comentarios - Clara Campoamor Revolución

Índice
la asociacion
la autora
capítulos
resumen
comentarios
presentaciones
erratas
principal
la juventud de Clara
  
Comentarios y reseñas. (De + reciente a - reciente).
Clara Campoamor, la víctima del doble olvido, por Carlos Jiménez, La Estrella Digital, 21.08.2009

La tercera edición de su análisis sobre la degradación del régimen repúblicano y los primeros momentos de la Guerra Civil incluye novedades acerca de su infancia


El nombre de Clara Campoamor no pertenecía en realidad a la mujer que impulsó el voto femenino en España, sino a su hermana mayor, que murió cuando ella, Carmen en realidad, había cumplido tan sólo un año de edad. Esta es una de las novedades que se pueden encontrar en la tercera edición de La revolución española vista por una republicana, el testimonio de Campoamor sobre la degradación del régimen repúblicano y los primeros momentos de la Guerra Civil editado por Luis Español Bouche, que cuenta, admirado, la historia de una mujer "fascinante".


Demasiado a menudo grandes personajes de nuestra historia caen en las sombras de nuestra memoria atrapados en las telarañas de algunas placas del callejero, premios y homenajes que, en muchos casos, pecan de partidistas. Clara Campoamor, la mujer que consiguió el voto femenino en la Segunda República Española, es un gran ejemplo de ello.


El libro en el que analizaba la degradación del régimen republicano a través de la situación vivida en Madrid durante los primeros meses de la Guerra Civil, publicado en Francia en 1937, no pudo ver la luz hasta que el historiador Luis Español Bouché dio con él en 1999 y pudo publicarlo en 2005.


Con su esfuerzo, sumado al trabajo que ya hicieran las biógrafas Concha Fagoaga y Paloma Saavedra en 1981 y a las acciones de la Asociación Clara Campoamor de Bilbao, que lucha diariamente por los derechos de las mujeres, espera que la figura de Clara Campoamor ocupe el lugar que le corresponde en un presente que le debe mucho y un futuro que se ha de construir a través de ejemplos como el suyo.


Pero no es nada fácil. La biografía realizada por Fagoaga y Saavedra es muy difícil de conseguir porque es una publicación oficial del Instituto de la Mujer. Español, que "se pone de rodillas" ante el trabajo de las biógrafas, lamenta esta situación, así como la falta de reconocimiento que han recibido.


Al menos la voz de Clara, La Revolución española vista por una republicana, cumple ya su tercera edición con la inclusión de varias novedades acerca de su infancia y juventud.


"Todo el mundo intenta hacer hablar a los muertos y ponerlos favor de uno. Lo serio es que cuando la gente está muerta se lean sus libros para descubrir lo que pensaba", afirma Español, que denuncia el recuerdo que han fomentado PSOE y PP acerca de su figura. Los primeros por "apropiarse del personaje" y los otros por "abstenerse en sus homenajes cuando también podrían reivindicarla".


"Nos han montado una especie de espíritu guerracivilista en un país apacible como España en el que el 99'9% no se mete con nadie", asegura el historiador, para quien Campoamor representa "a la tercera España, víctima del fanatismo de las otras dos".


"Cuando yo era chica"


En esta nueva edición de la obra, Español se adentra en la infancia de Clara. Por primera vez se publican datos de una niña que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los mayores ejemplos de superación que ha dado nuestro país. Su historia comienza con un triste suceso. En 1889 se notificaba la muerte de Clara Campoamor Rodríguez, hija de Manuel Campoamor. Era su hermana mayor. Desde entonces, Carmen -que también era su nombre real- sería para siempre Clara, la mujer que consiguió el voto femenino en España.


Si ella fue conocedora o no de este hecho, ocurrido cuando tan sólo había cumplido un año de edad, es aún una incógnita. En cualquier caso, Clara no fue una niña cualquiera. En Navidad, los Reyes no visitaban su casa. Sus regalos los traía "La República", que era mucho más buena. Y es que su padre era un ferviente republicano, trabajador de La Correspondencia de España , que no pudo llegar a ver como se cumplía su sueño, aunque efímero, allá por 1931.


Con 12 años y un panorama desolador tras la muerte de su padre, Clara Campoamor tuvo que dejar de estudiar para coser día y noche, como se recoge en la entrevista publicada en la revista Estampa y titulada "Cuando yo era chica" que Español descubrió en el devenir de sus investigaciones.


Por entonces, pocos podían pensar que esa niña sería la misma que a los 34 años empezó la carrera de derecho y tan sólo dos años después la terminó y llegó a ser jurista de la Comisión Constitucional.


Español habla con ferviente admiración acerca de ella: "Como no la conocí no sé si era encantadora u odiosa, pero fascinante seguro. Debía de tener una personalidad extraordinaria con una mentalidad muy literaria".


Precisamente los libros eran su gran pasión. Su trabajo y su salida del colegio nunca significaron un impedimento para ella, que junto a su hermano Ignacio Eduardo -de quien se han descubierto nuevos datos- paseaba por las calles de Madrid para revivir las aventuras que devoraba antes en las novelas.


De la heroicidad al olvido


El camino de Clara Campoamor a la consecución del voto femenino no fue nada fácil. "Supuestas feministas como Victoria Kent y Margarita Nelken estaban en contra porque decían que las mujeres no tenían formación. La realidad es que ellas provenían de buenas familias y en cambio Clara era del pueblo. Tenía esa sensibilidad especial de quien ha tratado todos los ambientes sociales", cuenta Español, a quien le molesta enormemente que "se ponga en el mismo plano a una mujer de la categoría humana de Clara Campoamor con una Margarita Nelken que pedía a sus esbirros que apiolaran a las mujeres de derechas".


"Nelken era femicida, no feminista, era un Robespierre con faldas, tan sanguinaria como las peores sabandijas franquistas", sentencia el editor.


Pero Clara no se detenía ante ningún obstáculo. "Le traía sin cuidado el medio desde el punto de vista político, lo que quería era conseguir su objetivo, que eran las leyes a favor de la mujer", afirma Español.


Campoamor impulsó, además, la primera ley del divorcio, fue directora general de beneficiencia, inauguró la primera escuela oficial de enseñanza para los ciegos y se dedicaba a regalar cunas.


Todo eso no bastó para recibir el respeto y la admiración de sus contemporáneos. "Desde el 33 ella estaba políticamente quemada porque le habían puesto el san benito de que por ella habían perdido los partidos de izquierdas y había ganado la CEDA", explica el historiador, que recuerda cómo su posterior análisis de los primeros meses de la contienda civil sería su finiquito: "Clara cuenta con detalle lo que pasa en Madrid entre febrero y junio del 1936. Las huelgas, las manifestaciones, el inicio de la guerra, las primeras matanzas... Su testimonio le costó la amistad de varias personas, para los franquistas ella era una roja y masona y para los exiliados había traicionado a la República".


Clara Campoamor huyó "porque no quería ser una de esas víctimas de las que nadie habla luego", como ella misma decía, y así terminó convirtiéndose en una víctima del doble olvido", concluye Español.


Feminismo real


Para el escritor ella es "la antítesis de todas las feministas de salón que hemos tenido en España". Representa al "feminismo de verdad, al de la gente que lucha por los derechos de la mujer y para que la ley se aplique".


Español se queja del "feminismo de pancarta, que se llena la boca con la palabra 'mujer' o 'igualdad', pero que se dedican a cerrar guarderías porque en el fondo odian a las mujeres y a los niños". El mismo feminismo "que pretende ignorar a los hombres feministas", dice el historiador, para quien "todas las personas que piden justicia son feministas porque de lo que sufren las mujeres es de injusticia".


El editor de La revolución española vista por una republicana está seguro de que si Campoamor pudiese ver la España actual, "le encantaría ver el papel protagonista que han alcanzado las mujeres, o la sensible mejora del trato a los homosexuales", aunque "le gustaría menos la tendencia de las chicas jóvenes a convertirse en floreros".


Con su trabajo, Español confía en rescatar su figura y conseguir que el personaje no quede oculto tras los mitos y recuerdos distorsionados.


Fuente: Estrella Digital

Clara Campoamor, la "tercera España", feminista, republicana y liberal, por José Carlos Rodríguez , en El Imparcial, 1.08.2009

Recientemente, un estudio revelaba los nombres más comunes en las calles españolas. Entre ellas aparece Clara Campoamor, de quien se acaba de editar una de sus principales obras. A pesar de ello, y de que veremos su imagen en los billetes de euro, la imagen de esta mujer se debate entre la ignorancia y la deformación. ¿Quién fue Clara Campoamor Rodríguez? 


Luis Español Bouché, historiador y editor de La revolución española vista por una republicana, el ensayo de Campoamor sobre la II República poco después de su derrumbe, ve en esta mujer nada menos que “la figura femenina más importante del S XX español”. Una figura, sin embargo desfigurada por los complejos intereses ideológicos, y con áreas aún ocultas de su vida, pese al esfuerzo de sus dos biógrafas, Concha Fagoaga y Paloma Saavedra.


Clara Campoamor fue Carmen


Tan es así que Español Bouché ha descubierto que Campoamor Rodríguez tenía dos nombres, Clara y Carmen. Este historiador lo descubrió cuando preparaba una nueva edición de su ensayo sobre la República. Encontró en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional la noticia de la muerte de Clara Campoamor Rodríguez, hija de Manuel Campoamor en 1889, muy lejos del año 1972 en que acabó la vida de esta feminista liberal. Español acudió entonces al archivo parroquial, donde encontró la partida de defunción y también la de nacimiento… en 1886, dos años antes de la venida al mundo de la jurista y político republicana. Acababa de descubrir que nuestra mujer había tenido una hermana, de la cual heredó el nombre.


Porque lo que sí habían constatado Fagoaga y Saavedra, sin una explicación añadida, es que a esta mujer la bautizaron como Carmen, pero que en el registro civil sus padres le inscribieron con el nombre que conocemos y que utilizó toda su vida. Ahora sabemos que ese nombre había pertenecido a una hermana suya, que murió cuando ella tenía sólo un año.


Sufragio femenino


Campoamor no parecía destinada a hacer grandes obras. Vino al mundo en un barrio popular de Madrid, el de las Maravillas, hija de un empleado de un periódico y una costurera que le enseñó su primer oficio. Pero la inteligencia y un profundo sentimiento de justicia le llevarían por otros caminos, hasta convertirse en una de las primeras juristas de España, una notable y popular político de la época, que logró nada menos que el voto femenino universal en España. Para ello tuvo que luchar, incluso, contra el que entonces era su propio partido, el Radical de Lerroux.


Campoamor, nos dice Luis Español, “representa el triunfo de la voluntad de un feminismo activo e inteligente que busca la igualdad de derechos”. Logra, gracias a su genio político, el voto femenino en contra de la opinión de otras feministas, como Victoria Kent o Margarita Nelken. Pero, además, ella es “el símbolo de la superación personal. Porque a los 13 años deja de estudiar. Retoma bachillerato con 34 años, se licencia con 36, se convierte en una gran jurista y se convierte, al cabo de unos años, en una figura relevante de la política”.


Una figura relevante hoy


Feminista, liberal y demócrata, su figura tiene toda la vigencia y podría ser reclamada al menos por los dos partidos mayoritarios. “De hecho”, considera Español, “igual que hay fundaciones Clara Campoamor ligadas al PSOE, tendría que haber fundaciones Clara Campoamor ligadas al PP. De hecho, ella representa a una mayoría de españoles apacibles, que no se meten con nadie. Pertenece a los dos”. Este historiador reconoce que no entiende que el Partido Popular, “con alguna excepción como puede ser el Ana Botella en el PP en Madrid, cuando hay que poner una calle a Clara Campoamor se abstienen, porque la tienen identificada con el PSOE, cuando ella jamás fue del PSOE. Pero el grado de ignorancia de los órganos culturales del PP es inimaginable”.


Es más, Campoamor también despierta muchas reticencias en la izquierda. En parte porque es el recuerdo de que tuvo que ser una liberal quien lograse la extensión del voto a la mujer, contra la opinión de las socialistas. Y, por otro lado, por sus duras críticas a la II República, que ahora es vista por el PSOE como ideal de la democracia española. El periodista Isaías Lafuente se interesó por Campoamor hasta el punto de escribir una “autobiografía”. Pero desechó, precisamente, el libro que ha editado este año Luis Español y que saca la editorial Espuela de Plata. La revolución española vista por una republicana es un juicio muy crítico, en un testimonio especialmente válido, ya que no se le puede acusar de ser de derechas o de estar mal informada sobre aquél régimen.


Quizás lo que ocurra es que Clara Campoamor no se puede patrimonializar por ninguna de las dos Españas. Eso nos sugiere Español Bouché, cuando nos dice que “Representa la tercera España, activa, inteligente y posibilista que es perseguida por las otras dos. Cuando surge la Guerra Civil, muchas personas hicieron cosas que no debieron haber hecho y dijeron cosas que sería mejor que no hubieran dicho. Por ejemplo, Margarita Nelken, que era una auténtica femicida, invitaba a asesinar a las mujeres de derechas”. En contraste con ello, “la actitud de Clara Campoamor durante la guerra civil y la postguerra es intachable. Ella no se vende. Ella fue siempre independiente. Toda su vida trabajó, no vivió de los bienes saqueados y expatriados por el doctor Negrín. Si fuera estadounidense, habría ya decenas de películas sobre ella”. Quizá sea este el momento de plantearse filmar una.


El Imparcial

Una nueva edición de La Revolución Española vista por una republicana, revela datos inéditos de Clara Campoamor (Europa Press, 17.7.2009)

Una nueva edición del libro 'La Revolución Española vista por una republicana' (Renacimiento/Espuela de Plata), de Clara Campoamor, editado y traducido por Luis Español Bouché, aporta datos inéditos acerca de la conocida feminista. Entre ellos, el hecho de que Campoamor no se llamaba originalmente Clara, sino Carmen.


Cuando tenía un año de edad, la futura sufragista, bautizada como Carmen, perdió a una hermana mayor que se llamaba Clara. Tras el fallecimiento de la niña, la pequeña Carmen fue registrada como Clara, un dato todavía "desconocido", según afirma Español Bouché, que incluye la anécdota en un nuevo capítulo de su edición de la obra de Campoamor.


El libro revela detalles y travesuras de la niñez de Campoamor; la relación con su padre, el republicano Manuel Campoamor; los problemas a los que su familia se enfrentó tras la muerte del patriarca; su paso por el colegio (su padre insistía en que Clara debería estudiar); su afición a la lectura y la relación con su hermano periodista Ignacio Campoamor, entre otros temas.


"Clarita y sus hermanos no esperaban nunca los juguetes de 'Los Reyes', como todos sus amiguitos", dice un extracto de un reportaje de 1931 de la revista


República', que era mucho más bonita y más buena que 'los Reyes', según les explicaba su papá", afirma el texto.


Campoamor (Madrid, 1888 - Lausana, Suiza, 1972) se destacó como política republicana española y liberal, defensora de los derechos de la mujer. Está considerada una de las madres del movimiento feminista y sufragista en España, y fue una de las tres diputadas de las cortes constituyentes de la II República. También se convirtió en una de las impulsoras de la aprobación del sufragio universal en España, logrando el voto femenino en las primeras elecciones republicanas, así como la primera ley del divorcio.


Fuente: Diario Directo

Los dos nombres de Clara Campoamor, por Mélanie Schabauer (EFE) 9.7.2009

Clara Campoamor, la madre del feminismo español, fue bautizada como Carmen y no se convirtió en Clara hasta la muerte de su hermana mayor, que llevaba ese nombre, ha revelado Luis Español Bouché en la nueva edición revisada de "La revolución española vista por una republicana".


El hallazgo está documentado en registros oficiales y se produjo cuando Español preparaba una nueva edición de la obra escrita por Clara Campoamor (1888-1972).


"Corrigiendo las pruebas para la tercera edición, encontré en la hemeroteca un periódico, que data de 1889, en el que se anuncia la muerte de Clara, y me sorprendió porque sólo conocemos a una", ha asegurado el investigador en una entrevista con EFE.


A partir de este indicio, Español puso en marcha una investigación que concluyó en varios registros, civiles y parroquiales, donde se confirma la muerte de la primogénita de la familia Campoamor Rodríguez.


En el libro, Español explica que "empezarían a llamarla Clara (...) después de la muerte de una hermana dos años mayor que ella", y que fue inscrita en el Registro Civil de Madrid con el nombre de Clara cuando ya tenía un año de edad.


Con ello, "se justifica -cuenta Español a EFE- la partida de bautismo bajo el nombre de Carmen, encontrada por Concha Fagoaga y Paloma Saavedra, biógrafas de la feminista", un hallazgo que treinta años atrás no pudo ser esclarecido por la precariedad de las herramientas de búsqueda.


La nueva edición de "La revolución española vista por una republicana" incluye además una entrevista inédita a Campoamor publicada en 1931 por la revista "Estampa", donde Clara asegura ser la primogénita. "Puede que lo oculte o incluso que ni sepa que tenía una hermana", aclara el autor.


Ambos textos han sido incluidos en la tercera edición de "La revolución española vista por una republicana", que acaba de publicar la editorial "Espuela de plata". A éstos se suma la breve biografía adjunta en las ediciones anteriores, la primera de ellas impresa en el 2005.


El libro, escrito inicialmente por Campoamor en francés y publicado en 1937, además de reflejar la situación vivida en Madrid durante los primeros meses de la Guerra Civil, analiza los orígenes de la contienda y ofrece una previsión de las dificultades que surgirían a raíz de la misma.


El editor y traductor de la publicación, Luis Español, añade que "el libro desmitifica muchas cosas", refiriéndose a la identidad y al personaje, que describe como "simpático e interesante porque no representa a una sola España, sino que nos representa a todos".


Catalogada como republicana y liberal, Clara Campoamor defendió, entre otras cosas, el sufragio femenino en España, aprobado por las Cortes durante la Segunda República.


El biógrafo cree que aún "existen muchísimos rincones" en la vida de la feminista y suficiente material para continuar investigando la vida de ésta, aunque asegura que no pretende "indagar en sus secretos" o en la intimidad de Campoamor.


Español asegura que en la actualidad "hay muchas feministas de pandereta que no han hecho ni investigado nada" y recalca que la vida de Clara Campoamor Rodríguez es un caso de "autosuperación".

Fuente: El Confidencial

Nota: en las reseñas de EFE y Europa Press se desliza un error. Español no dice que “fuera registrada” como Clara al morir la hermana mayor, sino que empezarían a llamarla Clara. Ambas hermanas fueron registradas como Clara en el Registro Civil a los dos días de nacer, respectivamente en 1886 y 1888 pero a la mayor la bautizaron Clara y Carmen a la menor, la que se convertiría en famosa sufragista.

Memoria 2006 del Ateneo Republicano de Galicia (reseña de la presentación, el 16.05.2005)

Luis Español Bouché presentó su edición y traducción de la obra de Clara Campoamor, La Revolución Española vista por una republicana que tradujo en el año 2000, hizo circular entre especialistas el 2001 y fue editada finalmente en 2005 por Espuela de Plata en el marco de su colección España en Armas.


Español empezó su presentación destacando la importancia de Coruña como marco del liberalismo y del feminismo español, más allá del símbolo de María Pita, en las personas de Juana de Vega —condesa de Espoz y Mina—  la ferrolana Concepción Arenal que residió en esta ciudad, doña Emilia Pardo Bazán —traductora de la obra de John Stuart Mill sobre la esclavitud de la mujer,  sin hablar de otra hija ilustre de esta provincia como Rosalía de Castro.


Español hizo un recorrido detallado sobre la extraordinaria biografía de Clara Campoamor, que trabajó toda su vida sin gozar jamás de las comodidades y de la libertad que proporciona la fortuna, tuvo que esperar a tener más de treinta años para acabar el bachillerato y la licenciatura en derecho y se convirtió desde 1926 en una destacada feminista española, diputada en las Constituyentes de 1931, comadrona del sufragio femenino —contra la opinión de su propio partido— y amiga siempre de la República y de la libertad. Tan distinguida española y republicana estuvo en el Madrid milicianado del verano de 1936 y, temiendo por su vida, abandonó España iniciando un larguísimo exilio hasta su muerte en 1972 ya que los vencedores no quisieron permitir que se instalara de nuevo en nuestro país.


Esta obra de Clara Campoamor —subraya Español—es esencial para comprender el deterioro de la convivencia en la II República, y el desarrollo de los acontecimientos que llevaron a nuestra gran catástrofe nacional. Doña Clara no sólo aporta un testimonio personal sino que añade su propio y elaborado análisis. Redactado en noviembre de 1936 y publicado en Francia y en francés en 1937, es sin duda alguna el primer estudio serio y no propagandístico que se hizo sobre el final de la II República y el inicio de la Guerra Civil.


La derechona nunca absolvió a Clara Campoamor de pertenecer a la masonería, haber contribuido a asentar el divorcio o haber querido fiscalizar las fundaciones privadas; la izquierdona jamás le perdonó el haber traído el voto de la mujer —al que algunos atribuyeron la victoria de las derechas en 1934— ni el haber condenado las salvajadas en la zona republicana durante la Guerra Civil. Así, Clara representa la tercera España, ni roja ni azul, descuartizada por las poderosas fuerzas contrarias de la revolución y de la reacción.


Concluyó Luis Español: “Aquellos que aquí, y ahora, se sientan profundamente identificados con el ideal republicano, deben leer esta obra, para aprender, para sacar conclusiones. España tiene que aceptar y asumir su Historia; su Historia de verdad, y no la que cada día se inventan los revisionistas de las derechas y los falsarios de las izquierdas. Si quiere llegar a ser algo más que una vociferante nulidad, España debe mirar hacia atrás sin odio para poder  mirar hacia adelante con esperanza. El testimonio y el ejemplo de Clara Campoamor deben iluminarnos”

La gran defensora del voto de la mujer, por Santiago Belausteguigoitia, EL PAIS (Sevilla) 20.1.2005

Clara Campoamor (Madrid, 1888-Lausana, Suiza, 1972) tiene un lugar de honor en la historia política española y, en concreto, marcó un antes y un después en la defensa de los derechos de la mujer. Campoamor, diputada por Madrid del Partido Radical, consiguió que las Cortes Constituyentes de la II República aprobaran en 1931 el sufragio femenino. No fue tarea fácil. Su propio partido y un gran sector de la izquierda se oponían al sufragio femenino porque, a su juicio, las mujeres darían su voto a la derecha al estar controladas por sus confesores.


El 1 de octubre de 1931 llegó el momento decisivo. La mujer adquirió el derecho al sufragio por 161 votos contra 121. La gran mayoría del Partido Radical votó en contra. El socialista Indalecio Prieto abandonó el Parlamento afirmando que aquella medida "era una puñalada trapera contra la República". Otra socialista, Margarita Nelken, se mostró asimismo contraria al voto de la mujer.


Campoamor estaba en Madrid cuando estalló la Guerra Civil. Su vida peligraba y huyó de la zona republicana en el otoño de 1936. Se instaló en Suiza. No había terminado aquel año cuando Campoamor tenía redactado el cuerpo principal del libro La Revolución Española vista por una republicana, que se publicó en francés en 1937. La editorial sevillana Espuela de Plata ha puesto recientemente en las librerías este valioso libro, una de esas obras fundamentales para los interesados en la Guerra Civil. La edición ha estado a cargo de Luis Español Bouché, autor de obras como Nuevos y viejos problemas en la Sucesión de la Corona Española, Madrid 1939: del golpe de Casado al final de la Guerra Civil y Franceses en el Camino (I Premio Estatal de Investigación Histórica). Curiosamente, se ha traducido al español la traducción francesa de un original español. Pero es que el original ha desaparecido.


La Revolución Española vista por una republicana relata los días en que Madrid se convirtió en una capital de los horrores, sembrada de checas y paseos, un lugar donde la vida de un hombre valía muy poco si no tenía amigos influyentes entre las autoridades o el carné de un partido de izquierdas. El libro describe también cómo se coció durante años aquel estallido de odio y analiza las dificultades y problemas que surgirían tras la victoria de cualquiera de los dos bandos.


"Durante julio y agosto Clara Campoamor permanece en el Madrid milicianado. Observa el terror, las checas, los fusilamientos. Lo escribirá todo meses más tarde. Deja Madrid, dicen algunos que el 6 de agosto pero ella afirma que en septiembre, rumbo a Alicante. No sabemos si en septiembre o ya en octubre, Clara Campoamor consigue embarcarse en un barco de bandera alemana rumbo a Italia, con la intención de pasar a Suiza. Varios falangistas planean asesinarla durante el viaje. La denuncian a las autoridades fascistas y Clara es retenida unas horas en Génova. Luego puede proseguir su viaje", señala Español Bouché en la introducción del libro.


Campoamor anduvo exiliada por Suiza, Argentina y Francia. Tras el triunfo franquista intentó, sin éxito, volver a residir en España. El amasijo de falangistas, carlistas, monárquicos y derechistas de todo pelaje y condición que gobernaron España tras la derrota del Ejército republicano no veían con buenos ojos el retorno de una mujer que no comulgaba con sus ruedas de molino.


Campoamor era masona. Y esta filiación excitó las ansias de venganza del Tribunal de la Represión de la Masonería. En una breve estancia en Madrid a principios de los años cincuenta se dirigió a las autoridades del Tribunal de Represión de la Masonería. Le comunicaron que tenía dos opciones: pasar 12 años en la cárcel o proporcionar nombres de masones. Campoamor se dirigió al aeropuerto y regresó a Argentina, país en el que vivió entre 1938 y 1955.

La España franquista no podía recibir de forma limpia a una mujer que perdió a su padre a los 10 años, que no pudo concluir sus estudios de bachillerato y tuvo que ponerse a trabajar a los 13 años, que en su juventud fue modistilla, dependienta en un comercio, auxiliar de telégrafos, profesora de adultos, secretaria en un periódico y traductora y que toda su vida trabajó por las mujeres sin las comodidades que da tener una fortuna. Campoamor murió en Suiza en 1972. Puede leerse aquí.
Alejandro Pérez-Lafuente en la revista MADRID HISTÓRICO, nº 1, enero-febrero 2006, pág. 95

Luis Español Bouché me presentó un día a Clara Campoamor. En aquel momento, cuando me susurró su nombre y su precioso apellido, no pude más que escuchar, que es lo que aconseja la inteligencia en estos casos, pues las referencias que tenía eran muy vagas. Me dijo que existía un libro titulado La Revolución Española vista por una republicana, que salvo excepciones muy concretas, pasaba absolutamente desapercibido para la inmensa mayoría de los historiadores que directa o indirectamente escribían sobre los antecedentes y los primeros meses de nuestra Guerra Civil en Madrid. Luis había acometido el esfuerzo ingente de traducir aquel libro que, tras el francés, escondía la historia de una madrileña emprendedora, abogada y jurista, de ideas republicanas y liberales, ateneísta de pro, y defensora a ultranza de los derechos de la mujer en la España de los 30.


Al leerlo me encontré un testimonio de primera mano, no sólo de lo acaecido en los primeros meses de la Guerra Civil en Madrid sino, también, un análisis detallado y razonado de las causas del derrumbamiento de las instituciones republicanas y lo que más le impresionaba a Clara Campoamor, la desaparición del ideario de libertades que, a su parecer, inspiraban la II República y que en ese momento, no veía representados en ninguna de las dos Españas que se desangraban.


La traducción y la edición de esta obra de Clara Campoamor es un empeño personal y un logro del escritor Luis Español Bouché, y un nuevo libro de la colección España en Armas que presenta la editorial Ediciones Espuela de Plata. Este diario o estas “memorias de un tiempo” de Clara Campoamor deben ser leídas, como si fuera una obligación cívica, para descubrir quién fue verdaderamente la mujer que como paladín defendió y obtuvo el sufragio femenino durante la Segunda República así como el final que las dos Españas le tributaron. Una, el exilio; la otra, un doloroso olvido.

Reseña tomada de Madrid Histórico, sección “Hemos leído... y nos ha gustado”.
La experiencia crítica de la sufragista Clara Campoamor, por Alfredo Valenzuela (agencia EFE) en Diario de Sevilla 9.01.2006

La editorial sevillana Espuela de Plata saca a la luz un libro inédito en español en el que la autora ofrece un duro testimonio del bando republicano durante la Guerra Civil.

El testimonio nada complaciente para con su bando que Clara Campoamor dejó sobre su vivencia de la Guerra Civil en Madrid ha sido publicado por primera vez en España, con traducción y estudio crítico del investigador Luis Español Bouché, con el título La revolución española vista por una republicana. Incluido en la colección España en armas, de la editorial sevillana Espuela de Plata, el libro se publicó en francés, por el exilio en Suiza de la que fue diputada republicana, y se perdió el original en español, por lo que esta obra que ahora se publica es la traducción de una traducción. Feminista precoz, Clara Campoamor (1888-1971) logró, contra la opinión de su propio partido y de la socialista Victoria Kent, que las Cortes Constituyentes de la II República aprobaran el sufragio femenino, y en el otoño de 1936 huyó del Madrid republicano para instalarse en Suiza, donde murió tras vivir también en Argentina y ocasionalmente en París, sin ver cumplido su deseo de regresar a España. Luis Español Bouché considera este testimonio de Campoamor como "la más antigua fuente editada sobre los primeros meses de nuestra guerra en el bando republicano", ya que el cuerpo principal del texto está fechado en noviembre de 1936 y el apéndice fue publicado en prensa en 1937.


La obra es, según su traductor, la de "una republicana independiente que subraya las atrocidades que se vivieron en Madrid en el trágico verano del 36", pero también es un libro que pretende "mucho más que ofrecer un testimonio del Madrid bajo el terror revolucionario", ya que incluye un análisis histórico de la II República y profetiza cuál sería la evolución de España tras la guerra.


Al explicar por qué huyó de Madrid en septiembre de 1936, Campoamor escribe que "la anarquía que reinaba en la capital ante la impotencia del gobierno y la absoluta falta de seguridad personal, incluso para los liberales –o quizás sobre todo para ellos– me impusieron esa prudente medida".


Y añade que "si la gran simpatía que uno siente siempre por quienes se defienden puede ir hasta explicar los errores populares, se niega en llegar hasta el sacrificio oscuro e inútil de la propia vida".


"Se sabe también que los autores de los excesos, o los que han tolerado que se cometan, siempre encuentran excusas aunque sólo consistan en pretender que hay que juzgar las revoluciones en su conjunto y no en sus detalles, por elocuentes que sean. Y yo no quería ser uno de esos detalles sacrificados inútilmente!", añade Campoamor con amarga ironía.


Después de este libro, Campoamor no volvió a escribir acerca de asuntos políticos sino que para sobrevivir se limitó a colaborar con algún bufete de abogados argentino y publicar traducciones y ensayos literarios.


[Español] Bouché cuenta en el prólogo del libro las vicisitudes de su traducción hasta ser por fin publicada, ya que en primer término la ofreció a la Asociación Clara Campoamor, que no disponía de fondos para editarla, y posteriormente envió copia a los centros que consideró interesados en el LXX aniversario del voto femenino en España.


Pero, según relata, "ninguno de los centros especializados en la condición de la mujer y los derechos humanos y ninguna de las profesionales del feminismo mercenario" a las que se lo remitió "se dignaron" acusar recibo del obsequio".

De este artículo de Alfredo Valenzuela (EFE) publicado en Diario de Sevilla, se han publicado otras versiones en Deia, Diari de Tarragona, Diario Córdoba, Diario de Ibiza, Diario de León, Diario Málaga, Diario de Mallorca, El Faro de Vigo, El Periódico de Aragón, Estrella Digital, Granada Hoy, Huelva Información, Información de Alicante, Levante (el mercantil valenciano), La Provincia (diario de Las Palmas), La Razón, La Opinión de Murcia, La Opinión de Málaga, La Voz de Galicia, Metro Directo (Sevilla), y ha sido recogido también por medios electrónicos como actualidad.terra.es, mujeremprendedora.net, ciudaddemujeres.com, etc.

Notas: Clara Campoamor falleció en 1972 y no en 1971. El trabajo de Español Bouché es del año 2000 y se difundió entre especialistas el año siguiente. Sin embargo en 2002 se editó otra traducción y estudio en la Universidad Autónoma de Barcelona, como subraya el propio autor (pág. 25).

José María Solé
  La Aventura de la Historia

El testimonio de una liberal ecléctica




Una lúcida testigo de la destrucción de un futuro progresista para España




Figura destacada del feminismo español, Clara Campoamor es una competente jurista, masona y secretaria del Ateneo madrileño. En las primeras elecciones de la república, gana el acta de diputada por el Partido Radical de Lerroux. Defiende el derecho al sufragio femenino, que la izquierda teme por considerar a la mujer potencial votante de las derechas. Figura de alcance nacional, respalda causas como las del divorcio y la supresión del delito de adulterio. Abandonado su partido, sin ser admitida en Izquierda Republicana, le sorprende julio del 36 en un Madrid milicianado. Aquí, Luis Español rescata los vigorosos textos que esta mujer dejó acerca de su experiencia directa de los primeros meses de guerra. Impresionante resulta hoy leer su testimonio, neutro y objetivo, como corresponde a su personalidad, acreditada voz que habla de aquellos españoles progresistas y honestos que se vieron arrollados por el horror del conflicto y con su muerte o exilio, fueron irrecuperables pérdidas para nuestra cultura.




José María Solé, La Aventura de la Historia, nº 85, noviembre 2005, pág. 112