EDICTO DE MILÁN

 

 

EDICTO DE MILÁN

 

"Yo, Constantino Augusto, y yo también, Licinio Augusto, reunidos felizmente en Milán (...), hemos tomado la saludable y rectísima determinación de que a nadie le sea negada la facultad de seguir libremente la religión que ha escogido para su espíritu, sea la cristiana o cualquier otra más conveniente. Por lo cual es conveniente permitir de ahora en adelante a todos los que quieran observar la religión cristiana, hacerlo libremente sin que esto les suponga ninguna clase de inquietud y molestia.

... Y además, por lo que se refiere a los cristianos, hemos decidido que les sean devueltos los locales en donde antes solían reunirse... Ya sean propiedad de nuestro fisco o hayan sido comprados por particulares, y que los cristianos no tengan que pagar por ello ningún dinero de ninguna clase de indemnización."

(LACTANCIO, De mortibus persecotorum).