
me llevó a reconsiderar muchas de mis posturas
existenciales y a revisar mis lecturas del Evangelio.
A mi esposa, Reme, de quien aprendí, sobre todo,
a buscar la felicidad en las cosas pequeñas de la vida
e impidió que me perdiera en disquisiciones
místicas y filosóficas alejadas de la realidad vivencial
de todos nosotros
El Síndrome de Gilles de la Tourette a la luz del Evangelio de Jesucristo
Ø Introducción
Ø Generalidades sobre el Síndrome de Gilles de la Tourette
§ Descripción de la enfermedad
§ Trastornos asociados y sus descripciones
§ Tratamientos farmacológicos más generalizados
§ Tratamientos socio-psicológicos apropiados
§ Repercusiones sociales para el afectado
§ Enfermedad física con manifestaciones psiquiátricas
Ø Aproximación histórica del Síndrome en el Evangelio
§ La situación de enfermedad en el Evangelio
§ El Síndrome de Tourette en el Evangelio
Ø Afrontamiento del Síndrome desde las enseñanzas de Cristo
§ Desde la perspectiva de una situación de enfermedad
§ Desde la perspectiva de la marginación
§ Referencias
Ø Glosario de términos y conceptos
INTRODUCCIÓN
Cualquier situación de enfermedad conlleva, para el paciente y su entorno afectivo, multitud de sensaciones de negatividad que le apartan y alejan de las perspectivas normalizadas de afrontamiento de su situación existencial.
El impacto de una situación de disminución física con respecto a los demás, genera una situación traumática que le obliga a un replanteamiento de su realidad, siempre desde una situación de debilidad.
Si la situación patológica, además, se encuadra dentro de las categorías denominadas "raras" por las autoridades sanitarias, se presenta un añadido de factores inmovilizantes para su afrontamiento:
- retraso diagnóstico,
- desconocimiento técnico,
- tratamiento deficiente,
- carencias estructurales en los sistemas sanitarios.
En el caso del Síndrome de Gilles de la Tourette, especialmente a causa de la comorbilidad que suele ir aparejada, además de todo lo anterior, nos encontramos con situaciones graves de marginación social y exclusión de los círculos relacionales normalizados, como explicaremos más adelante.
Uno de los primeros puntos adversos con que debemos enfrentarnos al conocer el diagnóstico de Tourette, por su característica de enfermedad "rara", es nuestra propia ignorancia sobre la enfermedad, sus síntomas, su tratamiento, su duración, la gravedad que la acompaña, su etiología, etc.
La extravagancia de algunas de sus muestras nos produce confusión y rechazo hacia la posibilidad racional de que lo que estamos presenciando esté generado por una patología involuntaria, en lugar de comportamientos caprichosos o defectos formativos.
La dificultad en asumir acciones y conductas tan contrarias a las costumbres y normas sociales nos conducen a situaciones de incredulidad y desesperanza; y todos, en algún momento de nuestra relación con el Tourette nos hemos hecho dos preguntas básicas:
- ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? (o a la persona querida)
- ¿No estaré presenciando una posesión diabólica?
Todas las enfermedades, como decía al principio, conllevan un componente de dificultad para su asunción como realidad existencial de la persona, pero el conocimiento empírico de una buena parte de ellas, conducen a nuestra racionalidad a una mejor interiorización de su presencia en nuestras historias.
Esto no es diferente en nuestro caso, salvo que, a priori, nuestra patología carece de la divulgación precisa y común en otras enfermedades. Por lo tanto, la pasmación y la angustia se apodera de nosotros cuando somos informados de su presencia en nuestras vidas y ello da origen a las dos preguntas citadas anteriormente.
La primera de ellas es común también al resto de patologías y tiene su fundamento en un mecanismo defensivo elemental, pero carente de apoyos racionales y alejado de lo que, en teoría, habría de constituir los fundamentos del creyente.
Este mecanismo defensivo nos lleva, en determinados momentos de angustia y desesperación, a alzar los ojos en plegaria buscando, fuera de nosotros (en Dios), la salida a una situación que supera nuestras previsiones y que nos gustaría alejar de nosotros.
La incongruencia del creyente le lleva a bucear en su pasado tratando de buscar razones que justifiquen el que, una carga como la que supone la enfermedad, haya recaído sobre sus hombros, como si de un castigo divino se tratara a causa de supuestos pecados cometidos en el pasado.
Ello no supone otra cosa que buscar en el exterior lo que sólo radica en nuestra esencia: Ninguna enfermedad se constituye en castigo del Padre sobre sus hijos por los pecados cometidos, porque el castigo del pecador es su propio alejamiento de Dios, mientras que la enfermedad (como la propia muerte) sólo es una consecuencia de nuestro carácter de criaturas creadas, finitas y limitadas y, por lo tanto, incompletas. O bien, una derivación directa de nuestros hábitos indebidos y contrarios a la luz natural.
Esa búsqueda de respuestas en Dios sobre nuestras miserias tiene su principio en el origen del dolor como explicitación personal del mal y la derivación interesada del concepto de creador en la persona de Dios: Puesto que Dios es creador de todas las cosas, también lo es del mal y debo buscar alguna razón para que ese mal se haya canalizado hacia mi persona por Él.
Esta reflexión no pasa de ser un ejercicio de prepotencia y soberbia similar al de Adán en el paraíso tratando de justificar su desobediencia a las indicaciones de Dios al considerarse imbuido a ella por la seducción y sugerencia de Eva.
Como creyentes, seamos más humildes y realistas y busquemos, si es que cabe, las razones para nuestro dolor en nosotros mismos, sin tratar de escapar de nuestras limitaciones y carencias, buscando agentes externos que nos lo impongan. Puesto que el mal y el dolor sólo constituyen una idea subjetiva, sometida a la apreciación del pensamiento humano, y la enfermedad es una consecuencia natural de determinadas circunstancias, también naturales, fruto de nuestra propia constitución finita o de nuestras acciones inadecuadas.
La segunda pregunta tiene un mayor apoyo en las tradiciones bíblicas y, si bien queda claro por la descripción de la enfermedad que haremos más adelante, que el Síndrome de Tourette no conlleva ninguna intervención de persona o ente alguno ajeno al propio afectado y sus ancestros, durante largo tiempo, incluso para los propios descubridores del Síndrome, el afectado era considerado como un poseso y, en ocasiones, sometido a ritos exorcistas, tan inútiles como ineficaces.
Como seguidor de Cristo, y desde mi personal óptica, el Evangelio se constituye como una guía vivencial en la que siempre trato de buscar, y normalmente encuentro, respuestas a los interrogantes existenciales que me acucian, pero, es menester mencionar aquí que nunca, al menos intencionadamente, utilizo la Palabra de Dios como una muletilla o apoyo suplementario para caminar por la vida. Creo que sería un error y se conformaría como una suerte de superchería o fetiche alejado de la verdadera intencionalidad de la predicación del Nazareno.
Llevo varios años estudiando, con los escasos medios materiales e intelectuales de que dispongo, La Biblia y, especialmente, el Evangelio porque creo que su contenido es tan sublime y útil que todos los creyentes deberíamos profundizar más en sus significados y mensajes, si es que, realmente, deseamos considerarnos cristianos de hecho y no sólo de número, pero esa es otra cuestión que nos alejaría del cometido actual.
A lo largo de estos años he podido constatar que una buena parte de los textos canónicos no se corresponde con la realidad histórica de Jesús de Nazaret y que muchas de las palabras puestas en su boca por los evangelistas, posiblemente nunca fueron pronunciadas por Él, sino que corresponden a tradiciones orales primitivas que son aprovechadas por los hagiógrafos.
Sin embargo, siempre he mantenido que, a pesar de estas disfunciones historicistas, el Evangelio, no es un mero texto ético, un catálogo de comportamientos moralistas, o una reflexión de otro filósofo acerca de la vida, los hombres y Dios, sino que, realmente, estos textos constituyen la Palabra de Dios, como expresión de lo que en la cultura hebrea suponía la palabra: la esencia de quien la emite.
Desde esa consideración, por tanto, me acerco a la Palabra de Dios, aun siendo consciente de que algunos de sus contenidos no responden a realidades históricas ciertas, pero no dejan de tener el valor de ser manifestaciones reveladas por el Espíritu para ser transmitidas al resto de la humanidad.
Prepotente e iluso sería por mi parte, si tratase de imitar a Cristo en sus comportamientos y actitudes, pero sí intento adecuar sus predicaciones y enseñanzas a mi realidad cotidiana, porque si no puedo cambiar mi realidad, sí puedo, al menos, verla a través del amor que emana de Jesús. Y ello cambia sustancialmente las perspectivas a que debo enfrentarme.
Este es el propósito de este trabajo. No tanto aportar alternativas o soluciones a los afectados de Tourette (o cualquier enfermedad), como transmitirles la esperanza de que, desde Cristo, el dolor de la postración puede tener otros significados distintos de la negatividad que le son inherentes.
Con objeto de hacer asequible este trabajo a cualquier lector interesado al margen de su preparación cultural, he procurado utilizar un lenguaje alejado de tecnicismos y próximo al idioma de la calle.
Que le sirva, o no, a algún lector, sólo el tiempo lo dirá, pero, con toda seguridad, ha tenido una utilidad balsámica para mí mismo, puesto que ha devenido en un recipiente en el que he vertido mis propias inquietudes y métodos para afrontar nuestra realidad.
Lo que sí tengo interés en dejar claro es que nunca ha estado en mi voluntad confeccionar un discurso moralista o sermón, sino solamente un prisma para afrontar el Síndrome desde el Evangelio, lógicamente a partir de mis propias percepciones.
Jorge Martín-Aragón
Marzo 2003
Generalidades sobre el Síndrome de Gilles de la Tourette
Como soy consciente de que no todos los lectores están en el conocimiento, siquiera somero, de lo que es y representa, como patología, el Síndrome de Gilles de la Tourette, este capítulo está dedicado a proporcionar un repaso sucinto sobre lo que conceptualizamos como Síndrome de Tourette.
Puesto que quien esto escribe no es médico ni profesional de la medicina o la psicología en ninguna de sus variantes, este repaso está constituido por informaciones técnicas recogidas en diversos medios, complementada por mis propias aportaciones que ya han sido divulgadas en formas diferentes, aunque, fundamentalmente, y ya que la descripción de la enfermedad es un concepto relativamente objetivo, las fuentes principales las constituyen el resumen de las 1as. Jornadas Informativas sobre el Síndrome de Gilles de la Tourette y Trastornos Asociados, auspiciadas por la Asociación Madrileña de Pacientes con Síndrome de Tourette y Trastornos Asociados (A.M.P.A.S.T.T.A.), celebradas entre enero y febrero de 2001 en la localidad madrileña de Móstoles (España), publicadas en el Boletín nº 1 de dicha Asociación, así como parte de mi Ponencia presentada al 1er. Congreso Nacional sobre el Síndrome de Gilles de la Tourette, celebrado en Córdoba (España), los días 13 y 14 de septiembre de 2002.
Descripción de la enfermedad
DEFINICION
Para la definición general del Síndrome, tomaremos la incluida en el trabajo publicado en Internet por el Dr. Fernando Ferreira, Residencia de Medicina de Familia. Hospital Regional Enrique Vera Barros(Rioja, Argentina).
“El síndrome de Gilles de la Tourette (TS) es un trastorno neurológico heredado que se caracteriza por movimientos involuntarios repetidos y sonidos vocales (fónicos) incontrolables e involuntarios que se llaman tics.
En algunos casos, tales tics incluyen palabras y frases inapropiadas.
Esta enfermedad también ha tenido diferentes nombres o sinónimos como:
· Tics Crónicos Múltiples.
· Gilles de la Tourette, Síndrome de
· Síndrome de Espasmos Habituales.
· Paulitis.
· Tic Motor Crónico.
· Tourette, Síndrome de
El trastorno lleva el nombre del médico Dr. Georges Gilles de la Tourette, quien fue uno de los alumnos favoritos de Charcot. Trabajó en Salpêtrière en los estudios de nuevas técnicas terapéuticas tales como suspensión, vibración e hipnoterapia.
Los logros más substanciales de Gilles de la Tourette estaban en el estudio de la histeria y de las ramificaciones medico-legales del hipnotismo. Era un hombre dinámico, apasionado, abierto, reflejó sus propias obligaciones, así como los intereses de sus jefes queridos Brouardel y Charcot.
Georges Gilles de la Tourette paradójicamente, por su comportamiento perturbado, en 1902 hizo necesario su retiro del ámbito profesional, y su internación, muriendo en un hospital mental en Lausanne en junio de 1904.
Este neurólogo pionero francés describió en la Literatura Medica, y en los anales de la psiquiatría, el primer caso en el año 1875. En este describe a una mujer de la nobleza francesa de 86 años de edad llamada Marquesa de Dampierre (conocida por sus exquisitos modales), cuyos síntomas incluían los tics involuntarios en muchas partes de su cuerpo y varias vocalizaciones incluyendo coprolalia y ecolalia; [.... cambiaba bruscamente su comportamiento cívico; delante de los invitados y la servidumbre comenzaba a ladrar como un perro, a maullar, a insultar a sus contertulios o decir obscenidades. La noble dama parecía poseída por el diablo, anfitriona de un salón literario donde frecuentemente se reunían, solía incurrir en movimientos y contusiones bruscas, acompañados de palabras soeces impropias de su alto rango]...."
Sesenta años después, este neurólogo francés y discípulo de Charcot, revisó este caso y agregó el de otros pacientes más. En su original descripción del síndrome, destaca la tríada que incluye:
· Múltiples tics
· Ecolalia (repetición de palabras o frases de otros).
· Coprolalia.
Consciente o no, lo concreto es que personajes tan célebres como Napoleón, Moliere, Pedro el Grande, Samuel Johnson, Mozart (quien, además de sus tics motores, escribía garabatos, lo que se conoce como coprografia) y el escritor francés André Malraux tuvieron que convivir con sus tics.”
Síndrome: Conjunto de signos y síntomas, siendo los signos manifestaciones objetivas y los síntomas apreciaciones subjetivas de las mismas.
En el caso del ST, se consideran signos del mismo los tics.
Signos (tics)
Definición y Características de los tics:
- Son movimientos o sonidos involuntarios, repetitivos, y breves.
- Suelen tener una sensación premonitoria (por ejemplo quemazón en los ojos antes de parpadear).
- Existe una sensación de alivio tras la realización de los tics.
- Pueden ser suprimidos por un espacio variable de tiempo.
- Son variables. Pueden existir remisiones parciales o exacerbaciones del cuadro de forma fluctuante.
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Tics Motores Simples |
Tics Motores Complejos |
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Parpadeo o guiño de los ojos |
Golpearse a sí mismo |
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Sacudidas verticales |
Saltar |
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Sacudidas horizontales de la cabeza |
Copropaxia |
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Encogimiento de hombros |
Tocarse a sí mismo |
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Tic de todo el brazo |
Tocar a otros |
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Muecas faciales |
Olerse las manos |
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Abrir la boca |
Olfatear objetos |
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Tic de la mano |
Ecopraxia o ecocinesis |
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Tic de toda la pierna |
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Tic de todo el torso |
Tics fónicos simples |
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Tic del abdomen |
Aclararse la garganta |
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Tic del brazo |
Gruñir |
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Tic del antebrazo |
Sorber por la nariz |
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Tic de los labios |
Chillar |
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Sacar la lengua |
Toser |
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Contracción de la nariz |
Gritar |
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Tic del pie |
Bufar |
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Contracción de la frente |
Ladrar |
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Tic del tórax |
Zumbar |
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Tic del muslo |
Escupir |
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Silbar o sisear |
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Tics fónicos complejos: |
Chasquear |
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Coprolalia |
Acentuar palabras |
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Ecolalia |
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Palilalia |
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Diagnostico del ST
De acuerdo con las guías presentadas por el Tourette Síndrome Study Group (1993), para realizar el diagnóstico de ST, se requieren las siguientes características:
· La presencia de tics motores y vocales, que no son atribuibles a otras condiciones médicas, y son observados por el médico.
· Deben estar presentes durante al menos 1 año.
· Los síntomas empiezan antes de los 21 años.
· Existen cambios con respecto a la severidad, frecuencia y distribución anatómica.
Presentación histórica de los tics y su investigación:
Tic = galicismo tomado del italiano “ticquio” = CAPRICHO.
Como hemos citado antes, en el siglo XIX, el médico Gilles de la Tourette define los tics como trastornos del movimiento, alejándolos del componente caprichoso. El mismo médico comienza a identificar dicho trastorno con componentes hereditarios.
En el siglo XX se intenta dar una explicación psíquica a los tics, marginando el componente biológico.
Aunque existen pocos estudios en cerebros humanos, se han encontrado alteraciones en diferentes neurotransmisores (1990). El principal neurotransmisor implicado es la dopamina, con un aumento de su actividad secundaria y un acrecentamiento de la inervación dopaminérgica en ciertas estructuras cerebrales, como son los ganglios basales (encargados de coordinar los movimientos) y el sistema límbico (responsable en parte de la conducta y emociones humanas). Otros neurotransmisores implicados serían: la serotonina y la adrenalina.
A partir de este momento, para referirse a los tics, se abandona el concepto de “caprichoso” y se adopta el de inevitabilidad.
En los años 90 se retoma la investigación genética y aunque hasta la fecha actual no se ha podido identificar el gen responsable, se cree que existe más de uno implicado en la transmisión hereditaria del ST, por lo tanto se trata de una herencia poligénica.
Factores coadyuvantes a los tics:
La aparición de los tics no obedece exclusivamente a factores genéticos, sino que es necesaria la confluencia de los factores “Epigenéticos” (moduladores de los factores genéticos) y “Ambientales”.
Embarazo mal alimentado o ingestión de fármacos inadecuados
Acción de andrógenos
Problemas durante el parto
Sexo de los padres: los padres suelen transmitir los tics, y las madres el trastorno obsesivo-compulsivo.
Factores Ambientales
Situación social complicada
Circunstancias familiares (abandonos, exigencias extremas, etc.)
TRASTORNOS ASOCIADOS (Síntomas)
Si bien, más adelante entraremos con más detalle en ellos, conviene que reflejemos aquí algunas definiciones breves sobre algunos de ellos.
Aunque la presencia de alteraciones neuropsiquiátricas y conductuales no son necesarias para el diagnóstico de ST, suelen estar frecuentemente asociadas. Por tanto, además de los tics, en muchos casos de afectados por el ST, se presentan cuadros de acciones, omisiones o reacciones ante situaciones cotidianas o límites que suponen un desajuste con lo considerado socialmente normal (comorbilidad). A este conjunto de síntomas se le denomina Trastornos. En una buena parte de los afectados, estos trastornos revisten mayor importancia y gravedad que los propios tics.
Se cree que forman parte de un espectro clínico y genético donde ciertos individuos pueden expresar solo tics, y otros, tics y trastornos asociados.
Tipos de trastornos asociados al ST
Trastorno Obsesivo Compulsivo
Obsesiones: pensamientos y/o imágenes que acuden a la mente sin voluntariedad
Compulsión: comportamientos que se realizan involuntariamente para evitar el miedo a la obsesión
Déficit de atención
Problemas de aprendizaje
Dificultad para asumir los sistemas docentes estandarizados
Dificultades para el control de impulsos y agresividad
Imposibilidad de controlar impulsos
Conductas autolesivas
Auto agresiones que pueden ir desde leves a graves, con lesiones importantes en diversas partes del cuerpo, especialmente en la cabeza y las extremidades
Falta de autoestima
No es un síntoma en sí mismo, sino una consecuencia de la problemática asociada al ST.
Aspectos clínicos y farmacológicos
La prevalencia observada para el ST se encuentra entre 1’2 y 4%, siendo mayor en hombres que en mujeres. En aquellos resaltan más los tics (imposibilidad de suprimir movimientos involuntarios), mientras que en las mujeres son más acentuados los “Trastornos Asociados”.
Todavía no se conoce la etiología (causa) del ST. Diferentes estudios han encontrado alteraciones morfológicas, funcionales, e inmunológicas.
Alteraciones encontradas en el ST
Neuroanatomía
Pérdida de la asimetría en ganglios de base y afectación del cuerpo calloso (se identifica mediante estudios volumétricos con resonancia magnética cerebral)
Neuroimagen funcional
SPECT y PET: evaluación del funcionamiento del circuito subcortical (alteración de las estructuras de control del movimiento)
Neurotransmisores
Alteraciones en los siguientes neurotransmisores: dopamina (tics), Serotonina (Trastorno Obsesivo Compulsivo), Noradrenalina (Déficit de atención)
Genética
Herencia poligénica probable.
Inmunológico
Anticuerpos contra el Streptococcus A beta-hemolítico, que dañan los ganglios basales.
Diagnostico:
El diagnostico del ST se realiza sobre la base de los criterios diagnósticos explicados anteriormente, y se fundan, por tanto, en la historia clínica y exploraciones complementarias. No existe indicación para realizar pruebas complementarias, salvo en aquellos casos donde la exploración neurológica o historia hagan sospechar de otra etiología que puedan explicar el ST (ST secundario).
Existen diferentes escalas usadas para medir la severidad de los tics
Escalas usadas
Rush Video-Based Rating Scale
Filiación del paciente. La medición de los tics se realiza sobre la base de la distribución anatómica y complejidad.
Yale Global Tics Severity Scale
Basada en la distribución, frecuencia y complejidad de los tics según el
paciente y el examinador.
Diagnóstico Diferencial
No todo paciente con tics tiene el ST. Existen otras entidades médicas que pueden presentar tics como parte de su sintomatología. Se habla de diagnóstico diferencial cuando el paciente presenta signos o síntomas, normalmente encuadrados en el ST, pero que provienen de otras patologías. En estos casos, denominamos a estas patologías como "Tourette Secundario".
Tourette Secundario (Tics asociados a otras patologías)
v Tóxicos y drogas: cocaína, anfetaminas, monóxido de carbono
v Enfermedades hereditarias: enfermedad de Huntington, neuroacantocitosis, enfermedad de Wilson, etc.
v Infecciones: encefalitis, corea de Sydenham, neurosifilis, etc.
v Fármacos: levodopa, carbamacepina, lamotrigina, fenobarbital, etc.
v Trastornos propios del desarrollo: retraso mental, autismo, etc.
v Alteraciones cromosómicas: Síndrome de Down, etc.
v Otros: traumatismo craneoencefálico, infartos cerebrales, esquizofrenia.
Tratamientos
Antes de incidir en el desarrollo de las diferentes opciones terapéuticas, se hace necesario realizar algunas precisiones:
· No existe un tratamiento curativo que erradique completamente todos los síntomas del ST. Solamente son herramientas que nos ayudan mejorar sintomáticamente los tics y trastornos asociados, y ofrecer una mejor calidad de vida.
· Es un trastorno generalmente benigno con un pronostico excelente. Aproximadamente en el 90% de los casos, los tics mejoran claramente al llegar a la edad adulta. Sólo un porcentaje pequeño de los pacientes, especialmente durante la adolescencia, y aquellos que se acompañan de trastornos asociados, requieren tratamiento.
· Se cree que esta mejora tan importante de los tics al llegar a la edad adulta se debe a una maduración cerebral o a una mejor supresión.
· El pronóstico a largo plazo de los trastornos asociados es más incierto.
· No todo paciente con tics requiere tratamiento. Son candidatos a tratamiento aquellos pacientes en los que su sintomatología produce una importante repercusión funcional en el ámbito personal, laboral o social.
· Es importante la educación del paciente, familia y entorno escolar o laboral. La mejor compresión del ST hará que mejore radicalmente el rechazo social y laboral que frecuentemente se produce, y una mejor adecuación del entorno que le rodea.
· Una vez tomada la decisión de que el paciente necesita tratamiento, debemos:
Primer paso: Identificar el síntoma diana que más afecta funcionalmente al paciente.
Por ejemplo una consecuencia de la problemática asociada al ST es el fracaso escolar. Debemos identificar cual es el síntoma, o síntomas, que conllevan al fracaso escolar (déficit de atención, presencia de tics que interrumpen el desarrollo normal de tareas escolares, síntomas obsesivos, etc.).
Es importante el diagnóstico correcto, porque muchas veces requieren abordajes terapéuticos diferentes.
Segundo paso: Decidir el tipo de tratamiento necesario.
Existen tratamientos no farmacológicos o farmacológicos, que pueden aconsejarse separada o conjuntamente.
Tratamientos no farmacológicos
- A través de la educación de los padres y cuidadores.
- Reforzar técnicas de supresión, siempre que ello no genere estrés.
- Adoptar técnicas de relajación y autocontrol.
- Adecuación del entorno laboral y escolar, evitando situaciones límite de cansancio, saturación y agobio, procurando intercalar períodos de descanso en la actividad y habilitar un espacio donde puedan darse rienda suelta y libre a los tics.
Tratamientos farmacológicos
Neurolépticos: fármacos de elección. Tienen una acción antidopaminérgica. Algunos de ellos son; pimozide, haloperidol, flufenazina, etc. Pueden tener como principales efectos secundarios la aparición de discinesias tardías (trastornos del movimiento que aparecen durante o después de la administración de neurolépticos). Neurolépticos atípicos (raramente pueden producir discinesias tardías) como: risperidona, clozapina, etc. Existen también otros fármacos antidopaminérgicos como son la tetrabenazina y reserpina.
Agonistas Dopaminérgicos: Son compuestos que en dosis pequeñas inhiben la liberación de dopamina.
Fármacos anti TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo): Se utilizan para aquellos casos donde es difícil diferenciar un tic de una compulsión. Serían los inhibidores de la recaptación de la serotonina (IRS): fluoxetina, paroxetina, o antidepresivos tricíclicos como: imipramina, desipramina. A veces se usa la combinación de IRS + neurolépticos
Clonidina: tiene una acción débil sobre los tics.
Toxina botulínica: Realiza un efecto a nivel local debilitando el músculo. Su acción dura 3 meses.
Anticolinesterásicos: Son compuestos normalmente utilizados para trastornos de memoria. Existen algunas evidencias de que podrían mejorar los tics y déficit de atención.
Cannabinoides: Su implementación está aún en estudio, pero parece desprenderse de la observación actual que elementos como la marihuana ejercen efectos antidopaminérgicos.
Nicotina: Al igual que el anterior, está en fase de estudio, pero también parece disponer de efectos antidopaminérgicos. Tanto los cannabinoides como la nicotina han de ser manejados con sumo cuidado en pacientes situados en edad de crecimiento por sus efectos secundarios.
Otros tratamientos
Teniendo en cuenta que los síntomas neuropsiquiátricos y conductuales se asocian frecuentemente al ST, su abordaje farmacológico puede hacerse con los tratamientos habituales para estas patologías:
1. Déficit de atención (ADHD)
- Agonistas α 2adrenérgicos – Guanfacine, Clonidina
- Estimulantes del SNC (Sistema Nervioso Central): Metilfenidato, Dextroanfetaminas, Pemolina
- Selegilina
2. Trastorno obsesivo-compulsivo:
- IRS: fluxetina, paroxetina, etc.
- Antidepresivos triclícos: imipramina, etc.
3. Trastorno conductual con impulsividad:
- Clonidina, paroxetina, IRS.
Cirugía en el ST:
Recientemente se han publicado casos aislados de pacientes que han recibido tratamiento quirúrgico con resultados prometedores, debido al fracaso de las terapias farmacológicas convencionales. Hoy en día no son todavía recomendables porque no existe demasiada experiencia y por la posibilidad de efectos secundarios derivados del acto quirúrgico como hemorragias, infecciones, y lesiones de estructuras vecinas. Se han descrito:
· Estimulación cerebral profunda del tálamo (1 caso).
· Leucotomía límbica, cingulotomía, y capsulotomía anterior. (Pequeñas series de pacientes con tics y TOC).
Afrontamiento del ST
El ST puede ser afrontado como un “Ego sintónico”, cuando el problema no es percibido por el paciente, sino que sus consecuencias negativas lo son para los demás en exclusiva; o como un “Ego distónico”, cuando el problema es percibido y detectado por el propio paciente como algo intrínseco a su existencia.
Por otra parte, y en relación con el ST, se deben aclarar algunos conceptos y términos que normalmente son socialmente catalogados como elementos diferenciadores y vulgarmente estimados como sinónimos, pero que entrañan significaciones diferentes y, en ningún caso, suponen minoración de derechos civiles o sociales.
Concepto: Deficiencia Ámbito: Fisiológico/anatómico
Pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica. No siempre se conoce su etiología, todos sus alcances, los mecanismos subyacentes y los mecanismos para su superación. El ST es considerado como una deficiencia porque existe una alteración en los ganglios basales. Estamos, pues, ante una alteración anatómica que conlleva alteraciones en el funcionamiento neurológico.
Concepto: Discapacidad Ámbito: Funcional
Significa una menor capacidad para la realización de funciones personales o sociales, dentro de un margen que se considera normal para un ser humano. A la vista de la siguiente relación, el ST sí conlleva discapacidad porque incapacita, a través de los trastornos asociados, para el control de conductas y comportamientos.
- Motriz: Cuando afecta miembros o extremidades motoras
- Cognitiva: Cuando afecta a capacidades mentales (retraso mental)
- Sensorial: Cuando afecta a órganos sensoriales (ceguera, sordera, mudez)
- Conducta social: Cuando afecta a la relación del individuo con la sociedad (Comportamientos considerados socialmente anómalos)
- Afectiva: Depresiones, euforias, trastornos bipolares, etc.
- De cuidado y seguridad personal: Cuando afecta a funciones automáticas y cotidianas del individuo (Alzeimer)
Concepto : Minusvalía Ámbito: Social
Situación desventajosa para una persona, consecuencia social de una deficiencia o una discapacidad que implica una limitación en las actividades/roles en el desempeño social normalizado. El ST conlleva minusvalía por la repercusión social de la conducta de sus afectados, así como por las manifestaciones de su patología (tics y Trastornos Asociados)
La confluencia de los tres conceptos implica marginación social e interactúan entre ellos, por lo que la ruptura del círculo vicioso generado sólo es posible de ser acometida desde el afrontamiento de la discapacidad a través de la potenciación de las capacidades reales del individuo.
Desarrollo de la discapacidad en el ST
Tres áreas fundamentales contribuyen al desarrollo de la discapacidad dentro del ST
A).- CONDUCTAS DESADAPTIVAS:
· TOC: Trastornos Obsesivos Compulsivos
· DAH: Déficit de atención con hiperactividad
· TCI: Trastornos de control de impulsos, siendo éste un trastorno explosivo intermitente con posibles conductas agresivas (heteroagresivas o autolesivas)
· Trastornos del sueño
B).- EFECTOS SECUNDARIOS DE LA FARMACOLOGÍA APLICADA:
· Sedación: Somnolencia
· Inquietud: Recrudecimiento de los tics
· Alteraciones motrices: Discinecia tardía
· Falta de claridad: Embotamiento, confusión
· Desmotivación: Depresión anímica/conductual
· Alteración fisiológica: Miedo/aislamiento
C).- REACCIONES ESTRESANTES DEL PACIENTE Y EL ENTORNO:
· Alteraciones en el procesamiento e interpretación de la información emocional
· Conductas disruptivas: carácter impredecible del trastorno
· Recrudecimiento en períodos vulnerables del desarrollo que, a su vez, conllevan:
- Aislamiento social – retraso madurativo – depresión
- Miedos/fobias que desembocan en trastornos de pánico
- Rabia/ira con estallidos de agresividad en la familia
D).- FUNCIONES Y APLICACIONES DE LA TERAPIA PSICOLÓGICA:
· Tiene como objetivo la Psicoeducación hacia el paciente, como medio para conseguir la comprensión propia y del medio: familiar/escolar/laboral
· Mediante este tipo de intervención, se intenta alcanzar el autocontrol y la reestructuración cognitiva, para mejorar la tolerancia, el apoyo social y el ajuste adecuado en expectativas y demandas.
· La finalidad es la modificación de hábitos y conductas (tanto observables como derivadas de los sentimientos y pensamientos) y para ello han de utilizarse los sistemas de refuerzos (premios y castigos) como contingencias ambientales.
· La consecuencia buscada es una mejor adaptación al medio social y relacional para conseguir una reducción de elementos estresores y una mejor calidad de vida.
Estrés
Uno de los componentes que más inciden en las alteraciones propias del ST son las situaciones de estrés en los afectados, para lo cual se hace necesario definir este concepto con objeto de evitar interpretaciones equivocadas.
Se entra en procesos de estrés cuando se percibe que las demandas del medio son superiores a las capacidades personales. Se trata de una situación destructiva, tanto en el plano individual como en la vertiente social.
CONSECUENCIAS DEL ESTRÉS
- Malestar emocional
- Excesos cuantitativos
- Carencia de recursos al afrontamiento del mismo
- Tensión mantenida
- Alteraciones en la percepción del control
- Deterioro del rendimiento
FACTORES SOCIO FAMILIARES DE RIESGO DE ESTRÉS
- Desestructuración familiar (divorcios, separaciones, violencia doméstica, etc.)
- Fallecimiento de allegados
- Medio familiar extremadamente rígido con:
· intolerancia a los fallos
· hipercrítica
· represión emocional
- Ambivalencia en el rol de los padres, variando entre excesivamente permisivos o exacerbadamente autoritarios.
- Desconocimiento de padres o tutores de las necesidades evolutivas de los afectados
- Alteraciones en la dinámica y la comunicación familiar (falta de diálogo)
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FACTORES Y SITUACIONES AGRAVANTES |
FACTORES Y SITUACIONES ATENUANTES |
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Ansiedad (presente o anticipatoria) |
Relajación |
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Estrés |
Sueño |
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Aburrimiento |
Actividades placenteras |
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Fatiga/sobrecarga atencional |
Concentración en tareas controlables |
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Represión motriz o emocional |
Expresión/comunicación asertiva |
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Contingencias sociales aversivas |
Apoyo social percibido |
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Estimulantes (anfetaminas, cafeína) |
Alcohol |
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Tensión premenstrual |
Orgasmo |
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Cambios de temperatura |
Sensación de autocontrol / eficacia |
Personalidad
Conocemos como PERSONALIDAD el conjunto de rasgos y características individuales que conforman el comportamiento de la persona, tanto en el ámbito individual como social. En la conformación de la personalidad se detectan:
· Factores genéticos: derivados de la herencia genética
· Factores vivenciales: derivados de la historia y experiencia del individuo a lo largo de su vida.
RASGOS DE LA PERSONALIDAD QUE SE ACENTÚAN EN EL ST
A causa de la interacción de los “factores biológicos”, “las experiencias personales” y la propia “acción del medio” en que se desenvuelve la vida del individuo, los rasgos de personalidad que quedan más acentuados en afectados por el ST son los siguientes:
- Loabilidad = inestabilidad emocional: con elevados niveles de ansiedad -> miedo -> preocupaciones - > depresión. Sus consecuencias son un negativismo exacerbado, auto culpa global y permanente, desconfianza sobre el futuro mediato e inmediato.
- Expectativas de éxito y eficacia: En el caso de los afectados por el ST, éstas expectativas son sumamente bajas, lo que genera inseguridad y desconfianza en las propias posibilidades.
- Locus de control externo para el logro de objetivos: Consiste en la creencia permanente de que es imposible ejercer un control sobre sus propias vidas, con lo cual se genera “desmotivación aparente” (vagancia) y “predominio de actuaciones negativas” (miedos).
- Baja tolerancia al fracaso: Los afectados por el ST disponen de mecanismos de tolerancia al fracaso en las acciones emprendidas muy por debajo de la normalidad, con lo cual se genera “baja motivación para el logro de objetivos”, “estrategias de minimización de riesgos” y “dependencia” de otras personas.
- Tendencia permanente a la culpa
- Hipersensibilidad: lo que conlleva una “dificultad para el control de impulsos”, “insistencia permanente”, “impaciencia”, “irritabilidad constante”, “agresividad exacerbada”, “necesidad de cariño constante”, “necesidad de caricias” y de “contacto físico con las personas queridas”.
- Ensimismamiento: lo que deriva en un grado elevado de introversión. Consecuentemente, aparecen factores de “baja socialización”, “dificultades de integración” y “momentos de exhibicionismo” tendentes a contrapesar el aislamiento.
- Disminución de la autoestima
- Dificultad para la empatía (capacidad para entender al otro): la consecuencia inmediata de su incapacidad de comprender las circunstancias y necesidades de las otras personas son los fallos en el reconocimiento emocional.
Dificultades escolares y/o laborales del ST
- Problemas de aprendizaje a causa de sus incapacidades para sostener la concentración por períodos elevados de tiempo, trayendo, como consecuencia, errores en los procesos atencionales y fallos en los procesos de memoria.
- Posibles dislexias (dificultad para coordinación de lectura/escritura) y, por lo tanto, trastornos perceptivos.
- Dificultades en tareas automáticas: tales como lectura, escritura, cálculo aritmético, manipulado de enseres, etc.
- Aparición inoportuna de los tics: con lo que en los entornos docentes o laborales, se tiende más a atender los fallos y los momentos de los tics que a los aciertos y esfuerzos del afectado.
- Dificultad para el control de impulsos: las consecuencias más inmediatas son peleas, burlas de los otros, humillaciones, aislamientos, castigos debido a la incomprensión y etiquetado, con lo cual, la interacción sobre las conductas de los afectados derivan en evidencia y sensación subjetiva de fracaso, miedo, ansiedad y sensación permanente de adversidad, recrudecimiento de los tics y trastornos asociados y la articulación de estrategias de escape y evitación. Todo ello, nuevamente, acentúa la percepción social de ser un inadaptado, volviendo a las consecuencias enumeradas al comienzo de este apartado, por lo que se crea un círculo vicioso difícil de romper.
Consecuencias sobre la conducta (modificables con apoyo familiar, escolar y psicológico)
- Evidencias / Sensación subjetiva de fracaso
- Miedo /ansiedad ante situaciones escolares/laborales aversivas
- Recrudecimiento de tics y trastornos asociados
- Estrategias de escape /evitación (Pella, fobia escolar, absentismo, enfermedades psicosomáticas)
- Consecuencias aversivas del medio escolar/laboral (suspensos, repetición de curso, castigos, críticas, despido...), con lo que volvemos al principio (fracaso)
Estrategias para modificación de conductas
Introducción a la Modificación de Conducta (MC)
El objetivo fundamental de la MC es contribuir al desarrollo de nuevas conductas y habilidades que permitan una actuación más adecuada ante los problemas o las demandas del medio
TÉCNICAS DE CONTROL DE CONTINGENCIAS:
- Dos maneras de describir una conducta:
o Punto de vista topográfico: cómo se emite o realiza la conducta (qué hace el sujeto = descripción del tic)
o Punto de vista funcional: antecedentes de la conducta y efecto que ejerce sobre el medio (qué ocurrió antes y después de la acción realizada = qué factores contribuyen a la aparición y mantenimiento del tic)
- El análisis funcional de la conducta permite detectar:
o las causas de una conducta
o las motivaciones que llevan al sujeto a realizarla
o los estímulos o circunstancias que hacen que esa conducta se mantenga o desaparezca
- Cómo puede alterar el medio una conducta:
o Añadiendo estímulos que no estaban antes: refuerzo positivo
o Retirando estímulos que existían antes de su realización: refuerzo negativo
- Tipos de estímulos o refuerzos que podemos utilizar:
o Apetitivos o reforzadores: eventos, conductas u objetos apetecibles deseados por el sujeto; actúan como recompensa: comida, bebida, juguetes, ropa, dinero, halagos, caricias, paseos, permisos, juegos, etc. Su presentación aumenta la probabilidad de que una conducta deseada se manifiesta con mayor frecuencia.
o Aversivos, no deseados o temidos por el sujeto: castigos corporales, amenazas, burlas, insultos, etc. Su presentación aumenta la probabilidad de que una conducta no deseada disminuya su frecuencia.
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Métodos |
Estímulo apetitivo |
Evolución |
Estímulo aversivo |
Evolución |
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Presentación contingente |
Refuerzo positivo: premiso |
Aumenta |
Castigo positivo |
Disminuye |
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Retiro contingente |
Tiempo fuera costo de respuesta: quitar lo que le gusta |
Disminuye |
Refuerzo negativo: dar lo que le gusta |
Aumenta |
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Contingencia discontinua |
Extinción de conductas: dejar de dar lo que motiva una conducta |
Disminuye |
Recuperación de conductas: propiciar lo que motiva una conducta |
Aumenta |
EJEMPLOS DE APLICACIÓN DE LOS DISTINTOS PROCEDIMIENTOS:
- Refuerzo positivo: tras la emisión de una conducta objetiva, se entrega un estímulo apetitivo (golosina, juguete, halago), para que el sujeto aumente la frecuencia de emisión de dicha conducta.
- Castigo positivo: tras la emisión de una conducta no deseada (romper materiales), se suministra un estímulo aversivo (grito, gesto de desaprobación), para que el sujeto disminuya dicha conducta.
- Tiempo fuera y costo de respuesta: tras la emisión de una conducta no deseada, se retira un estímulo apetitivo (el derecho a permanecer en clase, a ver TV, a salir al recreo), para que disminuya dicha conducta.
- Refuerzo negativo: tras una conducta deseada, se retira el estímulo aversivo (la prohibición de salir al recreo o de hablar con los compañeros) para que la conducta se emita con mayor frecuencia.
- Extinción: tras la emisión de una conducta, no se produce ningún cambio en el medio, cuando habitualmente lo seguía un estímulo reforzador, para que esta conducta disminuya su probabilidad de aparición.
- Recuperación: tras la emisión de la conducta (trabajar en clase), no se produce ningún cambio en el medio, cuando habitualmente era seguida por un estímulo aversivo (burlas de los compañeros), para que aumente la probabilidad de aparición de dicha conducta.
En orden a una mejor utilización de los procedimientos, es conveniente el asesoramiento psicológico del grupo familiar para elegir en cada caso los procedimientos que mejor se adapten al afectado y su entorno. Estos procedimientos pueden usarse en el medio escolar y familiar, pero siempre conociendo sus posibilidades, limitaciones y “efectos secundarios”.
Técnicas de solución de problemas (TSP)
Problema: situación para la que el sujeto no encuentra o no posee una alternativa de respuesta eficaz. Las TSP establecen auto instrucciones o reglas eficaces para afrontar del modo más adecuado los problemas.
La falta de habilidades para resolución de problemas es una característica habitual de personas con trastornos de conducta.
Se debe impedir que el sujeto actúe guiado por emociones o automáticamente, para luego establecer un procedimiento o conjunto de reglas que organice y dirija su actuación.
Cotidianamente tenemos que resolver situaciones más o menos problemáticas, y las decisiones tomadas influyen nuestras experiencias, nuestro estilo personal y los condicionantes externos de situación.
Si bien es imposible tener la solución para todos los problemas, el aprender a afrontarlos de un modo objetivo, equilibrado y flexible, permitiéndonos márgenes de error, permite mitigar los conflictos personales e interpersonales derivados de la resolución de problemas y el impacto que estas situaciones estresantes producen en la salud física y mental.
Es de destacar la importancia de aprender a resolver los problemas o conflictos que se presenten en el medio familiar de un modo que se propicie el diálogo y la comprensión y se minimicen los estados de tensión y ansiedad tan perjudiciales para los afectados por el ST.
Es fundamental que los jóvenes aprendan a ver los problemas como retos o desafíos para poder superarlos a partir de sus propias capacidades y del valioso recurso que ofrece el apoyo familiar.
Resolución de conflictos (método CIGEEP)
C: Calmarse
I: Identificación del problema
G: Generar todas las soluciones posibles
E: Evaluar las ventajas y desventajas de las soluciones propuestas
E: Elegir la solución que se considere más beneficiosa o posible
P: Planificar los pasos a seguir para implementar la solución elegida
Repercusiones sociales para el afectado
Estas se pueden contemplar desde tres ámbitos diferenciados, pero comunes en su consecuencia: marginación y exclusión.
Ámbito familiar y relacional:
Nos referimos al aspecto relacional en el entorno más próximo del afectado, tanto en su vertiente familiar, como en sus relaciones de amistad con congéneres de igual tipo social y de edad, ya que es en estos núcleos donde primero se percibe el problema del paciente y donde inicialmente se sufren sus consecuencias.
La carencia de información ante las manifestaciones que observamos, la tardanza en el diagnóstico definitivo y tratamiento de la enfermedad, junto con la ausencia de pautas de comportamiento claras, una vez identificado el problema, generan en la familia: primero estupor, después miedo, angustia, incertidumbre y, en caso de no-asimilación de la realidad existencial del afectado, rechazo.
La primera puntualización consiste en que, aunque éste parezca un asunto privado y que debiera ser resuelto en el interior de las familias, el enfoque cicatero y miedoso del problema, lo único que generará será un aumento de la dificultad en su abordaje.
De nada sirve tratar de ocultar o privatizar la realidad con que nos encontremos. Fundamentalmente, porque esta realidad va a seguir persistiendo aunque la escondamos.
Tengamos en cuenta que la primera posibilidad de marginación y exclusión derivará de la forma en que nosotros mismos afrontemos el síndrome en nuestro interior, tanto como personas individuales, como desde la perspectiva de grupo social cercano al afectado. El reflejo que les ofrezcamos a ellos de nuestro abordaje, tendrá una importancia capital para la forma en que ellos mismos habrán de hacerlo a lo largo de su vida.
Por otra parte, debemos desterrar conceptos equívocos. El Síndrome de Gilles de la Tourette es una enfermedad neurológica, con una fuerte carga social, más por sus manifestaciones externas que por su propia naturaleza.
Desde esa óptica, resulta evidente que, como cualquier otra patología, representa una complicación para el desarrollo normalizado de la vida. Tanto para quien la padece directamente, como para quienes lo hacen desde su compañía.
Sin embargo, somos muchos los que pensamos que, más que un problema, el Tourette es una forma diferente de vivir, de afrontar la existencia y de percibir la realidad.
Quizá, ahí es donde radique la dificultad. Las percepciones de la realidad de los afectados, en muchos casos, son diferentes de las de quienes no lo estamos. Pero ellos no pueden adaptarse a las percepciones normalizadas.
El esfuerzo ha de partir de los llamados "normales", por intentar empatizar con sus vivencias.
Este punto de partida excluiría las conceptualizaciones de capricho, mala educación, intenciones perversas, desafío constante a las reglas y normas, actuaciones contrarias a las buenas costumbres, etc., como derivadas de un carácter de animadversión hacia las normas o estructuras sociales.
La consideración de las exposiciones touréticas bajo estos prismas, lo que originará será nuestro propio rechazo del afectado, como extensión del rechazo hacia sus manifestaciones.
La consecuencia, desde el interior del paciente, será inmediata y fulminante: si mi propia familia y entorno me estima como algo raro e inadaptado, quizá lo sea y, consecuentemente, el mundo es mi enemigo, por lo tanto me excluyo de cualquier contacto amable con él porque nunca me va a acoger y dedicaré mis esfuerzos a combatirlo.
La asunción de que el Tourette es una diferencia, con la que vamos a vivir el resto de nuestra vida, es el paso imprescindible para su afrontamiento inicial.
Sólo el ejercicio amplio y generoso de la comprensión y la tolerancia podrán mitigar el choque cultural de las manifestaciones touretianas.
Otra apreciación importante es la evidencia de que uno de los sentimientos más exacerbados en la personalidad del tourette consiste en su sensibilidad hacia el afecto de y hacia los demás.
Si a todos nos causa cierto malestar el rechazo a una caricia, en el caso de los afectados, este rechazo supone una agresión hacia su, ya dañada, autoestima.
Por lo tanto, el cariño demostrado, el afecto real, no sólo formal, se constituye como otro coadyuvante a la superación de su realidad.
Un aspecto fundamental es el informativo.
Es necesario proveerse de documentación e información adecuada sobre cómo afrontar las vicisitudes del Tourette.
Pero no basta con obtenerla y guardársela para sí mismo, sino que es necesario que esa información fluya con soltura en el entorno del afectado y, que él mismo, conozca sus condiciones con todo tipo de detalles.
Si una circunstancia es paradigmática para generar rechazo, ésta es la ignorancia de lo que le sucede al que tenemos enfrente, cuando esta persona realiza actos ajenos a lo considerado "normal".
Por lo tanto, el entorno más próximo al afectado también ha de estar informado puntualmente de que lo que ocurre no es algo diabólico o producto de arrebatos de locura, sino reacciones plenamente consecuentes con una afección neurológica que, dentro de los límites, es controlable o abordable.
Por último, pero no menos importante, nos referiremos a los ambientes relacionales de amistad, que han de ser escrupulosamente cuidados, tanto por la vulnerabilidad del enfermo ante situaciones de conflicto, como por la alarma social que las manifestaciones del síndrome podría conllevar.
Otra característica identificativa de los tourette, especialmente de los aquejados por trastornos de hiperactividad, es la falta de constancia en sus acciones. Situación que se hace extensiva a las relaciones interpersonales. Por lo tanto, el tipo de reacciones de tipo “saltamontes” (hoy estoy con éstos, pero mañana ya no me apetece y me voy con otros) han de ser apreciadas en su justa medida; y las posibles recomendaciones deberán tener en cuenta tal circunstancia, al igual que la información adecuada al grupo de amistades a quienes afecten.
Ámbito Formativo:
Nuestro sistema educacional estandarizado, por regla general, desconoce la existencia del síndrome, tanto a niveles docentes como directivos, por lo tanto su dotación para el afrontamiento de alumnos con nuestra patología no es que sea insuficiente, sino que es inexistente.
El sistema de integración, aunque mejora las condiciones ambientales y lectivas, adolece de la preparación específica de los profesionales que lo imparten, por lo que, al encontrarse con alumnos que presentan cuadros conductuales conflictivos derivados del síndrome, con déficit de atención e hiperactividad, dislexias generadas por el mismo, trastornos obsesivos compulsivos y respuestas agresivas desproporcionadas a los desencadenantes, sólo aciertan a reaccionar de la forma más escapista posible: La consideración del alumno como maleducado, caprichoso o inadaptado, el apartamiento del alumno del conjunto docente y, por último, la presión sobre la familia para el traslado del alumno hacia otro centro o alternativas formativas.
Difícilmente encontraremos un centro cuyos profesionales, en principio, conozcan el síndrome.
Después, una vez informados de su sintomatología, que estén dispuestos a abordar las consecuencias del mantenimiento de un alumno en esas condiciones y, por último, que disponga de instalaciones adecuadas y personal pertinente para atender las necesidades específicas de nuestros afectados. La conflictividad generada por ellos supera las capacidades de asunción del profesorado, a causa de su déficit de preparación específica.
Ante esta situación, cuando la realidad se hace insostenible, por la marginación a que es sometido el alumno, las burlas de los compañeros que hacen insoportable la convivencia escolar, las permanentes agresiones y trifulcas entre ellos, las reiteradas quejas de profesores y padres de otros estudiantes por la falta de progreso y la alarma que conductas auto lesivas, agresivas o extemporáneas de nuestros afectados producen en el colectivo, sólo se nos presentan tres alternativas:
· Mantener la situación, aun a costa de perpetuar la negatividad de la misma sobre la educación del interesado.
· Iniciar un peregrinaje por centros distintos hasta encontrar alguno en el que estos trastornos sean asumidos y minimizados, cosa harto difícil.
· Excluir a nuestros afectados de la formación reglada tradicional y optar por adiestraciones alternativas, donde las rigideces institucionales pasen a un segundo plano y prime la consideración personal específica del alumno.
Qué duda cabe que un alumno afectado con determinados trastornos asociados es:
· incapaz de progresar al ritmo del resto de la clase,
· reacciona con intolerancia hacia las normas y disciplinas, y
· presenta cuadros de agresividad verbal o física, tanto hacia compañeros como hacia profesores.
Ello genera una situación difícilmente asumible por los cuadros tradicionales de educadores y formadores estandarizados.
No es menos cierto que, entre los propios compañeros del afectado, este tipo de reacciones generan miedo primero y rechazo después, con lo que la exclusión y la marginación la tenemos servida en los dos niveles relacionales del escolar en esta situación.
Sin embargo, si nuestros profesionales docentes tuviesen:
· una formación suficiente para afrontar situaciones límites como las expuestas,
· dispusieran de información suficiente sobre cómo acometerlas,
· trasladasen al conjunto de compañeros un espíritu de tolerancia y comprensión para quienes viven con esta patología,
· tuviesen una dotación de espacios físicos imprescindibles para que en ellos pudiesen desarrollarse las manifestaciones más virulentas del síndrome,
estaríamos acarreando los primeros ladrillos para romper la marginación descrita.
Los afectados por el ST necesitan una educación integral personalizada que no quede supeditada a los esquemas rígidos de formas y normas.
Su cuadro no ha de ser geométrico, sino variable y dúctil para con los momentos y necesidades puntuales del individuo. Que atienda más a la formación de la persona que a la del productor.
Nuestros pacientes no son disminuidos psíquicos o deficientes intelectuales, sino personas con la inteligencia conservada que pueden incorporar deficiencias cognitivas y de aprendizaje perfectamente corregibles, y que, además, están dotados de una elevada sensibilidad hacia el rechazo.
No estamos ante carencias educacionales o caprichos individuales, como es la creencia general ante las manifestaciones del síndrome, sino de especificidades inevitables, fruto de una patología no deseada.
Ámbito Laboral/profesional:
Teniendo en cuenta que la actividad laboral, en nuestro sistema social, es el elemento de socialización principal en la edad adulta, se hace necesaria la exposición de los condicionantes que el Síndrome de Tourette conlleva en este aspecto social.
Así, las dificultades que el Síndrome de Tourette aporta a la integración laboral, podríamos extractarlas en:
1. Las derivadas de la situación de enfermedad en general, con la acumulación de sensaciones negativas y que es común a cualquier patología.
2. Las derivadas del propio síndrome, que podemos resumir en los siguientes apartados:
· Problemas de aprendizaje y entrenamiento
· Un importante quebranto en hábitos de trabajo
· Dificultad para realizar tareas rutinarias
· Déficit en prácticas y técnicas de estudio y actualización de conocimientos
· Autoestima profesional y personal en niveles muy bajos
· Disminución de la motivación
· Intereses profesionales difusos
· Distanciamiento y dificultades sociales en la relación con los compañeros
· Itinerario formativo laboral desajustado
Por otra parte, en la sociedad actual, donde la productividad y la competencia representan el marco fundamental de la actividad laboral, nos encontraremos con los siguientes condicionantes negativos para nuestros afectados, derivadas de las propias características estructurales del mercado laboral:
· Contratación eventual
· Métodos de selección exigentes
· Organismos privados de intermediación abusivos
· Avance tecnológico
· Especialización cada vez más puntual
· Reestructuración de los puestos de trabajo
· Nuevos sectores de población que se van incorporando
· Exigencia social de buena imagen
· Valoración de puestos de trabajo
Teniendo en cuenta la diversidad de manifestaciones del síndrome, tanto en los movimientos estereotipados, como en los trastornos asociados, especialmente a causa del amplio abanico de éstos, es obvia la tremenda dificultad de integración de una buena parte de nuestros afectados.
Por referirnos a los ejemplos más simples, imaginemos la dificultad de un afectado con Tourette para sostener una jornada laboral de 7 ú 8 horas continuadas de actividad rutinaria, si uno de sus trastornos asociados se corresponde con el de hiperactividad.
En otro plano, pensemos el trance de un afectado de Tourette al necesitar presentar buena imagen, cuando le aqueja un cuadro de tics motores faciales.
Si tenemos claro que uno de los trastornos asociados que mayor problema social presenta es el de dificultad para el control de impulsos y agresividad, conjeturemos el tipo de desempeño laboral que puede tener alguien afectado, cuando sus reacciones a una recriminación por parte de un superior revisten caracteres desproporcionados, o su incapacidad de adaptación y sujeción a normas y reglamentos rígidos.
¿Cuánto tiempo podrá sostener su puesto de trabajo?.
Las posibilidades de inadaptación social y de discriminación, desde la perspectiva de estas puntualizaciones son infinitas, pero no se corresponden solamente con una apreciación subjetiva, sino que ya existen precedentes documentados, agravados por la evolución tecnológica del intercambio informativo y la biotecnología, especialmente en lo referido a la investigación sobre el Genoma Humano.
Si hemos estimado como premisa que el mundo del trabajo es el principal elemento de socialización, y contemplamos la dificultad para la incorporación a este mundo en igualdad de condiciones, las consecuencias reactivas apuntadas cuando examinamos la marginación docente, dentro de este apartado, se acentúan y agravan hasta límites insospechados.
Sólo desde una acción de inserción laboral, que contemple la concertación de puestos de trabajo adaptables a las posibilidades y características de los afectados y que sea capaz de tener en cuenta las capacidades y limitaciones específicas de cada persona, será posible acometer la eliminación de la exclusión social productiva.
Si la comprensión y la tolerancia resultaba básica en la docencia, en el mundo de la empresa es imprescindible, pero difícilmente imaginable bajo la premisa de la competencia y la productividad como guías y puntales de la ocupación.
Aun contando con los certificados de minusvalía pertinentes, la inserción laboral normalizada se presenta como algo inalcanzable para muchos de los afectados.
La tarea educativa y de modificación de tendencias es una alternativa poco viable, ya que, en caso de obtener algún resultado, siempre será muy a largo plazo y su implementación será lenta y parsimoniosa.
Entendemos que, en nuestra cultura retributiva, es difícil mentalizar a un empresario para que contrate personal con características como las que hemos ido citando.
Para tener alguna posibilidad en ese sentido, deberíamos cambiar la mentalidad productiva, no de uno, sino de todos los contratantes. Algo imposible de alcanzar.
La alternativa, como hemos apuntado anteriormente, pasa por centros de recuperación e inserción laboral que:
· formen laboralmente a los afectados,
· los eduquen en el comportamiento social dentro de este ámbito
· les provean de las herramientas técnicas y mentales suficientes para desempeñarse en el mismo
· y puedan vehicular su inserción social en el mundo del trabajo, mediante colocaciones retribuidas en empresas concertadas dispuestas a la inserción, mediante el establecimiento de puestos de trabajo susceptibles de adaptarse a las cualidades, limitaciones y posibilidades de los afectados.
Puede que dispongamos de calificaciones minusválicas, pero los tourette no son individuos incapaces de realizar todo tipo de funciones o labores productivas.
Estarán limitados en determinados trabajos, pero serán obreros excelentes en los puestos y con el trato adecuados. La dificultad está en armonizar los intereses empresariales con las características del afectado.
Enfermedad neurológica con manifestaciones psiquiátricas, asimilables a la locura o a la posesión diabólica
Si bien, en el apartado anterior ya hemos ido mencionando algunas de las manifestaciones que vamos a ver a continuación, dada su variedad y complejidad, estimamos necesario examinar, un poco más detalladamente, las implicaciones neuropsiquiátricas del ST, con objeto de fijar una posible relación entre la patología biológica que le da origen y el sentimiento subyacente que genera en la sociedad la idea errónea de que los afectados del ST poco menos que deben ser considerados "locos" o "posesos".
Partimos de la consideración generalizada entre los expertos, de que el ST es una patología neuropsiquiátrica con fuentes anclajes poligénicos en su etiología (60%), por lo que, en su mayor parte, el afectado dispone de antecedentes familiares con ST o, al menos, afecciones de tics entre sus antecesores, lo que no significa que, necesariamente, sus antecedentes estén en la primera línea de ante cesión. A esta particularidad se añade la incidencia de factores ambientales y psicosociales que modificarían la manifestación de los genes susceptibles de generar la enfermedad.
A nivel bioquímico, estaríamos ante una sensibilización dopaminérgica en el circuito corticoestriatotálamocortical y sus enlaces límbicos.
Investigaciones relativamente recientes han detectado que determinados procesos infecciosos (estreptococos) contribuyen a la aparición de la enfermedad, así como que elementos psicosociales coadyuvan a la misma, por lo que no podemos hablar de un Síndrome de Tourette en términos generales, sino de una expresión clínica individualizada para cada afectado.
A su vez, la incidencia en varones es superior (de 4 a 1) sobre la que se detecta en las mujeres, si bien en éstas tienen mayor repercusión los Trastornos Asociados, mientras que en aquellos lo son las manifestaciones de tics.
La aparición de los tics no se conforma como un proceso evolutivo (de menos a más), sino que aparecen de forma brusca y se acentúan en situaciones de estrés. Al igual que no se mantienen fijos en una de sus modalidades, sino que son sucesivamente modificados con la desaparición de unos y la aparición de otros de forma consecutiva.
Sin embargo, si bien, como hemos visto anteriormente, los tics suponen una importante molestia, éstos pueden ser precedidos o acompañados por trastornos emocionales y de comportamiento que suponen un elemento invalidante mayor que los propios tics, ya que, además, aunque éstos desaparezcan, la comorbilidad conductual puede permanecer e, incluso, aumentar.
Las dos manifestaciones psicopatológicas que se presentan con mayor asiduidad, como trastornos asociados al ST son el Déficit de Atención con Hiperactividad y el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Sin embargo, no son los únicos síntomas que se adhieren al ST, ya que otros trastornos psiquiátricos, como los derivados de la ansiedad, del estado de ánimo, déficit de aprendizaje, trastornos de vocalización, del sueño, de la personalidad, de conducta y comportamiento, déficit de control de impulsos, tricotilomanía (arrancarse el cabello), cleptomanía (hurto compulsivo) y trastornos alimentarios (ingesta compulsiva de alimentos), también son cataloguizados aparejados al ST.
En tanto que parece una convención estandarizada, considerar los trastornos obsesivos compulsivos y los derivados de la falta de atención e hiperactividad, como directamente relacionados con el ST, e, incluso, con una base genética común, el resto de trastornos asociados suscitan diversas opiniones entre los expertos, ya que entre ellos hay quienes los consideran una comorbilidad directa del ST, mientras que otros los achacan a otro tipo de explicaciones, si bien parecen coincidir todos ellos en que podrían derivar del hecho de tener que "vivir con el ST".
Dentro de esas "otras explicaciones", las más comunes se inclinan hacia la "esperabilidad" de la comorbilidad, achacando el resto de trastornos a una derivación de las perturbaciones "principales".
Así, por ejemplo, un afectado con Trastorno Obsesivo Compulsivo, no es difícil que derive hacia trastornos de conducta y déficit de control de impulsos.
Otra consideración plausible es la teoría del desgaste que supone tener que vivir con el ST y la frustración que ello supone para los afectados, a lo cual contribuye enormemente la tardanza en el diagnóstico.
Para una mayor claridad, iremos pasando por cada uno de los trastornos mencionados anteriormente con cierto detalle.
El primero que citaremos es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.
Este trastorno conlleva, para quien lo padece, una imposibilidad para sostener su atención durante períodos prolongados de tiempo en una misma actividad.
Si además, como sucede en la mayoría de los casos, va aparejado a un trastorno de hiperactividad, el afectado deviene en un individuo difícil de controlar e integrar en actividades normalizadas, sean del tipo que sean.
Para quienes portan este trastorno, es imposible sostener su atención en una actividad, como hemos dicho, durante largos períodos de tiempo (clase, trabajo, etc.), pero no solamente referida a espacios temporales inmediatos (una o dos horas), sino que se extiende hacia cualquier actividad que se convierta en rutinaria en plazos temporales más extensos. Por ejemplo, les resulta imposible acudir periódicamente a la misma actividad durante meses o semanas porque se aburren y sienten la necesidad imperiosa de cambiar.
Si este trastorno, además, se extiende al marco relacional, el afectado intenta cambiar constantemente de entorno, con lo que su capacidad de socialización se reduce grandemente.
No es difícil deducir el sentimiento de fracaso continuado que este cambio permanente genera en el afectado, lo que le vuelve irritable y pendenciero, haciendo gala de una impulsividad ofensiva para quienes le rodean.
En el plano académico, el Déficit de Atención e Hiperactividad, conlleva dificultades cognitivas, tales como la planificación de tareas y actividades, problemas de organización y secuenciación, dificultades de sostener la atención y problemas de autocontrol.
De ello derivan comportamientos antisociales que hacen de los afectados personas poco agradables para el resto de sus compañeros, ya que sus actitudes impulsivas, la inquietud permanente, la necesidad imperiosa de inmediatez para cualquier requisito y la escasa tolerancia a la frustración, chocan frontalmente con las necesidades de armonización social precisas en cualquier grupo.
Si, como hemos comentado anteriormente, el ST, habitualmente, es diagnosticado tardíamente, fácilmente podremos deducir que la reiteración de fracasos pueden llevar al afectado a la caída generalizada de la autoestima, la desesperanza y la ansiedad.
De situaciones así, especialmente cuando se combina con factores psicosociales, se siguen conductas desadaptativas y problemas comportamentales tales como crisis de rabia, tendencias asociales, depresiones, consumo de drogas, etc.
El sostenimiento continuado de estas realidades complejas, que no olvidemos, tienen su origen en el ST, generan un fuerte desgaste tanto en los propios afectados como en quienes conforman su entorno existencial (padres, compañeros, profesores, amigos, etc.) hasta desembocar en un sentimiento de frustración permanente y una no aceptación de la enfermedad como causa primigenia, causando, como elemento de autodefensa psíquica, un rechazo frontal hacia la sociedad, por culparla a ella de no comprender sus dificultades.
En otras ocasiones, el exceso de problemáticas comórbidas generan una actitud de autocomplacencia en la desgracia o la justificación abusiva de conductas disociales, o de ausencia de acciones, en la propia enfermedad.
El siguiente de los "trastornos asociados principales" es el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
La aparición de conductas repetitivas o ritualistas, tanto en los ambientes familiares y relacionales, como en los específicamente encuadrados en la actividad académica o laboral, interfieren grandemente en cualquier actividad, ya que estamos hablando de conductas que representan una gran hipersensibilidad, intolerancia temperamental, necesidad de simetrías, reiteración de comportamientos, incluso autolesivos, etc. que causan extrañeza y alarma en quienes los observan.
Su conjunción comórbida contribuye a la aparición de sentimientos de "extravío" y "locura", causando agotamiento y descenso de autoestima en el afectado y rechazo en los que le rodean.
Las otras afecciones, digamos, "no principales", podemos encuadrarlas dentro de un amplio espectro referido a Problemas de Conducta y Comportamiento, que, clínicamente, se presentan bajo dos modalidades:
§ Trastorno Negativista Desafiante
Consiste en una tendencia del afectado para presentar problemas interpersonales, argumentar constantemente con otros individuos, desafiar límites y normas, insultar a sus semejantes y adoptar una posición negativa frente a cualquier reto o desafío. Su consecuencia, por el fracaso continuado, es la caída de la autoestima y el apartamiento social.
§ Trastorno Disocial
Consiste en una reiteración de conductas que atentan contra los derechos de los demás o las normas sociales establecidas. Los afectados suelen tener comportamientos destructivos, agresivos con personas, animales y cosas, abusan del engaño y alcanzan, en ocasiones, a robar para mostrar su disconformidad normativa.
Para identificar, aisladamente, cada uno de estos trastornos, podemos relacionarlos de la siguiente manera:
· Déficit de control de impulsos
· Trastorno explosivo interminente (crisis de rabia o agitación)
· Conductas autolesivas
· Otros trastornos psiquiátricos
Vamos a pasar, ligeramente, por cada una de ellos, pero hemos de señalar que no todos los afectados por ST reúnen trastornos comórbidos como los citados en la relación anterior. Ni siquiera, para verificar un diagnóstico cierto de Síndrome de Tourette, es preciso que se presente comorbilidad asociada del tipo del Trastorno Obsesivo Compulsivo o el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad.
Como señalamos más arriba en el apartado dedicado al diagnóstico, basta que los tics se presenten durante, al menos, un año y que éstos no sean residuales de otras patologías, para el diagnóstico.
Sin embargo, entre el 35 y el 44% de los afectados por ST, se ha detectado una confluencia de tics con Trastornos Asociados. Especialmente de los denominados "principales", si bien no es extraña la comorbilidad de las afecciones relacionadas más arriba, ya sea de forma aislada o en ramilletes, cuyas manifestaciones se acentúan o decrecen en períodos concretos de tiempo, incluso estacionales. Siendo más acusados en los cambios de primavera a verano y otoño a invierno.
Un sentimiento muy extendido entre los afectados por alguna, o algunas, de estas problemáticas es el de culpabilidad. Se ven a sí mismos como individuos peligrosos y difíciles de controlar con escasas posibilidades de relación e integración social, todo ello como reflejo de la impopularidad, el rechazo y estigmatismo que reciben de la sociedad a causa de la extravagancia de sus conductas.
La capacidad de autocontrol sobre estas afecciones es mínima, en tanto que los fármacos antiticosos tienen muy poca incidencia en su minoración.
Determinados elementos psicosociales agravan estas problemáticas, tales como familias desectructuradas o tumultuosas, situaciones de ansiedad o estrés, la carencia de límites, padres permisivos o excesivamente autoritarios, etc.
- Déficit de control de impulsos
A causa del problema neurobiológico de base que afecta a los touréticos, éstos se conforman como individuos especialmente sensibles a los déficits de control de impulsos.
Este trastorno consiste en la imposibilidad de controlar un impulso o la necesidad imperiosa de realizar algún tipo de acción, aunque ésta pueda ser perjudicial para el propio afectado u otras personas.
Si bien, en el caso de la puesta en práctica de acciones negativas para él mismo o para los demás, suele acometer un sentimiento de arrepentimiento o culpa, a quien lo padece le resulta imposible resistirse a llevar a cabo la acción, ya que, incluso, en el momento de realizarla siente liberación de la tensión acumulada.
- Trastorno explosivo interminente (crisis de rabia o agitación)
Este suele ser un trastorno muy frecuente entre los afectados por Tourette.
Está directamente relacionado con el anterior (Déficit de control de impulsos) y consiste en explosiones de ira o rabia desproporcionadas con el detonante, durante los cuales se despliegan grandes dosis de agresividad (autolesivas o heteroagresivas).
De entre todos los trastornos asociados al ST, éste se conforma como el que más consultas produce y siembra una mayor inquietud en familias y entornos de afectados por el ST.
Posiblemente es la manifestación comórbida más espectacular del ST y la que genera mayores dosis de marginación social.
Su desencadenamiento puede iniciarse por una frustración, por mínima que sea, una contrariedad o, en ocasiones, sin motivo cercano aparente, si bien se trata de episodios aislados.
En el curso de las crisis, el afectado no pierde la conciencia y es receptivo a todo lo que sucede a su alrededor, pero es incapaz de controlar sus reacciones e, incluso, sus músculos y miembros.
En su desarrollo interviene una panoplia amplia de manifestaciones que van desde agresiones verbales hacia quines le rodean, agresividad, normalmente autolesiva (se muerden manos, labios, brazos, etc.), movimientos bruscos de cabeza y extremidades (en casos agudos, retuercen el tronco) y vocalizaciones incoherentes (gruñidos, gemidos, gritos, etc.).
Cuando el paciente es atendido por personas que desconocen su patología tourética, pueden ser confundidos con crisis epilépticas.
El control de estas crisis de rabia o agitación se realiza mediante la administración de fármacos sedantes (normalmente benzodiazepinas) y suelen ceder a los pocos minutos, si bien hay momentos en que su duración se prolonga durante más de una hora.
A la finalización de estas crisis el paciente entra en un profundo sopor, como consecuencia de los calmantes administrados, y le acomete una fuerte sensación de cansancio y agotamiento (posiblemente como consecuencia del gran esfuerzo realizado durante la crisis).
De todas las manifestaciones comórbidas es la que más se asemeja al desarrollo de posesiones diabólicas y la que más miedo produce en los acompañantes del afectado, dando lugar a un fuerte rechazo y marginación social a causa de la dificultad de su control y lo imprevisible e impredecible de su desencadenamiento.
Conductas autolesivas
Síntoma también ligado con el déficit de control de impulsos y que, la mayor parte de los expertos, coinciden en considerar como parte indisociable del ST, como así hizo el propio Gilles de la Tourette.
Se suele presentar en el 45% de los casos con ST y va desde simples rasguños en la piel, hasta casos extremos en los que el paciente ha llegado a arrancarse uñas e, incluso, un ojo; pasando por las mordeduras, golpes con la cabeza en el pavimento o contra objetos duros, puñetazos y patadas a paredes, cortes con objetos punzantes o cortantes, pinchazos, etc.
Dentro de las crisis de rabia citadas anteriormente, también se producen episodios autolesivos, por lo que el contar con el trastorno explosivo intermitente parece conllevar la comorbilidad del síntoma presente, si bien hay pacientes que presentan este síntoma sin que, al mismo tiempo, se produzcan crisis de rabia o agitación.
- Otros trastornos psiquiátricos asociados al ST
Se trata de otros trastornos de carácter psiquiátrico que se presentan con menor asiduidad en pacientes con ST, por lo que muchos expertos optan por achacarlos a otros factores psicosociales, más que directamente al ST.
§ Cleptomanía: hurto compulsivo de objetos inservibles para el uso del paciente, independientemente de su valor monetario. Puede considerarse asociado con el Trastorno Disocial que ya hemos visto anteriormente.
§ Piromanía: Comportamiento impulsivo por el que algunos afectados tienden a provocar incendios por el simple placer de provocarlos. Existen diversas referencias hacia la atracción de algunos touréticos por el fuego.
§ Tricotilomanía: Es un trastorno por el que el afectado recurre reiteradamente a arrancarse sus propios cabellos para liberar sus tensiones internas Estas acciones no se limitan al cuero cabelludo, sino que se extienden a cualquier parte del cuerpo donde crezca cabello. Su incidencia es pequeña entre los afectados de ST, siendo considerado como una manifestación del Trastornos Obsesivo Compulsivo.
§ Trastornos de ansiedad: Por estos trastornos, el paciente desarrolla diversas fobias (espaciales o personales, etc.), inquietud y ansiedad creciente ante determinadas separaciones (ya sea de personas, lugares u objetos) y ansiedades de las consideradas sociales (miedos a la relación interpersonal, etc.).
§ Trastornos del estado de ánimo: Dada la inestabilidad emocional de muchos de los afectados por el ST, no es extraño encontrarse con casos de pacientes que desarrollen trastornos del estado de ánimo con grandes altibajos en su estado emocional (trastorno bipolar), trastornos depresivos y cambios de humor bruscos motivados, o no. Posiblemente, tales trastornos no tengan un origen común al ST, pero sí pueden desarrollarse a causa del desgaste de vivir con el Síndrome.
§ Trastornos de vocalización: No es muy frecuente, pero sí se han registrado casos en los que el afectado desarrolla determinadas dificultades de vocalización, produciéndose tartamudeces o la conocida como "lengua de trapo", a causa de las cuales resulta muy difícil entenderles. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, estos trastornos de vocalización suelen ir asociados a los efectos secundarios de la medicación administrada (dopaminérgicos), desapareciendo cuando ésta es modificada.
§ Trastornos del sueño: Tampoco es un síntoma muy común entre los afectados, pero sí se han observado casos en los que el sueño de los pacientes se ve alterado, momentos en los que hablan, se levantan y caminan dormidos (sonambulismo), manifiestan inquietud en el sueño con sueños irritantes y pesadillas y, especialmente, quedan trastocados los horarios de sueño y vigilia, al tiempo que podemos encontrarnos con períodos en los que el paciente presenta necesidades imperantes de largas horas de sueño, en tanto que, en otros, podemos encontrarnos con todo lo contrario.
§ Trastornos alimentarios: Este es un trastorno que suele ir asociado como manifestación específica del Trastorno Obsesivo Compulsivo, mediante el cual, el paciente ingiere grandes cantidades de alimentos de forma compulsiva. En ocasiones se ha detectado la aparición de este síntoma como efecto secundario de determinados medicamentos, generando aumento de peso desproporcionado.
Con esto terminamos el repaso por las manifestaciones psiquiátricas de una enfermedad cuya etiología es neurológica, pero cuyas manifestaciones más invalidantes se desempeñan en el campo neuropsiquiátrico.
No nos cansaremos de insistir en que el Síndrome de Tourette se caracteriza (Tourette puro), específicamente por los tics (movimientos involuntarios estereotipados) y que ellos son los elementos de diagnóstico esenciales.
Sin embargo, en muchos casos, son los Trastornos Asociados los que generan un mayor componente de incapacitación para la convivencia y el desenvolvimiento en la vida social, si bien, no todos los afectados por el ST presentan comorbilidad psiquiátrica (aparición conjunta de tics y síntomas psiquiátricos), de la misma forma que no todas las personas que presentan alguno o varios de los síntomas relacionados anteriormente, padecen, necesariamente, el Síndrome de Gilles de la Tourette.
La comorbilidad neuropsiquiátrica en el ST lo que conlleva, debido a la espectacularidad de sus manifestaciones externas, es el rechazo social, la marginación de determinados círculos relacionales y, en casos concretos, la exclusión social.
Como hemos podido ir comprobando en el desarrollo de cada uno de los síntomas, la variedad que puede presentarse, así como la manifestación conjunta de varios de ellos, hace muy difícil la asunción de los mismos como producto de una enfermedad neurológica, ya que someten, tanto al paciente como a su entorno, a un desgaste que propicia la aparición de otros síntomas que, originalmente, nada tendrían que ver con el ST.
En suma, no es de extrañar que en el caso de comorbilidad de afecciones como el Déficit de Control de Impulsos, Trastornos Explosivos Intermitentes y los propios tics del ST, el paciente sea considerado como "loco" o "poseso", dada la espectacularidad y extravagancia de las manifestaciones que presenta.
Lo que nos permite engarzar con determinadas situaciones de enfermedad reflejadas en los Evangelios canónicos.
Capítulo II
Aproximación histórica del Síndrome en el Evangelio
La situación de enfermedad en el Evangelio
A través de los relatos de los cuatro evangelistas, en los textos canónicos podemos contemplar múltiples situaciones de penurias derivadas de situaciones patológicas.
Sin embargo, todas ellas son encuadradas en sanaciones y curaciones milagrosas.
Prácticamente ninguna es presentada, directamente, desde la perspectiva del sufrimiento del paciente, así como tampoco nos encontramos referencias directas a enfermedades sufridas por Jesús o su entorno más próximo, salvo las que nos acercan a la sanación de la suegra de Pedro (Mt. 8, 14-17; Mc. 1, 29-34 y Lc. 4, 38-41) y la enfermedad, desembocada en muerte y reavivación, de Lázaro, el amigo de Jesús (Jn. 11, 1-44).
En contadas ocasiones podemos atisbar indicios de cómo Cristo afronta la enfermedad, como es el caso de la curación del paralítico de Mt. 9, 1-8; Mc. 2, 1-12 y Lc. 5, 17-26.
Otra referencia al sufrimiento, aunque entremezcladas pobreza, miseria y dolor, nos lo encontraríamos en la parábola de Lc. 16, 19-31, si bien, la intencionalidad de este relato nos lleva más hacia la dialéctica premio/castigo, en función de las recompensas materiales disfrutadas en la vida material de la persona.
El conjunto de acciones taumatúrgicas de Jesús, característica que cuenta con todos los elementos válidos para ser considerado un hecho histórico, sin embargo, nos aproxima directamente hacia la sensibilidad del Nazareno para con quienes sufren dolor por la enfermedad de sus cuerpos o espíritus.
Parte I: los milagros
Al llegar a este punto, conviene que nos detengamos en un aspecto de los textos evangélicos que cuenta con grandes dosis de controversia entre exegetas y teólogos: los milagros de Jesús.
La palabra “milagro” proviene del latín “miraculu”, que se refiere a una acción extraordinaria al margen de las leyes naturales.
Por su lado, en hebreo existen cinco palabras que significan milagro: ôt (señal), mofet (prodigio o portento), pele o nifla (maravilloso) y nora (aterrador).
Por último, en griego sus acepciones son thaumasia (algo espantoso, que, curiosamente es de donde deriva nuestro vocablo taumaturgia), dynámeis (potencia, que es la acepción más utilizada para lo que nosotros entendemos por milagro, como explicitación del poder de Dios, personificado en Jesús), semeion (señal) y teras (portento).
Por qué considero necesaria una incursión histórico-teológica en los milagros de Jesús relatados en los textos evangélicos obedece a una apreciación subjetiva de tales acontecimientos: Estimo imprescindible que el creyente, o el que no lo es, conozca qué son los milagros que nos reflejan los evangelios, qué significado tienen y qué simbolismo llevan aparejado.
La funcionalidad de esta extensa explicación referida a los milagros es la aclaración de posturas al respecto, con objeto de evitar a los afectados (directa o indirectamente) del ST la creación de expectativas alejadas de la realidad, tanto física y material como, incluso, desde la perspectiva de la propia fe.
A Cristo, evangélicamente, se le atribuyen, fundamentalmente 4 tipos de milagros:
1) Sobre la naturaleza: Mt. 8, 23-27 (tempestad calmada); Mt. 14, 15-21 (alimentación de los 5000); Mt. 14, 22-23 (caminata sobre las aguas); Mt. 15, 32-39 (alimentación de los 4000); Jn. 2, 1-11 (transformación del agua en vino); Lc. 5, 4-8 (pesca milagrosa); Mt. 11, 12-14 y 20-21 (higuera seca). En total 7 milagros.
2) Sobre los espíritus (demonios): Mt. 8, 28-34 (gadarenos); Mt. 9, 32-33 (mudo endemoniado); Mt. 12, 22-45 (endemoniado ciego y mudo); Mt. 15, 21-28 (mujer cananea); Mt. 17, 14-20 (hijo lunático); Mc. 1, 23-27 (espíritu inmundo en la sinagoga). En total 6 milagros. Curiosamente, Juan no relata ningún milagro de esta "especie".
3) Sobre las enfermedades: Mt. 8, 1-5 (leproso); Mt. 8, 6-13 (siervo del centurión); Mt. 8, 14-17 (suegra de Pedro); Mt. 9, 1-7 (paralítico); Mt. 9, 20-22 (hemorroísa); Mt. 9, 27-31 (dos ciegos); Mt. 12, 9-13 (la mano seca); Mt. 20, 29-34 (dos ciegos); Mc. 7, 32-37 (sordomudo); Mc. 8, 22-26 (ciego de Betsaida); Lc. 13, 11-13 (encorvada); Lc. 14, 2-6 (hidrópico); Lc. 18, 35-43 (ciego de Jericó); Jn. 5, 10-18 (paralítico de Betsaida); Jn. 9, 1-34 (ciego de nacimiento); Lc. 17, 12-19 (10 leprosos); Jn. 4, 46-54 (hijo del noble de Cafarnaúm). En total 17 milagros.
4) Sobre la muerte: Mt. 9, 18-19 y Mt. 9, 23-26 (hija de Jairo); Lc. 7, 12-15 (hija de la viuda de Naín); Jn. 11, 1-45 (Lázaro). En total 3 milagros.
El total de milagros tasados explícitamente es de 33. Hay otros muchos del estilo de "los sanó" (Mt. 4, 24: Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó), "le trajeron todos los que estaban mal" (Mt. 14, 34: Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos), "ponían los enfermos en las plazas" (Mc. 6, 56: Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados), "grandes multitudes se reunían para ser sanados" (Lc. 5, 15: Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades), "la gente trataba de tocarle porque los sanaba a todos" (Lc. 6, 19: Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos) y algunos más.
Conviene, también, que nos detengamos, aunque sea ligeramente, en la estructuración y el rol que cada evangelista da a los milagros dentro de su redacción.
Mateo
No comienza a relatar milagros hasta después de concluido el Sermón del monte. Es decir, primero, este evangelista, nos expone la "carta magna" de la predicación cristiana y sólo después comienza con los relatos milagrosos.
Como buen conocedor de la numerología, suele estructurar los relatos milagrosos en series de 3 (el 3 en la Biblia indica intensidad, énfasis; sobre todo cuando se repite tres veces una palabra o un gesto) y tras cada serie, o en su interior, hay una pregunta o controversia, generalmente con la casta religiosa de la época (escribas, fariseos, saduceos, sacerdotes, etc.) = los milagros generan rechazo, por envidia o miedo, en la clase dirigente. Es una constatación de la eclesiología contenida en el evangelio de Mateo.
Cuando la predicación va tocando a su fin y se acercan a Jerusalén, las series se reducen a milagros sueltos (sólo uno de ellos se realiza dentro de la ciudad) y las preguntas o controversias se extienden a sus propios discípulos. Ello implica un progreso en la institución eclesial y la traslación al discipulado del miedo. En total menciona 23 citas milagrosas:
v Leproso (8, 1-4) - siervo del centurión (8, 15-13) - suegra de Pedro (8, 14-17) -> pregunta de un escriba.
v Tempestad calmada (8, 23-27) - endemoniados gadarenos (8, 28-34) - paralítico (9, 1-8) - > acusación de blasfemia por los escribas.
v Hija de Jairo + hemorroísa (9, 18-26) - dos ciegos (9, 27-31) - mudo (9, 32-34) -> acusación de los fariseos.
v Mano seca (12, 9-14 ) - muchos (12, 15-21) - ciego y mudo (12, 22-23) -> repetición de la acusación de los fariseos.
v Alimentación de los 5.000 (14, 13-21) - anda sobre el mar ( 14, 22-33) - enfermos de Genesaret (14, 34-36) -> controversia con fariseos y escribas.
v Mujer cananea (15, 21-29) - mucha gente (15, 30-31) - alimentación de los 4.000 (15, 32-39) -> fariseos y saduceos piden señales.
v Hijo lunático (17, 14-21) -> pregunta de los que cobraban el didracma.
v Ciegos de Jericó (20, 29-34) -> aparentemente no hay preguntas ni controversias, pero va precedido, inmediatamente, por la polémica entre los discípulos y la madre de los hijos de Zebedeo.
v Algunos ciegos y cojos (21, 14) -> sumos sacerdotes y escribas se indignan (es el único milagro en Jerusalén).
v Maldición de la higuera (21, 18-22) -> sumos sacerdotes y ancianos preguntan a Jesús sobre su autoridad.
Marcos
A diferencia de Mateo, Marcos hace aparecer sus relatos milagrosos al comienzo de su redacción. También utiliza series, pero no son constantes.
Pueden ser series de 4, 3, 2 ó 1 milagro.
El denominador común apreciado en las series marcanas está en su relación con el discipulado. Dentro de cada serie, o en sus aledaños, siempre existe una relación directa de Jesús con sus discípulos, ya sea instruyendo, enviando, llamando o recriminando. Los milagros parecen constituirse en uno de los pilares relacionales entre el ministerio de Jesús y sus seguidores. Ninguno de ellos se realiza en Jerusalén.
Marcos cita 22 acciones milagrosas:
v Espíritu inmundo (1, 21-28) - suegra de Pedro (1, 29-31) - muchos (1, 32-34) -> sus discípulos le buscan y Él contesta: "vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique".
v Expulsión de demonios en Galilea (1, 38) - leproso (1, 40-45) - paralítico (2, 1-12) -> llamada a Mateo.
v Mano paralizada (3, 1-6 ) - muchos (3, 10-12) -> institución de los doce.
v Tempestad calmada (4, 35-41) - endemoniado geraseno (5, 1-20) - hija de Jairo y hemorroísa (5, 21-43) -> envío de dos en dos.
v Alimentación de los 5.000 (6, 30-46) - anda sobre las aguas (6, 47-54) - muchos en Genesaret (6, 55-56) -> los discípulos rompen con las tradiciones farisaicas.
v Mujer sirio fenicia (7, 24-31) - sordo (7, 32-37) - alimentación de los 4.000 (8, 1-12) -> advertencia sobre la levadura de los fariseos.
v Ciego de Betsaida (8, 22-26) -> pregunta a los discípulos sobre su personalidad.
v Hijo con espíritu inmundo (9, 17-27) -> pregunta de los discípulos sobre su incapacidad para expulsar el demonio.
v Ciego Bartimeo (10, 46-52) -> envío de dos discípulos a recoger el pollino.
v Maldición de la higuera (11, 11-14) -> exhortación sobre la fe en Dios.
Lucas
La redacción lucana nos aporta una relación milagrosa con un marcado acento teológico. Sus series no guardan uniformidad cuantitativa y comienzan, como en el caso de Marcos, con el propio ministerio predicatorio, nada más ser expulsado de Nazaret.
Su estructura no es relacional, sino marcadamente apologética. La significación de los milagros es resaltar la gloria de Dios y la llegada del Reino por mediación de Cristo. Constituyen una demostración mesiánica de Jesús-Cristo, por ello, el esquema seguido con Mateo y Marcos; y luego con Juan, no es válido para Lucas. La significación o aplicación de los milagros a la exaltación está implícita, o explícita, así como la reacción de las gentes de temor, asombro y glorificación, en cada milagro o serie con frases como: "porque he sido enviado a anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios", "El poder del Señor le hacía obrar curaciones", "vuestro es el Reino de Dios", "Dios ha visitado a su pueblo", "se anuncia a los pobres la Buena Nueva", "cuenta lo que Dios ha hecho contigo"...
En total, cita 19 acciones milagrosas.
v Espíritu inmundo (4, 31-36) - suegra de Pedro (4, 38-44) - pesca milagrosa (5, 1-11) - leproso (5, 12-14) - paralítico (5, 17-26)
v Mano seca (6, 6-10) - muchos sanados (6, 17-19)
v Siervo del centurión (7, 1-17)
v Tempestad calmada (8, 22-26) - endemoniados gerasenos (8, 26-39) - hija de Jairo y hemorroísa (8, 40-56)
v Alimentación de los 5.000 (9, 12-17)
v Hijo endemoniado (9, 38-43)
v Encorvada (13, 11-13)
v Hidrópico (14, 2-6)
v 10 leprosos (17, 11-19)
v Ciego de Jericó (18, 35-43)
v Oreja del siervo del Sumo Sacerdote (22, 49-51)
Juan
Como es costumbre, el caso de Juan es singular.
La utilización de los signos o señales dentro de su evangelio es discursiva. El relato del signo es, para el evangelista, una "anécdota" que reafirma lo citado en el prólogo de su evangelio (el Verbo era Dios) y que sirve para que el Verbo ponga en práctica su capacidad para hacer y decir.
Es el que menos milagros recoge, sólo 7 (el número bíblico de la perfección) y siempre sirven para dar pie a una disertación de Cristo:
v Boda de Caná (2, 1-11) -> da pie a la purificación del Templo.
v Hijo del funcionario de Herodes (4, 46-54) - paralítico de Betesda (5, 1-9) - > genera el discurso sobre su autoridad.
v Alimentación de los 5.000 (6, 1-15) - anda sobre las aguas (5, 18-20) -> produce el discurso del pan de vida.
v Ciego de nacimiento (9, 1-7) -> discurso del Buen Pastor.
v Reavivación de Lázaro (11, 1-45) -> anuncio de su muerte.
Desde mi perspectiva personal, afronto los milagros con los siguientes parámetros:
a) Consideraciones generales sobre los milagros.
b) Planteamientos subjetivos.
Consideracionesobjetivas
1).- Conceptualización general de un acontecimiento como de carácter milagroso.
Resulta indiscutible que la calificación de una acción como encuadrada dentro del concepto milagroso no es de aplicación lineal, ni en el tiempo, ni desde el punto de vista sociológico, ni desde el punto de vista histórico.
Para fijar el concepto, digamos que, objetivamente, entenderíamos por milagro cualquier acontecimiento que escapa de una explicación racional, una vez utilizadas las herramientas empíricas y científicas disponibles, siempre que se den dos condiciones inexcusables: la intervención de Dios (o de un personaje celeste) y la mediación de un mortal, aunque en ocasiones quede difuminada o superpuesta la figura de médium y beneficiario.
Quedaría fuera de este concepto todo fenómeno no explicable desde la racionalidad personal, no objetiva, de cada observador, así como las prácticas curanderas, mágicas, extrasensoriales o paranormales.
A la vista del concepto, queda claro que la calificación no sería la misma a lo largo de la historia de la humanidad, ya que ésta lleva aparejada una evolución científica y social que iría aportando explicaciones racionales a situaciones que anteriormente no las tenían.
De igual forma, no existe el mismo concepto de milagro desde una sociedad evolucionada social y tecnológicamente, que desde otra situada en un estadio inferior. (1er y tercer mundo, por ejemplo).
Tampoco se contemplaría la misma definición desde dos sociedades con raíces y tradiciones culturales distintas (no sería calificado igual un acontecimiento por una sociedad occidental que desde una percepción oriental).
Vemos, por tanto, que tenemos un primer escollo de partida a la hora de encarar este tipo de acontecimientos: ni siquiera podemos disponer de una formulación estándar.
Sin embargo, para podernos situar ante las acciones que se nos van a presentar, aceptemos como definición objetiva la expuesta más arriba, aun con todas las salvedades mencionadas, y algunas más que podríamos relacionar.
2).- Historicidad global sobre los relatos milagrosos
Entiéndase bien que esta consideración se referirá a la historicidad de los relatos milagrosos en su conjunto, como procedentes del entorno de Jesús, no a cada relato específico, sino al bloque de acciones milagrosas recogidas en los cuatro evangelios canónicos. En otras palabras, Entenderemos como histórico, o con sustrato histórico, lo que los propios contemporáneos de Jesús entienden como acto milagroso o extraordinario.
Para centrarnos en este aspecto, hagamos una exposición breve sobre los criterios de historicidad aplicables, habitualmente, a los acontecimientos evangélicos:
- Testimonio múltiple: Las cinco fuentes evangélicas (Marcos, Q, Mateo, Lucas y Juan) recogen relatos de milagros, en diversas situaciones, contextos y formas literarias, pero, además, fuentes no cristianas (Flavio Josefo) también apoyan la existencia de acciones, cuando menos, “singulares”, aunque no entren en detalle. Por lo tanto, este criterio, al global de los relatos milagrosos, sería de aplicación.
- Dificultad: A priori, para los primeros seguidores cristianos y para la Iglesia primitiva que conformaron, que es la redactora de los evangelios, no parece que el reflejo de los relatos milagrosos pudiera suponerle ninguna dificultad, por lo tanto, este criterio no parece que fuese aplicable a estos acontecimientos.
- Coherencia: Para el examen de este criterio haremos dos apartados:
· Coherencia entre los propios hechos. Si examinamos la lista de milagros atribuidos a Cristo, extraeremos varias conclusiones que les son comunes: Las acciones que Jesús realiza nunca son en beneficio propio, no son hechas con objetivos proselitistas (normalmente siempre despide al beneficiario), ningún milagro es punitivo ni irrisorio para el beneficiario, salvo en el caso de la higuera seca, y casi siempre solventan situaciones de penuria para el beneficiario.
· Coherencia con el mensaje global del evangelio. Los pilares básicos del mensaje evangélico pasan por la proclamación de la buena noticia de que el Reino de Dios ha arribado a la tierra y que Dios interviene en la historia del hombre, asumiendo el Hijo la forma humana en su totalidad (salvo en el pecado). Desde este punto de partida, los milagros se ajustan a tal propósito, ya que, por su mediación, quienes carecen de esperanza o son objeto de exclusión a causa de deficiencias sociales o naturales, abandonan tal situación, por lo tanto, los hechos milagrosos guardan plena coherencia con el global del mensaje evangélico.
- Discontinuidad: En el desarrollo de las acciones milagrosas que nos relatan los evangelios, podemos contemplar actitudes de Jesús contrarias a la tradición judía de la época. Para citar algunas: curaciones en sábado, tocar a los impuros (leprosos), tocar cadáveres, trasladarse al otro lado del Jordán, etc. Por lo tanto, el criterio de discontinuidad se vería cumplido en estos acontecimientos.
- Ejecución: Si bien directamente, la realización de signos milagrosos no contribuye a la ejecución de Jesús de Nazaret, algunas de las consecuencias de estas realizaciones sí podrían contemplarse como parte de las razones para su ejecución. Entre ellas, la más importante estaría en el miedo generado a las autoridades religiosas judías la cantidad de gentes que seguían a Jesús, atraídos por su hacer milagroso, aunque ese no fuera el objetivo primario de Jesús. Además, los milagros son hechos en nombre del Padre (como demostración de la presencia del Reino), lo que suena a blasfémico ante dichas autoridades.
En resumen, vistos los criterios principales de historicidad, podemos contemplar que cuatro de ellos son aplicables al conjunto de la acción milagrosa, por lo tanto, desde esta constatación, me atrevo a afirmar que los relatos milagrosos tienen, al menos, un sustrato histórico que los fundamenta y soporta objetivamente.
Es decir, en el ministerio público de Jesús, se dan hechos y circunstancias imposibles de explicar con las herramientas de la racionalidad disponibles en la época y que sus congéneres, y el propio Jesús, interpretan como milagrosos (intervención de Dios en la historia concreta del hombre).
3).- Capacidad taumatúrgica de Jesús.
Además de los propios relatos milagrosos, hay otros detalles en el NT que nos hablan de la capacidad taumatúrgica de Jesús de Nazaret. El cuerpo epistolar nos muestra algunos de estos detalles y, dentro de los evangelios, los propios fariseos le reconocen tal poder al pedirle explicaciones respecto del origen del mismo.
Al margen de estas fuentes, el historiador judío, no cristiano, Flavio Josefo, en Antigüedades Judías, refleja esta capacidad de Jesús, por lo tanto no hay motivos para dudar de esta capacidad que, por otra parte, no era exclusiva de Jesús, sino que otros muchos personajes de la época realizaban acciones inexplicables desde la racionalidad de la época, y ninguna de estas literaturas pone el acento en esta capacidad del Nazareno, sino en otros aspectos de su devenir personal, por lo que hemos de considerar que esta capacidad no era especialmente relevante, en sí misma, para la consideración del protagonista.
4).- Presencia del Reino en los milagros
En diversas ocasiones, Cristo nos cita que sus acciones están siempre orientadas a cumplir la voluntad del Padre que le envía. En la respuesta que la fuente Q da a los emisarios del Bautista, podemos contemplar la afirmación de que los ciegos ven, los cojos andan... como señales de la presencia del Reino de Dios.
La misión esencial de Cristo en la encarnación es precisamente esta: proclamar que el Reino de Dios ha llegado y que su realización plena reviste aspectos escatológicos e, incluso, apocalípticos, pero algunas de sus manifestaciones son sensibles en este momento. Es el caso de los milagros.
Hemos de tomarlos, precisamente como eso: signos visibles de la presencia real del Reino. Especialmente porque aportan esperanzas y visos de felicidad a quienes, siendo beneficiarios de ellos, carecían de ellas. De algún modo, todos los milagros constituyen una manifestación epifánica.
Consideraciones subjetivas
1).- Percepción esotérica o mágica del acontecimiento.
Las consecuencias extraídas de las consideraciones objetivas, me llevan a no plantearme ninguna duda acerca de la existencia real de los milagros, tanto como acontecimientos históricos, como bajo el aspecto de una práctica habitual de Jesús de Nazaret. En otras palabras: no dudo de su existencia.
A este respecto hay que hacer algunas precisiones, ya que los relatos incluidos en el Evangelio están rodeados de una aureola legendaria y teológica, por lo que, si realmente ocurrieron, están seriamente mediatizados por estos factores. Nos son pocos los autores que dudan de los milagros de reavivación y sobre la naturaleza, atribuyéndolos a reelaboraciones cristianas posteriores, acentuando la perspectiva teológica.
Que la realidad de cada hecho relatado en los evangelios, de forma pormenorizada, se ajuste exactamente a lo acontecido en la realidad es otro asunto bien distinto.
Como apoyo a esta tesis, y en el apartado de los milagros, podemos dirigirnos, a modo de ejemplo para la no-interpretación literal de los signos mostrados, a dos acontecimientos atribuidos a Jesús.
Por un lado, nos encontraríamos con la repetición de milagros, utilizados por los evangelistas en la construcción de los evangelios según sus propios diseños o ideologías.
Así, por ejemplo, veremos cómo Mateo utiliza un mismo acontecimiento en dos partes diferentes de su texto, cambiando algunas frases o palabras
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Mt. 9, 27-31 27 Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! 28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. 29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. 31 Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra |
Mt. 12, 22-23 22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. 23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? |
Otra situación paradigmática en este sentido, se nos ofrece con la curación del siervo del centurión de Mt. 8, 5-13 y Lc. 7, 1-10, mientras que Juan nos presenta, en Jn. 4, 46-54, al centurión convertido en oficial del rey.
Entre las redacciones de Mateo y Lucas, aun procediendo de la misma fuente (fuente Q), ya hay bastantes diferencias, atribuibles, bien a la intencionalidad del redactor, bien a las evoluciones de las tradiciones que les llegan a cada uno de ellos, etc. Pero, si cambiamos de fuente (de Q a las propias de Juan), la modificación es sustancial, hasta el punto de parecer que se nos presentan dos señales diferentes, cuando en realidad estamos ante el mismo acontecimiento.
Tal y como nos son relatados en los evangelios, las acciones de Jesús, literalmente, recogen acciones manipuladoras de la realidad natural, que, por lo tanto, caerían bajo un aspecto esotérico y mágico.
Cuando nos enfrentamos ante un acontecimiento milagroso, desde el punto de vista histórico, tenemos una limitación, hoy por hoy, insalvable: Nos es imposible conocer, a ciencia cierta, el desarrollo exacto del proceso (qué, cuando y cómo se desenvolvieron los hechos).
Tampoco es posible conocer el estatus anterior del objeto o sujeto beneficiario del milagro antes de su realización (no podemos saber si el leproso sanado, realmente padecía dicha enfermedad o su patología consistía en una enfermedad cutánea leve; es imposible saber la forma en que la muchedumbre del monte fue abastecida de comida desde los cinco panes y dos peces, ya fuera por una acción de compartir de lo que disponía, por la recolección de fondos entre los asistentes o cualquier otro aspecto; en la expulsión de un demonio, desconocemos si el poseso, realmente era tal o padecía una afección psicótica o epiléptica...)
En otras palabras, desconocemos si las curaciones reflejadas en el Evangelio obedecen a acciones extraordinarias del “dedo” o “mano” de Dios o, si, por el contrario, como sostienen algunos autores, se deben a sugestiones o autosugestiones, procesos hipnóticos, interpretaciones religiosas de procesos naturales o simples coincidencias aprovechadas por los redactores evangélicos para apologizar la mesianidad y poder de Jesús
Desde mi percepción de Dios, como ente amoroso y misericordioso, aunque poderoso, pero escrupulosamente respetuoso hacia la libertad humana, me resulta muy difícil asimilar una acción mágica de Jesús, manipuladora de la realidad existencial de quien tiene enfrente, que altere el curso de las leyes naturales emanadas de Él mismo, aunque le fuese solicitado. Este comportamiento caprichoso de Jesús se me antoja inapropiado e inconexo con la trayectoria general del Nazareno. A quien vemos, reiteradamente, exponiendo y nunca imponiendo, su doctrina, permitiendo la defección de sus discípulos, rechazando las tentaciones que reiteradamente se le presentan para liberarse de la negatividad del desarrollo de su ministerio; y asumiendo, plenamente, su realidad humana hasta la muerte.
Cierto es que los procedimientos utilizados por Jesús, en algunos casos, se asemejan a lo considerado mágico. Ya que:
i. Se presenta como agente divino con poder sobre espíritus, cosas y elementos naturales
ii. Utiliza fórmulas o palabras concretas
iii. Realiza súplicas y oraciones
iv. Pone en práctica una panoplia de gestos simbólicos (rituales)
v. Pronuncia maldiciones (especialmente en los exorcismos)
Sin embargo, también hay elementos que distinguen esencialmente sus procedimientos de los rituales mágicos o esotéricos:
i. No pronuncia sortilegios o estimula cultos específicos diferentes de la alabanza a Dios Padre; ni siquiera sobre su persona, sino todo lo contrario
ii. No busca proselitismo con sus milagros, sino que los utiliza para establecer fuertes polémicas con las castas religiosas
iii. No están dirigidos a una clase específica o clientela, sino que abarcan desde la marginación hasta personajes de la corte o principales del culto tradicional
iv. En ningún caso obtiene beneficio personal de sus acciones, sino todo lo contrario
v. La idea subyacente en todos ellos es la puesta en práctica del bien, como signo inequívoco de la presencia real, aunque parcial, del Reino
vi. Sus formulaciones no son indirectas, sino que las dirige siempre al enfermo
vii. Si bien, como hemos citado, utiliza rituales, éstos son simples y directos y, en el caso de utilizar agentes externos (barro, saliva, etc.) éstos son inmediatos a la acción
viii. Apoya la beneficencia de la fe del enfermo en Él, como enviado de Dios
ix. Su fuerza no se la atribuye a sí mismo, sino que siempre la manifiesta como facilitada por el Padre o el Espíritu
En resumen, los milagros de Cristo obedecen a un plan divino por el que nos muestra realidades tangibles de la presencia del Reino, trascendiendo el concepto de señales para obtener prosélitos o beneficios personales.
2).- Atribución de capacidad interventora de Dios en la historia humana
Que Dios interviene en la historia del hombre, tanto en el ámbito colectivo como personal, es algo que forma parte de nuestra creencia y sobre la que se fundamenta nuestra fe en la encarnación.
Que esta intervención se realice de forma ajena al marco de juego preestablecido es algo diferente.
Dios, efectivamente, interviene en la historia del hombre, pero lo hace desde la propia historia. Desde el ejercicio de su misericordia, pero asumiendo la realidad humana, nunca alterando, contra la naturaleza y la voluntad humana, esa historia.
Que algo no pueda ser explicado con las herramientas de que dispone la racionalidad no significa que tal hecho sea atribuible a la intervención de Dios en el acontecimiento, sino simplemente a que no puede ser explicado en un determinado momento.
Atribuir a Dios esa capacidad interventora nos llevaría al absurdo de un Dios caprichoso, sin reglas y generador del mal, por consentidor de él: Si Dios puede intervenir para beneficiar a quien padece, carecería de explicación el sufrimiento de la humanidad por razones y acciones naturales (enfermedad, cataclismos, etc.). De ahí a cuestionar a Dios por qué permite la muerte sólo hay un paso. Con lo cual el absurdo revestiría tintes esperpénticos.
3).- Experiencia de Dios en los acontecimientos milagrosos
Que buena parte del Evangelio está compuesta por textos narrativos, es algo de uso común, sin que ello anule el componente histórico de ciertos hechos relatados.
Desde este punto de partida, los milagros que se nos muestran, y ya no sólo en el NT, sino también en los acontecimientos numerosos carentes de explicación del AT, nos muestran la experiencia de Dios de quienes perciben el hecho.
Es la puesta en escena de su propia experiencia de Dios ante un hecho que traspasa sus posibilidades racionales de explicación.
Algo sucede y quien lo observa, sin poderlo explicar desde la racionalidad, extrae una conclusión que afecta a su posicionamiento ante la otra realidad trascendente: la presencia de Dios en la historia.
Esta consideración siempre es y será subjetiva, ya que imbrica directamente la percepción que cada uno hace de la presencia divina a nuestro lado.
Es la experiencia de Dios, no ya de fe, que cada uno tenga, la que marcará la pauta para estimar la existencia de la intervención divina en cada acontecer concreto.
En otras palabras, lo que para mí puede ser una manifestación de la intervención divina en la historia particular de un individuo (en mi propia historia) o en la de un grupo humano, susceptible de modificar el devenir previsiblemente objetivo, para otro espectador puede ser fruto de la casualidad, la suerte o, incluso, demostrativo de la capacidad humana.
Parte II: la enfermedad
Una vez sentado el posicionamiento sobre los hechos milagrosos, volvemos al tema que encabeza este capítulo: La situación de enfermedad dentro del Evangelio.
Como hemos visto por la relación de milagros, Cristo realiza 17 sanaciones de enfermedades, además de las menciones genéricas de curación, todas ellas procedentes de patologías, digamos, biológicas.
Cuestión aparte son los exorcismos, ya que la cultura hebrea atribuye posesión diabólica, o por espíritus inmundos, a cualquier patología no encuadrada en el catálogo de etiologías conocido en ese momento histórico.
Un ejemplo significativo lo encontraremos en la expulsión del espíritu inmundo relatada en Mc. 9, 17-27, donde, a la luz de los conocimientos actuales, podríamos deducir que la patología descrita corresponde a una epilepsia.
Por lo tanto, si sumamos los 6 exorcismos a las 17 curaciones "convencionales", nos encontraremos con que la intervención de Cristo sobre pacientes concretos asciende a 23.
No puede ser casual que tantos relatos de curaciones vengan reflejados en unos textos como los que estamos contemplando.
Siendo la aproximación del Reino de Dios a la tierra una de las tareas básicas de las que es portador Jesús de Nazaret, su manifestación visible es la aportación de esperanza que le es inherente, en contrapunto a la limitación y finitud del hombre.
Así lo podemos contemplar en la respuesta de Cristo a los mensajeros del Bautista en los textos procedentes de la fuente Q, incluidos en Mt. 11, 1-19 y Lc. 7, 18-35 (Respondiendo Jesús, les dijo: id., y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio), si bien, esta frase tiene fuertes anclajes en el Antiguo Testamento, especialmente en el libro de Isaías (35, 5-6 5 Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. 6 Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa] y 61, 1 [El espíritu del Señor Yahvé está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahvé. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad]).
Ello nos conduce a una conclusión ineludible: la situación de enfermedad no es anecdótica dentro del Evangelio, sino que se conforma como uno de los pilares fundamentales para la definición del hombre desde el ministerio de Cristo.
Él contempla al hombre en su miseria y lo asume en su debilidad, mostrando una sensibilidad especial y concreta hacia su sufrimiento por la enfermedad, pero no se conforma con la lamentación, sino que le aporta la esperanza del Reino para la superación de la negatividad presente, dando además, a su actividad taumatúrgica, una simbología no carente de importancia.
Algunos detalles de esta simbología podemos observarlos en que:
§ la mayoría de ellos se realizan en lo que sería la “periferia” de Israel (Galilea, Decápolis, región de Tiro y Sidón, etc.),
§ su actividad se realiza, generalmente al atardecer (cuando el día cae) y muchas de sus acciones son en sábado, con objeto de reivindicar la preeminencia del hombre sobre la ley,
§ la mayor parte de sus sanaciones son sobre órganos de los sentidos (ciegos, sordos, mudos) haciendo a los beneficiarios testigos de su propio mensaje,
§ las sanaciones sobre paralíticos implican vivacidad del mensaje y movimiento, en contraposición a la ley anquilosada,
§ los exorcismos simbolizan la victoria sobre el mal que atenaza al hombre, significando en los espíritus poseedores, los demonios del pecado que inmovilizan el camino del alma hacia Dios,
§ las reavivaciones, como nos señala Juan en su texto, lo son para manifestación de la gloria de Dios sobre el mayor de los males del hombres: la muerte,
§ la limpieza de leprosos, en los que vemos a Jesús tocándolos y aproximándose a ellos significa la ruptura con el prejuicio conceptual y la limpieza exterior, por encima de la interior,
§ como hemos citado antes, su actividad abarca todo tipo de gentes y categorías, por lo tanto, simboliza la universalidad del mensaje, en contraposición a la exclusividad de la norma judía y como ruptura de la marginación generada por ella inherente al propio sistema (marginados eran los enfermos de cualquier tipo, paganos alejados de la salvación y días concretos en los que el bien no puede ser realizado porque la norma impide cualquier actuación.
El Síndrome de Tourette en el Evangelio
Si tenemos en cuenta que el Síndrome de Gilles de la Tourette, como hemos visto en el Capítulo I de este trabajo, fue identificado como tal sólo a partir de las experiencias del Dr. que le da nombre en el siglo XIX, resulta obvio que esta patología, era desconocida en los tiempos de Jesús.
Sin embargo, desde mi perspectiva, siempre he mantenido que el episodio de los endemoniados Gerasenos, o Gaderenos (según la versión de La Biblia que se consulte) relatado en Marcos 5, 1-20, se corresponde con la sanación de un afectado de Tourette.
Mt. 8, 28-34 Mc. 5.1-20 Lc. 8.26-39
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28 Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. |
1 Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos. 2 Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3 que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas. 4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. 5 Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. |
26 Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. |
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29 Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? |
6 Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. 7 Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. |
28 Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes. |
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8 Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. 9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. |
31 Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. |
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10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. |
32 Había allí un hato de muchos cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. 33 Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. |
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30 Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. 31 Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. 32 El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas |
11 Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. 12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. 13 Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. |
34 Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. |
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33 Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. |
14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido. |
35 Y salieron a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. 36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. |
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15 Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. 16 Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos.
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37 Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. Y Jesús, entrando en la barca, se volvió |
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34 Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.
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17 Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. 18 Al entrar él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19 Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. 20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban. |
38 Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; pero Jesús le despidió, diciendo: 39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él. |
A primera vista, podríamos decir que el origen estaría en la tradición marcana, como suele ser habitual cuando los sinópticos coinciden en un relato.
Sin embargo, en este caso, hay fundadas sospechas de que nos encontremos ante dos tradiciones confluyentes, pero diferentes.
Por un lado estaría la tradición marcana, que genera su propio texto y el de Lucas, ya que ambos son coincidentes en texto y estructura, aunque se distinguen diversos aportes del evangelista que inducen a una cristología inmanente (Mc. 5, 7; Lc. 8, 28 y Lc. 8, 38).
Por otro lado estaría la tradición mateana, a través de las fuentes propias de este evangelista, ya que las diferencias entre su texto y el de Marcos (y Lucas) son básicas y elementales:
1) Para Mateo son dos los endemoniados que se acercan a Jesús, mientras que Marcos y Lucas sólo relatan uno.
2) Omite absolutamente las circunstancias personales de los endemoniados.
3) En su ver. 29, introduce una temporalidad que está ausente del resto de los sinópticos.
4) También omite completamente el diálogo primigenio de Jesús con el espíritu.
5) De este evangelista está ausente la constatación de la liberación del poseso por sus conciudadanos.
6) Tampoco recoge la intencionalidad del liberado de seguir a Jesús y el rechazo de éste.
Tantas diferencias hacen pensar que los orígenes de los textos son diferentes, aunque el hecho recogido sea el mismo, con lo cual, estaríamos ante una manifestación de testimonio múltiple que nos acercaría a la historicidad del relato, sin entrar en consideraciones sobre el acontecimiento real.
Como ya hemos mencionado anteriormente, para la cultura hebrea de la época, cualquier patología no incluida en su particular "vademécum" era considerada como posesión diabólica y tratada como un exorcismo.
Esta es, en mi opinión, la situación que se nos presenta en la narración citada: la de un enfermo con manifestaciones psíquicas que, al no responder a los parámetros habituales de enfermedades conocidas, es considerado como un poseso y tratado como tal, tanto por sus congéneres y vecinos, como por el sanador que va a solventar su problema (en este caso, Cristo).
Para evitar confusiones y desviaciones, nos fijaremos exclusivamente en el texto de Marcos, obviando los de los otros dos evangelistas.
En orden a la historicidad del relato, como ya hemos visto, tendríamos el "testimonio múltiple" de fuentes, al contar con las de Marcos (y Lucas que lo toma de él) y las propias de Mateo.
Que Jesús aunaba en su persona, además de las dotes de maestro, predicador moral, profeta escatológico y taumaturgo, las de exorcista, es algo en lo que coinciden todos los expertos historiadores de la figura de Jesús de Nazaret. Fundamentalmente, esta coincidencia, se basa en la cantidad de testimonios múltiples, dentro y fuera de los textos evangélicos y cristianos, que señalan tal característica.
Que, a su vez, los exorcistas eran algo "común" en aquella época, también forma parte de la historia cultural y sociológica del pueblo de Israel, así como que la facultad de expulsar demonios, no era una prerrogativa de Jesús en ese instante.
Podemos contemplar esta capacidad en otras personas de su tiempo en Mt. 12, 27 (Y si yo expulso los demonios por Belcebú, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces) y su correspondencia en Lc. 11, 17; Hc. 19, 11-17 (11 Dios obraba por medio de Pablo milagros no comunes, 12 de forma que bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado y se alejaban de ellos las enfermedades y salían los espíritus malos. 13 Algunos exorcistas judíos ambulantes intentaron también invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, y decían: «Os conjuro por Jesús a quien predica Pablo.» 14 Eran siete hijos de un tal Esceva, sumo sacerdote judío, los que hacían esto. 15 Pero el espíritu malo les respondió: «A Jesús le conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?» 16 Y arrojándose sobre ellos el hombre poseído del mal espíritu, dominó a unos y otros y pudo con ellos de forma que tuvieron que huir de aquella casa desnudos y cubiertos de heridas. 17 Llegaron a enterarse de esto todos los habitantes de Éfeso, tanto judíos como griegos. El temor se apoderó de todos ellos y fue glorificado el nombre del Señor Jesús.) y Mc. 9, 38-40 (38 Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» 39 Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. 40 Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.»).
Por lo tanto, no cabe duda de la historicidad, que sus contemporáneos le reconocían, acerca de la capacidad exorcizadora de Jesús de Nazaret.
El hecho de que el acontecimiento relatado se realice fuera de los límites del Israel centralizado (en la Decápolis), nos aproxima al criterio de discontinuidad, mientras que el desarrollo del milagro y su finalización, nos acerca al criterio de coherencia (el hecho no es beneficio propio, sino del presunto poseso, y, a su vez, a pesar de la intención de éste una vez liberado, de continuar con Jesús, es despedido por Él para que vuelva a su casa).
Por lo tanto, no parecen existir dudas acerca de que algo, presentado como exorcismo por los evangelistas, sucedió en la Decápolis que, además, generó la petición de sus habitantes a Jesús de que saliera de sus tierras por miedo a su poder.
En orden a la asimilación del enfermo al Síndrome de Gilles de la Tourette, fijémonos en lo que nos cuenta el texto de Marcos sobre la sintomatología presentada y el entorno social que acompaña al hecho:
I. tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas
II. porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar
III. siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras
IV. clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes
V. Legión me llamo; porque somos muchos
VI. los que apacentaban los cerdos huyeron
VII. ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo
Comparemos ahora esta descripción de síntomas con el conjunto de tics, trastornos asociados y consecuencias sociales para los afectados relacionados en el capítulo 1 de este trabajo.
- ... y nadie podía atarle, ni aun con cadenas... porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar
Quien convive, o ha convivido, con un afectado por Tourette, cuando la afección del Síndrome se corresponde con la categoría denominada "plus", sabe que en el desarrollo de las crisis de rabia o agitación, los pacientes ponen de manifiesto una fuerza inusitada que carece de relación con las posibilidades estándar de la complexión física del individuo.
La inmovilización mecánica del afectado en determinados momentos se hace imposible si en ella no intervienen dos o más personas y, particularmente he presenciado cómo los medios de inmovilización utilizados en los hospitales (cintas y arneses de sujeción) eran destrozados en los momentos álgidos de estas crisis.
Esta circunstancia, por sí misma, no nos identifica al poseso como afectado de Tourette, puesto que desempeños similares también los desarrollan otras patologías psiquiátricas, pero sí nos sirve para introducir la hipótesis que estamos manejando.
- siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras
En esta parcelación podemos observar tres posibilidades de afección de Tourette:
1).- El "siempre, de día y de noche", nos acerca a los trastornos del sueño identificados por los facultativos como uno de los "trastornos asociados", mediante el cual, algunos afectados, se despiertan frecuentemente, hablan dormidos e incluso padecen episodios de sonambulismo.
2).- La frase "andaba dando voces..." nos lleva a lo recogido por el Dr. Fernando Ferreira - Residencia de Medicina de Familia -Hospital Regional Enrique Vera Barros.(Rioja, Argentina) en su trabajo sobre El Síndrome de Gilles de la Tourette.
"Dentro de los aspectos psicológicos a tener en cuenta son:
La Angustia: Este es un Trastorno de la conducta, consecutivo a una situación existencial dramática. La angustia es producida por un suceso traumatizante que emerge del individuo, el cual, incapaz de afrontarlo, reacciona, según su temperamento, con gritos o sollozos, con el desgaste o el suicidio"
En la misma línea, dentro de la relación de tics fónicos simples nos encontramos con el chillar, gruñir, gritar, etc., descritos también por el Dr. Gilles de la Tourette respecto de la Marquesa de Dampierre.
3).- Por último, "hiriéndose con piedras" es identificable con dos aspectos de los afectados por Tourette:
- Como una manifestación de los tics motores complejos
- Como una consecuencia de los Trastornos de Conducta y Comportamiento o Trastorno de Déficit de Control de Impulsos
Al igual que en el caso de las cadenas y grilletes, quienes hemos presenciado y convivido con las crisis de agitación de nuestros afectados, podemos atestiguar que la autolesión es el componente fundamental en el desarrollo de las mismas.
En ocasiones, incluso, el paciente llega a autolesionarse tan gravemente, al golpearse contra paredes, pavimentos o simples piedras de la calle, que precisa atención traumatológica específica.
- clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes
Esta parcelación, a priori, puede parecer carente de interés para nuestra argumentación, ya que contendría componentes teológicos sin relación con la misma.
Sin embargo, deteniéndonos un poco más sobre ella, podemos descubrir la reacción de un afectado de Tourette que, al mismo tiempo, desarrolla un trastorno asociado de Déficit de Control de Impulsos o Trastornos de Conducta y Comportamiento.
También quienes hemos presenciado las reacciones de los afectados ante los intentos de apoyo y ayuda en sus momentos de crisis, hemos comprobado como los pacientes reaccionan con agresividad, violencia y rechazo hacia quienes pretendemos ayudarles a superarlas, mezclando las frases despectivas con los insultos personales y los conatos de agresión.
Como es nuestra costumbre ajustarnos a lo que el texto bíblico nos dice, no introduciremos especulaciones sobre lo que realmente pudo decirle el poseso a Jesús cuando intentó sanarle, pero no es muy difícil imaginar la sarta de insultos y agresiones verbales que podría encadenar.
- Legión me llamo; porque somos muchos
En esta pequeña frase podemos encontrar la comorbilidad que aparece en muchos de nuestros afectados que, además de los tics propios del Síndrome, acarrean multitud de manifestaciones psiquiátricas en los denominados "Trastornos Asociados" que hemos relacionado en el capítulo 1 de este trabajo.
Efectivamente, un afectado de ST Plus, ha de padecer, no sólo las incomodidades de los tics motores, verbales o fónicos, sino que, además, se ve acuciado por otras manifestaciones touréticas más invalidantes aún que podemos encontrar en la relación citada anteriormente. Luego el calificativo de "legión, porque somos muchos" del Evangelio es de plena aplicación para un afectado de estas características.
- tenía su morada en los sepulcros...
Entramos en la parcela que podríamos identificar como de "aspectos sociales", nucleados alrededor del episodio que se nos cuenta.
Dentro de este apartado, la mención del evangelista (en este caso coincidente en los tres textos sinópticos), tiene un significado singular y determinante.
Esta afirmación no nos sitúa ante un personaje extrañado, exiliado o retirado, en cuyo caso se nos mostraría un hábitat correspondiente al desierto o simplemente a lugares solitarios, sino que se nos presenta el caso de un individuo rechazado que se ve obligado a habitar en las afueras de la ciudad, en el lugar más inmundo para la cultura hebrea: entre los sepulcros, entre la muerte.
El excluido, el marginado evangélico, es un auténtico muerto en vida que, además, posee todas sus facultades intelectuales conservadas, como se desprendería de los diálogos sostenidos entre él y Jesús en la continuación del texto, pero es que, además de expulsado de la vida social, es un perseguido, como se deduciría de haber sido atado con grillos y cadenas repetidamente.
Obviamente, actualmente, nuestros afectados no viven entre los sepulcros. Ni siquiera se les envía a guetos aislados, pero se les obliga a llevar una vida de aislamiento y marginación de la vida social que no difiere demasiado del aislamiento del sanado en el Evangelio.
- los que apacentaban los cerdos huyeron
- ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo
Otro tanto sucede con estas dos observaciones evangélicas, respecto del marco relacional de nuestros afectados por el Tourette en los tiempos presentes.
Como en los párrafos anteriores, hemos de echar mano de nuestras experiencias personales de convivencia con el Síndrome, y ellas nos reafirman en el contenido del texto evangélico respecto de las reacciones de "la gente" ante las manifestaciones touréticas más virulentas.
¿Cuántas veces habremos constatado que "la gente" huye literalmente del entorno de nuestros afectados cuando presencian algún episodio de crisis de agitación?.
¿Cuántas veces habremos escuchado el comentario respecto del miedo que acomete a quienes le acompañaban hasta el momento de la aparición de alguno de estos episodios?.
Hemos de conceder que la extravagancia de algunas manifestaciones, la violencia y agresividad de ciertos episodios críticos y el comportamiento, ciertamente asocial, impelido por los trastornos asociados componen un cuadro de características personales que contribuyen a la aparición de estos miedos. Es comprensible, por tanto, la marginación del poseso evangélico y el espanto entre sus vecinos, aun después de su sanación, al igual que también son comprensibles los miedos, fundamentalmente generados por el desconocimiento, que acuden a quienes rodean a un afectado y que se ven en la necesidad de escapar de su lado, aun después de pasada la crisis.
No debe asustarnos el paralelismo que intentamos aquí entre el poseso evangélico y los afectados por el ST, ya que esta consideración no sería privativa de épocas tan remotas como la que nos refiere el Evangelio.
En la historia real del adolescente estadounidense acaecida en 1949 y que dio origen a la novela "El Exorcista", de William Peter Blatty que, a su vez, sirvió de apoyo y guión para la película del mismo título, aunque protagonizada por una niña, determinados especialistas sostuvieron que las manifestaciones observadas en el paciente provenían de crisis agudas producidas por el Síndrome de Tourette.
La Iglesia Católica, para la calificación de posesión diabólica, especifica al síndrome como una de las principales patologías a descartar antes de acometer el posible exorcismo.
Psicólogos como Barry Beyerstein, de la Universidad Simón Frasier en la Columbia Británica de Canadá, indican que las conductas que se suelen describir asociadas a fenómenos de posesión diabólica son normalmente reconocibles como trastornos psiquiátricos y, por tanto, tratables, como el Síndrome de Tourette.
En palabras del propio Dr. Gilles de la Tourette al describir la sintomatología de la Marquesa de Dampierre, nos dice: ".... cambiaba bruscamente su comportamiento cívico; Delante de los invitados y la servidumbre comenzaba a ladrar como un perro, a maullar, a insultar a sus contertulios o decir obscenidades. La noble dama parecía poseída por el diablo....".
Por lo tanto, cualquier lector puede, o no, estar de acuerdo con la hipótesis planteada de que el exorcismo practicado por Cristo al endemoniado geraseno, realmente podría tratarse de la sanación de un afectado por el ST, pero no cabe duda de que, a los ojos del hombre de la calle, algunas de las manifestaciones touréticas inducen a pensar en una posesión diabólica.
Capítulo III
Afrontamiento del Síndrome desde las enseñanzas de Cristo (cristología sobre la enfermedad y la exclusión social)
Este tercer capítulo lo dedicaremos, de lleno, al afrontamiento del Síndrome desde el Evangelio, haciéndolo a partir de tres parámetros de observación:
- Desde la situación de enfermedad
- Desde la perspectiva de la marginación social que acucia al afectado
- La búsqueda de referentes evangélicos como imagen para nuestro propio comportamiento hacia el Síndrome, tanto desde la experiencia del afectado, como para quienes les rodeamos y vivimos impotentes su sufrimiento.
Para el abordaje desde estos parámetros, intentaremos el ensayo de una serie de cuestionamientos, tanto generales como específicos. Las respuestas a estos cuestionamientos van a estructurar nuestro propio posicionamiento de creyentes y seguidores de Cristo ante el Síndrome, si bien, muchas de estas respuestas son extensibles a cualquier enfermedad y situación de marginación y exclusión social generadas por otras causas (pobreza, emigración, drogadicción, etc.).
Desde la situación de enfermedad
- ¿Cómo percibe un afectado su situación patológica?.
Vaya por delante, que quien esto escribe, no está afectado por el Síndrome de Tourette. Por lo tanto, estas estimaciones se corresponden con lo que he venido observando, escuchando y apreciando en las manifestaciones, actitudes y comportamientos de las personas que sí padecen esta patología.
Se trata, por tanto, de un reflejo empírico, pero con grandes dosis emocionales y subjetivas, de lo que contemplo.
Por mi parte puedo tratar de comprender y asimilar, en cierta forma, estas actitudes y comportamientos, pero no puedo experimentar mas que mis propios sufrimientos (en este caso como observador del sufrimiento de alguien a quien amo).
Es imposible que viva los sufrimientos de otro, por más que lo intente. A lo sumo puedo acompañar su sufrimiento y experimentar un profundo dolor por su situación, pero jamás podré sufrir por él. Esa es una prerrogativa de Dios, quien, mediante uno de sus atributos, que posee en grado infinito, (la misericordia) es capaz de sentir en sí mismo el sufrimiento del hombre.
Sin embargo, y desde mi limitación, debida a mi condición de ente finito, he intentado empatizar con las vivencias de los propios afectados, tratando de interpretar cómo viven ellos su propia situación de negatividad a consecuencia del trastorno que padecen.
Esta interpretación, como cito más arriba, no es objetiva ni científica, sino que está preñada de emotividad y atravesada por el subjetivismo que emana de los sentimientos de amor y ternura.
Es, por tanto, una interpretación que no resulta de los sentidos, sino del pensamiento y, como tal, del espíritu. Por ello, puede que no se ajuste a la verdad objetiva, pero, puesto que se conforma como una idea profunda, jamás podrá ser falsa.
Cualquier situación de enfermedad enfrenta al hombre con su propia miseria y debilidad: se contempla disminuido en sus capacidades y en inferioridad con respecto a su situación anterior.
En los afectados del ST se dan circunstancias específicas que les diferencian de otros pacientes aquejados por diversas enfermedades:
ü El Síndrome de Tourette no es una enfermedad grave, si por “grave” entendemos las patologías que conllevan peligro de muerte para el paciente.
Efectivamente, por sí mismo, el ST, no se conforma como una enfermedad que ponga en peligro la vida del paciente. Sin embargo, algunas de sus manifestaciones comórbidas, léase Trastornos de Conducta y Comportamiento, Déficit de Control de Impulsos, etc., sí que pueden, en determinadas circunstancias, poner en riesgo la vida del afectado, ya que éste no es consciente del riesgo que sus acciones pueden aparejar, tanto para su propia integridad, como para la de quienes le rodean.
De la misma forma, el ST no es una patología degenerativa, por lo que, alcanzado su cenit, deviene en un "acompañamiento" en la vida del afectado que, en ocasiones, puede verse minorado o presentar picos insospechados que suelen coincidir con cambios estacionales o situaciones de agitación emocional.
ü El Síndrome de Tourette no “duele”.
El ST, como tal, no produce dolor directo derivado de la disfunción en los neurotransmisores. Ello no significa que algunas de sus manifestaciones no generen dolores en el afectado, ya que son frecuentes las migrañas y, la reiteración de tics motores, producen dolor en las partes del cuerpo afectadas, pero no están derivados directamente por la etiología del ST.
Esta circunstancia conlleva, para el afectado, una doble vertiente:
a) por un lado pierde la referencia del dolor como manifestación propia de la situación de enfermedad, con lo que el ST deviene en una suerte de “enfermedad funcional”, en la que determinados órganos del cuerpo, a pesar de encontrarse, biológicamente, en perfectas condiciones, no ejercen debidamente sus funciones,
b) por el otro, el tourético no es plenamente consciente de su situación de paciente afectado por una patología. Se siente diferente, pero no claramente enfermo. Vive su enfermedad como una especificidad de su personalidad, no como una afección biológica. Esta es una de las razones que contribuyen al retraso diagnóstico, ya que, en muchos casos, sólo cuando las manifestaciones touréticas se presentan como invalidantes para la convivencia, se acude a los facultativos en demanda de diagnóstico y ayuda profesional.
Estas características nos llevan a lo indicado en el Capítulo I, respecto de la apreciación de la enfermedad como “Ego sintónico”, cuando el problema no es percibido por el paciente, sino que sus consecuencias negativas lo son para los demás en exclusiva; o como un “Ego distónico”, cuando el problema es percibido y detectado por el propio paciente como algo intrínseco a su existencia.
No es infrecuente encontrarse afectados que se niegan a reconocer que, efectivamente, están enfermos y que, como mucho, se consideran, y son considerados por quienes les rodean, como “raritos”, más que como enfermos.
Esta situación deviene en mayores dosis de incomprensión por parte de quienes les observan y menores posibilidades de asunción respecto de sus “extravagancias”, con lo que el círculo se cierra alrededor del afectado, dotándole de una aureola de ensimismación y sentimiento de “no ser comprendido” por los demás, generando una sensación de culpabilidad, llegando a considerarse a sí mismos como individuos fuera de control, peligrosos y dañinos; con lo que el estigma se interioriza y adquiere carta de naturaleza en su personalidad.
- La enfermedad como explicitación directa del mal en el hombre.¿Qué sentido tiene para Jesús el dolor patológico del hombre?, ¿cómo encajar la enfermedad en la Buena Noticia?. Fatalismo, resignación o esperanza.
Obviamente, nuestra mentalidad occidental, mediatizada por la tecnología y la información científica o pseudo científica, nos impide reflexionar sobre la enfermedad en la misma forma que lo hacía, en su momento, el pueblo hebreo, en cuyo seno nace y se desenvuelve Jesús de Nazaret.
Para una mejor aproximación y buscar los orígenes de la conceptualización de la enfermedad y el dolor físico como relación causa-efecto con acciones contrarias a la voluntad de Dios (mal-pecado), vamos a utilizar diversos textos del Antiguo Testamento.
No son los únicos que podríamos relacionar a este respecto, pero sí nos sirven para darnos cuenta de hasta qué punto esta idea formaba parte de la cultura hebrea, ya que esta relación nos la vamos a encontrar en todas las literaturas veterotestamentarias.
Así, dentro del Pentateuco (los 5 libros básicos del judaísmo), nos lo encontramos en dos de sus textos de características bien diferentes.
En el libro del Génesis, capítulo 38, versículo 10, vemos el castigo a Onán: "Pareció mal a Yahvé lo que hacía y le hizo morir también a él", dentro de un contexto histórico-narrativo, donde contemplamos como el obrar contrario a la voluntad de Yahvé de Onán, acarrea sobre él un castigo directo de enfermedad que le lleva a la muerte.
A su vez, en Deuteronomio 28, en otro contexto literario bien diferente, como es el estilo legislativo, dentro de la pronunciación de la ley por Moisés en el desierto, correspondiendo a un texto de la tradición Yavista, sus versículos 58 al 61: "58 Si no cuidas de poner en práctica todas las palabras de esta Ley escritas en este libro, temiendo a ese nombre glorioso y temible, a Yahvé tu Dios, 59 Yahvé hará terribles tus plagas y las de tu descendencia: plagas grandes y duraderas, enfermedades perniciosas y tenaces. 60 Hará caer de nuevo sobre ti aquellas epidemias de Egipto a las que tanto miedo tenías, y se pegarán a ti. 61 Más todavía, todas las enfermedades y plagas que no se mencionan en el libro de esta Ley, las suscitará Yahvé contra ti, hasta destruirte", nos exponen los orígenes de la enfermedad y toda clase de dolencias y sufrimientos, por no observar la Ley que promulga Moisés por mandato directo de Dios.
Pasando a otro tipo de literatura, fuera del Pentateuco, concretamente la correspondiente a la de carácter histórico, nos encontramos con dos piezas ilustrativas de la idea que estamos comentando.
En el segundo libro de Samuel, capítulo 12, podemos observar la profecía de Natán a David en sus versículos 9 a 15:"9 ¿Por qué has menospreciado a Yahvé haciendo lo malo a sus ojos...15 Y Natán se fue a su casa. Hirió Yahvé al niño que había engendrado a David la mujer de Urías y enfermó gravemente", en el que, tras las justificación del origen del sufrimiento que le va a llegar, como consecuencia de su apartamiento de la voluntad de Dios, el profeta advierte a David del dolor que asolará su casa y que se concreta en la enfermedad mortal del hijo ilegítimo del rey israelita, que le llevará hasta la muerte a pesar de las súplicas oratorias del monarca.
Este texto nos da una pista más sobre el origen de la enfermedad, ya que quien enferma (y muere), no es quien directamente obró el mal, sino su hijo, por lo que se establece una vinculación directa del mal (manifestación del pecado), no ya sobre el autor del mismo, sino también hacia su entorno.
En otro texto de los conocidos como "históricos", el segundo libro de las Crónicas, capítulo 21, podemos leer el escrito de Elías al rey Joram, en sus versículos 6 al 15: "6 Anduvo por el camino de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Ajab, porque se había casado con una mujer de la familia de Ajab, e hizo el mal a los ojos de Yahvé...15 tú mismo padecerás grandes enfermedades y una dolencia de entrañas tal, que día tras día se te saldrán fuera a causa de la enfermedad", donde tras constatar en qué consiste el pecado del rey, el profeta le anuncia la tragedia que le va a sobrevenir y que, a la postre, le acarreará la muerte.
Pasando a otro tipo de literatura, en este caso a la conocida como "sapiencial", nos encontramos el libro de Job como paradigma de justificación del sufrimiento humano.
Sólo de pasada conviene que nos fijemos en que este libro es un intento filosófico-religioso del pueblo judío para encontrar y justificar el origen del sufrimiento del hombre, ya que si partimos de que Dios es el origen de todo, y acompañamos la premisa de que Dios es justo, y que el mal que se explicita en el sufrimiento lo es como consecuencia del mal obrar (pecado personal) ¿cómo explicar el sufrimiento en las personas justas a las que no se les reconoce ningún pecado?.
Desde esta incongruencia, el redactor construye la narración de este libro, personificándolo en un individuo ajeno al pueblo hebreo (Job), por el que se introduce un nuevo personaje al que se puede achacar el envío del sufrimiento sobre personas que, teóricamente, no serían acreedoras de él a causa de su buen hacer y justificación ante los ojos de Dios: Satán. Quien, a partir de este momento se constituye en el canalizador del mal hacia los hombres.
Si bien todo el libro es una joya que nos acerca hacia el posicionamiento del hombre ante su propia miseria, he elegido el pasaje del capítulo 2, en la que el agente maligno solicita de Dios que le permita enviar la enfermedad sobre Job para probarle en su fortaleza, dentro de sus versículos 7 a 10: "7 El Satán salió de la presencia de Yahvé, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.10 Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios", donde podemos comprobar cómo Job responde al planteamiento "racional" de su esposa con una asignación del origen del bien y del mal que le está llegando.
Como hemos comentado, no hay mal obrado por Job que justifique la aparición de la enfermedad, ya que es un hombre justo, por ello, el redactor introduce a "Satán" como ente vehiculador de la desgracia humana cuando ésta es aparentemente injusta, dejando a salvo la conceptualización de Dios como ente absolutamente justo.
Dentro de la literatura "sapiencial", el libro de Los Proverbios nos ofrece varias perlas de la sabiduría popular. No olvidemos que éste, junto con los otros libros "sapienciales" (Job, Eclesiatés [Cohélet], Eclesiástico [Sirácida] y Sabiduría) conforman una riquísima colección de lo que hoy podríamos conocer como "refranes" que compendian la sacralización de la sabiduría popular y el "sentido común".
De este libro he elegido, dentro de su capítulo 3, los versículos 7 y 8: "7 No seas sabio a tus propios ojos, teme a Yahvé y apártate del mal 8 medicina será para tu carne y refrigerio para tus huesos", con objeto de contemplar cómo, dentro de la "sabiduría llana del pueblo" estaba arraigada la idea de que el mal (pecado) acarrea el sufrimiento y que, por el contrario, el apartamiento de él (el bien hacer y la justicia) conllevan el bienestar, no sólo espiritual, sino también el físico.
Por último, he elegido un pasaje de uno de los libros deuterocanónicos, para cerrar esta hipótesis sobre el origen de la enfermedad desde la mentalidad hebrea de la época de Jesús.
Me refiero al segundo libro de Macabeos, capítulo 9, versículo 18: "Como sus dolores de ninguna forma se calmaban, pues había caído sobre él el justo juicio de Dios, desesperado de su estado...", donde contemplamos la enfermedad de Antíoco generada por el "juicio justo de Dios" y que nos permite extender hasta los últimos tiempos anteriores a Jesús, durante la dinastía hasmonea, la idea del origen de la enfermedad, donde a pesar de que, en esos momentos, la cultura hebrea ya se encontraba influenciada por las corrientes helenísticas de la época, se continúa aferrando a la misma idea del origen del dolor y la enfermedad.
Vistos estos antecedentes, y teniendo en cuenta que nuestras culturas occidentales beben de las tradiciones religiosas judeocristianas y que, tales tradiciones tienen un fuerte anclaje en la literatura veterotestamentaria, no es de extrañar que determinados conceptos relativos al origen de la enfermedad y el sufrimiento se encuentren fuertemente arraigados en el subconsciente popular y, que, en determinados momentos irreflexivos y de desesperación, afloren los viejos conceptos por los que nuestros males y sufrimientos biológicos se atribuyen a castigos divinos por nuestros pecados o defectos morales.
Sin embargo, es una consideración que no se sostiene ni por la fe cristiana, si como tal consideramos la que intenta seguir la enseñanza y praxis de Cristo, ni, obviamente, por la racionalidad. Siendo éste un punto en el que ambos posicionamientos personales confluyen y coinciden en sus apreciaciones, cuando éstas se realizan con sosiego y alejamiento de mitos, fetiches y prejuicios.
Desde la perspectiva crística que nos muestran los evangelios, para apreciar el sentido que para Jesús tienen las dolencias patológicas, sólo tenemos que aproximarnos a los textos de los evangelistas para descubrir enseguida que Cristo se conforma como el actualizador de la Ley y las tradiciones veterotestamentarias. También, y especialmente, en lo que a la consideración de enfermedad se refiere.
Un repaso por la cantidad de curaciones que le son atribuidas con precisión, así como por las citas de curaciones genéricas o masivas nos aproximan a su sensibilidad por los dolientes, a quienes considera los "pequeños" del Reino y a los que dedica una buena parte de su tiempo misional, sin que, en ningún momento, interrogue al enfermo sobre sus posibles pecados por los que, supuestamente, le habría llegado su enfermedad.
Bien al contrario, como observamos en el episodio de Mt. 9, 2 (En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados»), Cristo, además de beneficiar al doliente con sus poderes sanadores, procede al perdón de los pecados sin preguntar. Poniendo en práctica el ejercicio supremo de la misericordia.
Jesús, no lo olvidemos, es un judío nacido y formado en la observancia tradicional de la Ley, como podemos contemplar en los pasajes lucanos dedicados a la infancia y juventud de Jesús.
A lo largo de su periplo misional, además, nos da muestras de ello en repetidas ocasiones (predicación en las sinagogas en sábado, subidas a Jerusalén para las fiestas judías, pago de los tributos, etc.), pero, su actualización legislativo-religiosa le lleva, en este punto, a proclamar una novedad rupturista con la cultura imperante: la enfermedad (y por extensión, la muerte), no es un castigo de Dios, sino una debilidad humana, destinada, dentro de su misión, a realzar la gloria de Dios y la presencia del Reino.
Dos parcelas del texto de Juan lo ilustran con claridad.
La primera se refiere a la curación del ciego de nacimiento que encontramos en Juan 9, 1-3 (1 Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» 3 respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios»), que, posteriormente, da apertura al discurso de buen pastor.
En esta pequeña parcelación podemos contemplar cómo Cristo se desmarca de la tradición hebrea respecto del origen de la enfermedad y con rotundidad niega el pecado (mal) como agente causal de la patología del ciego, reconociendo ésta como una debilidad del hombre y, en este caso, la utiliza para manifestación del poder de Dios.
La otra parcelación joánica la encontramos en Juan 11, ver. 1 a 4 (1 Había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. 2 María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo.» 4 Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella») donde apreciamos como Cristo identifica nuevamente la enfermedad, y posterior fallecimiento, de su amigo Lázaro como una deficiencia humana que sirve para glorificar el poder de Dios y, por extensión, el suyo propio.
En este pasaje contemplamos a Cristo sanando y culminando las debilidades y finitudes humanas que, como en este caso, llegan hasta la limitación suprema del hombre: la muerte, que es superada por Él como anticipo de su propia muerte humana y gloriosa resurrección.
Luego, para Cristo, la enfermedad, como vemos, tiene un sentido doble.
Por un lado, la reconoce como inherente a la condición del hombre como ente finito y, por el otro, la entiende como instrumento de superación, mediante la intervención de Dios en la historia del hombre, de la propia debilidad humana hacia la felicidad que proviene de la salud, no sólo física, sino, especialmente, espiritual, al quedar al margen el estigma del pecado como agente desencadenador de la patología.
Como hemos venido contemplando en las líneas precedentes, la enfermedad forma parte fundamental de la Buena Noticia, por cuanto, desde la perspectiva de Cristo, se conforma como una limitación superable, siendo utilizada, en sus acciones taumatúrgicas, para integrar, mediante la superación de la misma como consecuencia de la intervención de Dios a través de la presencia del Reino, a todos los marginados que lo son a causa de esta finitud.
El punto de partida lo tendríamos en la declaración programática de Jesús a los enviados del Bautista contenida en Mt. 11, 1-19 y Lc. 7, 18-35 (Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio) donde Cristo declara, como parte fundamental de su ministerio, la curación de enfermedades.
Si, como hemos visto anteriormente, los milagros atribuidos a Jesús, tienen un componente simbólico fundamental, y la situación de enfermedad ya no se constituye como un estigma del mal, el mensaje evangelizador deviene en mensaje de ilusión, superando el fatalismo o la resignación. Ya que, desde el Evangelio, todos los hombres y, por supuesto, muy especialmente, los enfermos, disponen de una luz esperanzadora por cuanto la enfermedad no engloba toda la existencialidad del hombre, cuyo fin último es la búsqueda del Reino.
- Bienaventurados los que lloran. Actitudes de los enfermos del Evangelio
El llamado "Sermón del Monte" (en versión de Mateo) o "del Llano" (en versión de Lucas), nos introduce mediante esta bienaventuranza (3ª de Mateo, en Mt. 5, 5 [Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados] y 3ª también de Lucas en Lc. 6, 21 [...Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis]) en la preocupación de Jesús por la aflicción de los hombres.
Qué duda cabe que la enunciación de la bienaventuranza tiene unas connotaciones de consuelo mucho más amplias que las referidas a situaciones de enfermedad, pero difícilmente podríamos encontrar una justificación mayor para el llanto que la postración patológica.
El Sermón del Monte (llano) es recogido en los dos textos sinópticos con ciertas diferencias, pero éstas no impiden vislumbrar una fuente común en su origen (posiblemente el documento Q, más los añadidos de las tradiciones especiales de Mateo y Lucas), y ambos evangelistas otorgan a este discurso largo de Jesús una relevancia primordial en sus redacciones, hasta el punto de conformarse como el discurso programático por excelencia. Más en el caso de Mateo (llegando a ocupar tres de los capítulos de su redacción) que en el de Lucas, ya que Leví no se limita a recoger el pronunciamiento de las bienaventuranzas, sino que lo amplía con una colección de dichos, muchos de ellos procedentes de sus propias fuentes, que abarcan toda la panoplia existencial del hombre, conformándose como un discurso moral y ético, en el que se incluye la oración básica del creyente (el Padrenuestro) y que ampara todas las pautas de comportamiento y de relación del hombre consigo mismo, con el resto de los hombres y, claro está, con Dios Padre.
Que dentro de este discurso, y más concretamente, dentro de las bienaventuranzas, se incluya una llamada específica para los afligidos, no parece que responda a una casualidad o simple intencionalidad del evangelista, sino que guarda plena coherencia con el mensaje global consolador del Evangelio como auténtica Buena Noticia y medio para superar nuestras finitudes.
¿Qué mejor forma de consolar a los que lloran que haciendo realidad una de sus aspiraciones, como es la de que se introduzca la posibilidad de superar el motivo para el llanto?.
Eso es lo que vamos a contemplar a continuación: las actitudes de los enfermos sanados por Jesús. Ello, sin perder de vista un apotegma recogido por Mateo dentro de ese discurso del monte que siempre me ha parecido básico para el afrontamiento de nuestra existencia. Me refiero al contenido en Mt. 6, 25: Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?, que se conforma como toda una joya de actitud ante la vida que queda definitivamente complementado con lo recogido a continuación en Mt. 6, 32-34: 32 Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. 33 Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. 34 Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.
Mediante estos pocos versículos podemos detectar cual era el posicionamiento de Jesús ante la vida, en su más amplio aspecto: la de obtener la felicidad a través de la búsqueda del Reino, porque una vez encontrado éste, todo lo demás queda superado. Incluso las situaciones de postración patológica.
Hemos relacionado anteriormente los milagros atribuidos a Jesús y, ahora, nos vamos a fijar exclusivamente en algunos referidos a sanaciones y exorcismos, toda vez que la cultura hebrea imputaba a posesiones demoníacas cualquier patología no identificada como tal por la ciencia de la época.
Entrando de lleno en la consolación real de la que es vehículo Jesús, trataremos de contemplar las reacciones de los pacientes, o del entorno, tras su sanación.
El primer caso elegido es el que nos sirvió al comienzo de este trabajo para engarzar nuestro síndrome con el Evangelio. Me refiero al exorcismo que recoge Marcos sobre un endemoniado en la región de los gadarenos en Mc. 5.1-20.
Una vez producida la liberación, la reacción del sanado la vemos en los versículos 18 a 20: 18 Al entrar Él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19 Mas Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti. 20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban
La primera reacción, como muestra de agradecimiento, es la de seguir a Cristo, si bien Éste le ordena, con energía, que vuelva a sus quehaceres normales y retome la convivencia con su entorno habitual.
Cristo nos enseña que, también desde la rutina y la normalidad se puede proclamar la esperanza que nos llega por la superación de nuestras miserias.
El simbolismo de este exorcismo, o sanación de un afectado de Tourette, como nosotros mantenemos, está en la liberación que se produce en el afectado por la cercanía del Reino, que se hace presente por mediación de Cristo, lo cual llena de tal gozo al sanado que, a pesar de la orden recibida, no duda en divulgar los bienes de que ha sido objeto.
El segundo caso que vamos a contemplar es la curación de un sordo-mudo que Marcos nos refleja en Mc. 7, 31-37.
En este caso, Jesús utiliza un ritual específico para la sanación, ya que emplea su saliva, la introducción de sus dedos en las orejas del enfermo y una invocación “Efata =ábrete” tras una imploración oratoria.
Como en otras ocasiones, Jesús ordena que no se divulgue la maravilla (36 Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban. 37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar) pero, nuevamente, el gozo por la liberación de la enfermedad es de tal calibre que los beneficiarios se ven incapaces de resistirse a la proclamación de la alegría que les genera el contacto con Cristo.
El tercer caso, recogido en Mc. 9,14-29, nos lleva a la sanación de un epiléptico, considerado lunático por su entorno.
De este caso, mi intención es señalar dos aspectos del acontecimiento:
- La indignación de Jesús por la falta de confianza de sus discípulos, a los que había conferido poderes para sanar.
- La actitud del padre, decepcionado por la incapacidad de los discípulos, pero que vuelve a depositar su confianza en Cristo, a pesar de que todo desaconsejaba tal proceder.
El versículo 19 (Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo) nos refleja la indignación de Cristo por la incredulidad de sus discípulos que había generado la imposibilidad de curación del afectado.
Ello nos acerca, aún más, a la figura del Galileo, por cuanto nos expresa uno de los momentos de debilidad del mismo: un instante de ira por la ineptitud de sus enviados.
¿Cuántas veces, en nuestros tiempos de desesperanza, en los picos de las manifestaciones touréticas, hemos perdido la confianza en nosotros mismos y en nuestro futuro, añadiendo sobre nosotros y sobre los que nos rodean, mayores dosis de ansiedad?
El Maestro, desde este pasaje, nos recrimina esa debilidad, haciendo gala de otra debilidad humana: la ira que le causa nuestra incredulidad en nuestras posibilidades de superación y nuestra situación de abatimiento.
La actitud del padre, a pesar de que los elementos empíricos lo desaconsejaban, podemos encontrarla a continuación, en los versículos 23 y 24 (23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad).
Cristo le ofrece una mano tendida sobre su confianza. El padre, a pesar de la experiencia de frustración continuada, la toma y pide ayuda para vencer sus últimas reticencias.
Cuándo el abatimiento por la característica crónica del ST hace presa en nosotros, cuando la reiteración de nuestras crisis de rabia o agitación obnubilan nuestra perspectiva de futuro, cuando la soledad y el aislamiento a causa de las manifestaciones del ST nos enseñan el lado más miserable de nuestra sociedad, nuestra desconfianza también nos impide sobreponernos a nuestra situación de enfermos, pero Cristo siempre estará a nuestro lado para ofrecernos el asidero que supone depositar nuestra fe en Él y, con ello, la ayuda para vencer nuestra situación de debilidad.
Pasando a otras patologías, el siguiente caso, que Marcos relata en Mc. 1.40-45, nos reafirma en dos aspectos ya tratados en los milagros anteriores:
- La confianza en las posibilidades de superación de la enfermedad
- La alegría desbordante porque la enfermedad puede ser afrontada y superada
En orden al primero de estos aspectos, el diálogo sostenido entre Jesús y el leproso que se acerca a Él es paradigmático y todo un ejemplo de confianza en la superación de la esclavitud de la enfermedad.
Este diálogo, explicitado en los versículos 40 y 41 (40 Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio), nos aproxima a la actitud del enfermo hacia su propia enfermedad: Si quiero, puedo vencerla.
No vamos a caer en la simpleza de afirmar que cualquier afectado por ST (u otra patología), por el simple hecho de proponérselo, ir a un templo o rezarle a una imagen de Jesús, va a quedar curado. Eso es una ilusión y caeríamos en una suerte de discurso demagógico, fuera de contexto e intención y, además, estaríamos faltando a la verdad.
Lo que intentamos transmitir es que la voluntad del afectado por asumir su realidad y hacer que su enfermedad se convierta, no en el centro, sino en una más de las características de su vida, deviene en contingente lo que, de otra forma, cuando todo se mira desde la enfermedad, se aprecia como imposible: la limpieza de espíritu y, por tanto, la posibilidad de mirar la vida de frente y con esperanza de futuro.
El “si quieres puedes limpiarme” que el leproso le espeta a Jesús y la respuesta del Nazareno “quiero, sé limpio”, son acciones que los afectados de ST podemos aplicarnos a nosotros mismos.
También nosotros podemos solicitar esa ayuda de Cristo y, con toda seguridad, si lo hacemos desde la humildad y apelando a la misericordia del Hijo, recibiremos de Él el mismo impulso clarificador que el leproso de Marcos.
Hemos de querer, con la fe puesta en nuestras posibilidades y en la ayuda que Él nos va aprestar.
En el otro aspecto señalado, hemos de precisar, primeramente, que la lepra, en los tiempos de Jesús, se constituía como un estigma excluyente, tanto para el que la padecía, como para el que se atreviese a contactar con los afectados, de ahí que, tras la divulgación de esta sanación, y puesto que Jesús había estado en contacto con un ser inmundo, el Maestro no pudiese entrar en las ciudades.
Además, la lepra tenía una connotación directa de castigo divino, proveniente de Núm. 12, 9-10: 9 Y se encendió la ira de Yahveh contra ellos. Cuando se marchó, 10 y la Nube se retiró de encima de la Tienda, he aquí que María estaba leprosa, blanca como la nieve. Aarón se volvió hacia María y vio que estaba leprosa.
Tal era la preocupación por esta enfermedad, que el libro del Levítico dedica, prácticamente, 2 capítulos (13 y 14) a su detección y tratamiento.
Por lo tanto, quien ha sido limpiado de esta maldición, no es extraño que, como nos relatan los versículos 44 y 45 (44 y le dijo: Mira, no digas a nadie nada, sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos. 45 Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes), a pesar de las órdenes de Jesús, no pudiera evitar divulgar su nuevo estado de limpieza.
Como hemos visto en otras sanaciones anteriores, esta alegría se conforma como una reacción uniforme en la mayoría de ellas.
Del ST no nos vamos a curar con la misma facilidad, pero sí podemos hacernos partícipes de cierta alegría, si relegamos nuestro padecimiento al lugar que debe ostentar en nuestra vida: una de nuestras características existenciales, pero no la única y, ni siquiera la prioritaria.
Podríamos explayarnos más sobre las reacciones de los sanados, pero no es mi deseo extenderme más, por lo que concluiremos este apartado con un último episodio, reflejado por Marcos en Mc. 10, 46-52.
Este es un caso especial dentro del Evangelio, por dos razones concretas:
- Es de los pocos milagros que son realizados por Jesús en los que se señala exactamente el nombre del beneficiario.
- Es prácticamente el único sanado que, tras su liberación, sigue a Jesús “en el camino” = en la vida.
Como no es el lugar apropiado, no vamos a entrar en la exégesis de este pasaje, pero sí conviene señalar que se trata de la sanación que se encuentra arropada por una narración con el mayor contenido simbólico de todo el Evangelio y que, además, tiene grandes posibilidades de tener sus orígenes en el Jesús histórico.
En lo que a nosotros nos afecta, tomaremos algunas de estas simbologías para mejor acercar nuestra realidad a la enseñanza desprendida del acontecimiento.
Así, por ejemplo, el ciego Bartimeo, se encuentra “sentado junto al camino” cuando escucha que pasa Jesús.
Junto al camino es una analogía de la propia vida de cada uno de nosotros. Nuestras vidas son nuestro camino y, a causa de nuestra enfermedad, estamos sentados al borde de nuestra vida mendigando y ciegos para contemplarla y participar de ella.
Si oímos que Jesús se aproxima, tenemos dos opciones, seguir ensimismados en nuestra miseria, paralizados al borde del camino, o, como Bartimeo, rebelarnos contra ella y pedir ayuda a Jesús.
Posiblemente, como al ciego, muchos nos recriminarán tal comportamiento, pero está en nuestra potestad, como seres libres y plenos de derechos, desoír esas recriminaciones e insistir en nuestra demanda de ayuda.
Otro símbolo lo constituye la actitud de Jesús hacia quien le grita: se para y le manda llamar.
A pesar de que nosotros pensemos que somos muy poca cosa para que Dios se fije en nosotros, su apreciación es bien distinta: somos lo más importante para Él. Especialmente porque pertenecemos al grupo de los “pequeños”, de los bienaventurados porque lloramos.
Con toda seguridad, si desde nuestro borde, gritamos a Jesús para demandar su apoyo, Él se va a parar y nos va a llamar.
Cuando, como el ciego, tiremos nuestra capa (otro simbolismo como analogía de nuestras cargas mundanas) y corramos a su encuentro, estaremos en disposición de pedirle, igual que Bartimeo, que nos libere de nuestra ceguera.
Cristo nos responderá de la misma forma que hizo con el ciego, si nuestra confianza es la misma que la suya: vete tu fe te ha salvado.
Aplicándolo a nuestra realidad, después, podremos continuar en el camino, en la vida, superando nuestra limitación, acompañando a Jesús y proclamando nuestro gozo por haber sido liberados.
Como conclusión a este apartado, sólo resta señalar la uniformidad de actitudes de los enfermos sanados: confianza (fe) en que, a pesar de su situación, disponen de una posibilidad de futuro y alegría inmensa por haber alcanzado la superación de su mal.
Es la lección fundamental que podemos extraer de ellos.
- Si no se registran en el Evangelio, situaciones directas de enfermedad de Jesús o su entorno más próximo, ¿Qué podemos extraer de las vivencias humanas de Jesús para mejorar nuestra percepción de la existencia desde la enfermedad?, ¿cómo se relaciona Jesús con los enfermos?. Jesús como sanador de cuerpos y almas.
El Evangelio no nos muestra enfermedades de Jesús, su familia o amigos (salvo las referidas a la suegra de Pedro y la de su amigo Lázaro), pero sí nos transmite su identificación con los enfermos.
Al margen de las sanaciones y exorcismos, que ya hemos visto, diversos pasajes evangélicos nos pueden acercar a esta realidad del plan misional de Cristo.
La intencionalidad redaccional de Mateo, apologética respecto de la mesianidad de Jesús, le hace incluir, como premisa misional con referencia a la enfermedad y debilidades humanas, una vinculación de la persona de Jesús, como Mesías, con el siervo de Isaías, en Mateo 8, 17: para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades, cita que proviene del libro de Isaías, capítulo 53, ver. 4: "¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba!. Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado" y que corresponde al tercer Isaías, cuyos propósitos originales eran animar a la comunidad que abandonó el destierro y regresó a Jerusalén.
Ciertamente es una cita tomada “por los pelos” por el evangelista, ya que le atribuye un anuncio mesiánico que originalmente no tenía; pero sí nos compendia, fielmente, la idea que la primera generación cristiana tenía de la acción y actividades de Jesús y su proximidad hacia los dolientes.
Hasta qué punto, sin padecer ninguna patología que conozcamos, Cristo se identifica con las dolencias físicas humanas que, en el encargo misional a sus discípulos de Mt. 10, 8 podemos leer “Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis”, comprobando que la atención a los enfermos se constituye como expresión básica de la presencia del Reino, como nos explica mejor aún Lucas en Lc. 10, 9 (curad los enfermos que haya en ella, y decidles: “El Reino de Dios está cerca de vosotros”), donde la sanación de enfermedades es la primera misión encargada por el Maestro a sus enviados y, como nos ratifica Marcos en su capítulo 6, ver. 12 y 13 (12 Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; 13 expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban), ellos ponen en práctica contando aún con la compañía de Jesús. Si bien es, tras Pentecostés, en los primeros tiempos de la Iglesia primitiva, cuando el poder sanatorio es utilizado con asiduidad por los apóstoles, como podemos ver, repetidamente, en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Por si este encargo, realizado por el Jesús terrenal, no fuese suficiente, vuelve a ser reiterado en el mensaje postpascual del resucitado, como vemos en Mc. 16, 17-18 (17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien), donde la atención y preocupación de Cristo por los enfermos trasciende la acción limpiadora o sanadora, para convertirse en signo identificador de quienes le siguen y depositan en Él su confianza.
Pero, para mayor abundancia, cuando, dentro del capítulo 25 de Mateo, en estilo apocalíptico, Jesús anuncia el momento del juicio personal como final de la historia, vemos cómo, Él mismo, se solidariza con los pacientes, trasponiéndose en su lugar como hipotético beneficiario de las atenciones de los hombres. Acciones por las cuales habremos de ser juzgados en su momento (36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme;.. 40 Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis)
Por lo tanto, dando respuesta a la primera de las cuestiones de este apartado, las vivencias y actitudes de Jesús hacia la enfermedad nos aportan un asidero fundamental para la percepción de la nuestra, desde el momento en que la dolencia física se establece como núcleo alrededor del que se instrumentaliza el mensaje crístico, ya que:
a) La sanación es la primera misión apostólica, conformándose pues, como elemento pastoral de la predicación
b) Es, también, uno de los vehículos por los que se manifiesta la presencia cierta del Reino
c) El poder de sanar es la señal mediante la que se hace patente el seguimiento y fe en Cristo
d) Nuestra actitud hacia los enfermos es componente de juicio en la escatología personal de cada cual, al ser considerada como elemento básico para el pronunciamiento sobre el destino final de las almas.
Luego, nuestra percepción vital, desde la enfermedad, a la luz del Evangelio, no reviste los tintes negativistas con que habitualmente la interiorizamos, sino que éste nos aporta varios elementos positivos fundamentales para el discurrir espiritual.
A lo largo de este trabajo, venimos hablando de "enfermos", "pacientes", "dolientes", "afectados", etc. Siempre en plural. Extendiendo las percepciones hacia un grupo humano concreto: el de los enfermos (en nuestro caso, afectados por el Síndrome de Tourette).
Sin embargo, no debemos perder de vista que en la realidad existencial de cada enfermo, ésta no se percibe como tal (como miembro de una colectividad), sino que, en cada caso, en cada familia, en cada persona, la enfermedad se vive como un drama particular.
La inmediatez de las necesidades particulares, por tanto, nos enfrenta, no tanto a la pregunta de "¿cuándo, o cómo, me llegará la ayuda de Dios en mi padecer?", sino que nos aproxima más al cuestionamiento más primario de "¿dónde está Dios?, ¿cómo puedo percibirle desde mi miseria?".
La lectura del Evangelio, desde esta necesidad básica e imperiosa: la de alcanzar la salud, nos puede conducir a equívocos en la percepción del mensaje evangélico y cristiano, en general.
Si bien nuestra precariedad impele a nuestra voluntad y a nuestra psique hacia intentar obtener, a través de Dios, lo que no tenemos: la salud; incluso deseando que se produzcan en nosotros fenómenos y avatares lejos de las leyes de la naturaleza, lo adecuado, desde la experiencia vivida de Jesús, sería contemplar cómo en la situación de inhumanidad (concepto tomado exclusivamente como contraste con la estabilidad humana del sano), también se puede generar la transformación interior de la persona, de suerte que la inhumanidad se troca en humanidad.
La experiencia crística, relatada en el Evangelio nos refleja la realidad sensible del Nazareno hacia el dolor humano, ya que Él nunca permanece indiferente, sino que, a lo largo de todo su ministerio público, le vamos a encontrar en la actitud dinámica de buscar a las multitudes, acercarse a los enfermos y procurar la compañía de los pecadores.
Esta actitud nos está trasladando la percepción que Jesús tiene del Padre (quien le envía): un progenitor preocupado por sus hijos, que quiere una existencia plenamente humana para todos ellos, libre de las esclavitudes del pecado y la enfermedad, como traslación del primer mensaje liberador del Éxodo.
Desde esta apreciación, pues, la enseñanza que Jesús nos facilita con su vida y actitudes, respecto de la enfermedad, nos conduce hacia la superación de cualquier traba que impide a la persona sentirse identificado con el plan del Padre. Es, por lo tanto, una victoria sobre las ataduras con que las dolencias físicas someten al hombre. En eso consiste la Buena Noticia que nos llega con Cristo: aun desde la esclavitud de la enfermedad podemos interiorizar la idea de Dios, que se encuentra a nuestro lado realmente, con lo que se puentea el enfrentamiento de la realidad con Dios.
Para ello, Jesús utiliza su aproximación directa hacia los que soportan una mayor dosis de sufrimiento, "enfermos, posesos, pecadores", sin hacer preguntas al respecto. El signo de aproximación es precisamente ese: el de soportar el dolor y el padecimiento físico o psíquico. Con lo cual, podemos extraer dos lecturas inequívocas de la vivencia humana de Cristo respecto de la enfermedad:
- Desde la desesperación del dolor podemos alcanzar la esperanza a través de la realidad próxima del Padre como ente amoroso.
- A pesar de la debilidad que confiere la enfermedad, desde esa debilidad podemos sentir la fuerza de Dios.
Como explicaba Pablo en su carta a los Filipenses, capítulo 2, ver. 6 a 11, Dios, mediante el misterio de la Encarnación, se despojó de sí mismo y se hizo hombre, pero, como se explicita en el significado de Belén, lo hizo desde la debilidad: nada hay más débil que un recién nacido privado de todo boato.
La modalidad escogida para la Encarnación denota la intencionalidad de Dios de hacerse pequeño, uno más entre los hombres, asumiendo sus debilidades carnales.
Es desde ese escalón de debilidad, el que acompaña a la enfermedad, desde donde podemos identificarnos con el Hijo, que se puso a nuestra altura para culminar la economía de la redención. También desde la enfermedad.
A lo largo de su vida, Cristo cura enfermedades y expulsa demonios, liberando al hombre de la esclavitud del mal.
Esta realización parcial de la presencia del Reino llena de esperanza a los "pequeños" y a los "que lloran" (bienaventurados), porque su especificidad les confiere el carisma de estar destinados al beneficio del Reino, siempre y cuando, depositando la confianza en el Padre, acojamos la esperanza que Cristo representa, pudiendo así, afrontar cada cual nuestra particularidad, superando las negatividades de la propia vida, la enfermedad y la muerte.
Desde ese lugar, el mensaje salvífico de Cristo deviene en salud inmediata, tanto para el cuerpo como, especialmente, para el espíritu.
Una vez llegados a este punto, cabe repetirnos la misma pregunta que genera toda esta disquisición pero alterando su formulación: como enfermo, ¿qué lectura de mi realidad puedo sostener desde la experiencia del Evangelio?.
Obviamente, ésta no pasaría por la aplicación literal de las maravillas y milagros de Cristo sobre enfermos y dolientes.
Tampoco por realizar un enfrentamiento dialéctico del contenido evangélico con la realidad del mundo.
Sino percibiendo que Cristo está presente a nuestro lado y forma parte de nuestra realidad. Hemos de interiorizar nuestra vivencia para vislumbrar que el camino de verdad y vida nos lleva hasta el Padre, por el Hijo y a través del Espíritu.
Como hombres, sólo podremos considerarnos verdaderamente humanos, si nuestra realidad existencial se apoya en el Padre y esto nos lo ofrece la proximidad de Cristo y la impresionante coherencia entre su vida y su predicación.
Respecto del segundo cuestionamiento de este apartado, los afectados por el ST saben de la soledad y la marginación social, si bien este es un aspecto que trataremos con profundidad más adelante, pero tal situación nos acerca aún más a Cristo, ya que Él, a lo largo de sus relaciones con los diversos enfermos que trata, pone de manifiesto:
- proximidad al enfermo, tocando incluso a los considerados inmundos (leprosos),
- muestra compasión por sus dolencias,
- ejerce la misericordia y se conmueve,
- manifiesta ternura y comprensión
Este comportamiento para con los enfermos, desde la perspectiva del hombre occidental del siglo XX ó XXI no resulta excesivamente relevante, ya que, en teoría, la medicina científica por un lado y el humanismo por otro, nos aportarían, al menos formalmente, estos mismos comportamientos o similares.
Sin embargo, debemos insistir en que la apreciación adecuada debemos hacerla desde la perspectiva de la cultura teológica de la Palestina del siglo I, donde, como ya hemos comentado, la enfermedad llevaba aparejadas unas connotaciones religiosas básicas, mediante las cuales, los pacientes, y sus familias, se encontraban bajo graves sospechas al considerar que la enfermedad (el mal) obedecía a un castigo divino causado por el pecado del enfermo o sus ascendientes.
Al mismo tiempo, quienes osaban acercarse o tocar a los enfermos, eran, inmediatamente, asimilados como contagiados por la inmundicia del tocado.
La figura de Cristo como sanador y exorcista es algo que, tradicionalmente, ha venido siendo relegado a un segundo plano por nuestra tradición cultural y religiosa, si bien, en los últimos años, los investigadores del Jesús de la historia han reivindicado esta faceta del Maestro como elemento fundamental para su conocimiento.
Cristo, como también hemos comentado, no era el único sanador de la época, pero su práctica sí que se conformaba como exclusiva.
Sanar en el nombre del Padre (atribuyéndose una filiación divina directa), hacerlo como expresión de la presencia del Reino (arrogándose el carácter de mensajero o instaurador del Gobierno de Dios), mezclarse con pecadores, enfermos y posesos (denotando una libertad absoluta, por encima de los prejuicios y normas sociales de la época) y, especialmente, tocar sin reparo a los enfermos (para transmitirles la cercanía cierta del Reino), son manifestaciones contraculturales únicas en la figura de Jesús, plenas de significado y simbolismo.
Esta actitud de Jesús, recogida en diversas formas y lugares de los cuatro textos canónicos, tiene todos los visos de proceder de una antigua tradición oral que los evangelistas se ocuparon de transmitir fielmente, dada su importancia. A este respecto, hemos de señalar que sus opositores (fundamentalmente los miembros de las castas religiosas y sus funcionarios), no cuestionan nunca el hacer de Jesús, sino su forma (curaciones en sábado, expulsar demonios en nombre de Belcebú, etc.), por lo que hemos de entender que esta particularidad sanadora de Jesús era contemplada como cierta. Por lo tanto, con las precauciones adecuadas, hemos de considerarla como procedente del Jesús histórico.
Volviendo a la pequeña reseña de actitudes para con los enfermos, la proximidad a los pacientes nos queda puesta de manifiesto en la mayoría de sus curaciones. A saber:
· Mt. 8, 1-4, Mc. 1, 40-45 y Lc. 5, 12-16 (leproso sanado): 3 Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra
· Mt. 8-14-17, Mc. 1, 29-34 y Lc. 4, 38-41 (curación de la suegra de Pedro): 15 Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle
· Mt. 9, 27-31 y Mc. 8, 22-26 (curación de dos ciegos): 29 Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.»
· Mt. 20, 29-34, Mc. 10,46-52 y Lc. 18, 35-43 (curación de los ciegos de Jericó, ciego Bartimeo): Movido a compasión Jesús tocó sus ojos, y al instante recobraron la vista; y le siguieron
· Mc. 7, 31-37 (curación de un sordo y mudo): 33 Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; 34 y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. 35 Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien
· Mc. 8, 22-26 (curación ciego de Betsaida): 23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. 24 El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. 25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos
· Mc. 9, 17-27 (exorcismo sobre hijo con espíritu inmundo): 27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó
· Lc. 13, 10-17 (curación de mujer encorvada): 13 Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios
· Lc. 14, 1-6 (curación de un hidrópico): 4 Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió
· Jn. 9, 1-7 (curación del ciego de nacimiento): 6 Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego
Vemos, pues, como en todas estas sanaciones, Jesús muestra la proximidad de Dios a los enfermos (Dios está en la realidad de cada uno), tocándolos y haciéndose presente en sus vidas.
Este ritual sanador de Cristo va más allá de ser un método de sanación, ya que simboliza la cercanía de la liberación de la esclavitud a que el hombre está sometido por la enfermedad, quedando superada ésta por el roce de la mano de Cristo, que se convierte así en vehículo de culminación del mensaje salvífico.
La segunda de las actitudes de Cristo, con respecto a la enfermedad y el dolor humano es la de compasión y de ella nos hablan los evangelistas en:
· Mt. 9, 35-36: 35 Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. 36 Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor
· Mt. 14, 14: Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.
· Mt. 20, 34: Movido a compasión Jesús tocó sus ojos, y al instante recobraron la vista; y le siguieron.
· Mc. 5, 19: Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti.»
· Lc. 7, 13 (reavivación del hijo de la viuda de Naín): Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores»
Obviamente, la compasión es un sentimiento que se genera en el espíritu (el alma) y que es inherente al hombre, como también lo es a Dios, quien lo detenta en grado sumo, al constituirse en uno de sus atributos, tal y como podemos comprobar por las siguientes citas del Antiguo Testamento (especialmente dentro de la literatura salmista):
· Éxodo 23, 26: porque con él se abriga; es el vestido de su cuerpo. ¿Sobre qué va a dormir, si no? Clamará a mí, y yo le oiré, porque soy compasivo.
· Tobías 13, 2: Porque Él es quien castiga y tiene compasión; el que hace descender hasta el más profundo Hades de la tierra y el que hace subir de la gran Perdición, sin que haya nada que escape de su mano.
· Salmo 86 (85), 15: Mas tú, Señor, Dios clemente y compasivo, tardo a la cólera, lleno de amor y de verdad.
· Salmo 103 (102), 8: Clemente y compasivo es Yahveh, tardo a la cólera y lleno de amor.
· Salmo 145 (144), 8: Jet. Clemente y compasivo es Yahveh, tardo a la cólera y grande en amor.
· Eclesiástico 2, 11: Que el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en la hora de la tribulación.
· Joel 2, 13: Desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos, volved a Yahveh vuestro Dios, porque él es clemente y compasivo, tardo a la cólera, rico en amor, y se ablanda ante la desgracia.
No me cabe duda sobre el sentimiento de compasión que Jesús, dentro de su humanidad, pudiera sentir hacia las dolencias de sus semejantes, equivalente al que nosotros podamos sentir por el dolor de un amigo, familiar, conocido o cualquier otra persona. Pero, en Cristo, este sentimiento se hace palpable de forma activa. No es una actitud simplemente receptiva y de pasividad, sino que dinamiza la respuesta al mismo y despliega su capacidad para solventar el dolor ajeno, como manifestación del plan de Dios para, desde su compasión, liberar al hombre de sus ataduras de sufrimiento.
La tercera de las actitudes nos lleva hacia la misericordia de Cristo para con los dolientes.
La misericordia consiste en la capacidad de interiorizar en nuestro espíritu la miseria del semejante, que produce la conmoción del espíritu por lo que estamos contemplando y nos impele a obrar para remediar el mal que enfrentamos. Por eso, vulgarmente, se identifica misericordia con perdón de ofensas, ya que tal acción (la de perdonar) es la equivalente a la de apreciar la maldad en el otro y disponer el mecanismo de olvido para borrar el mal en quien nos ofende.
Puesto que la misericordia es otro de los atributos que Dios detenta en grado sumo, tal y como se nos explica en Éxodo 20, 6 (y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos), dentro de la emisión del decálogo, Cristo, en su cualidad de segunda persona de la Trinidad, también lo posee en la misma medida y ejerce tal capacidad con generosidad.
Qué duda cabe que éste es el motor principal para todas las acciones sanatorias de Jesús a lo largo de todo su ministerio público, puesto que a través del impulso que genera la misericordia, siempre se pone en marcha el componente liberador de la acción sanadora.
No en vano, Cristo coloca este proceder entre los principales de observancia y práctica, tal y como recrimina a los fariseos en Mt. 23, 23: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello».
La última de las actitudes reseñadas nos engarza con la figura simbólica del Pastor, ya que es en ese símil donde Cristo pone de manifiesto su ternura para con los dolientes, comprendiendo sus miserias y actuando para remediarlas.
Rescatando a los enfermos, con sus cuerpos atormentados, Jesús hace patente la ternura de Dios. La liberación del doliente no se conforma como algo externo al Reino, sino que en ella se manifiesta la presencia del Reino entre nosotros.
Por último, tomemos la tercera parte del cuestionamiento original: Cristo como sanador de cuerpos y almas
Dos veces aparece el concepto de médico en los textos evangélicos, en auto-atribución de tal profesión por Jesús:
- Lc. 4, 23 (Él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra).
- Mt, 9,12 (Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos); Mc. 2, 17 (Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores) y Lc. 5, 31 (Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos)
La primera de ellas proviene del fracaso estrepitoso de la predicación de Jesús en Nazaret.
Este episodio, bastante más amplio y con procedencia de dos fuentes independientes, reviste una gran importancia en varios ámbitos, tanto en el histórico, como en el teológico, pero vamos a circunscribirnos a la auto-atribución de médico por parte de Jesús.
El relato de Lucas es bastante paradójico en este aspecto, ya que según esta redacción, Jesús llega a Nazaret precedido de una gran fama taumatúrgica, procedente de los milagros y sanaciones realizadas a orillas del Mar de Galilea, cuando, en realidad, el evangelista no ha reflejado todavía ninguna, puesto que el incidente acaecido en su tierra, sucede inmediatamente después de las tentaciones y se conforma como la primera actividad pública de su ministerio.
Ello no obsta para que el calificativo de médico que Jesús se arroga carezca de apoyos empíricos, ya que, si atendemos a las redacciones de los otros dos sinópticos, este episodio ocurre bastante avanzado el ministerio, después de un periplo importante por toda la Galilea y, por lo tanto, en ese momento acumulaba diversas sanaciones y exorcismos
Sin embargo, el rechazo hacia su persona que se suscita en su pueblo es de tal magnitud que, no sólo se ve impedido para predicar en su tierra y curar a sus enfermos, sino que ha de salir huyendo de la zona como si de un delincuente se tratara.
Centrándonos en el título de médico, no es de extrañar que alguien que ha realizado ya diversas curaciones y exorcismos y cuya fama ha trascendido las fronteras de su tierra, pueda ser considerado como alguien con poderes sanadores y, por tanto, calificado de médico.
Lo que sucede es que a lo largo de la actividad de Jesús antes de ese episodio, si nos fijamos en el texto de Mateo, el poder sanador de Cristo no se remite a la curación de cuerpos, sino que se extiende, especialmente, a la sanación y paz de los espíritus, puesto que el mayor bloque evangélico anterior al incidente de Nazaret lo constituyen, el Sermón del Monte y el Discurso Largo en Parábolas, mientras que en Marcos se han sucedido varias curaciones y polémicas con las castas religiosas, entre ellas la generada por el perdón de los pecados a un paralítico, antes de proceder a su curación física.
Por lo tanto, la conceptualización de Jesús como médico, no carece de certeza en la memoria histórica de sus contemporáneos, pero, para nosotros, dicho concepto se expande y adquiere su verdadera dimensión en la sanación de los espíritus por vía de la palabra y enseñanzas proclamadas, como camino cierto de salvación, no sólo de la enfermedad que nos pueda aquejar, sino, sobre todo, como senda hacia el Padre.
El otro momento evangélico en el que el término aparece se corresponde con la llamada al apostolado de Mateo (Leví) y se pronuncia dentro de un contexto polémico con escribas y fariseos que va a continuar a lo largo de los siguientes versículos.
Si bien, cuando el término aparece (en los tres sinópticos), ya se habían producido sanaciones y, por lo tanto, al igual que en el caso anterior, la experiencia real de la taumaturgia de Jesús ya era conocida, esta frase del Maestro tiene unas connotaciones más teológicas que conceptuales.
Dentro de la propia polémica, la frase se conforma como un apotegma (dicho o sentencia breve) que, probablemente tiene su origen en la sabiduría popular, ya que su contenido es tan apabullantemente lógico que huelga cualquier comentario sobre su literalidad.
Otra cosa es el significado que tal sentencia tiene dentro del contexto que se pronuncia, ya que, aprovechando su actividad sanadora de cuerpos, Cristo extiende esta capacidad hacia los que se encuentran excluidos de la sociedad cerrada de Israel a causa de los llamados "males religiosos" (pecadores).
Ante la recriminación de las castas religiosas por su connivencia con publicanos, recaudadores de impuestos y pecadores, Cristo ejerce de agente integrador de todos ellos, porque su integración en el Reino es el núcleo fundamental de su misión.
Por lo tanto, con este dicho, Cristo aúna y funde en un mismo cuerpo social a toda la masa de excluidos de la sociedad hebrea, ya fueran por motivos religiosos (pecadores, enfermos), como por motivos sociales (pobres, recaudadores), con objeto de constituirse en médico de todo el que lo necesite, ya provenga su mal del cuerpo o del espíritu, puesto que para Él, el mal que aqueja al hombre y le sume en el dolor (físico o espiritual) tiene su superación medicinal con la arribada del Reino.
Para Cristo, la curación es un signo que indica que su misión es reintegrar al hombre a su plena dignidad y salud. Las enfermedades físicas se convierten en emblemas de imposibilidades fundamentales del hombre: servidumbre interior, ceguera para conocer la verdad, sordera para oír a Dios, cojera para caminar por la senda del Reino...
Jesús, dentro de la conceptualización de médico, al curar las enfermedades físicas, se presenta como el reparador de todas las potencialidades humanas, como el que da la vida en plenitud.
Pero es necesario significar que Cristo no representa a un Dios justiciero de pecadores, que necesitara defenderse a sí mismo castigando y fulminando a los que contravienen sus designios, sino a un Dios-médico, Padre lleno de compasión y misericordia.
- El sufrimiento de Jesús (frustración, angustia personal ante el fracaso, dolor físico propio).
Ya hemos visto que los textos evangélicos no nos cuentan ningún padecimiento patológico de Jesús o su entorno, pero ello no significa que el sufrimiento psíquico y físico estuviese ausente en su persona a lo largo de su vida pública (sobre los años ocultos sólo podríamos especular).
Jesús no fue un triunfador desde las perspectivas humanas del triunfo, sino todo lo contrario: fue desechado por sus vecinos más próximos, perseguido por las autoridades religiosas y políticas de su país, abandonado por todos sus amigos en los momentos difíciles y juzgado, y ejecutado, como delincuente en la forma más baja conocida en su momento histórico.
El triunfo de Jesús no pasa, pues, por los parámetros sociales habituales, sino que hemos de buscarlo en otras dimensiones, si bien, en este apartado, nos vamos a circunscribir al reflejo que el Nuevo Testamento nos muestra del sufrimiento psíquico y físico de Jesús, con objeto de conocer como el Hijo de Dios, desde su humanidad, soporta su particular padecimiento.
Por lo tanto, la pregunta básica de este apartado sería: Jesús, en su vertiente humana, y desde lo que se puede desprender de los relatos evangélicos, ¿qué enseñanza de afrontamiento del sufrimiento nos ofrece?.
Obviamente, como en el caso de cualquier otra persona, el sufrimiento humano de Jesús tendrá dos vertientes: el físico y el psíquico.
Sobre el primero no parece que puedan existir muchas controversias respecto del padecimiento aparejado a la situación de tortura física derivada de la pasión: golpes, azotes, coronación de espinas, clavamiento y, por último, fallecimiento por asfixia en la cruz.
Qué duda cabe que durante el desarrollo de este proceso de tortura, el padecimiento físico de Jesús, el dolor que estos procedimientos agresivos contra su cuerpo, pudieron generarle tuvo que ser inmenso, pero no más que el inferido a cualquier otro torturado en la misma forma.
Si bien existen algunas diferencias entre los cuatro relatos canónicos de la pasión, las coincidencias entre ellos, contando con la detección de diversas tradiciones orales independientes como origen de los mismos, nos coloca en presencia del multitestimonio de fuentes para dicha narración, con lo que podemos afirmar que, históricamente, Jesús no sólo fue crucificado, sino que, además, padeció la tortura previa a su ejecución relatada en el Evangelio.
Puesto que es la única referencia que estos textos nos facilitan respecto del padecimiento de dolor físico de Jesús, a ella nos debemos restringir.
La significación teológica del sufrimiento físico de la pasión es de una importancia fundamental para el entendimiento global del mensaje cristiano. Sin embargo, en lo que a la especificidad del dolor padecido, dadas las especiales circunstancias en que se produce, ésto no tiene demasiado valor para nuestro propósito, puesto que las reacciones comportamentales de Jesús están altamente mediatizadas por la situación y la intencionalidad redactora de los evangelistas o de las primeras generaciones cristianas, que fueron las encargadas de la transmisión oral de cuanto ocurrió.
Por lo tanto, y para no caer en una dinámica demagógica ajena a nuestro interés, es preferible descartar, como referencia, la opción del dolor físico de Jesús en la pasión, por lo que fijaremos nuestra atención hacia el padecimiento psíquico que nos reflejan los relatos evangélicos. Vertiente en la que sí tenemos diversas muestras, todas ellas relacionadas con las respuestas recogidas por Jesús de su entorno familiar y social acerca de su ministerio público.
Para no repetirnos con lo que veremos en el apartado global referido a la marginación, obviaremos en este momento la negatividad procedente de esa constatación, fijándonos en que para Él no es trascendente que quienes le contemplan no entiendan su proceder, sino que el mensaje de que es portador (la llegada del Reino) logre siquiera penetrar los primeros obstáculos.
Es decir, Jesús tiene un objetivo claro y una percepción de sí mismo, como mensajero del Reino, que supera cualquier otra atadura o consideración social.
Por ello, y a pesar de ello, va a sufrir de la incomprensión, el rechazo, el abandono y el fracaso, por lo que haremos una reflexión sobre cada uno de estos aspectos, unas manifestaciones y actitudes de los demás que, por lo que a nosotros se refiere, sonarán muy cercanas a determinados afectados por el ST, especialmente a los que lo padecen en su modalidad "plus" (comorbilidad neuropsiquiátrica).
- Incomprensión
Es esta una sensación que Jesús va a percibir a lo largo de toda su existencia (no sólo pública, sino también privada, si hacemos caso de los "Evangelios de la Infancia" de Lucas) y que va a desencadenar el resto de reacciones hacia Él por parte de quienes le rodearon, constituyendo la respuesta básica y elemental de cuantos rodearon al Jesús terreno, pero que se extendió incluso hasta los acontecimientos postpascuales.
- Por parte de su familia
Sin entrar en la historicidad de los relatos referidos a la gestación y nacimiento de Jesús, si nos atenemos a lo reflejado por Lucas en la anunciación a María, podemos extraer un primer elemento de pasmación e incomprensión en su madre.
Las respuestas de María al ángel que le anuncia su misteriosa concepción denotan una falta de entendimiento de lo que está sucediendo, que culmina con la frase de resignación contenida en Lc. 1, 38 (Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra).
Si bien esta última respuesta de María se interpreta, en clave teológica, como de asunción y sometimiento a la voluntad de Dios, originariamente nos transmite la sensación de "no entender nada" por parte de una joven campesina galilea que, ante lo que se le viene encima, coloca su psique en actitud de conformismo con la nueva situación que se le plantea.
El mismo evangelista, a lo largo de su capítulo 2, nos va a reafirmar en la falta de entendimiento de María hacia su hijo, como muestra en su versículo 19 (Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón), ante la adoración de los pastores y, nuevamente, con motivo del episodio del extravío de Jesús en el templo de Jerusalén (ver.48 a 51: 48 Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. 49 Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? 50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. 51 Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón)
Esta frase del evangelista referida a la actitud de María, de "guardar estas cosas en su corazón", lo que nos informa es de la falta de sintonía de esta mujer extremadamente joven hacia los acontecimientos que rodeaban a los primeros tiempos de convivencia con su hijo.
Probablemente, los primeros capítulos del texto de Lucas coincidan muy poco con la veracidad histórica de los acontecimientos y respondan, más bien, a elaboraciones narrativas del evangelista o de las primeras comunidades cristianas, pero nos reflejan la idea y experiencia de fe que de estos sucesos tenían los primitivos cristianos y, por lo tanto, tienen un importante valor testimonial respecto de la percepción que de Jesús tenía su entorno más próximo en los primeros tiempos (los de su infancia).
En el episodio del Templo, la respuesta de Jesús hacia la incomprensión de sus padres (obviamente no es la respuesta de un niño de 12 años, sino que responde a la intencionalidad redactora del evangelista), nos va a anticipar ya las líneas y cauces que Jesús va a poner en práctica para con estas carencias de entendimiento hacia su misión: la instauración y predicación del Reino están por encima de cualquier otra consideración hacia su persona.
Una de las situaciones de incomprensión más paradigmáticas que nos reflejan los textos canónicos es la señalada por Marcos en su capítulo 3, ver. 21 (Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí), que, tiene su continuación en Mc. 3, 31-35 (31 Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. 32 Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. 33 Él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? 34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 35 Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre)
Este acontecimiento, al revés que en el caso citado de los primeros capítulos de Lucas, sí que posee todos los aditamentos para ser considerado como generado por el Jesús histórico, ya que el versículo 21 nos muestra una actitud de incomprensión, por parte de su familia, de tal calibre, que es imposible que fuese recogida por las tradiciones orales de las fuentes de Marcos si no hubiese sucedido en realidad (criterio de dificultad), además de otras consideraciones historicistas en las que no nos vamos a extender.
Tal es la dificultad para asumir esta situación por parte de las primeras comunidades cristianas, que el resto de los evangelistas silencian el acontecimiento, si bien recogen la continuación del mismo.
Como vemos en la prolongación de esta perícopa, la reacción de Jesús ante la falta de entendimiento por parte de su familia, es la que anunciábamos anteriormente: extender su mensaje de forma universal (globalizar) por encima de consideraciones personalistas, porque el Reino es superior a cualquier consideración humana.
Curiosamente, es el texto menos histórico de los cuatro canónicos (el de Juan), el que mejor nos acerca a la incomprensión de su misión por parte de su familia.
Así en Juan, capítulo 7, ver. 5 al 7, leemos: 5 Es que ni siquiera sus hermanos creían en él. 6 Entonces les dice Jesús: "Todavía no ha llegado mi tiempo, en cambio vuestro tiempo siempre está a mano. 7 El mundo no puede odiaros; a mí sí me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras son perversas.
Sabida es la intencionalidad testimonial del texto joánico y su extremo cuidado para con el tratamiento que dispensa a la familia de Jesús este evangelista. No en vano, María, la madre de Jesús pasó los últimos años de su vida en compañía del “discípulo amado” del Maestro.
Por lo tanto, una afirmación tan rotunda acerca de la incredulidad de sus próximos, no deja de resultar significativa dentro de esta redacción, lo que le da aún mayores visos de verosimilitud histórica a este comportamiento.
Nuevamente, la reacción de Cristo vuelve a ser de despego hacia la actitud de quienes no le comprenden y permanece fiel al objetivo primigenio: la predicación escatológica de la llegada del Reino.
- Por parte de sus discípulos/apóstoles
Cristo se rodea de 12 de sus discípulos, haciendo de ese grupo el núcleo central de sus seguidores. Estos apóstoles (del griego apostolos = enviado delante, comisionado), a priori, deberíamos considerarlos como los más próximos a Jesús y quienes mejor entenderían su misión.
No es así, ni mucho menos.
En Marcos, capítulo 9, ver. 28 (Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía), vemos como Juan, haciéndose portavoz de todos ellos, esgrime una suerte de tribalismo exclusivista, alejado totalmente de la universalidad del mensaje de Cristo, siendo reconvenido por el Nazareno y colocando la totalidad del mensaje cristiano por encima de las parcialidades humanas.
El episodio de la transfiguración nos acerca una nueva incomprensión de los apóstoles, en este caso de Pedro, si bien este pasaje nos sitúa en la traslación evangélica de acontecimientos postpascuales al relato prepascual.
En Mateo 8, 27, con motivo de la tormenta calmada, y aun contando con las escasas probabilidades de verosimilitud histórica del acontecimiento, el evangelista nos refleja la pasmación e incomprensión de sus seguidores hacia la persona que les dirige y adoctrina (Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»)
El apartado de las parábolas resulta paradigmático en este sentido, ya que es donde podemos contemplar reflejada, con mayor abundancia testimonial, la incomprensión de los suyos hacia la predicación impartida.
Algunas muestras de esta actitud podemos verlas en: Mateo 13, 36: Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo» y, especialmente, en Mateo 15, 15-18: Tomando Pedro la palabra, le dijo: «Explícanos la parábola.» 16 El dijo: «¿También vosotros estáis todavía sin inteligencia?17¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado?18 En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre, que, como vemos, desencadena una reacción airada del Maestro ante la dureza de entendimiento de sus oyentes.
Una reacción similar la encontramos en Mateo 16, 5-12, en esta ocasión referida a la incomprensión de los apóstoles respecto de la predicación preceptual de Cristo: 5 Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de tomar panes. 6 Jesús les dijo: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.»7 Ellos hablaban entre sí diciendo: «Es que no hemos traído panes.» 8 Mas Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué estáis hablando entre vosotros de que no tenéis panes? 9 ¿Aún no comprendéis, ni os acordáis de los cinco panes de los 5.000 hombres, y cuántos canastos recogisteis? 10 ¿Ni de los siete panes de los 4.000, y cuántas espuertas recogisteis? 11 ¿Cómo no entendéis que no me refería a los panes? Guardaos, sí, de la levadura de los fariseos y saduceos.» 12 Entonces comprendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.
Pero donde más podemos observar la indignación de Jesús para con la incomprensión de sus allegados es en los dos pasajes siguientes, de Mateo.
En el primero de ellos, correspondiente a Mateo 16, 22-23, nos encontramos con la enigmática ira de Jesús hacia Pedro, cuando ante el anuncio profético de su pasión, Cefas se atreve a reconvenir su pesimismo, amparado por su incomprensión global de la misión jesuática, y recibe una respuesta del Nazareno que, dado el contexto discursivo del pasaje, se antoja desmedida por su firmeza: 22 Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: «¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!» 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!.
Se trata de un pasaje procedente de las fuentes de Marcos, con incrustaciones de la fuente Q y que sorprende por la firmeza, incluso violencia verbal, de la respuesta de Jesús a Pedro, sobre todo porque el pasaje está encuadrado en un momento declarativo, de orden escatológico, e inmediatamente después de la declaración de fe de Pedro al Maestro.
Al margen de consideraciones exegéticas o hermenéuticas, el pasaje, en sí mismo sí nos sirve para ilustrar la falta de sintonía entre los más allegados a Jesús y la percepción que Él mismo tiene de su misión.
Otro tanto podemos extraer del episodio del exorcismo del hijo de uno de la multitud, contenido en Mateo 17, 19-20 (19 Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle? 20 Díceles: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Desplázate de aquí allá”, y se desplazará, y nada os será imposible»), donde, en otro pasaje procedente de las fuentes de Marcos, la recriminación de Jesús se dirige, esta vez, hacia la poca calidad de la fe de sus discípulos, puesto que ellos no terminan de comprender cual es el encargo que Cristo les ha realizado y cuales los fundamentos del poder que les ha otorgado.
Podríamos continuar relatando muestras de incomprensión de los allegados a Jesús hacia su persona y su predicación, pero parece innecesario con las pinceladas que ya hemos relacionado.
- Por parte de los ajenos
En este apartado podremos encontrar diversos y variados ejemplos de incomprensión de los oyentes hacia la pr