en el plano de la rotura, como puede verse en el diagrama que él
mismo me envió:


Guarnición Gavilán
Practicado con cuidado, este
pequeño taladro, de unos
En adición a esto, Leonardo
se ofreció gentil y desinteresadamente a realizar el gavilán para mi espada, en
un gesto que le agradezco y valoro especialmente, dada la habilidad que ha
demostrado como espadero en repetidas ocasiones.
Con esto terminaron de
despejarse mis dudas, y decidí acometer la restauración. El interés de la pieza
lo justificaba, los riesgos parecían asumibles, y el resultado debía ser el
esperado, siempre que se operase con prudencia.
El proceso
El estado de la guarnición
era sólido en general, con una rotura bastante limpia en la zona próxima al
arranque del guardamano, según hemos visto en las figuras anteriores.
El primer paso consistía,
evidentemente, en procurarse un nuevo gavilán, lo más similar posible al que
aún se conserva. Tomé medidas y fotografías de detalle que, convenientemente
acotadas, pudiesen servir de guía a Leonardo para hacer la pieza con un océano
de distancia entre ambos. Como es su costumbre, Leonardo realizó la pieza
completamente a mano, en un espléndido trabajo de forja y lima, para recrear el
moldurado del extremo del gavilán y su sección, que suavemente pasa de ser
aproximadamente octogonal, en el extremo más alejado, a romboidal, conforme se
aproxima a su unión con el resto de la guarnición, entre la patilla y el
guardamano. Todo con las ligeras irregularidades que confieren a la pieza el
sabor de lo hecho a mano, tal y como se fabricó, allá por el siglo XVIII, la
espada a la que debía unirse. El resultado final que llegó a mis manos fue
éste:

Fig.3 El nuevo gavilán, realizado por Leonardo Daneluz
Como se aprecia, la pieza
guarda una gran similitud con el gavilán conservado en la espada, aunque sin
ser completamente idéntico, lo que lo hacía perfecto para nuestro propósito. Un
buen trabajo, desde luego.
El siguiente paso fue someter
al gavilán a un proceso de envejecimiento que le confiriese un aspecto externo
más acorde con el resto de la guarnición. No se trataba de ocultar la
restauración, pues ésta siempre será fácilmente detectable con un mínimo
examen, sino de que el conjunto final resultase armónico y coherente a la
vista.
Para este proceso de
envejecimiento se utilizó una mezcla de carácter oxidante vaporizada sobre la pieza,
a la que se le permitió actuar durante unas horas antes de proceder a una
limpieza muy leve. Tras observar el resultado, el proceso se repitió tantas
veces como se consideró necesario, hasta alcanzar un aspecto similar al de la
guarnición de la espada en términos de oxidación (leve picado y manchas
irregulares). A continuación se consolidó el óxido, obteniéndose el siguiente
aspecto envejecido:
Fig.4 El nuevo gavilán, tras el proceso de envejecido
Como puede verse, aunque el
patrón de manchas es adecuado, el fondo de la pieza presenta un color demasiado
claro. La solución para lograr ahora un oscurecimiento uniforme es proceder a
un ligero pavonado. Con ello adquiere el siguiente aspecto:
Fig.5 Aspecto final del gavilán, tras el proceso de pavonado
Terminados los trabajos con
el gavilán, el siguiente objetivo era la guarnición, en el paso más delicado de
todo el proceso. En el punto de unión era necesario practicar un taladro de

Fig.6 Aspecto del taladro en la guarnición
Una vez hecho esto, sólo fue
necesario retocar poco a poco, con una lima fina para metal, la pequeña espiga
del gavilán, hasta lograr que encajase, sin holgura, en el taladro. Tras ello
se aplicó un fina capa de “soldadura en frío” epoxídica (tipo Nural
21 ó 27) en la superficie de la espiga y la base de la misma, procediendo a
introducirla en su posición golpeando suavemente con un mazo de goma. Es muy
importante aquí la correcta alineación de las aristas de la pieza y retirar el
sobrante del adhesivo, cosa que una vez fraguado será muy difícil de hacer, por
su gran dureza. El aspecto de la pieza en ese momento, con el nuevo gavilán ya
en posición, era el que se muestra aquí:

Fig.7 Reverso
de la guarnición, el gavilán ya montado
Aunque con alguna dificultad,
podemos ver en la imagen de detalle que la fina línea de adhesivo visible
(inevitable por las irregularidades de las superficies a unir) presentaba un
color grisáceo más claro. Como esto me resultaba algo molesto, me permití la
vieja licencia de aplicar una fina capa de betún de Judea con un pincel,
cuidando de no excederme y retirando sobrantes con un algodón. Una vez seco
resulta bastante estable, y su adhesión es buena, simulando una zona de óxido:

Fig.8 Vista
anterior, unión retocada con betún de Judea
Aunque estos planos de
detalle muestran una transición entre el acabado original y el envejecido, el
resultado percibido a la distancia habitual de contemplación de la pieza resulta
bastante convincente. El resultado final del trabajo es, por tanto, el que se
muestra en estas vistas más generales. En ellas se aprecia que el gavilán no es
completamente perpendicular a la hoja. Conscientemente se ha tratado de
alinearlo con el gavilán del lado opuesto, con lo que se respeta la inclinación
general de la guarnición. De ello resulta una apariencia quizá imperfecta, pero
más coherente con la antigüedad de esta espada.


Fig.9 y 10
Resultado final de la restauración, anverso y reverso
Conclusiones
En estas breves líneas he tratado de exponer
tanto las motivaciones, como el proceso y resultados finales de un ejemplo de
restauración de una pieza en la que, aunque se ha tratado de recuperar parte
del aspecto original de la misma, no se ha buscado borrar las trazas que el
tiempo deja en toda espada. Esto es, se ha respetado su pátina original, y se
ha envejecido el elemento añadido para aminorar cualquier efecto discordante.
No obstante, la restauración puede ser detectada a simple vista tras un somero
examen, ya que el objetivo nunca ha sido ocultarla por completo.
En cualquier caso, mi intención ha sido
simplemente el mejorar la presentación de una pieza de indudable interés
histórico, tratando a la vez de ser lo más respetuoso posible con la propia
historia que esta espada atesora.
ã Juan José
Pérez, 2005