El Club de la Comedia

El Club de la Comedia

Tener una tia buena como novia (Pablo Moto)
A mi novia no le viene la regla (Pablo Moto)
Dejar de fumar (Nancho Novo)
Las mujeres y el baño.
Las peluquerías.
De ligue.
El cuerpo.
Reacciones estúpidas ante el miedo.
Las muletillas (Manel Fuentes)
¿Qué pasaría si los hombres se quedasen embarazados?
Tipos de parejas.
Los hoteles (Enrique San Francisco)

TENER UNA TIA BUENA COMO NOVIA (Pablo Motos)

Buenas noches! Lo voy a dejar con mi novia. Sí, me va a costar porque es inteligente, cariñosa, simpática... pero tiene un defecto que no puedo aguantar: está buenísima. No, con ella me pasa como con los relojes, yo prefiero uno de propaganda de All Bran de Kellogg’s que un Rolex de oro. Sí, porque con el de All Bran, la gente puede pensar que estoy estreñido ¡pero es que coño!, con el Rolex voy cagado... No, de verdad, de verdad. Estoy todo el día: “¿Y si me lo roban? ¿Y si me lo joden?” Pues lo mismo me pasa con mi novia.

Todo empezó un día en la discoteca, de repente la vi y pensé: “Joder, (sí, soy sincero, eso es lo que pensé) parece mentira que esa tía y yo seamos de la misma especie. ¡Pero si a su lado yo parezco la rana Gustavo!”. Y de repente se gira, me mira y me guiña un ojo. Que yo pensé: “¡Qué pena! Con lo buena que está y que tenga un tic...” Pero no, no, de repente se me acerca con los ojos bien abiertos y me dice:

- Hola, ¿estás solo?

Y yo:

- Pues... solo, solo... lo que se dice solo... sí

- ¿Salimos a la terraza a tomar algo?

Ya te he pillado. Ahora saldremos a la terraza, habrá una cámaro oculta, estará Juan y Medio debajo del cicus y dirá: “¡Inocente! ¡Inocente!”. Y me la cambiará por Habibi. Pero no, la verdad es que nos hicimos amigos, intimamos y cuando se despide me dice:

- Entonces, ¿me llamas mañana y tomamos un café?

- Vale...

Pero pensad en mí que yo al día siguiente me levanté, me miraba al espejo y pensaba: “Pero bueno, ¿qué habrá visto en mí que yo no veo? A lo mejor soy un intelectual y yo no me había dado cuenta... A lo mejor soy hijo de Julio Iglesias... ¿intentará cobrarme?”

Yo... la verdad es que nos hicimos novios, que claro, yo al principio flipaba. Decía: “¡Con dos cojones Pablito! ¡Claro! ¡Pero si tú de cerca ganas mucho! Lo que pasa es que no se te habían acercado...”

No, pero enseguida te das cuenta de que la cosa no es tan bonita. De entrada tus amigos se convierten en “amigos pívot”. Sí, sí, “amigos pívot”. Están esperando a que tú tengas un fallo para coger el rebote y encestar ellos.

A la calle no puedes salir con una tía buena. En cuanto pasas por una obra es como si hubieses apretado un botón: “¿A dónde vas Blancanieves? ¿Dónde te has dejado a los otros enanitos que sólo vas con uno?”. Y el de al lado: “Mucho conejo para tan poca zanahoria”. Claro, que tú aquí te cabreas. Se te sube la sangre a la cabeza, se te hincha la vena ya y, y... te callas. Hombre, claro, no te vas a enfrentar a unos tíos que llevan toda la vida tirando tabiques. No te vas a poner a razonar con ellos: “Oiga, por favor que... si es educación hombre. Que, que, que tiene novio... y a lo mejor está por aquí cerca”.

Pero lo peor, lo peor es ir de marcha. Entramos en la discoteca y ella se pone... es agotador. Ella se pone a bailar, no para, no para y tú allí con ella, no la vas a dejar con todos los tíos alrededor... Lo que pasa es que de repente te entran unas ganas terribles de mear, la miras así y dices: “¡Bueno, a esta tía no se le acaban nunca las pilas!”. Pues es como el conejito de Duracell: “dura y dura y dura”. Y claro, tú no te puedes ir de ahí porque miras a los tíos y... dura... y dura... y dura. Es que cuando mi chica entra en la discoteca es como cuando el rey entra en el congreso: todos los miembros se ponen firmes. Y claro, yo me planteo: “Pero Pablito... ¿realmente te compensa salir con esta chica?” Claro que algunos de ustedes pensarán: “bueno tío, está el sexo”. Pues tampoco. No, no, no. Sepan ustedes que salir con una tía buena arruina tu vida sexual. No, yo, antes de salir con ella aguantaba mis diez minutitos, postura misionero. Hombre, ahora en cuanto ella se quita el sujetador, ni misionero ni leches. Sólo me da tiempo a decir: “Amén”.

Y por eso estaba pensando en dejarlo, claro. Bueno, claro, la verdad es que es tan inteligente, ¿verdad? Tan cariñosa... ¡Vale! ¡Está buena! Todo el mundo tiene un defecto... ¡Buenas noches!

A MI NOVIA NO LE VIENE LA REGLA (Pablo Moto)

¿Alguna vez han oído decir que cuando estás a punto de morir te pasa toda tu vida por delante? Pues no es el único momento... El otro día mi novia me dijo:

- Cariño, no me viene la regla...

Y yo les aseguro que en ese momento, todo, ¿eh?, pero el pasado y el futuro...

Me vi en una ranchera con cuatro niños yendo al híper. Ya sé que estas cosas pasan... ¡Pero que me pase a mí! ¡A mí!, que cuando me decían:

- Paco se ha casado de penalti.

Exclamaba:

- ¡Será gilipollas! ¡Con la cantidad de cosas que hay para que no te pase esto!

Sin ir más lejos la marcha atrás. Es mi método. Ya sé que me envidian. Yo es que soy partidario de lo natural, naturópata, vamos. Soy el Carlos Sainz de la marcha atrás. Un control, una pericia, una concentración... Lo que pasa es que hace dos semanas iba yo a mi marcha... Suave, suave, haciendo la tabla del diecisiete: "Diecisiete por uno diecisiete, diecisiete por dos treinta y cuatro...". ¡Claro!, ¡lo que sea antes que la eyaculación precoz!

Yo tengo una técnica infalible para esto: si veo que voy muy deprisa pienso: "Karmele, Karmele, Karmele..." Y me relajo. Y si veo que la cosa baja pienso: "Claudia Schiffer, Claudia Schiffer, Claudia Schiffer...". Y oye, ¡da gloria verme!

Bueno, como decía, iba yo a mi marcha, diecisiete por una diecisiete, diecisiete por dos treinta y cuatro y me llevo tres... Y en el momento clave a ella le dio la tos, y claro, empezó a agitarse y me rompió el ritmo. Yo controlo, ¡pero si ella se pone a improvisar! De todas maneras tiene que ser un retraso. Como mucho se me pudo escapar un espermatozoide, ¡dos todo lo más! ¡También sería casualidad que encontrasen el camino, con la oscuridad que tiene que haber allí!

El caso es que cuando ella te confiesa: "Todavía no me ha venido", te acojonas. Te acojonas tanto que no dices más que tonterías:

- A lo mejor te ha venido y no te has dado cuenta.

- A lo mejor tú te has vuelto imbécil y tampoco lo sabes.

En esas situaciones es cuando se demuestra que los tíos no tenemos ni idea. Nosotros confundimos el método Ogino, con el índice Nikkei:

- Oye tú estás segura de que has contado bien los días, mira que este año es bisiesto.

- Ya, en febrero, pero es que estamos en octubre.

- A lo mejor lo llevas arrastrando desde entonces.

- A ti sí que te arrastraban los huevos, que te da todo igual.

- Huy, qué borde estás. ¡Eso es que te va a venir!

Pero no le viene. Y tu vida cambia. Por la calle no ves más que embarazadas. Bueno, te cambia hasta el humor. Antes, cuando salían en televisión anuncios de compresas, hacías bromas. Ahora no. Ahora se hace un silencio en el salón, una tensión, un mal rollo... Sólo se oye: "Tun, tun, tun, tun, tun, tun, tun... uuuu iiii... ¿A qué huelen las nubes...?". ¿A qué huelen las nubes? ¡A Dodotis!

Estás tan nervioso que no puedes ni trabajar. La llamas cada cinco minutos:

- ¿Ya?

- ¡No! Y deja de llamar que me pones nerviosa.

Así es que te metes en Internet a buscar información. "A ver, regla punto com". Y te sale la Cofradía de la Virgen de la Regla con Rocío Jurado a la cabeza. "No, vamos a probar otra cosa... Retraso punto es". Y te sale Iberia. "Joder, cada vez vamos peor...". Y cuando desesperado pones "Penalti punto com" y te sale José María García... lo dejas. Y es que en Internet no se navega, se naufraga, porque nunca encuentras nada. Y la vuelves a llamar:

- ¿Ya?

- Que noooo, pesao.

Así es que te compras la revista "Ragazza", que has visto que viene un artículo que se llama "La regla, tu mejor amiga". "Vaya, por fin algo científico". Y lees: "El estrés y los nervios pueden retrasar la regla". "Pues ya está, voy a tranquilizarla", te dices. Y la llamas:

- ¿Dígame?

- Ommmmm...

- ¿Quién es?

- Te pesan los párpados...

- Pero tío, ¿tú estás tonto?

- Ommmmm... Imagínate una pradera, con pajaritos... pío, pío, pío... "¡Coño, me ha colgado! ¿Así como le va a venir la regla?... Si es que no colabora". Ya no sabes qué hacer.

Cuando llega a casa y llama a la puerta antes de abrirle le dices por el telefonillo:

- Cariño, ¿ya?, cariño, ¿ya?, cariño, ¿ya?

- ¡Quieres abrirme!

Cuando entras en casa con el Predictor en la mano, ella brama:

- Como salga el circulito, te la corto... ¡Carlos Sainz!

Por cierto ¿por qué se llama Predictor el Predictor? ¡Si no predice nada! Cuando sale el circulito ella ya está embarazada! Si fuese Predictor tendría que haberme avisado antes. Yo creo que en vez de Predictor se debería llamar Terminator.

¿Y lo lento que es? En esos diez minutos te acuerdas de todos los circulitos que han marcado tu vida: los ceros de Matemáticas, las albóndigas de la mili, el Círculo de Lectores, el condón que no te pusiste... Llega un momento en que estás tan nervioso que no quieres ni verlo, y te vas al salón a intentar relajarte: "Diecisiete por uno diecisiete, diecisiete por dos treinta y cuatro... Ommmm, pío, pío, pío... ¡Karmele, Karmele, Karmele!".

Menos mal que no salió el circulito. Y claro, con la alegría del momento... Nos liamos, nos liamos... Pero después del susto lo hicimos con condón. Porque, según el prospecto, un condón es muy seguro, tiene un 97 por cien de fiabilidad. Así que no hay problema, cuando lleve 97 kikis me lo cambio y ya está.

DEJAR DE FUMAR (Nancho Novo)

Vengo aquí con la sudadera y tal... es que estoy intentando llevar una vida sana, ¿saben?, para sentirme bien y he empezado por la sudadera, sí, lo de hacer deporte lo voy a dejar de momento.

Es como el que para dejar de fumar, deja de comprar tabaco. ¡Qué morro! ¿No? Por cierto, es una de las cosas que hace la gente para sentirse bien y estar sano: dejar de fumar. Yo no lo entiendo, o sea, vamos a ver, cuando uno deja de fumar ¿qué pasa? que engorda, le sube la tensión, está de mala leche todo el día, ¿eso es sentirse bien? Vamos yo creo que las autoridades sanitarias deberían advertir que dejar de fumar perjudica seriamente la salud.

No, lo digo por experiencia, porque yo también intenté dejar de fumar. Bueno, quiero decir, más o menos ¿no? porque tenía bronquitis y fui al médico hecho polvo y me dice el médico ¿fuma? y dije: Sí, venga ese cigarrito. Y el tío me mira y dice: no, hombre tiene usted que dejar de fumar. ¿No sabe usted que cada cigarro que se fuma equivale a 5 minutos menos de vida? ¿Y a mí qué? Yo tengo más tiempo libre que el fotógrafo del B.O.E. ¿No sabe usted que cada cigarro que se fuma son 15 miligramos de alquitrán que van a sus pulmones? Pues donaré mi cuerpo al MOPU carreteras cuando muera. Y ya para ver si me convencía dice: ¿no sabe usted que de tanto fumar se puede quedar impotente? ¡Chist! ¡quieto parao! por ahí no paso. Coño, si me quedo impotente ¿cómo me voy a fumar el cigarrito de después del polvo?

Así que me conciencié y decidí dejarlo, lo que pasa es que me quedaba media cajetilla y yo no dejo las cosas a medias. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Empecé a fumar y de repente me acordé del médico y del alquitrán. De repente me vi reencarnado en Nacional VI. Me entró un agobio... con los atascos que se forman ahí todos los años!

Y por si fuera poco llego al curro al día siguiente y me encuentro a Gustavo, el pringao. Y digo dame fuego. Y me dice: no, es que he dejado de fumar. Y como todos los que dejan de fumar te cuenta su vida. "Yo es que fumaba 3 paquetes al día pero una mañana hace 6 meses, me levanté y dije ya no fumo más, y ya no fumé más. ¡Qué par de huevos!

De repente Gustavo el pringao se convierte en tu héroe. Le justificas todas sus pringadeces. Le ves, ahí en su línea, comiendo su bocadillo de caballa en escabeche encima del ordenador, goteando grasa en el scanner, limpiándose la boca con el papel de la impresora y tú dices ¡Joder, qué arte! y luego le ves echando frenadol en la disquetera para quitar los virus y dices, ¡Coño! si Gustavo lo hace por algo será. Un tío que ha dejado de fumar así... Así que yo empecé a echarle clamoxil.

No sé, Gustavo, el pringao se convirtió en mi héroe, mi gurú, mi ídolo. Un día le dije: Gustavo... pringao dime, ¿cómo has hecho para dejar de fumar? y me dice: pues nada. Y me dio un libro que se titulaba. "deje de fumar de la noche a la mañana" que yo pensé: mira que tontería, porque yo mientras duermo no fumo. pero, aún así cogí el libro y empecé a hojeármelo y tal. y digo vamos allá:

Punto 1: elija una fecha señalada para dejar de fumar. ¡Coño! Yo quería dejar de fumar hoy pero hoy no es una fecha señalada. Así que cogí el calendario y vi que la próxima fecha señalada era el miércoles de ceniza... mal día para dejarlo ¿no?

Punto 2: deshágase de todo lo que le recuerde al tabaco. Vale. El mechero, los ceniceros, las cerillas, la taza del váter, el balcón, el sofá, la cama, la tele, me separo de mi chica, del coche... no sé, creo que tendría que matar a Fidel Castro, ¿no?

Punto 3: evite el contacto con los fumadores. Bueno, y ¿con quién hago peña en el curro? ¿con Gustavo el pringao? ¿con quién me voy de marcha? ¿con los niños de San Ildefonso? y no con todos, sospecho...

Punto 4: busque sustitutos al tabaco. Bueno, esto es muy impreciso porque vamos a ver ¿qué quieren? ¿que en vez de meterme un cigarro en la boca me meta otra cosa? Hombre, es que eso es muy relativo... porque puede ser un saxo y ahí tienen a Gautama que toca el saxo para dejar de fumar y fuma como un carretero. O yo que sé... ¿qué quieren? ¿que me meta cigarrillos de chocolate de esos que venden en las pastelerías para los niños? Que digo yo, si son cigarrillos y son de chocolate, ¿no se llamarán porros? Y entonces ¿por qué se los dan a los niños?

Punto 5: Beba mucha agua. Yo al principio pensaba, ¿qué coño tiene que ver el agua con el tabaco? Yo lo que quiero es dejar de fumar, no estar meando todo el día. Pero ahí me di cuenta, lo que quieren es que tengas algo en la mano. Así que me decidí, tomé fuerzas y dije. Dejo de fumar, me convierto en fumador pasivo. por cierto, fumadores pasivos, vale ¡pero que paguen! eso de fumar por el morro...

Total que me encerré en mi casa 2 semanitas con el pitillito este mentolado que venden en las farmacias. Que, por cierto, el pitillito mentolado que venden en las farmacias... eso es como tirarle el hueso de goma al perro o hacértelo con una muñeca hinchable... ya le puedes echar imaginación porque no es lo mismo. Ahí estaba yo con mi cigarrillo de plástico mentolado de la farmacia, bebiendo agua, todo el rato meando... hasta me puse el cuerpo lleno de parches de nicotina, que parecía la rueda pinchada de una bicicleta. Y cuando salgo de casa, digo ¿a dónde voy yo que no me entre ganas de fumar? Y digo ¡coño! me voy al cine a ver una película larga. Y me fui a ver "el abuelo" que dura 3 horas... o por lo menos lo parece. Bueno, por lo menos en esa película curra uno de los actores que más me gustan: Fernando Fernán Gómez. Pero viendo la película me entraron unas ganas de fumar... y me dije ¿qué diría el maestro Fernando de todo esto? ¡Coño! el diría ¡A LA MIERDA! total que dije ¡A LA MIERDA! y me salí del cine y me puse a fumar como un carretero.

Claro, vosotros pensareis ¡joder! eres más inconstante que el pito de un viejo. Pero bueno, no sabéis lo que sabe de bien un cigarrito después de 2 semanas de abstinencia. Pero claro, esto crea un problema, luego llegas al curro y ¿cómo le dices a la peña que has vuelto a fumar? Total que vuelves a la adolescencia: a esconder la cajetilla de tabaco detrás de la cisterna, a comer caramelos mentolados para disimular el aliento, a irte al váter a fumar a escondidas... por cierto ¿a que no sabéis a quién me encontré en el váter del curro fumando como un poseso? ¡A Gustavo, el pringao! Es normal, no os había hablado de otra persona... pero bueno, como decía Vidal Sasson: las cosas que no son ciertas, mentiras son.

Y al final te pillan, entonces te ves en un juicio... con un mal rollo...

- El Estado contra Nacho Novo.

- Es Nancho.

- ¡Que se calle!.

- Pero es que es Nancho.

- Que se calle.

Bueno Preside la Audiencia el honorable juez Winston.

- ¡Joder, ya empezamos!

- Acérquese al estrado a declarar, Nacho Novo.

- Perdón, es Nancho.

- Que se calle.

- Ya, pero es que es Nancho, me llamo Venancio, coño.

Me acerco allí como si fuese Perry Mason y digo. Sí, señor juez sí, señores del jurado: yo soy fumador ¿qué pasa? y me quedé más Nancho que largo. Además, señoría yo fumo por los demás, no por mí. Fumo para hacer un bien a la sociedad, porque si yo no fumase, sería una persona hipertensa, todo el día de mal rollo, de mala leche, cabreado, sería una bomba andante, un peligro público. Vamos, que yo podía entrar a atracar una farmacia en busca de nicorettes. Además, señor juez, ¿usted se imagina este mundo sin tabaco? ¿a Humphrey Bogart con una piruleta de fresa o a Sara Montiel cantando: fumando un cigarrillo de plástico mentolado espero al hombre que yo quiero? No pega señor juez, ni la rima ni la métrica. ¿Y qué me dice de los indios? Seguirían en guerra porque no pueden fumar la pipa de la paz, así señor juez, señores contertulios, me voy a fumar un cigarrito para el pecho, por lo bien que me lo he hecho.

LAS MUJERES Y EL BAÑO

¡Uf! Vengo agotada, es que ayer salí de juerga. Algo que por muy divertido que parezca se convierte en toda una odisea. Para empezar llegas a la discoteca de siempre con tus amigos de siempre para encontrarte; con lo de siempre. Hasta la música, es la de siempre. Entre la gente que ves hay de todo un poco: Tenemos al típico que se dedica a buscar las monedas que se te caen por la noche, al que se ha tragado la última película de Travolta y la de Fama e intenta por todos los medios imitarla, y peor aun al espécimen que se sienta en los sofás (más aburrido que la repetición de Medico de Familia) y que cuando le miran pone una cara de diversión total.

Entonces visto lo visto te vas a la barra a ver si el camarero tiene algo interesante y ligas un poco. Porque es patético como ligan los hombres en los bares... De entrada se acercan a ti diciéndote:

-Oye perdona.

Perdona por qué. Que se les pasa por la cabeza que ya te están pidiendo perdón. Y bueno tenemos de todo ¿eh? El divorciado que se te acerca

–Estoy muy solo, mi mujer me ha dejado. Lo que te faltaba a ti ¿qué pasa que tienes cara de ONG?

Ahora, cuando te giras ves a un tío guapo, alto, cachas que te clava su mirada. Y te sonríe. Y le sonríes. Y te guiña un ojo. Y tu sonríes. Y viene hacía aquí.

-Perdona

-siiii

-Me presentas a tu amiga?

¡Genial! La noche va genial.

Así que como soy muy filosófica, quisiera aclararles a los hombres esa pregunta que no les deja dormir por las noches ¿Por qué las mujeres vamos juntas al baño? Como tu amiga se ha ido con el guaperas no tienes otro remedio que ir tu sola. Y vas allí cruzando todo el bar como si fueras por la selva (porque todo el mundo sabe que los baños siempre están al fondo) Cuando por fin llegas te encuentras una cola de unas cinco personas y comienzas a bailar de una forma un tanto extraña, primero para no aburrirte y segundo para que no se te escape el pipí. Y siempre esta la típica que tiene ganas de hablar. Y a mí que me importa con quién has venido.

Bueno, por fin llegas y cuando estas dentro lo primero que ves es una charca de agua, llamémoslo así, con un juguillo de pisadas.

Primer problema ¿dónde dejas el bolso? Como no ha venido nadie contigo pues te lo cuelgas al cuello.

Segundo. El abrigo. Este invierno se llevan los abrigos largos, porque no están pensados para las meonas nocturnas. Los hay de dos tipos: Si es de los de pico al final lo tienes fácil porque metes la cabeza entre los picos y listo. Pero ¿y si no tiene?. Bueno, como eres una mujer con recursos te lo pones de bufanda.

Tercero, la puerta. Nunca tiene pestillo. Tú necesitas intimidad así que apoyas la cabeza para que no entre nadie.

Y allí estas tu con tu abrigo, el bolso al cuello y la cabeza apoyada en la puerta. Pues no te sale el chorrillo claro con tanto trajín! Recurres al viejo truco de abrir el grifo, pero…está fuera! venga a ver si te atreves a salir! Al final creas tu propio sonido...¡ y se apaga la luz que también está fuera!

Encima no hay papel a si que metes la mano en el bolso como puedes para coger el klinex. Total que te has manchado y te has puesto perdida. Así que queridos míos no preguntéis más porque las mujeres vamos juntas al baño.

LAS PELUQUERÍAS

¿Se imaginan que van a por el periódico y dicen:

- ¿ Me da el País?

Y el quiosquero les contesta:

- No, le voy a dar el Supertele... y este paquete de chicles de menta.

O que cogen un taxi:

- A la plaza de las Ventas, por favor.

Y el taxista les diga:

- No, le voy a llevar al Santiago Bernabéu, que a usted le pega ser del Madrid.

¡Pues eso es una peluquería! Un sitio donde pides una cosa, y el peluquero hace lo que le da la gana. Por esta razón, lo primero que haces cuando sales de la peluquería es buscar un espejo y ponerte el pelo "a tu manera". Y digo yo, entonces, ¿para qué vas?

Yo creo que la peluquería es un sitio del que hay que desconfiar, porque todo te lo hacen por la espalda. Es curioso: engordas, te deprimes, estás celosa, y en vez de fugarte con Pierce Brosnan que es lo que deberíamos hacer todas, te vas a la peluquería, y le dices al peluquero:

- Córtame el pelo por aquí. Quiero un cambio de imagen radical.

Y ya lo creo que te cambia de imagen. Te deja como si hubieras metido la cabeza en una freidora. Te ves tan horrible que se te olvida la depresión que tenías, y te agarras otra. O sea, que en la peluquería no te quitan la depresión, simplemente te la cambian de sitio.

Y de ahí su éxito. En una peluquería, a los cinco minutos ya te han convertido en un adefesio, para que se te olviden las penas que traías. Te ves sentada enfrente de un espejo, en babero, embadurnada, con chorretones de tinte resbalándote lentamente por la cara colorada, la cabeza envuelta en papel albal y oliendo a huevo podrido. Y piensas: "Solo falta que me salga un alien de la tripa, joder".

Estás hecha un espantajo, y es el momento en que la peluquera se aprovecha de ti para ponerte todavía más potingues. La técnica utilizada es la siguiente: primero, un poco de peloteo:

- Tienes una pestaña preciosa.

- ¿Ah si? Muchas gracias.

Y luego te mete la cuña:

- Sí, son preciosas, lastima que...

- ¿Lástima que qué?????

- Que tengas el pelo tan pobre y apagado.

- ¿Pobre y apagado? ¡Que horror! ¿Y qué puedo hacer?

Y entonces te la coloca:

- Pues mira, por solo diecisiete mil pesetas, te voy a poner un tratamiento de colágeno de placenta de foca que veras como te quedas. ¡Diecisiete mil pesetas! Te dan ganas de decirle: "Oye, ¿y por qué no me estropeas las pestañas, que me saldría mas barato?"

Pero eres incapaz de negarte. Yo creo que con tanto olor a laca, te pillas un colocón de miedo, y por eso dices a todo que sí:

- Te voy a hacer unas mechas.

Y tu:

- Vale.

¡Desde luego hay que ver que obsesión tienen todas las peluqueras con hacerte mechas! Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que una mujer entre en una peluquería y no salga rubia con mechas. Aunque sea rubia, también sale rubia con mechas.

Que esto es otro truco de las peluquerías para hacerte clienta de por vida. Una vez que te tiñes, ya estas condenada a seguir acudiendo de por vida, para no desteñirte, porque en las peluquerías nada es permanente, ni siquiera la permanente es permanente.


A veces vas a la peluquería con un recorte de una revista para que te corten el pelo como a Meg Ryan. En realidad no quieres el pelo de Meg Ryan, quieres la cara de Meg Ryan, el cuerpo de Meg Ryan, el dinero de Meg Ryan... Y entonces las peluqueras se tienen que buscar la vida para explicarte que, con esos 4 pelos cabreados que te quedan, y que además te nacen en la coronilla, es imposible lograr un flequillo espeso, y que lo más que pueden hacerte es el moño de Betty Misiego.

Pero lo peor es cuando la peluquera termina contigo y te miras al espejo. Te ves rara, como con cara de asustada, y vuelves a casa escondiéndote en los portales, para que no te vea nadie conocido. Y como necesitas que alguien te diga que te queda bien, le preguntas a tu marido:

- Cariño, ¿te gusta?

- ¿Qué es lo que me tiene que gustar?

- Pues el pelo.

- Ah, el pelo. Sí, sí, estás muy guapa... ¿Y cómo lo llevabas antes?

- Pues era skin head, no te jode. ¿Y tú? ¿Cómo llevabas antes el pelo? Antes por lo menos llevabas...

Total, que al final, tanto esfuerzo para nada. Porque él nunca lo nota... ¿saben lo que pienso hacer la próxima vez que me encuentre un poco depre y me entren ganas de meterme en una peluquería? Pues fugarme con Pierce Brosnan, a ver si de eso se da cuenta mi marido...

DE LIGUE

Dicen que los jóvenes de ahora no saben ligar. ¡Je, no seré yo! Esta misma noche he quedado con una pibita y si os digo lo que tengo preparado, vais a flipar. ¿Sabéis que según la estadística la mayoría de las parejas tienen la primera relación sexual en su cuarta cita?

Aunque si fuera por mí, a la cuarta copa ya estaríamos follando... Por eso, cuando le entro a una chica siempre digo: "¿No nos hemos visto antes?". Y es porque, inconscientemente, la quiero convencen de que ya hemos salido juntos tres veces, así que si ésta es la cuarta... ¡ya toca!

Pero, ¿quién marca el ritmo en una cita? Nosotros no. Los tíos lo pasamos fatal preparando una cita, tanta incertidumbre, tanto sacrificio y sin saber hasta el final si vas a triunfar. Porque eso sólo lo saben ellas. Que anda que no hay que currárselo, ¿qué no?

Pero bueno, a mí me viene bien preparar de vez en cuando una noche de amor, porque así me lavo. Eso es algo que tengo muy claro: si quedo con una tía tengo que estar limpio. Y aunque la ducha limpie igual, no me confiaría y os recomendaría un buen baño. Yo siempre echo en el agua todo lo que tengo: perlas de gel, aceite Johnson, Blanco Nuclear, Mimosín, Fairy, lo que sea... Y si aun así no es suficiente, lo que hago es menear un poco el culo hasta que haya tanto espuma como en las películas de Ava Gadnerd.

Me tumbo, me relajo, dejo que la mierda se ablande, hasta que de pronto me veo los pies y descubro que tengo dedos, como en las manos. ¡Joder, las uñas, hay que cortarlas! ¡Aunque sea con las tijeras de podar! No vaya a ser que luego, en caso de conseguirlo... te cargues la noche porque le has hecho un arañazo en una de sus piernas, tan suaves. Porque las mujeres lo que hacen es depilarse, ¿verdad? Cuando quedan con un tío se lo depilan todo, se quedan como un huevo duro.

A mí hay una cosa que me obsesiona cuando preparo una cita: se me va la olla con el tema del olor. Claro que, en esto, creo que no soy el único. Tengo un colega que cuando invita a una chica a su casa lo perfuma todo: la almohada, las toallas de baño, las tuberías del calentador, la alfombrilla de la puerta. Que yo le digo, ¿qué piensas, tronco, que se va a tirar al suelo nada más llegar?

Hombre, a mí me mola que todo huela bien, lo que pasa es que la peña se excede con esto del olor corporal. Algunos se ponen tanto desodorante que les escuece y luego no pueden bajar los brazos. Es horrible, porque a esto le unes la colonia: ¿cuánta colonia me pongo? Claro, no lo sabes, porque como el bote no tiene prospecto... O sea, que te echas en los sitios donde crees que te va a oler: una gotita aquí, otra gotita allí... Y hay un momento en el que tienes la tentación de ponerte colonia en "ese" sitio. ¡Aaaaaggg! ¡O llega pronto esta tía o me mato!

Y llega la hora de vestirse, solo en la habitación, frente al armario: "¿Qué hago? ¿Me pongo vaqueros? ¡Coño, no tengo otra cosa! Vaqueros con camiseta, claro". Lo que pasa es que todas mis camisetas tienen mensaje y hay muchas tías que no entienden esta poesía: "Te la meto y te la saco hasta que el niño pida tabaco". Ya sé, me dejo el torso desnudo y me unto un poco de aceite a lo Joaquín Cortés... Me miro al espejo. ¡Es que me salgo! Y ensayo mi cara de ligar.

Otra cosa que tengo muy en cuenta si quedo con una chica en casa es la música. Hay que hacer una selección musical guapa. Le abro la puerta con música elegante soul, Lionel Ritchie, "All nigt long... na, na, na". Avanza la noche y veo que la cosa va bien: el bolerito de Ravel, "titiriri, tiririririri, titiriri, tururururrú"... La cosa se ha puesto de puta madre: ¡Los Bee Gees! Lo bueno que tiene es que con los gritos de los Bee Gees no se oyen los tuyos.

Efectivamente, la música es un punto, pero ¿qué me decís de la luz? Te marcas un estudio intensivo de la iluminación directa, indirecta, probando todas las variantes, y al final aflojas tres bombillas y sacas dos velas compradas en un Todo a Cien o Más. ¿A que ponen las velitas? Yo, cuando las coloco en la mesa, pienso: "¡Anda, que te vas a escapar, cordera, dos velitas rojas que he comprao'... y un cirio que aún no te he enseñao'!".

Según algunos teóricos, lo que nunca falla es el champán fino. "Lo meto un momentito en el congelador y lo saco enseguida". Hay que estar al loro, porque la última vez se me olvidó y cuando fui a cogerlo había explotado, por supuesto. Cuando ella dijo: "¿No tienes champán?", porque siempre piden champán, tuve que decirle: "No, pero si quieres, te puedo hacer un sorbete...". No sé si me entendió, porque se fue... Claro que lo más importante de todo es la cena. Para mí, una buena forma de controlar si habrá tema es cómo va la cosa en los platos. Si ella ha zampado a dos carillos, malo. Pero si lo ha dejado todo, buena señal, tendrá que comer algo... Por eso yo no me como mucho el coco y le pongo una lata de fabada de esas de "va prisa, va prisa" y dos o tres pijadas más.

Cuidando todos estos detalles la noche puede ser un éxito, ¿verdad? Pues eso es lo chungo, que nunca se sabe, porque el guión de la noche lo ha escrito ella, y a saber si pone "a la cuarta copa", "al cuarto mes" o "¡al cuarto va a entrar tu puta madre!", y entonces sólo te quedará el remedio del cinco contra el calvo.

EL CUERPO

¿Alguna vez han pensado para qué sirve ponerse colorado? Claro, porque un camaleón cuando está en peligro cambia de color para esconderse, y sin embargo, nosotros cuando queremos pasar desapercibidos, va nuestro cuerpo y nos pone la cara como un tomate. Muy bien. Solo nos falta una alarma. Y como alguien ya te diga: "¡Tio, te estás poniendo colorao!", entonces ya se te pone la cabeza que parece la bombilla de un puticlub.

Es que el cuerpo toma sus propias decisiones, por su cuenta. Los científicos lo llaman el sistema parasimpático. ¿Parasimpático? más bien parece el sistema para-joderte! Bueno, pues el sistema parasimpático este es el culpable de que la noche antes de una entrevista de trabajo, te salga un grano en la nariz. Y allá que te vas, con tu grano. Y encima cuando le vas a dar la mano al selector de personal tu cuerpo dice: "shhht, a sudar!", y en vez de la mano, lo que le das es una lengua de vaca: "pzzfffff pzzzzfffff". Tu estás jodido pero tu cuerpo se lo está pasando de puta madre: "Je, la verdad es que me está quedando bastante parasimpático esto. Pero ahora voy a ponerle un tic en un ojo". Oye, y de repente, tu que querías ser José Coronado el de periodistas, te conviertes en Millán de Martes y Trece! No, pero tu cuerpo no ha acabado todavía contigo, que va...no! porque cuando acaba la entrevista de trabajo, justo en el momento en que te vas a levantar, te das cuenta de que se te ha dormido una pierna. ¡Muy bien figura! Entre la mano, el ojo y la pierna pareces Lina Morgan. Y encima, en la puerta, el selector de personal te dice: "No hace falta que nos llame eh? no...ya le llamamos nosotros... si eso."

Otra cosa que se le ha ocurrido al cuerpo para fastidiarnos es fabricar pedos! ¿Esto que es? ¿es energía? ¿es música? ¿es propulsión? No, es un chiste, si...resulta que el cuerpo es tan cachondo que crea un gas que huele fatal y que sale por el culo! ¿No había otro sitio? ¡Por el culo! ¡Pues muchas gracias, oiga! Ah! y no contento con eso dice: "ay, la verdad es que me está quedando cómico, pero vamos a incorporarle un sonido de trompetilla". Muchas gracias, de verdad, que gran invento. Tiene sonido, tiene olor...¡coño! ¡solo le falta luz! ¿se lo imaginan¿ Por la noche iríamos todos que pareceríamos luciérnagas!

Otra genialidad que se le ha ocurrido al cuerpo es bostezar. Tú ya puedes hacer fuerza ya, que no... Está un amigo tuyo diciéndote: "pues tío, se soltó mi perro pekinés y en ese momento venia una apisonadora..." y tu: "uuuuuuuaaaaaaaaaahhhhhh, que flipada no?" Vaya marrón! Menos mal que el bostezo se contagia y al cabo de un rato está el: "uuuuuuuuaaaaaaahhhh pues tengo una pena!"

Y me van a perdonar pero...¿y cuando la cosa se pone dura sin venir a cuento? En un tren, por ejemplo, tu vas por Albacete y de repente, ¡zas!, pero ¿por qué? ¿que has visto tú que no he visto yo? ¿que pasa, te gusta el revisor? ¿o estás saludando a José Bono? Si es que es la leche, el cuerpo.

Y es que el cuerpo no respeta ninguna situación. Ninguna ninguna ninguna ninguna. Tú acabas de ligar con la chica que te gusta y ¿que hace tu cuerpo para fomentar el romanticismo? Que te rujan las tripas: glug glug glog glog glug. Bien, de puta madre! ahora resulta que soy ventrílocuo y que no lo sabía. A Macario llevo aquí dentro. No, y no se queda ahí el cuerpo, no. Cuando estás en pleno kamasutra, tú que te lo has currado, pues tu cuerpo dice: "No hombre no. Que se lo pase bien éste no. A ver que hago yo para fastidiarle". Y cuando estás en lo mejor del acto, de repente te da un calambre en el gemelo, se te sube la bola, y empiezas a dar vueltas en pelotas por toda la habitación: "AAaaay ayyyy ayyyy ostiaaaaas aysss". Con todas las bolas saltando que aquello parece un bingo.

Cuando ya por fin te acuestas, te duermes, y tu cuerpo dice: "Macho, si es que me lo pones a huevo! venga, ¡a roncar! y echa un poquito de babilla, eso es, un hilito. Y ahora te voy a montar una pajarraca, para que hables en sueños". Y allí estas tú, con la chica que te gusta, roncando, echando babilla y con una pesadilla de los sanfermines: "que viene el toro...que viene el toro, cuidado!". Y en medio un pedo, que ya dices: mira, el chupinazo!

En fin, a lo mejor los que pasa es que estamos equivocados nosotros, claro, porque si se fijan todo lo que hace el cuerpo por su cuenta, o está mal visto o es una guarrada. A lo mejor había que hacer un mundo, donde el sudor, los eructos o los pedos fuesen algo elegante. Claro, porque todos los cuerpos del mundo no pueden estar equivocados!

REACCIONES ESTÚPIDAS ANTE EL MIEDO

Qué malo es el miedo, ¿eh? Los seres humanos no estamos preparados para el miedo, no nos sabemos comportar con dignidad. No hay más que ver la cantidad de gilipolleces que hacemos cuando tenemos miedo.

Porque vamos a ver, tú estás por la noche en la cama y oyes un ruido extraño, ¿y qué haces? ¡Te tapas con la sábana! ¡Muy bien! ¿Qué pasa, que la sábana es antibalas? ¿Que si viene un malo con un cuchillo no va a poder atravesarla, se le va a doblar la hoja? ¡Hombre, por favor!

¿Y cuando nos da por mirar debajo de la cama? ¡Hombre, que ya tenemos una edad! Además, suponiendo que haya un asesino debajo de la cama, ¿qué ganas mirando? ¡Que te mate antes! Muy bien, fantástico. ¿Se imaginan que un día nos encontrásemos a alguien debajo de la cama? ¿Qué le diríamos?:

-Buenas nocheeees... ¿Qué? Asesinando, ¿no?

-A ver, hay que ganarse las lentejas.

-¡Pero hombre de Dios! Salga de ahí que se va a quedar frío. Ande, suba, que va a coger asma con tanta pelusilla. Máteme en la cama, que estará más cómodo.

Otra reacción estúpida ante el miedo es mirar dentro del armario, que ya es el colmo. Porque, vamos a ver ¿a alguien le cabe un señor dentro del armario? Pero si el día que planchas no sabes dónde meter toda la ropa, ¿cómo se va a meter un tío ahí dentro? Otra situación. Oyes un ruido raro en casa y te levantas, 'acojonao', en calzoncillos, y preguntas: -¿Hay alguien? ¿Pero qué crees, que si hay alguien te va a contestar? Lo mejor es cuando llegas a la conclusión de que si hay alguien sólo puede estar detrás de la puerta del cuarto de baño, porque lo demás ya lo has registrado y, ¿qué haces? Asomas la cabeza poco a poco, más que nada para que, si hay alguien, te dé a gusto. ¡Ay!

Otra. Vas en un coche y, de repente, el conductor empieza a correr como si fuese Carlos Sainz, pero sin Carlos y sin Sainz, y tú acojonado. ¿Qué haces? Lo normal, protegerte: te agarras a la asita de plástico que hay encima de la puerta. Ya se puede estampar si quiere, que tu vas cogido a la asita... En esta situación, las madres lo que hacen es que se agarran al bolso y se lo ponen delante, como si fuera un airbag.

¿Y cuando vas en bicicleta bajando una cuesta y aquello se embala? ¿Qué es lo que se te ocurre? Quitar los pies de los pedales. ¡Muy bien, muy inteligente! Cuando te descontrolas del todo, sueltas también las manos del manillar. Eso es. Pero ¿qué crees que va a pasar? ¿Que vas a salir volando como E.T.?

Cuando nos van a poner una inyección, ¿qué hacemos? Poner el culo tan duro que la aguja rebota. Sabemos que duele más, pero no podemos evitarlo. Y es que el miedo nos incita a hacer una idiotez detrás de otra: tienes que bajar al garaje y no hay luz. Empiezas a pensar en fantasmas o en si habrá alguien escondido y, ¿qué haces? Cantar. ¡Miedo, tengo miedo, no lo sabes tú muy biebebeben! Eso es, da más datos. Lanza una bengala.

¿Y qué pasa si vas por la calle y de pronto ves a alguien y piensas que te va a atracar? Pues te cambias de acera. Seguro que si es un atracador, pensará: "Mierda, otro que se me ha cruzado de acera, qué nochecita llevo". Pero ¿por qué hacemos esto? ¿Qué pasa?, ¿que los atracadores sólo atracan en la acera de los pares? ¡Ay!

El otro día iba en el ascensor con una mujer a la que no conocía de nada y de repente el ascensor hizo un extraño: "Brramb". ¿Y qué hizo la señora? ¡Agarrarse a mí! Es una reacción típica de las mujeres. Deben de pensar que los hombres no caemos cuando se descuelga un ascensor.

No hay que olvidar que unidas a nuestras reacciones estúpidas están las que tiene el cuerpo por su propia cuenta. Una de ellas es temblar. Si por ejemplo hay un ladrón en casa y nos escondemos debajo de una manta, el hombre no tienen problemas para encontrarnos. Nos ponemos como un móvil en posición vibrador.

Otra reacción estúpida es la de quedarte paralizado. Si viene un coche hacia ti y está a punto de atropellarte, esto es todo lo que se le ocurre a tu cuerpo, quedarse quieto.

Más reacciones que tiene el cuerpo por su cuenta: gritar. Claro que sí, muy lógico. Si estás friendo un huevo y se te prende la sartén ¿qué se te ocurre? Gritar. Te pones a gritar como un loco: -¡¡Que se me queman los huevos!! Y si viene otra persona, se une a ti con sus gritos: -¡Que se te queman los huevos! Pero ¿qué pretendemos? ¿Apagar el fuego a gritos? ¡Hombre, por favor!

Y luego está lo de cagarse de miedo. ¿Habrá algo más estúpido y más inútil que cagarse de miedo? Bueno, sí, morirse de miedo. Ahora, eso sí, ¡que me esperen muchos años!

LAS MULETILLAS (Manel Fuentes)

Buenas noches. ¿Qué tal están? ¿Se imaginan que cada uno de ustedes subiese aquí ahora mismo y me contase realmente “que tal está”?… “¿Pues yo acojonao con la hipoteca” “Pues yo estoy fatal de las cervicales y tengo que ver la tele con un espejo” “Pues yo muy bien, pero mi marido cada día está más tonto”… Sería terrible. Pero ustedes saben que yo no les digo “qué tal están” para que me lo cuenten… es una muletilla. Las personas no podemos vivir sin usar muletillas... Yo creo que es porque el cerebro es más lento que la lengua… O sea, que decimos algo así como “Voy a ponerme a hablar… para ver si mientras se me ocurre algo que decir”.

La primera muletilla que aprendemos es “mamá”. Y la utilizamos para todo: “Mamaaaaá leche” “Mamaaaá pipi” “Mamaaaá caca”. Llega un momento en que el que el niño ya sólo utiliza la coletilla… si te dice… “¡¡Mamá, mamá, mamá!!” … Eso es que se está cagando. Pero si dice… “Mamaaaá” ¡Eso es que ya... !

Y claro luego llegan al colegio y su muletilla principal es: “Que te cagas”. “Mi padre me ha comprado una Play-Station que te cagas” y también tienen otra que es “pos mi padre” … “Pos mi padre me ha comprado la Play-Station en la que salen todos los Pokemon”. “¡Pos mi padre es Pokemon y te va dar una paliza que te cagas!”

Lo que pasa es que llega una edad en que al niño le salen pelos en las piernas y se da cuenta que aunque quiera no puede seguir diciendo: “Mamaaá…” Y entonces empieza a decir: “tío”: “¿Qué pasa tío? ¿De que vas tío? ¿Cómo está tu tío, tío?

Y así vamos creciendo y creciendo… Y vamos almacenando cada vez más muletillas, hasta que llega un momento en que tenemos muletillas para cualquier situación. Por ejemplo, cuando estamos en grupo y de repente se acaba la conversación, mientras pensamos algo que decir empezamos:

¡Aaaaayseñor...! “Pues si...” “Aquí estamos”. “Pues eso...” “Pues estamos buenos”... Aquí un coletillero chistoso añadiría “Bueno estaba y se murió”... Y otro “Pues no estaría tan bueno...” “Es que no somos nadie” “Oye, pues el muerto al hoyo y el vivo al bollo” “Pues bueno” “Bueno estaba y se murió”. Y así hasta el infinito.

Porque las coletillas definen nuestra personalidad: “Dime qué coletilla usas y te diré quien eres”… Por ejemplo están los que se creen que los demás somos imbéciles: “Estábamos en su casa, ¿entiendes?, y él se quedó en pelotas, ¿entiendes?, e hicimos el amor, ¿entiendes?”… Pero bueno en qué fase de la conversación cree que me he perdido. Y luego están los inseguros que dicen… “Estábamos en su casa, ¿no?, y él se quedó en pelotas, ¿no?, e hicimos el amor, ¿no?”… Que aquí ya dan ganas de decirle… “¡Pues no lo sé, hija! Si tú tienes dudas… es que “no”, porque eso se nota ¿no?

Por la muletilla que usan también se reconoce a los pijos… Por la muletilla y porque parece que estén saliendo de la anestesia del dentista. La muletilla favorita del pijo es “para nada... te lo juro”: “¿Has visto a Pepota?” “Para nada”… “¿Te gusta el funky?” “Para nada”… “¿Vales para algo? “Para nada... te lo juro”.

De todos modos los reyes de la coletilla son los locutores de radio musical, que claro, como hablan tan deprisa no les da tiempo a pensar... Estos con cuatro coletillas y un reloj tienen el programa hecho: ¡Hey! Son las cuatro de la tarde, las tres en Canarias ¡guau! y en treinta minutos, llegaremos a las cuatro y media ¿No te parece increíble? ¡Hay que ver como pasa el tiempo!, ayer era sábado y mañana ya es lunes, o sea que tenemos el próximo fin de semana a la vuelta de la esquina… Y seguro que bailas música como ésta… Te dejo con ella cuando son las cuatro y dos minutos de la tarde...

Dentro de nada las cuatro y cinco...”. ¿Qué les pasa? ¿Van drogados?

Aunque los futbolistas tampoco se quedan cortos con las muletillas, y eso que estos no hablan deprisa… “Sí, la verdad es que... sí” “No, la verdad es que… no”. “Bueno, no sé, ¿no?” Y como los periodistas deportivos lo saben, se lo ponen fácil: “Quique, el partido bien aunque habéis empezado el segundo tiempo un poco más flojos y luego habéis remontado al final, parece que os quedan fuerzas suficientes para el partido del próximo domingo que es donde tenéis que poner toda la carne en el asador”. “Ahora que lo dices, sí, la verdad es que... sí”.

¡Qué obsesión con la verdad tienen los futbolistas! Aunque esto no es nuevo, lo de usar la verdad como coletilla viene ya de los Evangelios. Estaban todo el día… “En verdad en verdad te digo...”, lo que daba lugar a conversaciones del tipo: “En verdad en verdad te digo, Judas, que ¿qué tal estás?” “Pues en verdad en verdad te digo, Jesús, que por aquí, traicionándote un rato”.

Y luego están los políticos, que como no tienen nada que decir son los que más muletillas utilizan: “Puedo prometer y prometo” “Por consiguiente” “La Reina y yo, nos llena de orgullo y satisfacción”...

Algunos de tanto usarlas se les estropea el mecanismo. Como a Pujol “Forns forns frons... frons frons frons frons... Para Cataluña”... o Fraga, “Fongrrnsss fongrsss msrrrss... Cien mil gaiteiros”… Y el mejor es Aznar que consigue alargar los discursos doblando sus propias muletillas: “¡Somos una nación moderna!” “¡¡Una nación moderna!!” Que es para decirle “¡Ya te hemos entendido” “¡¡Te hemos entendido!!”…

Claro, así duran los discursos lo que duran, que les tienen que poner un himno para que se vayan. Con lo fácil que es despedirse a base de coletillas: “Hasta luego Lucas” “En fin Serafín” “Me piro vampiro”... O simplemente, buenas noches.

¿QUÉ PASARÍA SI LOS HOMBRES SE QUEDASEN EMBARAZADOS?

Dicen que la población está envejeciendo. Los políticos piden niños, no hay más que ver la que se ha montado con el primer niño del milenio, que menuda paliza nada más nacer... Pues no es por culpa de las mujeres, nosotras ya hacemos lo que podemos, de hecho parimos, aunque tal y como está el empleo ponte a pedir bajas maternales... Por eso yo creo que si quieren que haya más niños, que los hombres también se embaracen. Auque no sé si eso solucionaría el problema, porque... ¿se imaginan lo que pasaría si los hombres se quedasen embarazados?

Por ejemplo, está claro que los hombres son unos flojos. No soportan el dolor. Así como las mujeres aguantamos casi hasta el último día yendo a trabajar, ellos, con lo quejicas que son, en el momento en que les diera positiva la prueba entrarían amarillos en el despacho del jefe con al rana tiesa en la mano:

- Mire, mire cómo estamos... Deme la baja, que ya tengo náuseas, vengo vomitando desde el laboratorio por la ventanilla.

Cuando estamos embarazadas, ellos saben que no pintan nada, pero como se empeñan en agradarnos, no paran de hacernos preguntas:

- ¿Qué tal te encuentras?

- Muy bien, estoy fenomenal.

- ¿Pero te encuentras bien de verdad?

- Sí, mi amor, ya te lo he dicho...

- Es increíble lo bien que te encuentras, ¿verdad?

- Que sí, que estoy bien... no te preocupes, no me pasa nada.

Al final eres tú la que acabas tranquilizándole a él.

Si los embarazados fuesen ellos, las respuestas serían distintas:

- Antonio, ¿qué tal estas?

- Jodido, yo creo que estoy perdiendo hasta la vista.

- Pero, ¿tan mal te encuentras?

- Fatal, me quedan dos telediarios. Vas a tener que criar a nuestro hijo tú sola.

- Es increíble lo mal que te encuentras, ¿verdad?

- Y lo que me callo, pa’ no asustarte, que la procesión va por dentro.

Total, que al final también le acabas tranquilizando tú.

Las mujeres, cuando estamos embarazadas, tenemos antojos porque se nos agudiza el sentido del olfato. Puedes oler las palomitas del cine que está en la otra manzana, o el marisco a la plancha del bar que está dos calles más abajo:

- Quiero marisco.

Y te lo trae, porque ya saben eso que dicen, que si no te conceden un antojo luego al niño le sale en el cuerpo, y claro, él no quiere que el niño nazca con cara de gamba, aunque luego sea el más gamba de su clase...

Si los hombres se quedasen embarazados sus antojos serían distintos. Con lo simples que son, se despertarían a medianoche diciendo:

- ¡Quiero una Black & Decker! ¡Necesito hacer agujeros, ya!

Y tú se la traerías, porque no te gustaría que el niño naciese con la nariz retorcida como una broca.

También cambiaría la preparación al parto. Las mujeres no tenemos problemas con eso de tirarnos al suelo. Y respirar ahora sí, ahora no durante horas y horas. A los hombres en cuanto les dijeran: “Vamos a hacer ejercicios de relajación”, se sentarían en una mesa y sacarían el dominó:

- ¡Venga, pito doble!

Una pregunta: con la tripa que tienen ya algunos hombres, ¿cómo se les pondrá cuando estén embarazados de treinta y dos semanas? Como un dirigible. Más de uno en vez de romper aguas, romperán cerveza.

Otra: ¿se moverá el niño más en el vientre del hombre? Seguro que sí, sobre todo cuando se pongan a roncar. ¿Cómo va a saber el niño que tiene que hacer tsk, tsk, tsk, para detener el terremoto?

Y una última pregunta: ¿qué harán los hombres cuando sientan las pataditas del bebé? Las mujeres nos emocionamos y decimos: “Mira, mira, se ha movido.” Ellos directamente cantarán el gol: “¡Gol! ¡Gol de mi chico!”.

Y, en vez de ponerle música clásica para que el niño salga más inteligente, pondrán el Carrusel Deportivo:

- Es que así se relaja el niño, es oír el gol en Las Gaunas y se queda como una malva. ¡Esto sí que es un clásico!

Una de las cosas que más cambiaría sería el cochecito. Nosotras, que somos más prácticas, el único accesorio que le ponemos es una sombrilla, por si hace sol. Los hombres no soportarían comprarse algo que incluyese la palabra “coche” sin llenarlo de chorradas. Seguro que los venderían en los concesionarios. Se pondrían insoportables: - El mío tiene radio extraíble, es descapotable y lleva llantas de aluminio, y un alerón... No habría ningún cochecito sin alerón. Luego habrías que verles, picándose en el paseo y haciendo adelantamientos, y el pobre niño con cara de velocidad.

Y el colmo: si a los hombres ya no hay quien les soporte cuando se ponen a contar su mili en plan fantasma... para aguantarlos contando el parto:

- ¡Bufff! Lo mío sí que fue un parto con dolor. Se había acabado la epidural, la matrona y el médico sentados encima de la tripa porque llevábamos cinco horas y nada. El niño intentándolo hacia arriba, que ya estaban pensando en sacármelo por la boca. ¡Todos atacaos! Y yo: “Tranquilos; a ver, dame la tijera que me voy a hacer la cesárea...”. Tras, tras, unas puntaditas... y así que salí andando del quirófano, con mi niño en brazos, que se quedaron alucinaos.

En fin, que pensándolo bien, prefiero parir a mi hijo antes que tener que aguantar a un hombre embarazado.

TIPOS DE PAREJAS

Soy una firme defensora de la pareja, tanto es así que ya he tenido siete. Y como comprenderán, a estas alturas, me he convertido en una experta. Yo, en el momento en el que veo una pareja, le echo el ojo... y me equivoco poco, ¿eh? Las tengo clasificadas. Verán.

Una de las más comunes es la pareja Milli-Vanilli, también conocida como Pin y Pon. Seguro que conocen a alguna pareja perfectamente integrada. Todo lo hacen juntos, son el Dúo Dinámico. Acaban pareciéndose el uno al otro, incluso físicamente. Como hacen los mismos gestos, les salen las arrugas en los mismos sitios. Este tipo de pareja se reconoce fácilmente: se compran dos chándals exactamente iguales, la única diferencia es que el color fosforito de las zapatillas de ella es rosa y el de él es verde. Además siempre hablan en plural, como el Papa: “Nosotros no somos muy de pescado”, “En casa somos todos muy frioleros” “A nosotros nos gustan mucho los documentales, nos los vemos todos”.

Otro tipo frecuente es la pareja Esteso-Pajares. Tienen un espectáculo cómico perfectamente preparado para cuando sales con gente. Uno es el Tonetti serio y el otro el gracioso, uno le da pie al otro para que cuente los chistes:

- Para esto, mi Mariano, escuchad, escuchad que os vais a tronchar, ya veréis, es buenísimo. Mariano, cuéntales lo que te pasó cuando confundiste el champú con el matarratas, que decías, no hace espuma, no hace espuma... Es que a Mariano le pasa cada cosa...

En todas las pandillas hay una pareja caracol. Son las que están todo el día baboseándose. Su afán es demostrar al mundo lo mucho que se quieren. Si van a una cena y les sientan separados, se desesperan y entrelazan los pies por debajo de la mesa. Tienen palabras secretas que sólo les hacen gracia a ellos. Él dice:

- Cajonera.

Y ella le responde:

- Grapadora.

Y los dos se mueren de risa.

De las más conocidas es la pareja madre-hijo. Cuando salen a cenar con los amigos, si él pide una Coca-Cola, ella dice:

- Chato, no deberías pedir Coca-Cola, que te da gases...

Y dirigiéndose a los demás, aclara:

- No sabéis como se pone, se hincha como un zeppelín y, como no los puede echar...

Y si al elegir los platos él pide espagueti a la marinera, ella le recrimina:

- Pero Paco, si no te gustan.

- Pues entonces póngame ravioli. ¿Cariño, a mí me gustan los raviolis?

La antítesis de esta pareja es la pareja profesor-alumna: ella suele ser bastante más joven que él, él bastante más cargante que ella; a ella le encanta la cultura de él, a él le encantan las tetas de ella.

También existe un tipo de pareja que podríamos denominar Elena Ochoa: están deseando juntarse con otra pareja para hablar de sexo. Les va el sexo oral: sólo hablan de lo mucho que lo practican y sacan a relucir todas las miserias...

- Ésta no tiene orgasmos, la única vez que creí que llegaba, en realidad, se trataba de un ataque de asma: “Ah, ah, ah...”.

Y ella contesta:

- Éste siempre está cansado, lo único que se le pone duro son las cervicales...

Y no olvidemos a la pareja Caroline y Charles Ingells, los de la Casa de la Pradera: lo hablan todo, pero en especial, hablan mucho con los hijos. Él entra por las noches en la habitación del mayor y le dice:

- Hijo mío, tenemos que hablar. ¿Crees que haber suspendido doce es bueno para tu futuro? Pero no te quiero agobiar... Encima de la mesilla te dejo las cien mil pesetas para eso que no me puedes contar, mañana hablamos y echamos unas canastas, ¿eh?

¿Y quién no conoce a una pareja de sosos? Nadie va a visitarlos. Nadie quiere salir con ellos y, en el trabajo, la gente comenta: “Qué alegría tiene que haber en esa casa, qué buenos ratos tienen que pasar estos juntos...” Y así es, según consta en el registro, la última vez que se rieron fue en 1.984, con lo de la empanadilla de Martes y Trece.

Una de mis favoritas es la pareja activa: se aburren tanto el uno con el otro que se apuntan a todo. Son socios del Círculo de Lectores y tienen todos los libros de Gala y la colección completa de las obras de J. J. Benítez. Ella es de la asociación de padres, él entrena el equipo de futbito del colegio. Además, son miembros de un sindicato, presidentes de la comunidad, monitores de scouts, ella estudia esperanto, él toca el triángulo en una banda... ¡Lo que sea con tal de no verse!

Voy a terminar con la pareja perfecta: son la envidia de todos, encantadores, maravillosos. Si están juntos, son fantásticos, si están separados, también. Se quieren, pero no se agobian. Los amigos, cuando están en crisis, van a consultares a ellos. Pero un día, por sorpresa, ella confiesa:

- Lo hemos dejado, era insoportable, no lo aguantaba más, nuestro matrimonio hubiese funcionado muy bien si nos hubiéramos muerto hace diez años.

¿Se reconocen en alguna de estas parejas?

LOS HOTELES (Enrique San Francisco)

Muy buenas noches.
¿Ustedes se han dado cuenta, de lo raros de que son los hoteles? Que cuando llegas, te ayudan a subir las maletas a la habitación, pero cuando te vas, no te las baja ni Dios.

Es curioso, cuando vas en el ascensor dices: Bueno, pero coño, como puede haber tantas fotos del comedor, joder. Pues por el mismo motivo, pues podría haber también en el comedor muchas fotos de ascensores.

Hay otra cosa que es muy rara. ¿Qué es lo de los cuadros? Dios mío, es patético. ¿Quién coño pinta los cuadros de las habitaciones? Pues tiene que ser la mujer del dueño, vamos, digo yo. Yo después de mucho pensar he llegado a la conclusión de que en los hoteles solo se pueden hacer dos cosas, que son: O dormir o robar. No se han fijado, que nos tratan como si fuéramos delincuentes, tu entras y lo primero que hacen es pedirte la documentación. Joder, ya estás fichado. A partir de ahí, te sientes tan vigilado que incluso tienes reparo en coger uno de los caramelos que hay en la cestita. ¿Es increíble, no? Tu estás pagando 26.000 pesetas por dormir una noche en una habitación y coges el caramelo, así, jodido. Bueno, y si es de anís y no te gusta, pues te jodes.

Otro de los datos que nos indican que nosotros para ellos somos unos chorizos es la llave. Hay que joderse como es la llave, es impresionante, ¿eh? O sea, es una cadena con un bolón de metal impresionante. Que lo coges y dices: Bueno, coño, o sea, joder, pero es que parecemos presos, ¿eh? Es más, viene el botones y te dice: ¿Quiere usted que le ayude a subir el equipaje? Dices: No, ya llevo yo el equipaje, suba usted la llave hombre.

Pero ellos están al día, sí. La putada. Efectivamente. Ahora vas y te dan una tarjeta de plástico. Dices: Pues mejor que la cadena y la bola... Vale, cojonudo. Subes a la habitación, introduces la tarjeta, y se abre la puerta. Dices: cojonudo. Pero claro, el problema es la luz. No hay Dios que encienda la luz. Bueno, y dices: Vale, cojonudo. Vamos a ver, otro paso: por fin hemos conseguido dar con el interruptor o introducir la tarjeta en su sitio, para que haya luz. Pues te pones a inspeccionar. Si el hotel es de muchas estrellas, entras y dices: "¡A ver que hay!". Ilusionado. ¡A ver que hay! Pues, joder, coño, hay hidromasaje, hay canal porno. Si no tiene muchas estrellas, entras y dices: “A ver si hay...” A ver si hay aire acondicionado, hilo musical... Y si no tiene estrellas. Pues entras y dices: Dios mío, a ver si no hay cucarachas. A ver si no hay uñas cortadas encima de la almohada.

Bueno, una vez has inspeccionado ya todo, entras en otro “A ver”: “A ver que puedo robar, hombre”. Me llevaré pues, la alfombrilla del lavabo, los ceniceros, las toallas. Las toallas, perdón, me ha recordado a mi novia. Sí, todas las toallas que hay en casa de mi novia son de la marca: Meliá. Ella dice que son estupendas. Incluso que es un algodón mucho mejor que el de Portugal. Y por otro lado, pues, sale más barata. Es muy rica.

Pero el protagonista de la habitación es el albornoz. Bueno, eso es increíble. Ves el albornoz y dices: “¡Joder!”. Bueno es que hay algunos que tienen hasta capucha como el que tenia Rocky. Dices: Bueno, éste cae seguro. Tu te acercas al albornoz, pero hay una nota al lado que dice: “Si quiere usted uno de nuestros albornoces, pues puede ponerse en contacto con el recepcionista, son 10.000. Y 10.000, vamos no me jodas. Ahora mismo bajo hombre, espérate un momento. Coges el albornoz, dices: “Serán chorizos, pues no me quieren cobrar por esto 10.000 pesetas”. Y cuando vas con él, ya, que lo tienes cogido, te encuentras de frente con la pantalla de la televisión, y ves que pone: “Bienvenido al hotel señor San Francisco”. Dices: ¡Hostias! ¡Hostias! Estos cabrones me tienen controlado, a ver como veo yo la película porno ahora.

Bueno, lo dejas, te vas al armario, pones unos suéteres. Al abrir el armario te encuentras una caja fuerte. Coño, una caja fuerte, pues te sorprende. Dices: “Joder, para que estará?”

Bueno, te quedas pensando. Ahora voy a tomarme una copa, vas al minibar, lo abres, y entonces es cuando entiendes porqué está la caja fuerte. La caja fuerte está para meter en la caja, el agua mineral, los panchitos, el chocolate y el albornoz. Ahí te cabreas y dices: “Uy, a mí me parece que los me están desafiando hoteles. Y entras en otro “A ver”: “A ver quien es más chorizo, hombre!”. Coges, pones el secador a toda leche, el agua, la bañera, el hilo musical, todas las luces, en fin, que te pones morao. Ahora se van a joder. Es más, incluso te tomas las copitas, y todo lo que hay en el minibar y rellenas ingenuamente con agua las botellitas. Te acuestas, pero, amigo mío! Ahí te tienen preparada la venganza, cabrones. La venganza del interruptor. Quieres descansar y haces así y resulta que para desconectar la luz de la mesita de noche, pues se enciende la de al lado. Encima estás jodido porqué estás solo. Vas a poner la otra y se enciende la del salón, pones no sé que y se enciende la del baño. Ya te cabreas tanto, y dices: “Mira, pensándolo bien, a mí me da igual joderme, voy a meter los dos dedos en el enchufe a ver si provoco un cortocircuito y lo jodo todo. Seguro que los interruptores, los ha diseñado la mujer del dueño del hotel. Pues se va a joder, que lo arregle ella. Lo que pasa es que luego, cuando bajas a recepción y te dan la cuenta, pues, te das cuenta de que has perdido la batalla. Es verdad, yo me he pasado al otro bando, es cierto. Estoy ahora mismo invirtiendo, es más, voy a hacer un hotel. Tengo un primo que se llama Guillermo y vamos a inaugurar en breve, están todos ustedes invitados, un hotel que se llama: “Guillermo Hotel”.

Buenas noches señores.