Enrique Gil y Carrasco [su vida]

Su adolescencia

En 1828 sus padres escogerían la fundación benedictina de Vega de Espinareda para que continuara sus estudios.

 

El Archivo de este monasterio se perdió en un incendio y el paso por él de Enrique Gil, sólo se conoce gracias al testimonio de su hermano en la biografía Un ensueño.

 

Sería la 1ª vez, que el escritor se aleja de su familia y tiene contacto directo con la férrea disciplina religiosa.

 

Su paso por el seminario

En 1829 sus padres van a internarle en el Seminario de Astorga, el centro educativo más prestigioso de la provincia. Allí viviría dos años.

Según indica el profesor Gullón:

 

[…] Al faltar centros de Secundaria se acudía al    Seminario, no sólo para realizar la carrera eclesiástica sino también para adquirir conocimientos generales, principalmente de humanidades. En la región fue costumbre acomodar a los jóvenes, siquiera por unos años, en las aulas del Seminario, conscientes de que allí se inculcaba a los alumnos el sentido del deber y sólidos hábitos de trabajo […]

 

Estudiosos de principios del siglo XX, sin embargo, apuntan este hecho como base para una posible vocación religiosa del poeta.

 

De nuevo existen escasos datos sobre este periodo de la vida de Gil y Carrasco.

 

En los libros del Seminario Astorgano, falta la hoja donde debiera figurar la reseña de su conducta y también el índice de sus calificaciones escolares, lo que no sucede con sus compañeros.

 

Hay una 1ª inscripción de Enrique Gil correspondiente a la fecha de su ingreso, el 18 de octubre de 1829.

 

En las listas de pruebas de curso figura el sexto entre siete alumnos en 1829-30 (alumno de Física; o sea 2º curso de Filosofía) y el octavo entre diez en 1830-31 (matriculando en Filosofía Moral y Metafísica, 3º de Filosofía).

 

Basándose en las normas de la época podemos imaginarnos así sus días de estudiante en Astorga:

 

 […] En este Seminario se impartían horas de clase y de trabajo bajo la adecuada vigilancia, alternando con los espacio de recreo y descanso, durante los cuales los alumnos paseaban a vivo andar por los claustros tratando de auyentar el frío. Las clases, el claustro y los dormitorios estaban en invierno a bajísimas temperaturas. […] la vida en el Seminario estaba sujeta a una minuciosa regla; desde octubre hasta el 18 de junio, los colegiales se levantaban a las 6 de la mañana y disponían de media hora de misa y en seguida desayunaban. Por la mañana, clase y estudios; a mediodía, la comida, durante la cual algún alumno leía "con pausa y sentido" trozos de una obra escogida por el Superior. A la una tocaban silencio y los escolares se retiraban a sus cuartos hasta la hora de la cátedra. Después, salida o recreo dentro de los muros; al anochecer vela, reposo, oración y lección espiritual. A las nueve cenaban y a las diez se acostaban […] Estaban prohibidos a los seminaristas tabaco, naipes, vinos y licores, instrumentos musicales, comedias o novelas. Se castigaban con severidad las opiniones políticas o religiosas discrepantes de la más pura ortodoxia. Las faltas menos graves podían dar lugar a privaciones de paseo, comida, barrer la capilla y hasta reclusión a pan y agua; para los insubordinados, rebeldes y reincidentes el máximo castigo: la expulsión […]

 

Abandona el seminario al terminar el curso de 1831.

 

Estudia leyes en Valladolid

Se decide que comience la Licenciatura en Leyes en Valladolid.

 

Aparece matriculado en dicha Universidad como alumno de 2º curso en el año 1832. Durante su primer curso no podría acudir a clase, ya que un Real Decreto de 1830 de Fernando VII ordenó el cierre de las Universidades españolas.

 

La apertura de las Universidades permitió que Enrique Gil continuase sus estudios.

 

Se desconocen datos concretos sobre la vida universitaria del escritor en Valladolid (1831-1836) pero se señala prácticamente como seguro que allí conoció y trató a Joaquín del Pino, a José Mª Ulloa y a Miguel de los Santos Álvarez.

 

También es bastante posible que se relacionara con otros compañeros de universidad como José Grijalba, Jerónimo Morán, Buenaventura García Escobar, Manuel de Assas o José Zorrilla.

 

En esta ciudad tuvo contacto con el teatro por primera vez, pero, a excepción de una obra que el autor menciona en la Revista de la Quincena, La niña mal guardada, se desconocen las representaciones a las que asistió.

 

Enrique Gil y Carrasco (1815-1846)

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