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Ya en los campos de Jaén amanece
corre el alba por entre casitas blancas
les da dulces olores a los romeros y olivos.
Y aquí se detiene en un pueblecito, La
Cerradura
en el medio, el río deja correr sus aguas
con un son alegre en el surco labrado.
Escuchamos el canto del ruiseñor
el silencio profundo del ruido manso del agua
y vemos revolotear a las golondrinas.
Pasa el verano y llegan nuestras fiestas
en las tardes de septiembre cálidas y frescas
sacamos y levantamos a nuestra Patrona
La Inmaculada Concepción, orgullo de La Cerradura.
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