El dominó

El Dominó

  

     Llevo toda mi vida viviendo los veranos en esta pedanía, y mi memoria se pierde en el tiempo, incapaz de señalar una fecha para ubicar este acontecimiento tradicional, y es que todos los días, a las 12,00 h. en punto, como si para rezar el Ängelus se tratara, comparecen, en la plaza del Chiringuito, aquellos que hacen del dominó un aliciente para sobrellevar el tórrido calor del verano y una excusa perfecta para conversar con vecinos.

     Es uno de esos momentos con solera, de celebración diaria, y que, como viene mandando la tradición litúrgica, se omite los domingos, que para eso es día de dedicación, especialmente, a la familia.

     Dicho avatar cuenta con la bendición de nuestro amigo Antonio, quién, de cuando en cuando, contribuye a refrescar el momento, tanto de los partícipes en el juego, como del público acompañante.

     Y para hacerlo aún más autóctono, no falta a diario quién, llegada la época de los pepinos, acude acompañado de un par de ellos, a fin de que hagan de acompañamiento a la pipirrana que, suculentamente, ha sido preparada en el Chiringuito.

     ¿Y aún me preguntas por qué me gusta esta aldea?. Quizá a ello contribuya la sencillez de semejantes actos, o, por el contrario, la importancia que se le otorga a otras cosas, que nunca hubiéramos percibido su existencia, o quizá esté en el hecho de que llegamos aquí imbuidos por nuestras eternas y trascendentales preocupaciones, casi siempre, laborales, y, en cuanto llegas aquí, se diluye el tremendismo de nuestro desasosiego, a así una y otra vez. 

     Y es por eso, pienso yo, que, queramos reconocerlo o no, estamos deseando regresar a esta nuestra aldea, si durante una semana o diez días hemos decidido hacer turismo nacional, bañarnos en playas cristalinas o visitar patrimonio natural, artístico o cultural, como oímos que hacen el resto de los mortales.

     Pero no nos engañemos, que nada más llegar a aquel destino elegido, estamos acordándonos de qué estaríamos haciendo a esa hora di nos hubiéramos quedado en La Cerradura, y de ahí en adelante, cualquier momento del día será motivo de comparación entre lo de allí con lo de aquí, y así hasta que por fin llegamos de vuelta de donde no debiéramos habernos ido, di es que de encontrar felicidad se trataba.

     Y mientras tanto escarceo turístico acontece, hay quién permanece fiel e impasible a la hora de la celebración del acontecimiento más trascendental de todos los veranos, el DOMINÓ de las 12,00 h.

                                                                                                                                                                      L.R.T.

 


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