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Resumen:
Desde época medieval, La Cerradura, hoy aldea de Pegalajar, ha
constituido un lugar de frontera. En un principio entre los reinos de
Granada y Castilla, musulmán y cristiano respectivamente, y entre los términos
municipales de Pegalajar con Cambil (siglo XVI-XVII) Carchelejo (s-
XVII-XIX) o Cárchel (s. XIX-XX). Así pues, su situación geográfica ha
dado lugar a los más diversos hechos y situaciones, desde batallas
cruentas medievales a litigios jurídicos contemporáneos por su posesión
entre los pueblos limítrofes. En el fondo de esta última cuestión
subyace la riqueza de sus fértiles huertas y futuras roturaciones de las
tierras baldías en las sierras limítrofes.
Actualmente
con el nombre de La Cerradura se denomina a la única aldea dependiente
del núcleo de Pegalajar. Está situada en el fondo de un pequeño valle
abierto por el río Guadalbullón, que atraviesa la autovía Bailén-Granada.
Desde la antigüedad ha tenido un importante valor estratégico por haber
sido una de las principales vías de paso entre el Alto Guadalquivir y el
Surco Intrabético, como así lo atestiguan los miliarios romanos
descubiertos en su juventud por Enrique Escobedo Molinos- Cronista Oficial
de La Cerradura- y que Silieres dió a conocer en el Boletín del
Instituto de Estudios Giennenses. Por La Cerradura pasaba una calzada construida
por Augusto en los años 8 al 7 a.n.e. y los cuatro miliarios
descubiertos corresponden a las cuatro sucesivas reformas y mejoras
realizadas por:
I. Adriano, 136.
II. Máximo Daza, 305.
III. Constantino, 307-317.
IV. Crispo, 317-326.
La aparición de restos de villas romanas en la zona, incluso yacimientos
ibéricos y de la Edad del Bronce, son muestra de un antiguo poblamiento,
con una economía básicamente agrícola, que se desarrollaría en las fértiles
tierras de las riberas del Guadalbullón.
LA FRONTERA MEDIEVAL DE LA CERRADURA
En la Baja Edad Media, las crónicas de los reyes de Castilla dejan
traslucir la importancia estratégica de la zona. Por este valle pasaban
las incursiones cristianas hacia tierras granadinas y, tras la conquista
de las fortalezas limítrofes a la ciudad de Jaén -Pegalajar y La
Guardia-, a mediados del siglo XIII se convierte en tierra de frontera.
Su nueva situación política hizo de los alrededores de La Cerradura
lugar de enfrentamientos armados en determinados periodos, desde pequeñas
escaramuzas a notables batallas, como la que enfrentó en 1425 a las
tropas cristianas comandadas por el Obispo González de Zúñiga con los
musulmanes granadinos, en la que los cristianos sufrieron una debacle, según
recoge el Sumario de Arquellada:
<<En el año del señor de mil y cuatrocientos y veintitres años,
día de San Antonio, fueron desbaratados en el Mercadillo, camino de
Cambil y el obispo don Gonzalo y otros muchos caballeros y peones, y le
tomaron el estandarte este día y murieron en esta pelea muchos escuderos y
regidores de Jaén y peones hasta ciento y veinte, a los que les cortaron
a todos las cabezas y se las llevaron a Granada y llevaron (cautivos)
contia de treinta presos a Granada>>.
Este mismo obispo, unos años después, en 1428, fue de nuevo
derrotado por los granadinos <<en el Bunel que es cerca de
Cambil>>. --probablemente en la zona de Arbuniel, río arriba
de La Cerradura--, donde mataron a muchos cristianos entre los que se
encontraba el Comendador Mayor de Calatrava don Lope Carrillo:
<<...y el obispo vino huyendo y le fie tomado otro estandarte
por los moros y estuvo dos días y dos noches en tierra de moros en el río
de La Cerradura escondido, y le fueron a buscar otro día con mucha gente
desta ciudad a donde había sido el desbarato, tañiendo muchas trompetas,
para que si estaba escondido se saliese, y con el ruido del agua no los otó,
y ansi se volvieron todos muy tristes y desconsolados por la perdida del
obispo don Gonzalo, y en su palacio hacia un gran llanto su hermana y
otros muchos caballeros haciendo muchas promesas y devociones, y ala
tercera noche, salió del río y se vino a La Guardia con mucho dolor de
su corazón, por tanta gente como se había perdido...>>.
El paisaje que existía en la zona de La Cerradura, debido a la falta
de hábitat humano, estaría formado por abundante vegetación. El hecho
de que sirviera de refugio durante dos días con sus noches al Obispo
Gonzalo de Zúñiga así lo da a entender. Además Martín de Ximena nos
habla de las <<espesuras de la Cañada del Puerto, que sale ala
Torre de la Cabeza>>. espesuras que fueron incendiadas en
septiembre de 1485, en los preparativos a la conquista de Cambil,
aprovechando el <<pasto seco, y Monte baxo, el aire más recio,
en un pensamiento llegó quemando hasta el Río, y trance derecho hasta el
Cerro del Mercadillo>>, con lo que quedó el paso arrasado y
descubierto, huyendo los moros.
Esta cañada del Puerto, conocido también como puerto de la Torre de la
Estrella por ubicarse allí una antigua torre de vigilancia, era junto al
puerto de Cambil un lugar de paso por el que transitaban los <<almayales>>
y mercaderes en su comercio entre los reinos de Castilla y Granada. En el
siglo XV, este puerto había venido a menos en cuanto al tránsito
comercial y había dejado de utilizarse como lugar de recaudación de
aranceles. Anteriormente se situaban los arrendadores de este impuesto
<<en la enzina que es fondon del puerto de la Torre de la
Estrella>>. Por el contrario, el puerto de Cambil -que
identificamos con el actual del Carretón, situado como junto al anterior,
al otro lado de La Cerradura-, era el usado por los mercaderes, recaudándose
los derechos en el Cuchillejo, lugar que lindaba al allozar de Abenamar.
Este antiguo camino de Cambil, con abundante vegetación arbórea, fue
probablemente utilizado como vía de paso militar más común en la Baja
Edad Media. Con bastante probabilidad, fue el utilizado y ampliado para
paso de la atillería -de hecho, aún hoy día se puede apreciar en
algunos tramos la labor de ensanche realizada para el paso de los carros-
en la conquista de Cambil por los Reyes Católicos y del que nos informa
el cronista Hernández del Pulgar:
....seis mil hombres que enviaron el Rey y la Reina con picos y otras
herramientas derribaron toda una sierra e la allanaron hasta igualarla con
el valle bajo. Y en otras partes hicieron valles de grandes piedras que
derribaron de lo alto e de grandes alcornoques e otros árboles que
cortaron. E ansi andando estos peones doce días por los lugares más
fragosos, cortando e sacando piedras e deribando árboles pudieron allanar
un camino por do los carros de artillería pudieron pasar.
Hoy día el puerto de ese camino recibe el nombre del Carretón,
posiblemente en recuerdo de las pesadas carretas que lo atravesaron con la
artillería.
Como importante vía de paso que era, La Cerradura tenía su control en la
Torre de la Cabeza, en cuyas proximidades existían otras dos que seguían
dirección Norte-Sur, separadas unos cuatro Kilómetros cada una. La más
al Norte se encontraba en la cresta de la Serrezuela, a continuación la
antes citada Torre de la Cabeza, y la tercera era la Torre de la Estrella,
situada en la cresta de la Sierra de los Bodegones. La Torre de la Cabeza
es la única de ellas que conserva, aunque deteriorada.
La utilización de estos tres torreones seguramente fue diversa. Una de
sus funciones pudo ser la de <<telégrafo óptico>> (a través
de humo, banderas, antorchas...), y de defensa y control del valle del
Guadalbullón. Aparece citada en textos medievales en varias ocasiones con
este último carácter. Así, en la Crónica del Condestable Miguel Lucas
de Iranzo se habla de la rebeldía del Comendador de Pegalajar Juan de
Pareja frente al Condestable en 1468. Este llegó a ponerle una trampa
para detenerlo, pues hacerlo en la fortaleza de Pegalajar suponía un
largo sitio. La trampa consistió en utilizar al
<<alfaqueque>> de Jaén Alonso el Gordo, que intercambiaba
moros y cristianos de una parte a otra de la frontera, el cual había sido
asaltado anteriormente por Juan de Pareja. Pero la trampa no dio
resultado. El Comendador Pareja no se encontraba entre los asaltantes, que
fueron sorprendidos a la altura del Cerro de la Cabeza, donde se
refugiaron.
En esa misma Torre, en 1470, murieron también los dos vigías cristianos
cuando una incursión de moros granadinos entró por La Cerradura y saqueó
las huertas y arrabal de Pegalajar.
LA CERRADURA: NUEVA FRONTERA ENTRE TÉRMINOS MUNICIPALES.
Desaparecida la frontera cristiano-musulmana, las fértiles tierras de los
márgenes del río Guadalbullón en la zona de La Cerradura empezaron a
roturarse y, por consiguiente, la formación de un primer poblamiento
estable, aunque escaso, desde hacía varios siglos, con algunas familias
dedicadas a la agricultura, además de la función de servicio que en una
venta se daba a los viajeros.
A mediados del siglo XVI vuelve a surgir de nuevo el topónimo de La
Cerradura en referencia a otra función de frontera. Esta vez entre la
población de Pegalajar, que obtiene el título de villa independiente de
la jurisdicción de Jaén, y la población de Cambil, liberada un año
antes de la misma tutela.
Un juez, enviado por la Corona, se encargó de la delimitación del término,
de acuerdo con la carta de privilegio real otorgada a la villa de
Pegalajar y la opinión de los pueblos limítrofes. Así, una vez citados
estos pueblos, el juez Álvaro de Paz, con el escribano Cristóbal de San
Román, procedió a realizar el amojonamiento en el mes de septiembre de
1559, empezando por el mojón del << monte alto de Calabaceros>>,
donde confinaban Pegalajar, Cambil y Jaén. Representando a Pegalajar
estaba el regidor Pedro de Viedma, el alcalde ordinario Alonso Rodríguez
de Talavera y otros vecinos y regidores. Los representantes de la ciudad
de Jaén no acudieron a la cita del juez, que , a petición de Pedro de
Viedma, los acusó de rebeldía, dando posesión de dicho mojón a la
villa de Pegalajar.
El Juez continuó el deslinde y se encaminó al segundo mojón, <<guardando
derecera>>, que dividía los términos de Cambil y Pegalajar,
situado en el mismo lugar de la Torre de la Estrella, ya entonces en
ruinas. Para delimitar mejor el término, el Juez mandó establecer otros
dos mojones entre Calabaceros y el de la Torre de la Estrella. El límite
seguía la cresta de la sierra. Uno de ellos se estableció <<encima
del vallejo que llaman de Calabaceros>>, y el otro en un lugar
intermedio, bajando hacia la torre.
Continuando con su labor, el Juez llegó al mojón conocido con <<del
Acebuche>>, donde también confluían Cambil y Pegalajar,
<<el cual está bajando por la cordillera abajo desde la dicha
torre de la estrella abajo a dar al río, sobre una peña, junto al río,
en lo que llaman La Cerradura>>. El Juez lo dio en posesión a
Pedro de Viedma, en nombre de la villa de Pegalajar, el cual, siguiendo el
ritual de la época echó varias piedras y se subió en él en señal de
posesión.
La comitiva prosiguió la mojonera entre Cambil y Pegalajar, y llegaron al
mojón del Mercadillo de la Peña de la contratación, <<que
está hecho de cal y canto>>. Pedro de Viedma, en señal de
posesión, puso una cruz sobre él. Sin embargo, existía una importante
distancia entre los mojones del Acebuche y el del Mercadillo. Por ello, a
petición de ambas villas, el Juez decidió establecer otro, que fue
fijado en <<un pino que estaba en un collado alto al un lado, el
cual esta en medio de los dichos dos mojones que son señal y yto y que
por allí guardando derecera se dividiese el dicho término de las dichas
villas>>.
Seguidamente llegaron a un humilladero de piedra llamado del prior Juan
Cano, <<en el qual dicho umylladero dijeron ser el mysmo mojón>>,
sobre el que Pedro de Viedma volvió a subirse en señal de posesión.
También por haber mucha distancia entre los del Humilladero y el
Mercadillo y para evitar futuras diferencias, ambas villas pidieron al
Juez otros tres señalamientos, que se establecieron:
<<el uno en una cornycabra que esta a vista del dicho mojón del
Mercadillo el valle arriba al cabo de una majada, y desde la dicha
cornycabra mando poner otro yto y señal encima de un picazo de peñas y
desde el dicho picazo de peñas mando poner otro en otro picazo de peñas
más alto, desdel qual dicho picazo se parece el dicho mojón del
umylladero, guardando derecera de mojón a mojón>>
Quedaba así delimitado el valle de La Cerradura y sus alturas, respecto a
la villa de Cambil.
El fuerte crecimiento poblacional que se experimenta en este siglo XVI va
a obligar a una progresiva roturación de tierras incultas de las
proximidades. En esta época la Corona concede autorización para romper
tierras en la dehesa de Almoroche, hasta tres mil fanegas; y consideraba
que quedaría suficiente tierra adehesada para los ganados- la dehesa de
Almoroche estaba situada más allá del río Guadalbullón, en su margen
izquierda-. De hecho, en 1575, detectamos documentalmente las roturaciones
arbitrarias que los vecinos de Pegalajar estaban realizando en este
paraje, seguramente a los pies de dicho monte, en unas tierras realengas
que finalmente fueron vendidas al concejo de Pegalajar, no sin dar lugar a
una serie de problemas por la ilegalidad de estas roturaciones. Las
tierras de regadío de La Cerradura, las más fértiles, debieron ser
roturadas antes, a principios del XVI.
DELIMITACIÓN DE TÉRMINOS ENTRE CÁRCHEL Y PEGALAJAR, 1848-1850.
A raíz de la independencia jurídica de Cárchel respecto a Carchelejo,
en 1843, y la delimitación del nuevo término municipal, se suscitó una
polémica en la línea de demarcación del de Cárchel con Pegalajar por
el paraje de la Cerradura.
Ya vimos más arriba el amojonamiento que realizó el Juez Alvaro de Paz
en 1559, año de la independencia jurídica de Pegalajar respecto a la
ciudad de Jaén. Entonces, entre los mojones establecidos en los límites
de Pegalajar y Cambil, se reconoció el mojón de La Cerradura.
Posteriormente, en 1675, la Corona vendió Carchelejo con Cárchel a
Antonio de Arellano y Contreras. Al no satisfacer éste la totalidad del
importe acordado, estos lugares pasaron de nuevo a la Corona en1696, año
en que los hace realengos y exime de la jurisdicción de Cambil. En 1843 Cárchel
se eximió a su vez de Carchelejo, quedando el mojón de La Cerradura
delimitando Pegalajar de la nueva villa de Cárchel.
Unos años después, en 1848, el alcalde de esta villa, Antonio de Aranda,
consideraba que el mojón de La Cerradura no describía un lugar concreto,
sino todo el paraje de huertas, por lo que se debía establecer un
deslinde de este lugar, a lo que se oponía la villa de Pegalajar,
encabezada por su alcalde, Antonio Gómez de Valenzuela, que sólo entendía
como La Cerradura al acerramiento de las Sierras, <<que forman
como una puerta>>.
Pronto se levantó la polémica sobre la citada cuestión. Por un lado, el
Ayuntamiento de Pegalajar urgía al de Cárchel el deslinde en base a las
numerosas solicitudes de tierras de labor por parte de los vecinos de
Pegalajar, puesto que las vertientes de La Cerradura, por esta época,
eran tierras baldías susceptibles de roturación y, de hecho, en estos años
comienzan las roturaciones en otras partes del término de Pegalajar, como
en el monte de Bercho. Por otro lado, el Ayuntamiento de Cárchel abogaba
por continuas ampliaciones del plazo para el deslinde, basándose en el
tiempo que necesitaba para la búsqueda de documentación necesaria que
avalase su tesis en las villas vecinas de Cambil y Carchelejo.
Así pues, el plazo que en principio concedió el Ayuntamiento de
Pegalajar al de Cárchel para realizar el deslinde, el 1 de junio de 1848,
se terminó sin haberlo hecho; mientras que el Ayuntamiento de Cárchel
comunicaba al jefe Político que no hacía falta su mediación. Un nuevo
plazo, fijado en el 6 de junio, tampoco llegó a cumplirse.
Mientras tanto, el Alcalde de Cárchel denunciaba al Alcalde y
dependientes del Ayuntamiento de Pegalajar ante Jefe Político por haberse
introducido en su término <<solibiantando a algún vecino a fin
de que concurra a aquella villa a pagar contribuciones>>.
Al año siguiente, en 1849, Cárchel aún no había presentado documento
alguno, mientras la documentación histórica sobre el amojonamiento que
presentó el Ayuntamiento de Pegalajar -el deslinde del juez Álvaro de
Paz, que databa de 1559- no tenía valor para el de Cárchel, pues la
consideraba un borrador y <<por lo antiguos que son (los
documentos)no se entiende nada>>.
El 31 de mayo de 1849 se reunieron el la Venta de la Cerradura comisiones
de ambos ayuntamientos. Cárchel presentó un testimonio referente a la
compra de jurisdicción de las villas de <<Cambil y Alabar>>,
junto con los límites de división entre aquella y la de Pegalajar en
1558 -aldea de Jaén en aquel año-. Se trataba de una copia realizada en
24 de febrero de 1778 expedida por Nicolás de Vázquez, por lo que el
Ayuntamiento de Pegalajar consideraba que su documento tenía más validez
al datar de 1559 y ser copia del practicado por un delegado del Rey. Por
su parte, el Ayuntamiento de Cárchel estimaba que el documento de
Pegalajar carecía de la verdadera nomenclatura de los monjones y
reclamaba el terreno que confinaba con el término de Jaén <<por
la parte arriba de la Torre de la Estrella>>. La reunión
terminó sin avenencia entre las partes.
Ello colmó la paciencia del Ayuntamiento de Pegalajar, que en voz de su
alcalde, Antonio Gómez, hizo ver su desesperación por la dilación en
tal asunto al Jefe Político, como podemos ver a continuación.
<<Del expediente de deslinde, y más todavía, de la conducta
observada por el Pueblo de Cárchel, se coligan dos cosas; una la convicción
en que está su comisión, del ningún derecho que tiene sobre la parte de
terreno detentado a Pegalajar, y otra que aspira dicho Pueblo a desvirtuar
las gestiones de ésta por medio de dilaciones y entorpecimientos.
La convicción de Cárchel se ve en los subterfugios nuevos que cada vez
presenta para que no halla deslinde; trayendo a cada reunión un arma de
defensa, una contestación estudiada. A la primera reunión no llevó
documentos, y manifestó que los tenía, y alcanzó una larga dilación
que por Pegalajar se dio. Pegalajar llevó sus títulos de propiedad; esto
sucedió en el mes de Mayo del año pasado. En la segunda reunión, ya
llebaba Cárchel un documento que no sirvió por su ineficacia. Pegalajar
llevaba sus títulos de propiedad con amojonamiento muy claro, e invitó a
la Comisión de Cárchel a pasar a reconocer los mojones, a lo que se negó
su señor Alcalde,... Cárchel dijo que tendría otros documentos mejores
y pidió nuevo término y obtuvo segunda dilación: Esto sucedió en el
mes de Abril último. En la tercera reunión, decretada así como la
segunda por VS. y después de esperas para su cumplimiento que Cárchel
exigió, se presentó por su comisión otro nuevo título, no de deslinde
sino de compra de jurisdicción: no posterior, sino más antiguo que los títulos
que Pegalajar, como en otras ocasiones llevó para acreditar su propiedad.
La nueva diligencia demuestra el nuevo sofisma con que Cárchel pretende
otra nueva dilación...>>
Ante la falta de acuerdo, el jefe Político ordenó la formación de una
comisión que estudiara el tema y que estaría formada por los diputados
provinciales de los partidos judiciales respectivos -Huelma y Mancha Real-
y una tercera persona. Al final lo fueron el consejero y diputados José
María de Aranda, Gaspar de Valenzuela y Francisco Javier de Martos. Este
último, diputado provincial por Huelma, al final no pudo asistir a la
reunión que, junto a los representantes de ambos pueblos, se celebró en
enero de 1850 y que había de dilucidar si por La Cerradura se entiende un
mojón junto la angostura de las Sierras o el paraje de huertas.
Finalmente no se llegó a un entendimiento. Según la comisión, porque
<<los de Cárchel no desisten de la violenta interpretación que
dan a la Cerradura>>, pues consideraba que los documentos
presentados por Pegalajar, y que figuran en el expediente, ofrecían mayor
objetividad. De acuerdo con aquellos títulos, aconsejaban al Gobernador
Civil de la Provincia -anteriormente recibía el nombre de Jefe Político-
elegir <<un buen práctico>> que señalase el punto
de La Cerradura, así como el resto de linderos y mojones, como así se
hizo, fijándose el deslinde según el realizado por el Juez Álvaro de
Paz en 1559.
CONCLUSIONES.
Desde época medieval, La Cerradura, hoy aldea de Pegalajar, ha
constituido un lugar de frontera. En un principio entre los reinos de
Granada y Castilla, musulmán y cristiano respectivamente, y entre los términos
municipales de Pegalajar con Cambil (siglo XVI-XVII), Carchelejo (siglo
XVII-XIX) o Cárchel (siglo XIX-XX). Así pues, su situación geográfica
ha dado lugar a los más diversos hechos y situaciones, desde batallas
cruentas medievales a litigios jurídicos contemporáneos por su posesión
entre los pueblos limítrofes. En el fondo de esta última cuestión
subyace la riqueza de sus fértiles huertas y futuras roturaciones de las
tierras baldías de las laderas de las sierras limítrofes.
Las delimitaciones geográfica y jurisdiccional, desde la misma
independencia de los pueblos limítrofes respecto a la ciudad de Jaén en
el siglo XVI, la incluyen en el término de Pegalajar. De ahí que en el
litigio con la población de Cárchel las aportaciones documentales del
pueblo de Pegalajar fuesen fundamentales para hacer valer sus intereses.
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