Divulgación 100tífica

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La verdad sobre el caso 22/6/76


por Ricardo Campo


Las Islas Canarias tienen fama en la imaginación de los creyentes de ser una zona especialmente visitada por "ovnis". No obstante se trata de una leyenda de la que no se ha aportado prueba alguna por parte de los que han difundido tal aserto. Sí es cierto que históricamente el Archipiélago Canario cuenta con algunas de las observaciones aparentemente extrañas más destacadas de toda España, en particular durante los años 70. Entre ellas se encuentran 5 casos de espectaculares fenómenos luminosos observados al atardecer desde 1974 a 1979, provocados, casi con total seguridad, por pruebas de lanzamiento de misiles o cohetes desde el Océano Atlántico por submarinos situados a centenares de kilómetros al oeste de las islas. Uno de estos lanzamientos tuvo lugar el 22 de junio de 1976 y las sensacionales -más bien sensacionalistas- derivaciones del caso dieron lugar a una de las historias más irracionales de toda la ufología española. El investigador tinerfeño Ricardo Campo nos detalla en este artículo los pormenores de este interesante episodio.

Se trata de uno de los casos más populares dentro de la casuística "anómala" de Canarias. Erróneamente se cita siempre a uno de los múltiples testigos cuando se recuerda este caso, precisamente aquel que ofreció la versión menos creíble de todas. Todavía en 1997 se sigue repitiendo este error, lo cual demuestra que la ufología no aprende de sus errores si estos valen para perpetuar el misterio, rellenar las páginas de un periódico o elaborar documentales de televisión sesgados. Situaré en primer lugar los hechos en sus justas proporciones para pasar a continuación al testimonio más popularizado.

Los hechos.

A partir de las 22:15 horas de la noche del 22 de junio de 1976, comenzó a divisarse desde numerosos puntos de la geografía canaria un punto luminoso ascendente que, según algunas versiones, dio la sensación de quedar estabilizado, aunque otras hablan de dos "objetos" rojos con movimiento anárquico o una espiral roja; esta fase inicial del fenómeno es la que dio lugar a diversas descripciones, probablemente debido a las condiciones de visibilidad de una isla a otra y al momento en que comenzó a ser observado. Posteriormente, comienza a expandirse un burbuja de gases de color azulado y otras tonalidades, semiesférica y con la base apoyada en el horizonte (al menos esa fue la impresión que dio) hasta alcanzar un diámetro enorme; pasado un cierto tiempo, cerca de media hora, comenzó a desvanecerse. El caso adquirió gran importancia desde el momento en que la Zona Aérea de Canarias, a través del comandante Juez informador nombrado a tal efecto, realizó una de las pocas investigaciones exhaustivas que sobre un incidente ovni que hasta ese momento se habían hecho.

El fenómeno fue observado desde numerosos puntos del archipiélago, e incluso por algunos barcos que navegaban cercanos a las costas canarias. Destacaré algunos de estos testimonios que pueden darnos una visión general de lo que realmente sucedió la noche en cuestión, de entre los numerosos que aparecieron en la prensa los días posteriores. "Fue detectado de 22:15 a 22:30h., y según uno de nuestros informantes, domicilado en la zona del Valle de Aridane, (La Palma) a esa hora se observó como un cohete que surgía del mar para remontarse hacia el pico del Time despidiendo intensa luz roja... El mismo fenómeno fue detectado en Tazacorte (también La Palma). De esta manera se expresaba "El Día" en su edición del día 23, así como que el "Villa de Agaete", ferry procedente de Las Palmas, poco antes de entrar a Santa Cruz de Tenerife, "pudo observar, exactamente a las 22:20h., un gran resplandor. Éste, que duró unos cinco minutos, daba la impresión de ser un cohete que hubiese salido del mar".

"La Provincia", el día 23, aportaba estas informaciones complementarias: "Anoche, alrededor de las diez y media, un objeto extraño se divisó desde distintos puntos de nuestra geografía, de forma especial en la zona de Gáldar y Telde (Gran Canaria). El citado fenómeno comenzó con dos objetos rojos que se movían en zig zag, formando una especie de espiral, en cuya parte inferior quedaban tres franjas a distinto nivel, superpuestas y con cierta separación entre sí. Eran de un intenso color rojo y fueron desapareciendo paulatinamente." Continúa el diario grancanario señalando que "Alrededor de este fenómeno, nunca observado en la isla, se formó una nube que, en forma circular, ocupaba el horizonte". Al día siguiente, el mismo rotativo habla de "un hongo gigantesco que despedía una luminosidad poco común que se vio aparecer en el mar... Con anterioridad, dos figuras en forma de halo y de una tonalidad rojiza se movían en zig zag...".

También desde Tenerife, concretamente desde Tacoronte y Granadilla, fue observado sobre la isla de La Palma, con las características señaladas en el tinerfeño "El Día" en su edición del día 23; igualmente desde el Centro Emisor de TVE en Izaña, en el centro de la isla, muy cerca del Teide.

"Por otra parte, desde Valle Gran Rey, en la isla de La Gomera, también se observó el fenómeno", apunta el vespertino "La Tarde", de Tenerife, el día 23.

Destaca, por su importancia, la observación desde la corbeta "Atrevida" de la Armada Española, que navegaba paralela a la costa sur de Fuerteventura. El capitán, cuyo testimonio figura en el expediente oficial desclasificado, se expresó de esta manera: "A las 21:27Z (22:27 hora local) del día 22 de junio, se vio por primera vez un foco luminoso, de color amarillo azulado intenso, saliendo de tierra y elevándose en altura con dirección a nuestra posición... una vez tomada cierta altura, (15º-18º), quedó quieto, girando su proyección luminosa, dejándose ver el foco de origen. Se mantuvo así dos minutos aproximadamente, originándose un gran halo de luz amarillo azulado intenso, que permaneció en la misma posición, durante cuarenta minutos, aún después de haber desaparecido el fenómeno que dio origen al mismo. A los dos minutos el foco se fraccionó, quedando una parte más pequeña abajo, en el centro del círculo luminoso, formándose una nube azulada y desapareciendo la fracción que dio origen a este núcleo azulado. La superior tomó altura en espiral de una forma rápida e irregular, desapareciendo posteriormente". Aunque más adelante me ocuparé del más peculiar de los testimonios, el del médico F. Julio Padrón, adelantaré que éste, junto con el taxista que le acompañaba, fue el único que dijo haber visto dos seres vestidos de rojo en el interior de la gran esfera. Y, como hemos hecho constar, hubo cientos, tal vez miles de testigos, que describieron el fenómeno de manera semejante, lo que da idea del grado de malinterpretación aditiva en lo observado por el doctor Padrón. Independientemente de mis gestiones, la periodista María Ferraz entrevistó a diversos testigos de la zona que negaron haber visto ser alguno dentro del fenómeno luminoso, a pesar de encontrarse a escasos metros del citado doctor (*).

(*) Mi versión (no interesada) sobre el caso de Gáldar (22/6/76). María Ferraz. En: Frontera Científica, nº 3, marzo 1995. Salvo pequeñas referencias muy subjetivas, y a pesar de su brevedad, puede decirse que este artículo de la crítica periodista palmera es uno de los pocos encuadrados en la perspectiva correcta de los hechos.

Fenómeno único.

"El Día", 23-6-1976: "Alrededor de las diez y media de la noche se recibieron en esta redacción varias llamadas telefónicas de nuestros corresponsales en Granadilla y Tacoronte dando cuenta de un fenómeno que estaban observando sobre la isla de La Palma". Desde la isla de La Palma, continúa el diario, fue observado a la misma hora.

"La Tarde", 23-6-1976: A las 22:20h. el ferry "Villa de Agaete"; a las 22:14 una señorita del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, La Palma.

"El Eco de Canarias" en sus ediciones del día 23 y 24 cita las 22:30, al igual que "La Provincia" del 23. El recopilador de anomalías científicas Willian. R. Corliss publicó en uno de sus catálogos que un buque carguero que viajaba desde África del Sur hasta Souththampton, divisó el fenómeno cuando se encontraba a 400 kilómetros al sur de La Gomera y a la misma hora aproximadamente, localizándolo en el horizonte noroccidental. No sólo coincide con el resto de los avistamientos canarios al oeste de las islas, sino que demuestra palpablemente la enorme magnitud del fenómeno y sobre todo su lejanía del archipiélago. Se trataba del "Osaka Bay", que relató que al principio fue observado un resplandor de color naranja pálido cerca del horizonte. Dos minutos después podía verse además un disco blanco a unos 10º de elevación, a través del cual eran visibles las estrellas. Este disco fue creciendo hasta el punto de que a los diez minutos de aparecer se extendía desde la línea del horizonte hasta una elevación de 24,5º, máxima elevación que llegaría a alcanzar. El disco permaneció a la vista unos 25 minutos mientras que el resplandor anaranjado, que durante la observación había ido tomando una forma alargada, fue visible durante unos 5 minutos más.

Todas las horas citadas en la prensa canaria coinciden -aquí sólo hemos mencionado algunas-: alrededor de las 22:15-22:30 horas, con predominio de la segunda. También el informe desclasificado cita, en los diez testimonios recogidos por el Juez Informador, las 22:30 horas (21:30Z), con gran exactitud en todos ellos. Es decir, el fenómeno fue observado simultáneamente desde todos los puntos de Canarias, lo que demuestra que nos hallamos ante un fenómeno único que todos los espectadores vieron distante y sólo el doctor Padrón, de tan numerosos testimonios, interpretó que estaba cercano.

Sobre uno de los testigos.

Como he dicho, desde que apareció el testimonio de uno de los testigos del espectacular fenómeno en la prensa ("La Provincia", 25-6-1976), aquel que ofrecía la descripción más sensacional de lo sucedido, todo el caso se ha hecho girar en torno a este señor, Francisco Julio Padrón León. Pero, como puso de manifiesto Manuel Borraz en su espléndido estudio Los Gigantes de Gáldar, es necesario adoptar una perspectiva suficientemente amplia: "No podemos conformarnos pues con tratar el suceso de Las Rosas aisladamente. Hay que remitirse a un contexto más amplio: el de las numerosas observaciones canarias que tuvieron lugar la misma fecha y a la misma hora aproximadamente" (*). Es decir, ¿cómo es posible que una supuesta esfera de 30 metros de diámetro con dos seres de gran altura, cerca de 3 metros, fuera vista en la localidad de Las Rosas, en el municipio grancanario de Gáldar, a unos 15 o 20 metros de distancia y muy cercana al suelo, cuando a la misma hora exactamente se estaba observando un espectacular fenómeno desde toda Canarias? (Las pequeñas diferencias horarias obedecen únicamente al momento en que los diferentes testigos centraron su atención en el fenómeno, pues éste se desarrollo durante media hora aproximadamente. Las condiciones de visibilidad orográfica en las islas también pudieron influir). Todo apunta a que la mente de este testigo del cual nos ocuparemos a continuación, le jugó una mala pasada, distorsionando aquello que, al igual que miles de canarios, tuvo la oportunidad de observar, y que tenía lugar como veremos a más de 700 kilómetros al oeste del archipiélago.

(*) Op. cit. pág. 38.

La parte clave del relato del doctor Padrón, extraída del expediente oficial, es la siguiente (los testigos se dirigían en taxi a visitar a una enferma y eran las 22:30 horas): "Al remontar el último repecho fuerte del camino los faros del coche enfocaron una esfera luminosa que estaba estacionaria, creo que muy próxima al suelo pero sin poder precisar si lo tocaba; era de material totalmente transparente y cristalina ya que a través de ella se podía ver las estrellas del cielo; de color azul eléctrico, pero tenue sin deslumbrar, su radio era como de 30 metros en el primer tercio inferior de la esfera se veía una plataforma de color aluminio como si fuera metálica y tres grandes consolas. A cada lado de la central había dos figuras enormes de unos 2,50 a 3,00 metros. pero desde luego no más altos de 3,00 metros enteramente vestidas de rojo dándose frente una a la otra, de forma que siempre las vi de perfil". A este testimonio, enormemente subjetivo como se puede comprobar, fue al que se le otorgó una mayor fiabilidad, basándose en su condición de médico. Sorprendentemente y con el transcurso de los años fueron siendo olvidados el resto de los cientos de testimonios que desde cualquier punto de la geografía canaria dieron una versión mucho más cercana a la realidad de lo observado.

El encargado de realizar la investigación oficial de este suceso fue el comandante de aviación Antonio Munaiz Ferro-Sastre que en una entrevista concedida a "Diario de Las Palmas" el 19 de mayo de 1977 declara: "... pero también tengo las declaraciones de otros dos testigos; uno que viajaba en el mismo vehículo que los anteriores y otro de una mujer que desde la puerta de su casa vio subir al citado vehículo; en estas últimas declaraciones se expresa muy claramente que en ningún momento observaron nada parecido a lo declarado por los primeros, sino que tan sólo observaron un fenómeno luminoso en el cielo". La constatación del comandante ha sido permanentemente ignorada por los que han sobrevalorado injustificadamente los dos testimonios más subjetivos. La idéntica comprobación por parte del doctor de origen húngaro Alejandro Carlos de Gyorko-Gyorkos -que colaboró con el Juez informador- le lleva a decantarse por un fraude, no en cuanto a la propia observación del primero y el taxista, sino en relación a la interpretación que ambos le dieron, pudiendo quedar de manifiesto en la sesión hipnótica. Pudo tratarse de una simple broma que se les escapó de las manos, por el gran revuelo periodístico a que dio lugar, de la cual no quisieron renegar, como señaló Munaiz en su monografía "Método para la investigación de fenómenos aerospaciales" de 1980, recogiendo las opiniones del doctor Gyorko-Gyorkos. Es sospechosa también la extraña negativa del doctor Padrón a ser sometido a una sesión de hipnosis, más cuando estaba en posesión de un curso de esta disciplina, conociendo perfectamente su técnica y resultados. Tal negativa impidió al Juez informador seguir adelante con la investigación del testimonio que aparentemente podía aportar informaciones sustanciosas, viéndose obligado a descartarlo completamente: "un informe militar no es una novela de ciencia ficción", concluía el comandante.

Prácticamente la única investigación con pretensiones de objetividad y si ideas preconcebidas e interesadas fue la realizada por el doctor Gyorko-Gyorkos, junto con la del citado Juez Informador nombrado a tal efecto. Este simpático médico, ya fallecido desgraciadamente, conversó con el doctor Padrón sobre su observación. Sus conclusiones no fueron ciertamente positivas: "No pude encontrar nada que avalara el testimonio del testigo". Baste decir, e interpretamos las palabras del médico húngaro tras nuestra entrevista personal en diciembre de 1992, que el doctor Padrón posee una escasísima credibilidad como testigo ufológico. Recalco lo de "testigo ufológico" porque se ha querido argumentar, al mismo tiempo que desprestigiar al doctor Gyorko-Gyorkos, que el dictamen establecía una cierta inestabilidad mental; y, efectivamente, así consta en el expediente desclasificado por el MOA, pero no era ese su objetivo real. No somos quién para opinar en este sentido, ni a favor ni en contra; sólamente pensamos que se ha tratado de ofrecer una versión única de los hechos: la de la persona menos adecuada para opinar sobre los mismos.

Abundando en esta cuestión, el coronel Munaiz, al contrario de lo que se ha pretendido hacer creer -supuestamente habría amenazado al doctor Padrón para que no divulgara su observación- me confesó en una entrevista personal mantenida el pasado mes de mayo en Las Palmas de Gran Canaria que podría haberlo perjudicado en su carrera, pero que lógicamente él no podía hacer eso: "le traté con todos los respetos porque por su profesión no quería perjudicarlo y luego he visto por ahí en alguna revista que me ha puesto verde", me aseguró. La realidad de los hechos es que el doctor Padrón no se atenía a las preguntas del oficial y se limitaba a repetir su visión de los "seres", sin querer responder adecuadamente a las preguntas del cuestionario al que, sin mayores problemas, ya habían respondido otros testigos, que no habían interpretrado tan aberrantemente el fenómeno luminoso que aquella noche se pudo observar desde todo el archipiélago canario. El que sí ha intentado luego manchar la labor del Juez informador es el propio doctor Padrón, que, junto con algunos pseudoexpertos que han propalado su versión de los hechos sin el más mínimo espíritu crítico, han afirmado en diversas ocasiones que el Juez lo amenazó y que aún en 1994 no podía hablar con libertad. Esto no es más que una simpleza: si tal amenaza hubiese existido -de la que yo me atrevo a afirmar que no fue real, conociendo al coronel Munaiz y cuál era la verdadera labor del Ejército del Aire en los años 70 en relación a los ovnis- ésta habría prescrito totalmente en el mismo momento de desclasificarse la información oficial del caso. Sin embargo, tal infundio sigue presentándose como un episodio propio más de los fantasmales "hombres de negro" que de nuestro Ejército. Todavía en 1997 José G. González especulaba respecto a este caso en "El Día", en su edición de 31 de mayo, refiriéndose al "juego que se traen los militares con el fenómeno ovni" (sic), y recordando las palabras de Padrón en torno a que Munaiz "le amenazó duramente en su propio despacho para que guardara silencio sobre lo que vio la noche del 22 de junio". Si el propio González me ha reconocido que probablemente el doctor Padrón malinterpretó el estímulo luminoso observable aquella noche, ¿qué sentido tiene dar crédito a las declaraciones de este médico? ¿No se trataría simplemente de una rabieta -o una pequeña calumnia- ante el único encuestador que no le siguió el juego y que trató de averiguar qué había de cierto en su testimonio? A continuación, González cita el detalle de una carta que aparece en la última página del expediente desclasificado, en la que Padrón afirma que "no puedo manifestar a nadie lo observado bajo pena militar". ¡Pues ya debería llevar muchos años "penado" si tenemos en cuenta el número de veces que ha contado su historia públicamente! Termina la carta afirmando que "espero que algún día me den autorización para hablar": ¡pero si lo ha estado haciendo continuamente durante estos últimos 20 años! Lo que da la impresión es que el doctor Padrón sabe muy bien a quién recibe en su casa y a quién le cuenta su visión. Esta carta fue dirigida por el doctor Padrón a una antigua colaboradora del Centro de Estudios Interplanetarios en Tenerife, Irmi Heimann. En el curso de mis gestiones relativas a este caso tuve oportinudad de entrar en contacto con ella, haciéndome entrega de una copia. Inmediatamente se la hice llegar a Vicente-Juan Ballester, con la finalidad de que él a su vez la entregara al oficial de Inteligencia encargado de la desclasificación y la incluyera en el expediente, como así ocurrió. Ese es el motivo por el que una carta privada llegó a las dependencias del Ejército del Aire y por qué la desclasificación "sí deja pasar la luz perfectamente". Este es el proceder correcto de cualquier investigador comprometido con la verdad: si otros no han querido colaborar con el Ejército en su labor de transparencia informativa no es síntoma más que del deseo de prolongar el misterio ficticiamente.

La citada "amenaza militar de silencio", no causó efecto alguno, como he dicho, en este caso. Estas son algunas manifestaciones que ha ido haciendo el testigo con el paso de los años:

1976 (Entrevista de J.J.Benítez dos meses después de la observación): "¡Me gustó ver aquello ! Me agradó. Y no sé exactamente porqué. Quizá por su gran perfección en el trazado." "Y es que aquel objeto -fíjense bien en lo que voy a decirles- iba acompañado, no sé si psíquicamente, de un extraño fenómeno de alegría." "... todo aquello, parecía ir acompañado de una serie de fenómenos de tipo espiritual. Superior. Descojocido para nosotros. De grandeza. ¿Cómo podría definirlo yo...?

1977 ("Diario de Las Palmas", 7-5-1977): "Aquello era de color azulado, transparente y se vieron aquellos seres dentro". "La nave es inmaterial. Tiene una propiedad que yo pude observar y es que crece a voluntad, no hace ruido. Al poco tiempo de estar allí aquello empezó a crecer". "Primero me dio una sensación de frío que me duró tres días. Yo no estaba temblando, simplemente tenía esa sensación de vibración interna. Es un frío celular." Su observación le hizo olvidar antiguas vivencias: "No sé si eso corresponde a lo físico o son los psiquiatras quienes tienen que analizarlo". Continua: "Otra influencia que experimenté fue la de una gran clarividencia. Después de la observación de la nave, noté en mi inteligencia una gran claridad para el diagnóstico y una gran seguridad en mí mismo". 1994. (Nuevas declaraciones al "Diario de Las Palmas", 15-8-1994). "He observado, desde hace tres años, el caso de personas que me han hecho daño públicamente y a los seis o siete meses han muerto. Hay como ocho personas a las que les ha costado la muerte, y todas ellas por cáncer". El articulista agrega que el Dr. Padrón deja claro que todavía conserva aspectos que no quiere revelar acerca de "conocimientos que yo haya podido extraer de lo que se me enseña. Vienen a mi mente y ya está". Que los lectores juzguen.

En todo caso ovni, más si éste posee cierta complejidad, es posible distinguir dos enfoques: uno objetivo, mediante el cual pretendemos reconstruir las características de una observación ovni y los estímulos que dieron origen a la misma, y otro, subjetivo, centrado en la experiencia, en el relato ofrecido por el testigo. Es este segundo el que nos interesa ahora; según Borraz: "¿Por qué lo que para unos no era más que un círculo conteniendo dos formas rojas constituyó para el médico de Guía una verdadera teofanía con matices tecnológicos?... Cabe pensar que cuando el testigo percibió una nave de gran perfección con dos seres a bordo, todo ello desprendiendo una gran espiritualidad, se colmaban algunos de sus más íntimos deseos y expectativas -no necesariamente ufológicos-, su sed de transcendencia quizás" (*). Es decir, se ha dado un valor preeminente al testimonio más subjetivo de todos, al "más completo", se dijo en cierta ocasión, quizá el único que adornó, involuntariamente pensamos, su observación con matices religioso-morales, muy al gusto de algunos.

(*) Op. cit. pag. 60.

Lo cierto es que es incomprensible que 20 años después se siga presentando a este médico como el testigo por excelencia del caso de 22 de junio de 1976 (bautizado impropiamente en su honor como "el caso Gáldar"). Cualquiera puede acercarse a Santa María de Guía, Gáldar y al barrio de Piso Firme, y recoger los todavía numerosos testimonios de la gran luz que se contempló aquella noche, pero sin referencia alguna a los "seres" que sólo vio el doctor Padrón.

Sobre el "campo de cebollas quemado".

El "Diario de Las Palmas", en su edición del día 25 comenta: "... anoche se repitió otro extraño fenómeno en la zona Noroeste de Gran Canaria. Algunas personas, que no han querido revelar sus nombres, afirman haber visto un objeto extraño, redondo y transparente, de dos pisos de altura y que se posó en las cercanías de "Piso Firme", entre Agaete y Gáldar. Esas mismas personas dicen que observaron en los alrededores del objeto, "dos figuras de color rojizo que se movían", despegando con el aparato a los pocos segundos". Evidentemente estas personas habían leído las noticias de los días anteriores y trataban de dar credibilidad a la aparición de una zona quemada de una finca de cebollas al día siguiente.

Es la propia prensa la que confunde las dos noticias y las empareja; así se expresa "La Provincia" el día 25: "Un OVNI con lo que podrían ser dos "ocupantes" se posó anoche, durante largo rato (unos veinte minutos), en las inmediaciones de los lugares conocidos por "Piso Firme" y "El Hornillo", entre Gáldar y Agaete. Así de tajante nos llegó anoche la noticia, con el aval de unas sesenta personas, entre las que se encontraba un médico". A continuación describe la observación, ya con los aditamentos del médico grancanario. No entendemos cómo pudo este diario dar crédito a los testimonios provenientes de "Piso Firme" y relacionarlos con la multitudinaria observación producida tres días antes.

También Gyorko-Gyorkos recogió muestras del supuesto terreno quemado y no halló pruebas de nada extraño, como puso de manifiesto en unas breves declaraciones al "Diario de Las Palmas" en su edición del día 28-6-1976. El Juez Informador llegó a igual conclusión, según reza el expediente desclasificado por el Ejército del Aire. Es más, el coronel Munaiz me comentó en una entrevista personal que las cebollas estaban aplastadas "proceder habitual para que engorde la parte enterrada" Mientras, el propietario de la finca aseguraba: "Yo regué las cebollas ayer mismo (el día 24) y hoy me encuentro con este círculo muy dañado" ("La Provincia", 26-6-1976). Tal vez algunos de esos seres que se vieron eran seres humanos con latas de gasolina y cerillas. Munaiz en cambio afirma que en ningún momento el campo de cebollas fue quemado. De cualquier manera ha quedado claro que no tuvo relación alguna con el suceso observado el martes y que con toda probabilidad este aspecto del caso es un fraude montado quizás para reforzar el testimonio del doctor Padrón, que acababa de conocerse, (sin que a él le achaquemos la menor responsabilidad) o para que la zona volviera a ser protagonista en la prensa, si no es que todo procede de una confusión inicial. ¡Qué fácil es propagar este tipo de rumores sin aportar la más mínima prueba!

La solución científica.

Borraz, en el estudio monográfico citado, aporta algunos datos técnicos que permiten adoptar la perspectiva adecuada, situando espacial y temporalmente el suceso. A través de las descripciones proporcionadas por la prensa, divide el fenómeno en cuatro fases, aunque aquí nos conformaremos con la primera de ellas, referente al inicio de la observación, que no del propio suceso. Se trata del momento en que se ve aparecer el punto ascendente, poco antes de las 22:30 horas: el ángulo de depresión del Sol bajo el horizonte era de 13,7º; el acimut solar de 307º y el del fenómeno aproximadamente oeste; la latitud geográfica del punto de observación, 28,5ºN, y la longitud, 15,75ºO, tomadas en un punto imaginario en el centro del archipiélago (como en los anteriores casos que hemos visto). Estos datos permiten asegurar que el fenómeno se encontraba a unos 762 kilómetros al oeste de las Islas Canarias y a unos 46 kilómetros de altura; estos dos valores van progresivamente aumentando a medida que se van sucediendo los estadios de la observación, llegando, en el momento de desaparición, a los 1.062 Km. de distancia y a los 90 Km. de altura sobre el nivel del mar, todo ello en valores mínimos. Esta es la imagen típica producida por pruebas espaciales y lanzamientos de misiles balísticos, que es de lo que se trató.

Con motivo de la desclasificación del caso que nos ocupa, la prensa canaria volvió a ocuparse de él. "Diario de Las Palmas", en su edición del 12 de agosto de 1994 afirma: "La posibilidad de que se tratara del lanzamiento de un misil superficie-aire fue descartada de inmediato, dado que el comportamiento del fenómeno avistado (traslado horizontal, parada, elevación hasta unos 35 o 40 grados de ángulo, producción de un halo luminoso por espacio de veinte minutos) no se corresponde con el lanzamiento de un misil. Aparte de ello, en el área de las islas no existían bases conocidas de lanzamiento". Es curioso; son precisamente esas características mencionadas las que suelen presentar los lanzamientos de cohetes a centenares de kilómetros de unos observadores y en condiciones de luminosidad adecuadas: de noche en tierra, pero a grandes alturas cualquier objeto puede ser aún iluminado por los rayos solares, más si emite cierto tipo de gases enormemente expandidos por el enrarecimiento de la atmósfera, condiciones que se dieron en esta y otras observaciones canarias. Tengamos en cuenta además los efectos ópticos debidos al ángulo de observación, la falta de puntos de referencia en algunos casos y el estado de excitación y nerviosismo que provoca en testigos desconocedores de su verdadera naturaleza.

¿Que no existían en el área de las islas bases conocidas de lanzamiento? Evidentemente, conocidas no; pero todo hace pensar (observaciones multitudinarias y simultáneas desde todas las islas en diversas ocasiones; presencia de ciertos buques científicos; el accidente de un buque soviético en el estrecho de Gibraltar al chocar con un submarino nuclear de la misma nacionalidad en 1984 y el gran escándalo diplomático que produjo, etc.) que una zona en aguas internacionales a cientos de kilómetros al oeste de Canarias fue campo de pruebas de cierto tipo de misil durante los años 70 y 80. Naturalmente, la Armada del país responsable no tenía, por tanto, que "pedir permiso" a España para realizar sus prácticas. En la monografía militar que he citado anteriormente cuyo autor fue el investigador oficial del caso, se argumenta que "los misiles, sobre todo los lanzados desde submarinos en inmersión, pueden explicar satisfactoriamente el 95% de las observaciones efectuadas de fenómenos sobre el mar, tanto si son observados desde la costa como desde un buque o avión. Tres de los casos analizados en el archipiélago canario (22/6/76, 19/11/76 y 5/3/79 N.del A.) podrían deberse a esta causa ya que es muy significativo que en todos los casos, días antes, los puertos principales del archipiélago habían recibido la visita de buques americanos de seguimiento balístico, coincidiendo por añadidura con los buques "científicos" soviéticos "Yuri Gagarin" y "Universidad de Lenin", cuyas enormes y pintorescas antenas-bolas son tan familiares al pueblo canario. No obstante, hay que aceptar que esta hipótesis no puede explicar muchos otros casos".

El que la Armada rusa desmentiera hace escasos años haber sido responsable de los obvios lanzamientos de misiles a cientos de kilómetros al oeste de las Canarias, como el del 5/3/79, puede tener varias lecturas. Una es que no desean declarar haber realizado experiencias balísticas contrarias a los acuerdos internacionales. No seamos ingenuos. Lo cierto es que todavía desconocemos la nacionalidad de las pruebas de armamento, pero no hay duda de que eso es lo que fueron.

En el expediente recientemente liberado por el Ejército del Aire Español se afirma que el fenómeno observado fue un FANI (Fenómeno Aéreo No identificado); esta fue la conclusión a la que llegó en 1976 el Juez informador, comandante Munaiz. Hace algunos años, el investigador catalán Joan Plana recibió una comunicación del actual Coronel Munaiz en la que se decanta y ratifica definitivamente, a la vista de a documentación disponible, por la naturaleza de ingenio militar del fenómeno, tanto en este caso como en otros igualmente canarios.

Fernando Molina, del Centro Emisor de TVE de Izaña, en Tenerife, que fue entrevistado hace algunos años por uno de nuestros colaboradores, recordaba que algunos astrónomos alemanes que estaban cenando en el Parador Nacional de Turismo, en Las Cañadas del Teide, observaron el fenómeno y opinaron que debía tratarse del lanzamiento de misiles.

Por último, veamos los buques científicos de varias armadas de potencias extranjeras en las semanas inmediatamente anteriores, e incluso el mismo día, a la observación del fenómeno.

En el Puerto de Las Palmas de Gran Canaria hizo su entrada el día 18 de mayo el "Wyman", navío de investigaciones científicas perteneciente a la Armada USA; el día 22 del mismo mes, por la tarde, el "Berzhitza", buque científico de la Unión Soviética que aparte de su tripulación normal incluía una expedición de medio centenar de científicos y técnicos; la semana posterior al suceso el soviético "Kosmonaut Yuri Gagarin", viejo conocido, en aquel momento el mayor buque científico del mundo, con una tripulación de 164 hombres, mas un numeroso equipo técnico formado por 162 personas; una semana antes llegaron a puerto el "Henri Poincaré", navío de investigaciones científicas y para pruebas, y el escolta ligero "Le Savoyard", ambos navíos de guerra de la Armada francesa, que prolongaron su estancia hasta el día 24 de junio; el "Bowditch", que aunque era un buque de la flota mercante estaba adscrito a la "Military Transportation Service" del área del Atlántico (Armada norteamericana), llegó el día 21 con una dotación de 204 hombres entre civiles y militares. El día 23, siguiente al de la espectacular observación, el "Diario de las Palmas" dedicaba una página completa a este buque bajo el título: "Las misteriosas investigaciones del Bowditch", donde se destaca que ha participado en seguimientos espaciales y exploraciones submarinas a gran profundidad. Negó haber detectado el fenómeno observado el día 22.

En el Puerto de Santa Cruz de Tenerife atraca el día 25 el crucero portamisiles "Colbert", de la Marina de Guerra francesa, junto con la fragata "Dugnay Trouin". Lleva la insignia del vicealmirante De Gaulle, comandante de la flota del Atlántico. El "Colbert" llevaba en su toldilla una rampa doble de proyectiles "Masurca", del tipo mar-aire, y tenía prevista la instalación de un sistema de proyectiles MM-38 EXOCET; disponía de diversos tipos de radares de navegación, vigilancia aérea, batimetría, etc.    


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