El Señor de Bembibre
1ª Edición en 1844, Madrid. Ed. Biblioteca Popular.
Establecimiento Tipográfico de Francisco de Paula y Mellado
Beatriz de Ossorio: Musa o realidad
Raquel Pérez Valle. Licenciada en Filología
INTRODUCCION
En el presente trabajo trataremos de uno de los personajes más atractivos, de la novela histórica romántica El Señor de Bembibre: Doña Beatriz de Ossorio.
Sirviéndonos de las otras obras de Enrique Gil y Carrasco haremos una comparación entre los personajes femeninos que aparecen en ellas y el de Doña Beatriz. Para ello utilizaremos sus obras líricas: sus poesías y su poema en prosa, el relato fantástico Anochecer en San Antonio de la Florida.
Partiendo como base comparativa de la existencia de un personaje femenino como protagonista, compararemos semejanzas y divergencias entre unos y otros.
Trataremos sobre el aspecto físico, el aspecto psicológico, la relación con la naturaleza, la enfermedad, el matrimonio y la muerte.
Nos gustaría llegar a comprobar si la protagonista de El Señor de Bembibre se identifica más con la musa del poeta o bien con el propio Gil y Carrasco como apuntan estudiosos como Jean-Louis Picoche.
Madrid, 1844 (1ª edición)
Biblioteca Popular.
Establecimiento Tipográfico
D. Francisco de Paula y Mellado
Enrique Gil y Carrasco (1815-1846)
Inicio > El Señor de Bembibre > Beatriz de Ossorio: Musa o realidad
MARCO TEORICO
EL SEÑOR DE BEMBIBRE
El Señor de Bembibre se trata de una novela histórica de corte romántico.
Se publicó por primera vez en Madrid en 1844. En esta edición no hay ningún tipo de introducción, prólogo o epílogo.
Consta de 424 páginas de las 20 son láminas. Doña Beatriz aparece en 9 de ellas.
Posteriormente se ha editado en numerosa ocasiones. Entre esta ediciones nos podemos encontrar con algunas de tipo escolar (como la publicada en la editorial Ebro1 que resume ciertos capítulos en dos líneas y propone ejercicios a los escolares) u otras como la de 19542 con prólogo de Jorge Campos en la que aparece dentro de las obras completas.
Nosotros trabajaremos con la edición de Cátedra de 1986 y con la de Clásicos Castalia del mismo año.
La repercusión que tuvo esta obra (el propio Enrique Gil la llevó consigo a su viaje a Alemania y allí fue leída con entusiasmo por el emperador, Federico Guillermo) eclipsó las otras obras del autor berciano. Mientras que para sus contemporáneos fue más conocido como poeta y articulista hoy en día se le conoce como el escritor de El Señor de Bembibre.
LAS OBRAS LÍRICAS
Enrique Gil y Carrasco publicó su primera poesía, Una gota de rocío el 17 de diciembre de 1937. Pocos días antes, en ese mismo mes, la había leído en público, en el Liceo de Madrid, el conocido poeta, amigo y protector de Enrique Gil, Espronceda.
Su relato fantástico, catalogado como poema en prosa en otros casos, 3 Anochecer en San Antonio de la Florida, se publicó en el Correo Nacional, en los números 270 y 271, en los días 12 y 13 de noviembre de 1938.
El resto de sus poesías, en total 32, fueron editadas en diversas publicaciones periódicas de la época (No me olvides, El Español, El Correo Nacional, El Semanario Pintoresco,...) hasta 1842, año en que publica en El Corresponsal, la A Espronceda,
Nosotros utilizaremos como base comparativa las siguientes: En el Álbum de una señorita, La campana de la oración, El ruiseñor y la rosa; La niebla, La caída de las hojas, Un día de soledad, El cisne, El Sil, La violeta, Impresiones de primavera, El cautivo, A . sentimientos perdidos, Un ensueño, La nube blanca, Meditación, La mariposa y La voz del ángel.
Seguiremos la edición que Jorge Campos hace de las Obras Completas de Enrique Gil y Carrasco.
Sólo hay una edición completa de sus poesías, Poesías Líricas, de 1873. En ella, además de los poemas, hay una introducción biográfica de su hermano, Eugenio Gil.
LOS PERSONAJES FEMENINOS
LOS PERSONAJES FEMENINOS EN EL SEÑOR DE BEMBIBRE
En la novela histórica aparecen personajes, no sólo de la nobleza medieval, sino también criados, religiosos, campesinos,... No se describe la vida de la corte sino la de un pequeño señorío, El Bierzo, donde transcurre la acción.
Como en las obras teatrales del siglo de Oro, a la protagonista de la novela, doña Beatriz, la acompaña continuamente su fiel criada Martina. Otro personaje femenino tratado de manera individualizada en la novela es el doña Blanca, la madre de la protagonista.
Como meros personajes secundarios aparecen la tía de la joven y sus compañeras de convento, y mujeres del campo, que apenas son mencionadas.
Nosotros focalizaremos la atención en doña Beatriz de Ossorio, hija de Don Alonso Ossorio, señor de Arganza y de Doña Blanca de Balboa.
LOS PERSONAJES FEMENINOS EN LAS OBRAS LÍRICAS
Nos vamos a encontrar con dos variedades del mismo personaje: la doncella del amor correspondido y la del que no lo es.
En la mayoría de los poemas se habla de una joven cuyo amor imposible fue correspondido por el poeta y lo sigue siendo, a pesar de separarles la muerte de ella. El segundo personaje femenino, que aparece apenas en tres poemas, es querido, pero rechazado por el autor:
A BLANCA
Dulcísima niña de labios de rosa,
de frente serena, de blando mirar.[...]
Tus húmedos ojos rasgados y claros
brotar esperanza y vida se ven, [...]
Blanca mía, mi amor pasará breve [...]
Si amas un día, cándida azucena,
y de amor lloran tus radiantes ojos,
Ve a arrodillar tu soledad y pena
en la tumba que encierra mis despojos.
Porque yo sé de amores y de luto;
que yo en mi juventud también amé,
y hiel tan sólo y desabrido fruto
con mis labios volcánicos gusté.[...] 4
En nuestro trabajo hablaremos sólo del primer tipo femenino ya que es el que se identifica plenamente con el ideal de poeta.
MARCO COMPARATIVO
INTRODUCCIÓN
Trataremos los personajes femeninos partiendo como base comparativa del personaje de Beatriz de Ossorio. Nuestra joven, se trata de algo más que de un estereotipo romántico. Aunque tenga elementos comunes con otras protagonistas de este tipo de novelas, las separa algo más, como intentaremos comprobar, que una nueva visión de la naturaleza.
Dentro de las obras de Gil y Carrasco, doña Beatriz comparte rasgos comunes con la protagonista de los versos "carrasquianos", pero tiene una personalidad bastante más rica y variada, o eso es lo que nos muestran de ella.
Partiendo de estas premisas, analizaremos en ambos personajes, la Beatriz de El Señor de Bembibre y la musa de las poesías de Enrique Gil, los siguientes apartados: descripción física, descripción psicológica, relación con la naturaleza, enfermedad, matrimonio y muerte.
Los dos primeros apartados nos servirán para conocer la caracterización del personaje. Con los cuatro siguientes comprobaremos si los momentos más importantes de la vida de Doña Beatriz tienen su correspondencia en la "musa" de Enrique Gil.
DESCRIPCIÓN FÍSICA
Doña Beatriz, como toda buena protagonista, es caracterizada en numerosas ocasiones en El Señor de Bembibre.
La primera vez que se la describe es la que sigue:
[...] Era ella de estatura aventajada, de proporciones esbeltas y regulares, blanca de color, con ojos y cabellos negros y un perfil griego de extraordinaria pureza. La expresión habitual de su fisonomía manifestaba una dulzura angélica, pero en su boca y en su frente cualquier observador mediano hubiera podido descubrir indicios de un carácter apasionado y enérgico. Aunque sentada se conocía que en su andar y movimientos debían reinar a la vez el garbo, la magestad y el decoro, y el rico vestido bordado de flores con colores muy vivos que la cubría, realzaba su presencia llena de naturales atractivos [...] 4b .
Son de gran interés las dos notas que respecto a este párrafo puntualiza Jean-Louis Picoche:
[...] Normalmente las heroínas son rubias y de ojos garzos. Es posible que haya aquí una asimilación entre la protagonista y la doncella querida del autor, Juana Baylina. E. Gil la describe así en Anochecer... [...] "Era una doncella de ojos negros, frente melancólica y sonrisa angelical " [...] 5
Esta afirmación del estudioso francés es bastante cierta. Habitualmente, incluso en nuestros días, se relaciona a la joven rubia y de ojos claros con los personajes angelicales y a las mujeres morenas y de ojos oscuros, con los enigmáticos o perversos.
Anochecer... se trata de un relato marcadamente autobiográfico. Basándose en la fecha de publicación y en los datos que ofrece, el profesor Picoche establece una cronología que le permite deducir (por la fecha del fallecimiento de la joven) el nombre de la musa de Enrique Gil y Carrasco. Se trataría de Juana Baylina, una joven ponferradina perteneciente a una familia de importancia en la zona, y que sería hermana del mejor amigo del poeta (fallecido también el mismo año que ella de tuberculosis).
Sin entrar en más detalles ni presentar polémica sobre la certeza de dicha suposición, mostraremos la descripción física de la "musa" en Anochecer...:
[...] La virgen prometida se le apareció finalmente. Era una doncella de ojos negros, frente melancólica y sonrisa angelical [...] 6
[...] Cuando el poeta la vio se empañaron sus ojos, y su corazón se paró como si fuese a morir bajo el peso de la memoria, que despertaba en él la pura aparición de su ángel de ojos negros, de frente melancólica y de sonrisa angelical [...] 7
El mismo Picoche indica que la materialización de la pintura de Goya:
[...] No se trata de un personaje imaginario, sino de uno de los ángeles de Goya que se puede localizar con precisión (se encuentra hacia la derecha del ábside), pero mezclado con el recuerdo personal del poeta [...]. 8
Si contemplamos el plano de la capilla, vemos como a la derecha del ábside está en la bóveda del lado del retablo de la Epístola (números 2, 8 y 7).
De las dos ángelas que nos encontramos en esta bóveda, la que sonríe, viste de blanco y tiene los ojos y el pelo oscuro, es la de la derecha, la que corresponde al número 7 del plano.
En Anochecer... el protagonista, que se identifica con el escritor, tras orar de rodillas, va a sentarse en uno de los bancos de la capilla. El dibujo que mostramos a continuación indicaría dónde debió situarse para contemplar delante de él a la que suponemos ángela-musa.
En los poemas aparecen las siguientes descripciones físicas:
UN ENSUEÑO
[...] Tímida virgen divina,
y cándida y confiada [...]
Partido el negro cabello
sobre la frente morena
y en ondas batiendo el cuello [...] 10
MEDITACIÓN
[...] Una mujer cruzó por su pradera
y ya ni las flores ni las praderas vi;
meció el aura su negra cabellera
y fue la diosa de mi amor allí [...] 11
Hemos comprobado como son escasas en número. Tal vez al autor no le interesaba demasiado en sus poemas cantar a la belleza corporal. Como podremos corroborar a lo largo de este trabajo, prefiere en su poesía temas como la naturaleza, el amor perdido o la muerte.
Respecto a la edad de doña Beatriz, se indica en la página 355: que al final del libro tenía 18 años (trascurre un periodo de un año más o menos, desde el inicio hasta el término de la novela).
Otro aspecto que queremos resaltar de la protagonista de la novela histórica, es el que hemos subrayado en la descripción que ofrecemos en la página 5 del presente trabajo.
En ella se indica que [...] en su boca y su frente cualquier observador mediano hubiera podido descubrir indicios de un carácter apasionado y enérgico [...].
No podemos olvidarnos de que son los grandes escritores de novela realista y naturalista los que basándose en el aspecto físico llegan a confirman ciertas actitudes que presuponen en sus personajes.
En este caso, E. Gil muestra un breve apunte en este sentido, pero no por breve, podemos omitirlo.
Con estos datos podemos deducir que el ideal físico de mujer del poeta, hasta el momento, es una joven, que ronda los 18 años, de ojos y cabello oscuro, de piel blanca y sonrisa angelical.12
RESPECTO A LA VESTIMENTA.
[...] También es un detalle raro. Normalmente las heroínas románticas van vestidas de blanco, y así ocurrirá con Doña Beatriz en lo sucesivo. Por ahora se trata de mostrar a la joven en todo su esplendor antes de la desdicha. [...] 13
Hemos encontrado otras 5 descripciones de la ropa de la protagonista:
CON VESTIDO OSCURO.
CON VESTIDO BLANCO.
[...] Sus cabellos sueltos por la agitación y el movimiento ondeaban alrededor de la cabeza de don Álvaro como una nube perfumada, y de cuando en cuando rozaban su semblante. Como su vestido blanco y ligero resaltaba a luz de la luna más que la oscura armadura de don Álvaro [...] 15
[...] Doña Beatriz se había puesto en pie para escucharle, y cuya forma esbelta y agraciada con su vestido blanco se dibujaba como la de un cisne sobre la superficie azulada del lago [...] 16
[...] Sí, sí, tráeme mi vestido blanco, porque quiero pasearme por el lago [...] 17
No se hacen demasiadas alusiones a la ropa de la doncella en la novela, pero de las 6 existentes, 2, casi la mitad, no son de color blanco. Cuando va vestida de blanco en 2 de las ocasiones se la relaciona con el cisne, una de las imágenes que representa la belleza para el escritor berciano. No parecen demasiadas apariciones para afirmar, como hace el gran crítico francés, que "doña Beatriz en lo sucesivo se vestirá como las heroínas románticas", de blanco. Este personaje es más variado, y en esto precisamente se diferencia de los otros. Viste con la pureza del blanco, pero también con bordados de flores de colores vivos, y a su vez de oscuro.
Las menciones que se hacen de la ropa en Anochecer... son las que apuntamos a continuación:
[...] su alma era pura como los pliegues de su velo blanco, y su corazón apasionado y crédulo como el de nuestro joven [...] 18
[...] Súbito una figura blanca y vaporosa se desprendió del coro de las vírgenes, cruzó el aire con sereno vuelo y quedó en pie delante del poeta. Un velo ligero y trasparente ondeaba en torno de sus sienes: su vestido era blanco como el armiño y sólo una cinta negra estaba atada a su cuello con descuidado lazo.[...] 19
En las poesías no hemos encontrado ninguna referencia a la vestido de la mujer.
Como muestran los ejemplos, la mayoría de los vestidos son de color blanco, el color virginal de la pureza, característica ésta muy importante en la descripción física del ideal de mujer para Gil y Carrasco.
Como muy bien señala el estudioso de E. Gil, el ya citado Jean-Louis Picoche, la aparición de una mujer con velo blanco evoca la obra francesa La Dame blanche de Boïlieu. Esta no era la primera aparición de ese ideal de belleza blanca, vaporosa y generalmente irreal, las podemos encontrar entre otros, en Chateaubriand (Atala), en Ossian, en Quintana (La fuente de la mora encantada) o en López Soler (Los bandos de Castilla).
La proliferación de las participaciones en las revistas por parte de los escritores y el gran número de grabados que había en tales publicaciones, parece que favoreció el desarrollo de esta figura blanca, que permitía contrastes con el negro., en las litografías.
Para Enrique Gil, la dama blanca, su angélica, tanto en Anochecer... como en sus poemas, es el ideal inaccesible, el amor que sólo se realiza en la muerte.
A este ideal, siempre vestido de blanco, no le afecta la vida cotidiana y no padece enfermedades.
Doña Beatriz, aun participando en parte de estas características físicas de la "musa", es un personaje menos etéreo, ya incluso en la descripción física. El cambio de vestimenta así parece indicarlo, aunque de manera breve.
DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA
Beatriz de Ossorio aparece realizando varias actividades que nos permiten deducir su educación, aficiones y capacidades:
BORDADO.
[...] Así pues, una tarde que doña Beatriz sentada cerca de su madre, trabajaba en bordar un paño de iglesia [...] 20
TOCAR EL ARPA.
[...] su hija acababa de dejar y tenía a un lado el arpa con que había procurado divertir sus pesares [...] 21
[...] El arpa en sus manos tenía vibraciones y armonías inefables, y las religiosas que muchas veces la oían, se deshacían en lágrimas [...]. 22
CAZA.
[...] ¿Dónde están los días en que sobre ágil y revuelto palafrén corría los bosques de Arganza y Hervededo con un azor en el puño, acechando las garzas del aire, como una ninfa cazadora?. [...] 23
LECTURA.
[...] A vueltas de sus propios pensamientos había pasajes y versículos de la Sagrada Escritura que desde que volvió al monasterio, era su libro más apreciado y que de continuo leía [...] 24
POETA.
[...] A veces tomaba la pluma y de ella fluía un raudal de poesía apasionada [...] 25
[...] En esta cartera escribía yo mis pensamientos [...]
Después un versículo de Job que decía: " Ecce nunc in pulvere dormiam, et si mane me quesieris, non subsistam"
Y en la página siguiente esta estrofa dolorosa:
" La flor del alma su fragancia pierde;
Por lo de ayer el corazón suspira.
Cae de los campos su corona verde:
¡Lágrimas sólo quedan a la lira" [...]
Yo saldré a buscarle con mi laúd en la mano, con mi cabeza cubierta del rocío de la noche y como la esposa de los Cantares, preguntaré a todos los caminantes: ¿En dónde está mi amado? [...] Don Álvaro había podido leer los anteriores pasajes, aunque conturbado y confuso [...] 26
Ninguna de estas actividades aparece mencionada refiriéndose a los personajes líricos de Gil y Carrasco.
Muchas de ellas, como la caza con el azor o lecturas tan complicadas, parecerían más adecuadas para un personaje masculino, en la Edad Media, que para un personaje femenino. El tocar el arpa, sin embargo, recuerda a la época romántica más que a la medieval.
Otra vez doña Beatriz aparece con rasgos que la singularizan. Cual poeta de Cancionero, escribe versos para su amado y se los entrega ante las puertas de la muerte. Se trata de un personaje mucho más activo y variado que las otras heroínas románticas que conocemos.
Otro punto que le hace separarse de la musa de Enrique Gil es el tratamiento de la honra. Mientras que en las obras líricas este es un concepto que se presupone y no se hace ninguna alusión a su pérdida, en El Señor de Bembibre, de nuevo emulando las obras teatrales barrocas, encontramos los siguientes párrafos sobre el tema de la pérdida del honor:
[...] ¡ yo soy una pobre mujer que no sé lo que me digo!¡bien sé que vuestro valor triunfará del todo pero pensad en mi honra que vais a arrastrar por el suelo y no me sacrifiquéis a vuestro orgullo!. ¡Ah!, ¡por Dios, noble comendador, lleváosle, lleváosle, porque le matarán y yo quedaré mancillada!.[...] 27
[...] No es a mi a quien deshonran esas sospechas, respondió ella con dulzura, porque sabe el cielo que ni con el pensamiento os he ofendido [...] 28
[...] pero deshecho el encanto y apartados los disfraces, la ignominia que sobre ella derramaba la ruindad de su esposo, se convirtió en un torcedor fiero y penoso y alteraba sus naturales sentimientos de honor y rectitud, y echaba una mancha en el escudo hasta allí limpio y resplandeciente de su casa [...] 29
Se trata más que de un tema típicamente medieval, de uno de los lugares comunes más "exitosos" de las escenas del siglo de Oro.
Algunos de los estudiosos de E. Gil al hablar de sus personajes eran de la siguiente opinión:
LOMBA Y PEDRAJA
[...] Figuras monótonas, fragmentos incompletos o fases parciales de personas humanas. En esto radica su falsedad más visible.
En las figuras subalternas aun puede decirse que se exagera este defecto... El desarrollo del carácter de la protagonista, Dª. Beatriz de Ossorio, es quizá el mayor error de la obra [...].
RICARDO GULLÓN
[...] Gil no matiza las contradicciones íntimas; la sicología es rudimentaria, limitada al estudio de un mecanismo sencillo [...]. 30
JEAN-LOUIS PICOCHE
Realiza a nuestro entender, una acertada revisión crítica de dichas opiniones. En cuanto a los personajes principales, expone cómo lo interesante no es describir pasiones para realizar un estudio, sino para producir un efecto. El objetivo del escritor es mover al lector. Es necesario comprender el espíritu romántico para poder valorar las obras escritas dentro de ese periodo bajo sus cánones.
Picoche cree que el verdadero protagonista de la novela es doña Beatriz , quien conduce la acción y quien conmueve al lector. Para él, este personaje es el otro yo del escritor: comparte la mayor parte de sus características psicológicas y se complace en colocarlo en situaciones que a él le gustaría haber vivido (la época medieval en especial).
A continuación, pondremos algunos ejemplos del carácter de la protagonista, comprobaremos como varía en ciertas partes de la novela y comentaremos un recurso que usa el autor, el relato de los sueños, para caracterizarla que se parece más a la novela psicológica de los autores posteriores que a la histórica romántica.
Con ellos queremos dejar patente que, si bien el Señor de Bembibre no es "la gran novela psicológica" 31 del XIX español, tampoco es un "cúmulo de despropósitos" respecto a la caracterización de sus personajes, y menos aún de la de su protagonista. Al igual que con la relación aspecto físico-psicológico, en la descripción psicológica, el novelista berciano parece un puente entre las obras románticas y la novela posterior.
CARÁCTER DE LA PROTAGONISTA.
[...] En las almas generosas despierta la injusticia fuerzas cuya existencia se ignoraba, y la doncella lo sentía entonces [...] 32
[...] Aquella alma pura y generosa pero altiva, mal podía regirse con el freno del temor y del castigo [...] porque la idea del sacrificio suele ser instintiva en semejantes caracteres, y con más gusto la acogen a medida que se presenta con más atavíos de dolor y de grandeza [...] 33
[...] aquella alma pura y sin mancha se le había presentado en su divina desnudez y cautivado su cariño como era inevitable [...] 34
[...] nada tenía que ver con la elevación de sentimientos y energía de resolución que distinguía a su hija. Doña Beatriz jamás se hubiese contentado con obedecer a su esposo, porque necesitaba respetarle y estimarle, y por otra parte su condición era de aquellas que nunca aciertan a transigir con la injusticia y luchan sin tregua hasta el último momento. Los bienes de la tierra, los incentivos de la vanidad nunca habían fascinado sus ojos [...] No parecía sino que en el borde de la eternidad, al cual estuvo asomada, su alma se había iniciado en los misterios de la nada [...] 35
LA ENFERMEDAD
Tan sólo hay una mención a la enfermedad en Anochecer...:
[...] Al otro día un solo amigo le acompaño en su viaje, y al apretarle contra su corazón le dijo:¡Adiós y quizá para siempre!... ¿Quién sabe si este abrazo te envenena? Mi presencia daba ante la dicha y la alegría ... pero hoy sólo la muerte puede dar. El amigo se alejó con los ojos anublados. ¡La predicción se ha cumplido! ¡Aquel amigo duerme hace un año entre los muertos! [...] 59
Se trata pues de una enfermedad terriblemente contagiosa, que también afecta a las personas jóvenes y que es mortal. No creemos aventurarnos si le ponemos nombre: la tuberculosis, gran plaga del siglo XIX, la enfermedad de moda, y que aún hoy sigue causando estragos en el llamado "tercer mundo".
En los poemas encontramos las siguientes alusiones a este enfermedad que también padecía el escritor:
LA VIOLETA
[...] lo secó todo el soplo de mi aliento,
[...]Todo pasó, mujer bella,
y naufragué con mi doliente amor
lejos ya de la paz y del contento
mírame aquí en el valle del dolor.
Era dulce mi pena y mi tristeza;
tal vez moraba una ilusión detrás
mas la ilusión voló con su pureza
mis ojos ¡ay! no la verán jamás. [...] 60
MEDITACIÓN
con los sueños de mi amor;
todo lo secó mi huella
de tu frente de doncella
la alegría y el fulgor [...] 61
En ambos casos también se habla del "soplo del aliento que secó el amor" Podría hacer referencia a la facilidad del contagio de la tisis. Aún así, el que se manifiesta como fuente de esa enfermedad en las tres obras líricas, no es la musa, sino un hombre.
De nuevo a la musa parecen no afectarle las cosas terrenas, es demasiado etérea hasta para sufrir enfermedades físicas.
Doña Beatriz sí está enferma y sí sufre. Por las características que de su enfermedad se dan en el libro, como muy bien señala el profesor Picoche, ésta es la misma que la de Enrique Gil, quizá por eso la describa tan sutilmente y tan bien. En ella tienen lugar la fiebre, los delirios, los ojos chispeantes y al final de la obra los vómitos de sangre. No se da en ningún momento nombre a la enfermedad y vemos como evoluciona a lo largo de la novela como lo hace también la protagonista. Se trata de una dolencia con la que se debía convivir y eso precisamente es lo que Enrique Gil y Carrasco plasma. No se sufría un día en especial, no se curaba o se empeoraba un día y todo se había terminado, se convivía con la tuberculosis que afectaba física y anímicamente al enfermo y a sus seres más queridos.
Ofreceremos los siguientes pasajes de la novela que intentan ejemplificar este hecho:
PRIMERA MENCIÓN DE LA ENFERMEDAD.
[...] El parasismo de la feliz señora fue largo, y dio mucho cuidado a las diligentes enfermeras, pero al cabo cedió a los remedios y sobre todo a su robusta naturaleza [...] 62
CAMBIO FÍSICO.
[...] Aquel cuerpo noble y bien formado [...] hacía tiempo que iba perdiendo la morbidez de sus formas y las alegres tintas de la salud. Las facciones se adelgazaban insensiblemente; el color pálido de la cara se hacía más notable por el subido carmín que coloreaba una pequeña parte de sus mejillas; los ojos aumentaban en aquella clase de brillantez que pinta aun a los menos conocedores, que padecen el cuerpo y el espíritu a un tiempo; [...] 63
[...] No fue tan dueño de sí el abad, pero la sorpresa de ver tanta hermosura y lozanía reducida a tal estado, pudo tanto en él que sin poder remediarlo dio dos pasos atrás asombrado como si la sombra de la heredera de Arganza fuese la que delante tenía.
-¿Sois vos, Doña Beatriz?, exclamó con el acento de la sorpresa.
-¡Tan mudada estoy!, respondió ella [...] 64
DELIRIOS.
[...] se fijó en la escasa luz de una lámpara que en lo más apartado de la pieza lanzaba trémulos y desiguales resplandores. Estuvo un rato contemplándola y luego preguntó con voz débil [...]:-¿ es la luz de la luna?... pero yo no la veo en las ondas del río [...]¡no importa, no importa! Desde el firmamento nos alumbrará... sí, sí,¡venga tu caballo moro! ¡Ay! ¡me parece que he perdido la vida y que un espíritu me lleva por el aire, pero los latidos de tu corazón han despertado el mío! voy a perder el juicio de alegría, déjame cantar el salmo del contento: "Al salir Israel de Egipto"... Pero mi madre, mi pobre madre, exclamó con pesadumbre! ¡Ah! yo la escribiré y cuando sepa lo feliz que soy se alegrará también [...].
-¡La sombra!,¡ la sombra!¡ay! ¡yo he caído del cielo!... ¿quién me levantará?... ¡Adiós!... no vuelvas la cabeza atrás para mirarme que me partes el corazón.¡Ya se ha perdido entre los árboles! ...ahora es cuando debo morirme... ¡alma cristiana, prepara tu ropa de boda y ve a encontrar tu celestial esposo! [...] 65
[...] el sueño ha huido de mis párpados, mi corazón se ahoga dentro del pecho, mi pulso y mis sienes no dejan de latir ni un instante. Cuando llego a descansar un momento en brazos del sueño, oigo una voz que me llama y veo mi sombra que cruza los aires con un ramo de azucenas en la mano y una corona de rosas blancas en la cabeza; y luego otra sombra vestida una túnica rutilante como el hábito del Temple y un casco guerrero en la cabeza, me sale al encuentro y alzándose la visera como en la tarde del soto me dice de nuevo pero con un acento dulcísimo: "¡Soy yo doña Beatriz!"¡y esa sombra es la suya!. Entonces despierto, bañada en sudor, palpitando mi corazón como si quisiera salirse del pecho, y un diluvio de lágrimas corre por mis mejillas [...] 66
LA EXTREMA UNCIÓN.
[...] Por fin el médico declaró que su ciencia estaba agotada y que sólo el celestial podría curar a doña Beatriz. Entonces se le administró la extrema unción, porque como no había recobrado el conocimiento, no pudo dársele el viático [...] 67
VÓMITO.
[...] ¡Misericordia divina! repitió torciéndose las manos; ¡la esperanza y la ventura ahora que voy a morir!
Al acabar de pronunciar estas palabras y con el tremendo esfuerzo que hacer acababa, una de las venas de su pecho, tan débil ya y atormentado, se rompió, y un arroyo de sangre ardiente y espumosa vino a teñir sus labios descoloridos y su vestido blanco [...] 68
Doña Beatriz, manifestando una enfermedad tan real, vuelve a alejarse de esa musa, ajena a los "padecimientos terrenales" y a acercarse a la persona de Gil y Carrasco.
EL MATRIMONIO
Ni la angélica de Anochecer... ni las jóvenes que pueblan los poemas de E. Gil se casan nunca. No hay ni la más mínima mención respecto a este punto en las obras líricas.
Doña Beatriz, sin embargo, se casa dos veces: con el conde de Lemos y con D. Álvaro.
La edad del casamiento, 17 ó 18 años, es típica del siglo XIX, mientras que en época medieval las mujeres se solían casar a los 13 ó 14 años. Tampoco pertenece a la Edad Media el concepto de matrimonio por amor que se defiende en la novela. Doña Beatriz se niega ante su padre a casarse con el conde de Lemos porque ama a D. Álvaro.
Éste parece un argumento tópico de finales del XVIII y del todo el siglo XIX. A su vez parece una advertencia hacia los padres que inconscientes prefieren casar a sus hijas por motivos económicos. La familia de los Ossorio se quedará sin descendientes debido a esta causa.
El escritor berciano, tampoco se casó. No sabemos los motivos por los que abandonó Ponferrada y se marchó a Madrid. Quizá estuvieran relacionados con problemas de honor respecto a su familia que impedían que se realizase con orgullo su amor con " su musa". 69
Puede que su ida a la Corte fuese un intento de mejorar su posición económica y social. Pero, esto por ahora pertenece a la especulación y en este punto, y respecto a Beatriz de Ossorio, debemos indicar que no se relaciona con la musa ni con el escritor. Su segunda boda, poco tiempo antes de morir parece una escena típicamente romántica: el enlace eterno; "polvo eres y en polvo te convertirás,...más en polvo enamorado".
LA MUERTE
Hablar de la muerte en la poesía de E. Gil nos llevaría a un trabajo cuya extensión posiblemente triplicaría la de éste. No es que sea uno de los temas que más aparecen, es que en prácticamente todos sus poemas habla de ella.
En cierto punto, esto último tiene bastante lógica. Cuando el poeta estaba en Madrid se murieron su padre, su amada, su amigo (podemos confirmar que este último lo hizo de tuberculosis)... Estando ya en la capital asiste al entierro de Larra y desgraciadamente al de su amigo Espronceda. Una experiencia de este tipo impresiona de tal modo que una muerte cercana nunca puede superarse. Este aspecto se ve agravado si a nuestro alrededor nuestros conocidos y amigos tienen nuestra misma enfermedad y mueren debido a ella. La muerte, debía pasar de ser algo temible, a ser una obsesión, a ser una compañera...
Todos estos aspectos se ven en su poesía pero el que más nos ha llamado la atención es su premonición de morir en tierra extraña, hecho que también le separaría de Doña Beatriz (ella es enterrada al lado del lago de Carucedo):
EL CISNE
[...] Cantar, dejar de existir,
palabras iguales son
para ti, que al sucumbir
del cantar y del morir
vienen a ser eslabón.
Canta sí, canta tu muerte
que si posible te fuera
ver la suerte que te espera,
comenzarías a dolerte
en canción más lastimera [...]
Abandónate al mar en que naciste,
que amor y espuma tuvo para ti;
¡Ay! morir en la cuna nunca es triste,
que el maternal dolor aguarda allí [...] 71
EL CAUTIVO
[...] Yo no tengo ni una madre ni una esposa
que vengan a llorar en mi ataúd
ni quien escriba en la extranjera losa
las penas de mi amarga juventud [...]70
MEDITACIÓN
[...] ¡Oh!, morir solo en ignorada tierra,
yo que amor tuve y cariñoso hogar
yo que miré de la gigante sierra
las aguas de mi patria resbalar [...]71
En Anochecer... es descrita la muerte de la protagonista, el amor juvenil del poeta, de la siguiente manera:
[...] ¡Ricardo, Ricardo mío!. Yo he llorado mucho, porque lloraba por ti, y mi corazón te seguía por doquiera,[...] Mi corazón se volvió a Dios y le mostró sus heridas, y le pidió bálsamo para curarlas, y Dios se apiadó de sus pesares, y mandó al ángel de la muerte que sacudiese sobre mi sus alas negras como las del cuervo, y el ángel las sacudió y mi alma flotó por los espacios y el Señor me colocó en el coro de mis hermanas las doncellas de los amores perdidos. [...]. 72
Se muestra a su enamorada sufriendo por su amor y por eso pide ayuda a Dios. Esta ayuda celestial es una muerte dulce, no la dama negra de la guadaña sino un ángel.
Nada tiene que ver esta experiencia con las diferentes visiones que por mediación de doña Beatriz se nos ofrecen en El Señor de Bembibre:
PREMONICIÓN.
[...] Mi padre volverá tarde, respondió ella con acento profundo. , volverá sólo para confiar a la tierra los despojos de su hija única y morir después [...]73
ACEPTACIÓN
[...] ni alcanzaba a acallar los presentimientos que de en tiempos atrás habían llegado a posesionarse de su espíritu, por para colmo de amargura, la muerte que por tanto tiempo había invocado como término y descanso de sus penas, sin verla aparecer jamás, ahora cruzaba a lo lejos como un lúgubre relámpago, cuando la vida cobraba a sus ojos todas las galas de la esperanza, y sembraba de flores funerarias el camino que guiaba a su templo. Sin embargo, doña Beatriz, como todas las almas fuertes, pasado el primer estremecimiento hijo de barro, aceptaba sin miedo ni repugnancia esta idea, y sólo le dolía de la contingencia de su fin prematuro por el luto de su padre, y de aquel amante arrebatado de sus brazos [...] 74
REBELDÍA
[...] Era realmente un infernal martirio ver llegar a pasos medidos la callada sombra de la muerte, cuando la esperanza, el amor, la paz y el sosiego doméstico, el noble orgullo de llevar un nombre ilustre, las riquezas, la juventud, la hermosura, cuanto puede embellecer y sublimar la vida, venía a dar precio a la suya. [...] 75
REBELDÍA EN LA AGONÍA.
[...] -¡Quítame esta ropa que me ahoga!- abrid de par en par esas ventanas, y dejad entrar el aire de la noche, para que se temple este fuego que me abrasa el pecho... ¡Cielos! ¡qué pensamientos eran los míos hace un momento, para olvidarme así de que estoy luchando con la agonía! ¡Miserable de mí! Allí viene mi padre corriendo... miradle, don Álvaro,...la alegría le ha rejuvenecido... ya llega,... ¿qué es lo que saca del pecho? ...¡Ah! es tu libertad!... ¡suerte despiadada! ... morir ahora..., no, no, don Álvaro, yo soy muy joven todavía, rica y hermosa a tus ojos, a pesar de mis lágrimas, ¿no es verdad?...¡No, no, no es ésta mi hora, porque moriría impenitente y perdería mi alma! [...]
-¡Ahí está! ¡ahí está!¿no la veis como se llega paso a paso? ¡Ah! ¡libradme de ella! envolvedme en vuestro manto... ¡Oh Dios mío! ¡de nada sirve, porque sus manos han pasado por él como si fuera de humo, y me aprietan el corazón! separádmelas de aquí, porque me ahogan, ¡ay de mí! no, dejadlas, que todo se acabó ya... ¡adiós! [...] 76
MOMENTO FINAL.
[...] -¿Os acordáis de aquel día que os despedisteis de mí por primera vez en mi casa de Arganza? ¿Quién nos dijera que el mismo sol que alumbró nuestra primera separación, había de alumbrar en tan breve espacio la postrera?. No obstante, la suerte se muestra conmigo más benigna en este instante, pues entonces me apartaba de vuestro lado y ahora de entre los brazos de mi esposo vuelo a los de Dios.
Al acabar estas palabras inclinó suavemente la cabeza sobre el hombro de don Álvaro, sin hacer extremo ni movimiento alguno, como acostumbraba en los frecuentes diliquios que padecía; pero pasado un rato, y viendo que no se sentía su respiración, la apartó de sí azorado. El cuerpo de la joven cayó entonces inanimado y con los ojos cerrados sobre la cama, porque su hombro acababa de exhalar su último suspiro [...] 77
Esta muerte, muy teatral por otro lado (de "espectadores tiene a su familia, sus conocidos e incluso a todo el condado), se alarga durante bastantes páginas. Desde varios capítulos antes, se sabe que va a morir la protagonista, y aunque ya no haya impedimentos para su boda, su felicidad no podrá consumarse. Sin embargo, no se sabe si buscando una esperanza, quizá como la que buscaba el escritor respecto a su propia vida, se sigue leyendo, como si no quisiésemos reconocer el desenlace.
Como lo fue D. Quijote, desapareciendo así la ilusión, el único camino en la novela para Beatriz de Ossorio era la muerte.
CONCLUSIONES
Después de haber analizado a la protagonista de la novela romántica y a la joven que aparece en las obras líricas de E. Gil hemos podido corroborar que tienen profundas semejanzas físicas y psicológicas en algunos aspectos.
El personaje de doña Beatriz, más rico en matices, participa también de los gustos y de las características psicológicas del autor. Del mismo modo comparte con éste, su enfermedad, la tuberculosis y el miedo-aceptación a la muerte. Sin embargo, no se fusiona con él. Su visión de la naturaleza fluctúa entre el autor y la musa, y aspectos como el matrimonio, solo se dan en su personaje.
Beatriz de Ossorio no es la musa, pero tampoco es Enrique Gil. Tiene de uno y de otro, configurándose en ella todo un carácter como personaje.
Sí es cierto que con quien posee mayor parecido es con el autor. Quizá éste se aprovechó de su personaje femenino para enmascarar algunas de sus experiencias (como su enfermedad o su miedos) como utilizó a D. Álvaro para proyectar sus soñadas luchas medievales ayudando a los Templarios.
No hay que olvidar que doña Beatriz es un personaje literario, una protagonista sí, pero sin dejar de ser un personaje, por ello puede participar de la ficción y realidad.
Musa y realidad, lo etéreo y lo terrenal se fusionan en Beatriz de Ossorio.
BIBLIOGRAFÍA
* Baquero Goyanes, Mariano. El cuento español. Del romanticismo al realismo. Madrid, CSIC, 1992.
* Buendía, Rogelio. La ermita de San Antonio de la Florida. Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 1992.
* Carr, Raymond. España 1808-1975. Madrid, Ariel, 1990.
* Durán, Mª Ángeles (varias autoras). Mujer y sociedad en España. Madrid, Dirección General de Juventud y promoción social, 1982.
* Diccionario de la R.A.E. Madrid, Espasa Calpe, 1992.
* Ezama Gil, Ángeles. El cuento en la prensa y otros cuentos. Zaragoza, Ebro, S. A. 1992.
* Gil y Carrasco, Enrique. El Señor de Bembibre. Madrid, Biblioteca Popular, 1844.
* Gil y Carrasco, Enrique. El Señor de Bembibre. Zaragoza. Ebro, Col. Bilbioteca Clásica, 1967.
* Gil y Carrasco, Enrique. El Señor de Bembibre. Madrid, Cátedra, 1986.
* Gil y Carrasco, Enrique. El Señor de Bembibre. Madrid, Castalia, 1986.
* Gil y Carrasco, Enrique. Obras Completas. Madrid, BAE, 1954.
* González Salvador, Ana . "De lo fantástico y de la literatura fantástica".
Anuario de Estudios Filológicos, VII, Cáceres, 1984.
* Gullón, Ricardo. Cisne sin lago. Vida y obra de Enrique Gil y Carrasco. Madrid, Ínsula, 1951.
* Gullón, Ricardo. La novela lírica. Madrid, Cátedra, 1984.
* Pérez Lobato-Boto, Adelino y Valentín González Carrera. Álbum del Bierzo. Salamanca, Junta de Castilla-León, 1996.
* Picoche, Jean-Louis. Un romántico español: Enrique Gil y Carrasco. Madrid, Gredos, 1978.
* Rivera Blanco, Javier. Guía del Bierzo. Madrid, Nebrija, 1978.
_______________________________
1 Gil y Carrasco, Enrique. El señor de Bembibre. Zaragoza, Ebro, Col. Biblioteca Clásica, 1967.
2 Gil y Carrasco, Enrique. Obras Completas. Madrid, BAE. 1954
3 Picoche, Jean-Louis. Un romántico español: Enrique Gil y Carrasco. Madrid, Gredos, 1978. Pág. 222.
4 Gil y Carrasco, Enrique. Op. Cit. págs. 43 y 45.
4b Gil y Carrasco, Enrique. 1986. Op. cit. págs. 77 y 78.
5 Ibid. pág. 77.
6 Gil y Carrasco, Enrique. 1954. Op. Cit. pág. 255.
7 Ibid. págs. 257 y 258.
8 Picoche, Jean-Louis. Op.cit. pág. 126.
9 Gil y Carrasco, Enrique. 1954. Op. cit. pág. 256.
10 Ibid. pág. 31
11 Ibid. pág. 37
12 Como veremos más adelante (en al apartado de la enfermedad) el aspecto físico de Beatriz de Ossorio se modifica, perdiendo la lozanía que la había caracterizado en tiempos.
13 Gil y Carrasco, Enrique. 1986. Op. cit. pág. 78.
14 Ibid. pág. 109.
15 Ibid. pág. 156.
16 Ibid. págs. 360 y 361.
17 Ibid. pág.395.
18 Gil y Carrasco, Enrique. 1954. Op. Cit. pág. 255.
19 Ibid. págs. 257 y 258.__________
20 Gil y Carrasco, Enrique. 1986. op. cit. pág. 104.
21 Ibid. pág. 193.
22Ibid. pág. 316.
23 Ibid. págs. 334 y 335.
24 Ibid. pág. 316.
25 Ibid. pág. 316
26 Ibid. págs. 389-392.
27 Ibid. pág. 215.
28 Ibid. pág. 220.
29 Ibid. pág. 314
30 Picoche, Jean-Louis. Po. Cit. pág. 67.
31 Jean-Louis Picoche en su libro Un romántico español: Enrique Gil y Carrasco, (pág. 342) indica que El Señor de Bembibre es una novela psicológica mucho más que histórica.
58 Ibid. pág. 410.
59 Gil y Carrasco, Enrique. 1954. Op. cit. pág. 255.
60 Ibid. pág. 22.
61 Ibid. pág. 37.
62 Gil y Carrasco, Enrique. 1986. Op. cit. pág. 129.
63 Ibid. pág. 203.65 Ibid. págs 172 y 173.
64 Ibid. pág. 317.
65 Ibid. pág. 319.
66 Ibid. pág. 321.
67 Ibid. pág. 174.
68 Ibid. pág. 399.
76 Ibid. págs. 401 y 402.
77 Ibid. pág. 410.