Enrique Gil y Carrasco [su vida]

Su juventud

La leva de 100.000 hombres para ganar la guerra contra los carlistas hace que Enrique Gil y Carrasco, en 1835 se vea obligado a abandonar la Universidad por un breve espacio de tiempo. Tras la movilización ordenada por Mendizábal de todos los hombres de dieciocho a cuarenta años, en el sorteo que se realiza, Enrique Gil saca un mal número y está obligado a seguir al ejército cristino, siendo soldado durante dos meses.

 

Después se reincorporará, en diciembre de 1835, a sus estudios universitarios.

 

Una vez más podemos comprobar como sus ideas y las su familia están a favor de la reina regente y de su hija Isabel.

 

Mientras que realizaba sus estudios de derecho en Valladolid, interrumpidos por las exigencias históricas del país, Enrique Gil pasó habitualmente los veranos en Ponferrada.

 

Con toda seguridad, realizó en aquella época numerosas excursiones por El Bierzo que le aportarían las ideas necesarias para gestar sus artículos de costumbres o sus novelas. Allí, haciéndoles partícipes de las novedosas ideas que conocía en la universidad, se forjan sus amistades con Guillermo Balvina y posiblemente con su hermana Juana, la hasta ahora identificada como la musa de los primeros escritos del poeta berciano.

 

Su traslado a Madrid

Enrique Gil decide proseguir sus estudios en Madrid (consta en el libro de matrículas de 1836-1837, matriculado en 6º de Derecho).

 

 

Por si la situación no fuese lo suficientemente complicada, en 1836, a causa de la guerra civil, El Bierzo vuelve convertirse en escenario de batallas; en la zona se defienden los derechos al trono de Isabel II.

 

Resulta sorprendente este traslado a Madrid porque por primera vez el autor contradice los deseos de su padre.

 

Su hermano Eugenio en el prólogo a sus Poesías líricas, apunta lo siguiente:

 

[…] La escena cambia, pues en este momento paseas por los claustros de la Universidad de Valladolid

 

(e) pero ¡ay hermano mío! oeste cristal se empaña, o la tempestad de que antes hablabas ha descargado ya, según es melancólica la nube que oscurece tu frente. ¡Lo último era verdad! Has llegado a Madrid. Pero ¡cuán solo, cuán triste y desconocido! Quince meses de nuevas angustias, después de seis años de lágrimas, han desarrollado en tu generoso, impresionable corazón, el germen de la melancolía que será hasta la muerte el distintivo de tu carácter pensador y profundo. Si Dios no te envía una gota de rocío, ¿qué será de ti, pobre lirio de veintiún años?

 

(e) En esta universidad empezó la carrera de leyes; pero desgracias imprevistas pusieron repetidos estorbos a los prosecución de su estudios, al paso que disminuyeron considerablemente las facultades de su familia. Por fin los terminó en Madrid, recibiéndose de abogado en 1839;[…]

 

Eugenio Gil no indica en ningún momento las razones por las que su hermano decide un cambio en la Universidad, pero si hace alusión a desgracias imprevistas, quizá se esté refiriendo a la leva de Mendizábal, y a la disminución de facultades de su familia, lo que impedían llevar su estudios a cabo.

 

Su marcha a Madrid no podía más que desagradar a su progenitor pues la situación en la corte no indicaba más que peligros. El enfado suscitado entre padre e hijo queda patente en la despedida del poeta:

 

[…] Al otro día un solo amigo le acompañó en su amargo viaje, y al apretarle contra su corazón le dijo: ¡Adiós y quizá para siempre!..., ¿Quién sabe si este abrazo te envenena? Mi presencia daba antes la dicha y la alegría...pero hoy sólo la muerte puede dar. El amigo se alejó con los ojos anublados. ¡La predicción se ha cumplido! ¡Aquel amigo duerme hace un año entre los muertos![…].

 

Lamentablemente no se produce una reconciliación antes de la muerte de D. Juan Gil: Su padre fallece en Ponferrada el 18 de septiembre de 1837.

 

Su cargo de Administrador de Rentas Reales, de carácter hereditario, debería haberse transmitido a su primogénito, Enrique. Éste no viene a la villa ni para el entierro de su progenitor, ni para hablar con la familia y decidir qué hacer ante la nueva situación económica en la que se encontraban.

 

Será su hermano Eugenio el que pase a ostentar el cargo de Administrador de Rentas.

 

Sus nuevos amigos en Madrid

La vida que le espera a Gil y Carrasco en Madrid es muy diferente a la que él estaba acostumbrado a   frecuentar. Sólo las nuevas amistades, casi todos de ellos liberales, harán que su estancia en la capital comience a ser más agradable, tras unos principios difíciles y complicados.

 

No se dará a conocer entre sus compañeros literatos hasta que su amigo Espronceda, lea en el Liceo, en diciembre de 1837 (el 7 ó el 14) su composición Una gota de rocío.

 

Resultó ser bastante rápida la introducción en los círculos literarios de Enrique Gil, puesto que es      sabido que asiste al entierro de Larra como un miembro más del Parnasillo.

 

Uno de sus compañeros de Valladolid, José Zorrilla, se dio a conocer en ese entierro, leyendo una elegía compuesta al malogrado Larra.

 

Su asistencia habitual al café del Príncipe, el llamado "Parnasillo", hará de este local uno de los lugares que más determinará su existencia.

 

Encontramos una muy buena descripción del café y de la gente que lo frecuentaba en las palabras de D. Ramón Mesonero Romanos:

 

[…] De todos los cafés existentes en Madrid por los años 1830 y 31, el más destartalado, sombrío y solitario era, sin duda alguna, el que, situado en la planta baja de la casita contigua al teatro del Príncipe […] Pues bien, a pesar de todas estas condiciones negativas, y tal vez a causa de ellas mismas, este miserable tugurio, sombrío y desierto, llamó la atención y obtuvo la preferencia de los jóvenes poetas, literatos, artistas y aficionados […]

 

¿Quién había de predecir, sin embargo, entonces que, andando el tiempo y verificadas las transformaciones políticas, aquella modesta reunión, reforzada por nuevos ingenios tan valiosos como Hartzenbusch, García Gutiérrez, Zorrilla, Roca de Togores, Campoamor, Rubí, Lafuente, Tassara, Bermúdez de Castro, Ros de Olano, los hermanos Asquerino, Vedia,     

 

Enrique Gil y Cayetano Cortés sería también favorecida con la presencia de los grandes oradores, de los encumbrados políticos Caballero, Olózaga, González Bravo, Sartorius, Pacheco, Pérez Hernández, López (don Joaquín), Bravo Murillo, Moreno López y Donoso Cortés […] y, sin embargo, todo esto sucedió, reconcentrándose en aquellas estrechas paredes lo más vital de nuestra sociedad, hasta que, rebasando sus límites, partió de ellas el rayo luminoso que había de cambiar por completo la faz de nuestra vida intelectual. De allí, de aquel modesto tugurio, salió la renovación o el renacimiento de nuestro teatro moderno; de allí surgieron el importantísimo Ateneo científico; de allí el brillante Liceo artístico, el Instituto, y otras varias agrupaciones literarias; de allí la renovación de las academias, de la cátedra y de la prensa periódica; de allí los oradores parlamentarios y los fogosos tribunos, que promovieron, en fin, una completa transformación social.

 

Este movimiento en nuestra cultura, que se desarrolló en el período de 1835 al 40, merece seguramente, y lo tendrá, un capítulo especial.

 

Por ahora sólo me cumple señalar en éste su origen, iniciado en la modesta y hoy silenciosa y olvidada sala del Café del Príncipe.

 

En el café del Príncipe, Enrique Gil se codea con los personajes más relevantes de la época y con los que, en un futuro, llevarán las riendas culturales y políticas españolas.

 

Sus inicios como escritor y periodista.

Tras comenzar su singladura como poeta publicando en El Español y en No me olvides, se convertirá en un escritor asiduo de El Correo Nacional.

 

En este periódico, dirigido por Andrés Borrego, Gil y Carrasco escribió un total de 9 poesías y un cuento fantástico durante 1838.

 

A la vez, también publicaba su obra en verso durante el mismo año en el Liceo Artístico y Literario y en El Semanario Pintoresco Español.

 

Será durante los últimos meses de 1838 cuando inicie su destacada trayectoria como crítico teatral en el periódico de Andrés Borrego, periodo más fructífero del autor como periodista, y que se dilatará hasta agosto de 1839 .

 

Los artículos de Gil, además de tratarse de acertadas críticas teatrales, parecen ser el medio de difusión de las ideas y los intereses de los integrantes de la antigua tertulia del café Del Príncipe. De aquel núcleo de jóvenes con inquietudes se generarán los diferentes lugares de reunión en los años siguientes. Entre sus miembros se gesta una relación de simbiosis, empezando a reflejarse su transcendencia en la vida cultural del país.

 

Enrique Gil comienza su trayectoria en El Correo Nacional como poeta y la continúa como articulista.

 

Sigue el mismo proceder en El Semanario Pintoresco Español. En el Semanario dirigido por Mesonero Romanos, se publican artículos del escritor berciano, desde febrero de 1839 hasta noviembre de ese mismo año.

 

En 1839 también verán la luz sus poesías en el propio Semanario Pintoresco Español, en La Legalidad de González Bravo, en El Entreacto y en El Piloto.

Enrique Gil y Carrasco (1815-1846)

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