Tren
de Jaén ( de santa Catalina ) Vallecas
12 agosto 1936
Día 12.-
Madrid.- Unos trescientos presos llegados en el segundo tren de Jaén, al llegar
a Vallecas, son abandonados por la Guardia Civil que los custodiaba en manos de
milicianos que los masacra. Entre ellos muere el obispo de Jaén Manuel
Basulto Jiménez, que cae en las inmediaciones de Vallecas.
Jaén.-
Dado el número de detenciones que hacen los milicianos la cárcel está tan
saturada que convierten la Catedral en prisión, en la que encarcelan a 800
personas. Por ello se envía un tren a Madrid, llamado el tren de la
muerte porque casi todos los presos enviados serían asesinados, muchos
(200) en el lugar llamado Pozo del tío Raimundo.
Durante
el verano de 1936, en plena guerra civil se
produjo el primer fusilamiento en masa, aún cuando todavía no se había
producido ningún importante enfrentamiento bélico.
El día 12 de agosto ingresaron en la Cárcel Modelo de Madrid, los 40 supervivientes de la masacre que se produjo en el anden de la estación de Vallecas, al llegar el tren procedente de Jaén con unos 300 presos destinados a las cárceles madrileñas. Entre los que salvaron milagrosamente la vida se encontraban dos ex-alumnos del Colegio de El Escorial, que tras pasar un tremendo calvario, fueron llevados primeramente al Ayuntamiento de Vallecas, después a la Casa del Pueblo de la misma localidad y por último, un desfile por varias checas de la capital hasta terminar por fin en la Cárcel Modelo donde se hacinaban cientos de presos comunes y miles de detenidos por el Frente Popular. Entrando, aún con el susto metido en el cuerpo, pudieron relatar a sus compañeros lo sucedido.
(Copia literal del Libro: "La Dominación Roja en España. Causa General". Páginas 177-178)
Venían de Jaén unos trescientos detenidos, prensados en el tren. Cerca ya de Madrid, en Villaverde, se apoderaron de ellos los milicianos del pueblo, a pesar de los cuarenta guardias civiles encargados de su custodia, y comienzan allí mismo el fusilamiento más feroz e inhumano en grupos de veinticinco, sin indagar sus personas ni delitos. Hay tristes escenas de padres, que presencian la muerte de sus hijos y viceversa. El Obispo de Jaén, Excmo. E Ilustrísimo Sr. Don Manuel Basulto, cae de rodillas exclamando:
Perdona, Señor, mis pecados y perdona también a mis asesinos:
---Esto es una infamia, exclama su hermana Teresa, yo soy una pobre mujer.
---No te apures, se le contesta, a ti te matará una mujer.
Y acto seguido, se adelanta una desgreñada miliciana llamada Josefa Coso "La Pecosa", que la sacrifica allí mismo a sangre fría. Cuando faltaban unos cuarenta, se adelanta del grupo Leocadio, joven de 19 años, y, encarándose con el jefe de milicias, le dice que él responde con su vida de todos los del grupo remanente. Y ¡OH prodigio! El feroz mandamás suspende las ejecuciones amenazándole:
---¡Ay de ti, si me engañas! Llevad a éstos a Vallecas y que demuestren su inocencia.
Hasta aquí el relato de lo sucedido por el testigo. Pero la historia completa según los documentos es la siguiente:
El Excmo. E Ilmo. Sr. Obispo de Jaén, Don Manuel Basulto Jiménez, fue traído de aquella ciudad para ser asesinado en el lugar conocido con el nombre de "Pozo del Tío Raimundo", próximo al Cerro de Santa Catalina, del término de Vallecas (Madrid), en unión de su hermana y del Deán y Vicario General de aquella Diócesis, Don Félix Pérez Portela. Las expresadas víctimas, juntamente con unos doscientos detenidos de aquella provincia, bajo pretexto de ser trasladados a la Prisión de Alcalá de Henares, fueron conducidos a un tren especial que sobre las once de la noche del día 11 de agosto de 1936 salió de Jaén custodiado por fuerza armada, siendo el trayecto constantemente vejados por las turbas que esperaban en las estaciones de paso y que los insultaban y apedreaban, llegando el convoy a Villaverde (Madrid), donde fue detenido por los marxistas, que con gran insistencia pedían les fueran entregados los presos para asesinarlos. El Jefe de la fuerza que venía custodiando a los detenidos habló entonces por teléfono con el Ministro de la Gobernación rojo, y el resultado de la conferencia fue retirar las fuerzas mencionadas, dejando en poder de la chusma a los ocupantes del tren, que fue desviado de su trayectoria a Madrid y llevado a una vía o ramal de circunvalación hasta las inmediaciones del lugar ya mencionado del "Pozo del Tío Raimundo". Rápidamente empezaron los criminales a hacer bajar del tren tandas de presos, que eran colocados junto a un terraplén y frente a tres ametralladoras, siendo asesinados el Excelentísimo e Ilmo. Sr. Obispo y el Vicario General Don Félix Pérez Portela. La hermana del Sr. Obispo, que era la única persona del sexo femenino de la expedición, llamada doña Teresa Basulto Jiménez, fue asesinada individualmente por una miliciana que se brindó a realizarlo, llamada Josefa Coso "La Pecosa", que disparó su pistola sobre la mencionada señora, ocasionándola la muerte; continuando la matanza a mansalva del resto de los detenidos, siendo presenciado este espectáculo por unas dos mil personas, que hacían ostensible su alegría con enorme vocerío. Estos asesinatos, que comenzaron en las primeras horas de la mañana del 12 de agosto de 1936, fueron seguidos del despojo de los cadáveres de las víctimas, efectuado por la multitud y por las milicias, que se apoderaron de cuantos objetos tuvieran algo de valor, cometiendo actos de profanación y escarnio y llevando parte del producto de la rapiña al local del Comité de Sangre de Vallecas, cuyos dirigentes fueron, con otros, los máximos responsables del crimen relatado.
(Copia literal del Libro: La causa General. Páginas 177-178)
Así
sucedió el 12 de agosto de 1936, donde unos 250 prisioneros, significados
derechistas y miembros del clero, procedentes de la Catedral de Jaén que había
sido habilitada como cárcel, fueron traídos en tren hasta Madrid. Entre los
presos más destacados estaba el obispo de la diócesis de Jaén, Manuel Basulto
Jiménez.
La idea de traerlos a Madrid era precisamente la de
evitar que éstas personas cayeran en manos de extremistas del campo republicano
dispuestos a tomarse la justicia por su mano y de forma sumaria, transportándolos
a prisiones de Madrid, pero, al llegar a Vallecas, numerosos milicianos y
población civil, se habla de dos mil personas, impidieron que los detenidos
llegasen a su destino, apoderándose de los presos, no pudiendo hacer nada la
guardia civil que los escoltaba para detener a los asaltantes.
Allí
murieron asesinados la mayor parte de los presos, incluyendo al obispo, al deán
de la catedral y a la hermana del obispo, de quien se encargó una miliciana
apodada la "Pecosa".
Para el
caso de los habitantes de Vallecas el caso del asesinato del Obispo de Jaén,
ocurrido en los primeros días del alzamiento, tuvo enorme importancia, así que
por principio a todos los que detenían les acusaban de haber participado en
dicho acción.
El acusado tenía que demostrar, cosa que en muchos casos resultaba imposible, que el no había formado parte de la multitud que asaltó el tren.
"...cuando apresaron a mis tres hermanos nos dijeron que teníamos que responder que nosotros no habíamos estado en el tren célebre,... nosotros al empezar la guerra estuvimos en Manzanares (Ciudad Real) a ver la familia de mi padre, así que no pudimos estar allí. En Manzanares salvamos al marido de mi prima cuando unos milicianos fueron a por él, por lo que nos hizo un aval por dos semanas... También el dueño de La Criolla, una bar de Fuencarral al que mi hermano había defendido, nos hizo un aval por tiempo indefinido para los tres hermanos. Y yo llevé todo eso, pedían pena de muerte por los tres, sobre todo por el mayor..." Matilde