1843 ... un año especial
Mientras que 1842 resultó ser un año yermo en publicaciones, 1843 supone otra de las etapas más fructífera del escritor.
Junto con la edición de Los españoles pintados por sí mismos, en la que colabora con tres artículos, comienzan a aparecer de modo irregular en El Sol, los escritos que más tarde se recopilarán como Bosquejo de un viaje a una provincia de interior.
Además de continuar en su trabajo como ayudante de la Biblioteca Nacional redacta la conclusión de El Señor de Bembibre y se la ofrece al editor Francisco de Paula Mellado.
Parece que el autor intenta recuperarse de los malos momentos pasados y esta intensa actividad le ayuda a hacerlo.
Estas publicaciones se verán incrementadas con la aparición de una nueva revista, El Laberinto, fundada por Antonio Flores.
Enrique Gil, que se encargará de tratar las manifestaciones artísticas y literarias más recientes, colaborará en ella desde su fundación en noviembre de 1843 hasta que se marche a Berlín en abril de 1844.
El mismo mes que inicia las colaboraciones Gil y Carrasco en esta revista, el mes de mayo, y tras la regencia de Espartero, Olózaga, sucediendo a López, presidirá un gabinete progresista de coalición (noviembre de 1843) después de la declaración de mayoría de edad de Isabel. Narváez, con el apoyo de los dirigentes moderados consigue que Olózaga sea destituido y González Bravo le sustituye en el gobierno apartando así del poder a los progresistas.
El gobierno de González Bravo fue breve (noviembre de 1843 - mayo de 1844). Esta presidencia del gobierno del que era su amigo, supuso un giro inesperado en la vida de Enrique Gil. Ya le hemos mencionado con anterioridad a González Bravo como uno de los integrantes de las tertulias del Parnasillo, del Liceo y como fundador de La legalidad, publicación para la que trabajó Gil.
Además de la buena amistad que había propiciado el pertenecer al mismo círculo socio-cultural, El presidente conservador era cuñado del gran amigo de Gil y Carrasco, el actor Julián Romea.
Su marcha a Berlín ...1844
El conocimiento y la confianza que le proporcionaban esta amistad con González Bravo, hizo que éste pensase en él como Secretario de Legación en Prusia.
Debía recorrer todos los estado alemanes y realizar diversos informes sobre al industria alemana para después remitirlos a España.
Las actividades que poco a poco fue realizando el escritor berciano en Berlín parecen afianzar la postura de que su misión en el país germano tenía que ver más con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Prusia, rotas desde 1836 y repuesta en 1848, poco tiempo después de la muerte de Gil, que con la redacción de "un informe sobre la industria prusiana".
Con el fin de prepararse adecuadamente para desempeñar su nuevo cargo abandona su puesto de trabajo en la Biblioteca Nacional el 29 de febrero de 1844. Sale de Madrid a principios de abril, pero hasta ese momento dedicará seis horas al día al aprendizaje del alemán, lengua que acabará dominando al igual que el francés y el inglés.
Visitará Valencia y Barcelona justo después de los pronunciamientos que harían abandonar el poder a González Bravo en favor de Narváez. Su intención era la de conocer de primera mano el desarrollo industrial que habían alcanzado estas provincias antes de emprender su viaje hacia Berlín.
Tras pasar dos semanas en Barcelona, decide dirigirse en barco a Francia para evitar la incomodidad de las postas.
El 20 de mayo embarca en El Fenicio rumbo a Marsella:
[…] Hemos llegado al 20 de mayo de 1844. En la rada de Barcelona Veo el Fenicio, elegante vapor francés de la carrera del Mediterráneo, pronto a hacerse a la mar para Marsella. Sobre cubierta te diviso en un religioso y profundo arrobamiento, clavados los ojos en aquella población, la última que miras de tu patria.[…] Como arrebatadas por un furioso torbellino pasan ante mi vista las ciudades que tú vas recorriendo con la de un viajero observador y profundo, cuanto lo permite el apresuramiento de tu marcha. Francia, Bélgica, Holanda, las orillas del Rhin y parte de Alemania me presentan sus más notables poblaciones… ¡Dios de misericordia! ¡He aquí el término de tu viaje, pobre peregrino!. Ya has llegado a Berlin.
Extranjero, pero confiando en la Providencia entras en esa gran capital donde nadie te conoce, el 24 de septiembre […]
Como nos señala su hermano Eugenio, el viaje de Barcelona a Berlín, además de durar prácticamente cuatro meses, sigue una ruta bastante amplia:
Marsella, Lyon, París, donde reside desde el 1 de junio hasta el 9 de agosto, Lille, Bruselas, Gante, Brujas, Ostende, Amberes, Rotterdam, La Haya, Amsterdam, el Valle del Rhin, Francfort, Hannover, Magdeburgo y Potsdam. Toda una gira turística sin demasiadas prisas, avalada por la necesidad de conocer el desarrollo de la industria de esta zona y poder reflejarlo en su informe.
Se da noticia de su marcha en la publicación en la que escribía, El Laberinto,
[…] Al terminar el señor D. Enrique Gil su artículo de Revista en el número 11 de este periódico, indicó que aquel sería el último que habría de escribir […] El que este artículo suscribe se complace en ser para tal objeto órgano de la redacción entera, y si no añade a estas breves frases de despedida y afecto mayor número de pomposos elogios es porque el buen nombre del señor Gil dice más que todos los panegíricos, y su reputación está harto bien sentada y extendida […] concluiremos diciendo que si el señor Gil cesa de escribir en nuestro periódico la sección que le estaba destinada, es porque se ausenta a un viaje por el extranjero que no podrá menos de reportarle al público mismo grande utilidad. […]
La buena relación que mantiene con el director de este periódico se evidencia en el hecho de que le remitirá desde Francia dos artículos que también serán publicados en El Laberinto y que significarán su adiós definitivo al periodismo.
De las andanzas de su viaje desde París a Berlín tenemos noticia gracias a su Diario. Sin tratarse de una obra preparada para su publicación, las notas que va tomando al azar expresan lo que más impresionaba al poeta. Gracias a ellas podemos dar fe de su gustos literarios (menciona en numerosas ocasiones a Fray Luis, Byron, Schiller, Goette,…) y artísticos, de las amistades que va forjando, de las dificultades que le ocasionan los medios de transporte, de las sensaciones que le producen los diferentes paisajes… :
Ya en Berlín, y gracias a la profunda amistad que trabará con el Barón de Humboldt, conocerá a lo más granado de la sociedad prusiana, entre ellos al Príncipe Carlos y a su esposa, a la que dará clases de español
Enrique Gil y Carrasco (1815-1846)