Entrevista a Javier Alonso
"Uno siempre escribe para esos amigos desconocidos que son los lectores"
Diego Marín A.
(entrevista originalmente aparecida en el suplemento Imagina de La Rioja)
Acaba de volver del IV Encuentro de Escritores Colombianos y Españoles celebrado en Colombia y ayer recogió el Xº Premio Viña Alta Río-Café Bretón de Logroño por su obra Síndrome. Javier Alonso Benito (Logroño, 1977) es licenciado en Humanidades por la Universidad de La Rioja y este mismo año ha publicado la novela Sueños y cadáveres (Pre-Textos, 2002; ganadora de la beca Con Proyección 2001 del Ayuntamiento de Logroño en su modalidad literaria).
-¿Cómo surgió y qué tal ha ido la experiencia literaria colombiana?
-Casi surgió de casualidad, por una llamada telefónica del ministerio unos días antes y, desgraciadamente, porque muchos escritores españoles tenían miedo de viajar a Colombia. Impone sobre todo a quien no lo conoce, porque después de estar allí reconoces que es un país estupendo con una gente maravillosa. Vengo enamorado de Colombia. He estado en Bogotá y Cartagena, en librerías, disfrutando de la literatura colombiana... y, además de con mi editor Manuel Borrás, con escritores como Esperanza López Parada, Héctor Abad Faciolince, Eduardo Jaramillo... Tuvimos tres actos públicos, mesas redondas sobre literatura que se llenaron de público, lleno de jóvenes con mucho interés, no como en España.
-Fuiste porque este mismo año has publicado la novela Sueños y cadáveres y eres el narrador más joven de la editorial valenciana Pre-Textos. ¿Qué recepción está teniendo?
-La verdad es que este viaje ha servido como presentación del libro, por lo menos en Colombia, porque por fin he conocido a mi editor, después de una relación postal y telefónica. Después de hablar del libro e intercambiarlo con otros de otros escritores, supongo que algo de recepción habrá tenido en Colombia, porque además Pre-Textos lo va a distribuir allí, aunque la pena es que el precio va ser muy caro por los gastos de distribución. Y, en España, no tengo noticias aún. Al cabo de un año te enteras de lo que has vendido por el ingreso del dinero de los derechos de autor. Todavía no tengo ni idea y tampoco es una cosa que me preocupe.
-Después de ganar un accésit en el ‘De Buena Fuente 2001’, la beca Con Proyección y, ahora, el Viña Alta Río-Café Bretón, ¿cómo valoras tu obra? ¿Piensas en vivir de la literatura?
-Me lo planteo, pero es muy difícil. Ahora que estoy estudiando para unas oposiciones para la administración pública me doy cuenta de la “titulitis” que hay en este país, porque yo, por ejemplo, no puedo ser bibliotecario, para serlo debo estudiar Biblioteconomía, que es una cosa absurda y para la que no tengo tiempo ni interés por estudiar. Digamos que estoy en los aledaños de vivir de la literatura, cercano al mundo de los libros. Desde luego, vivir de los derechos de autor y los premios es un imposible. Creo que es preferible malvivir de la literatura que vivir vendiendo tu alma al diablo, porque ahora hay mucho mercader de la literatura. Afortunadamente tengo un editor de los de verdad, no un tiburón de las finanzas. Sí me da miedo que me venga una de esas ofertas imposibles de rechazar, pero eso de publicar tres novelas en dos años no me gusta.
-¿Qué es Síndrome y por qué crees que ha sido premiado?
-El porqué me han premiado hay que preguntárselo al jurado. Síndrome es una purga de mi corazón, una obra muy inclasificable, sin un género concreto, un delirio literario, algo metaliterario. Podríamos decir que es una novela corta y supongo que es como un reverso de Sueños y cadáveres porque habla de cómo se escribe, del acto de escribir. No es exactamente autobiográfica ni un diario, pero sí tiene mucho de personal. El único argumento sólido o reconocible es la figura del escritor frente a la pantalla del ordenador. La verdad es que tenía serias dudas sobre la calidad del texto porque es un salto mortal. De momento no me puedo quejar de cómo me van las cosas, pero quien juzga verdaderamente los textos es el lector. Después de publicar uno casi ya es irresponsable de la obra, el hijo se va de casa...
-¿Cómo valoras el premio Premio Viña Alta Río-Café Bretón, después de unos años en que parecía el Premio Planeta riojano?
-No creo que sea un Planeta riojano, pero tampoco voy a ser yo ahora quien lo diga. Este premio es como una confirmación del inicio de una carrera de escritor, pero no se me sube a la cabeza, soy la misma persona de hace quince días. El dinero de los premios sólo te asegura tiempo para escribir. Al final, uno siempre escribe para esos amigos que no conoce que son los lectores, eso de «escribo para mí mismo» está muy bien como idea, pero en el mecanismo de escribir siempre está el receptor de la obra.