Ascendencia y familia de Teresa Vallabriga
© Luis Español Bouché 1999, 2005
1. Un personaje desconocido
No podemos concluir este trabajo sin decir algunas palabras acerca de los orígenes de María Teresa Vallabriga. Por muy aburridas que nos parezcan las largas relaciones genealógicas o las circunstancias familiares de nuestro personaje, no debemos pasar por alto el hecho de que la pertenencia a un estamento, el linaje y la fortuna prefiguraban, en aquel siglo XVIII, el destino de cualquier persona, máxime tratándose de una mujer. Pues si sus propios méritos podían brindar a un varón alguna mejora en la suerte que por su nacimiento podía esperar, las mujeres, para merecer el recuerdo de la Historia solo podían ser hijas, esposas o madres de alguien cuya fama destiñera sobre ellas. Esto es tan cierto, que con la excepción de aquellas cuya santidad rememora la hagiografía, es difícil hallar en nuestras enciclopedias mención de mujeres cuya vida transcurriera en tiempos anteriores al siglo XIX que no sean consortes o familiares de algún soberano.
María Teresa Vallabriga no es a este respecto ninguna excepción. Nadie recogió sus sueños ni sus cualidades, ni ninguna otra circunstancia que, quizá, tratándose de un hombre hubiese merecido mayor atención. Las escasas obras y demás fuentes que, de pasada, tratan de doña Teresa, se ciñen prácticamente a una breve mención de su ascendencia y relaciones familiares y a la circunstancia de su matrimonio con don Luis. Y sin embargo, ¡qué personaje para una novela! Jovencita a la que casan con un Infante entrado ya en años; separada del brillante ambiente de la capital por la famosa Pragmática; privada, tras la muerte de su marido, de la compañía de sus propios hijos, Teresa Vallabriga es un personaje a la búsqueda de autor.
En las dos ultimas décadas han aparecido interesantes publicaciones respecto de doña Teresa y don Luis, que no dejaremos de citar, claro está, y que procuraremos integrar en una visión más general.
1. 1 Apuntes biográficos de Teresa Vallabriga
Sabemos muy poco de doña Teresa, ni de su niñez y juventud, antes de casarse con don Luis, ni de su existencia junto al Infante, ni de su vida tras la muerte de don Luis. Ricardo del Arco ofrece una brevísima biografía, por desgracia carente de cualquier tipo de nota, y existen artículos de gran interés como el de Manuel Gutiérrez García-Brazales, muy completo, y recientemente ha salido a la luz la obra Goya y el Infante don Luis. Lo que sí sabemos es que se trataba de una muchacha de gran hermosura, porque Goya que nunca fue pintor complaciente con sus modelos nos ha dejado de Teresa bellísimos retratos.
¿Por qué esta joven aristócrata aragonesa se avino a casarse con el Infante don Luis? Según Ricardo del Arco, la boda la hizo su tía María Benita Rozas y Drummond, marquesa consorte de San Leonardo y viuda del ministro Campillo. Por su posición en la Corte, sin duda doña Benita estaba al tanto de los pormenores del deseo, por parte del Infante don Luis, de contraer matrimonio. También afirma Ricardo del Arco que se estorbó el matrimonio con la nieta del duque de Alba, heredera única de vastos dominios y que, por fin, María Teresa consintió al matrimonio, no precisamente entusiasmada.
Hay un misterio sin duda en la razón que pudo mover a esa jovencita a aceptar como marido al vejestorio de don Luis. Una persona tan linajuda y hermosa como Teresa podía perfectamente haber optado por enlaces mucho más gratos. Por rico que fuera el Infante, no hay dinero que pueda compensar los amargos tragos por los que pasó Teresa, que no podía desconocer la Pragmática de 23 de marzo de 1776. Quizás mediara en sus parientes el cálculo, porque sus familiares estaban perfectamente al tanto, sin duda, de la cuestión sucesoria. Un pariente de Teresa como Manuel de las Foyas había sido diputado en las cortes de 1712 y 1713 y su propio abuelo paterno, José Vallabriga de las Foyas, como Regidor de Zaragoza tuvo acceso a toda la documentación remitida por Felipe V a la ciudad.
María Benita, la tía de Teresa, no podía desconocer su propia ascendencia, por su madre, abuela de Teresa, Lady Francisca Drummond y Wallace con las casas reales de Inglaterra y Escocia. Esa ascendencia fue ocultada cuidadosamente a Carlos III que, quizás, de haberla conocido, no hubiese permitido el matrimonio, igual que, según Ricardo del Arco, estorbó el matrimonio del Infante con una nieta del duque de Alba, quizás porque los Alba del linaje de los Fitz-James Stuart descienden directamente del rey Jaime Estuardo y de Arabella Churchill, hermana del gran Malborought, el que los niños españoles recuerdan en la canción Mambrú se va a la guerra, y además la Casa de Alba está emparentada con los antiguos reyes de Castilla, Navarra y Aragón. Según Ricardo del Arco don José Ignacio Vallabriga y Español, padre de Teresa, presentó una vez al Rey
un memorial demostrando las consecuencias de haber infamado la descendencia de aquella unión legítima; y en su desesperación invocó los derechos y prerrogativas de la familia de los Estuardo, de quien la suya era aliada. Sentó mal el escrito; pero sin duda, hizo efecto
En todo caso el 27 de junio de 1776 don Luis y doña Teresa celebraron su boda en la capilla del palacio de Olías del Rey, perteneciente a la duquesa de Fernandina. Se supone que el Infante y su mujer vivieron felices y comieron perdices, pero quizás no sea esto del todo exacto. La situación de don Luis era absurda, pero por lo menos cuando el Infante iba a Madrid, su hermano Carlos III lo recibía con todos los honores. En cambio a doña Teresa se la mantenía en las distintas posesiones del Infante como en un exilio interior, como si fuera culpable de algo. Sin duda el único consuelo de Teresa fueron sus hijos y la distracción que le aportaba la presencia de artistas como Goya o Boccherini.
Como si no fueran bastantes las humillaciones a las que se le sometía, tenía que sufrir doña Teresa la presencia en su propia casa de personas que ni ella ni el Infante habían elegido sino que les venían impuestas desde Madrid, como don Miguel de Aristia, del Consejo de S.M., secretario del Infante, o fray Urbano de los Arcos, el confesor de don Luis. De ahí, sin duda, que doña Teresa sólo se fiara de sus aragoneses y en particular de don Francisco del Campo, su hombre de confianza. Existen todavía cartas en los archivos que critican las presuntas relaciones de doña Teresa con don Francisco del Campo, hermano de Marcos del Campo, el cuñado de Goya, a espaldas de don Luis. Esas cartas sólo merecen, a mi juicio, ser tenidas por sospechosas, calumniosas e indignas, por tanto, de crédito alguno, cuando se sabe que sus autores eran informantes del propio Rey. En todo caso en febrero de 1786 don Francisco del Campo recibió orden de presentarse en Madrid, con la amenaza de severo castigo si así no lo cumplía. Nos informa Rosario Peña Lázaro de cómo don Francisco, una vez en Madrid, hizo una fulgurante carrera. Fue miembro del Consejo de S.M., caballero de Orden de Carlos III, ministro honorario del Tribunal de la Contaduría mayor y contador general de los Infantes Carlos María y Francisco de Paula. Por otra parte, la separación de doña Teresa y don Francisco fue cosa relativa. En documentos de 1797, es decir, trece años después, aparece don Francisco del Campo como apoderado general de doña Teresa.
Muerto don Luis, se quemaron los papeles cerrados que contenían sus bolsillos, y Carlos III tomó como determinación privar a los hijos de don Luis de la compañía de su madre. A los ocho días de la muerte del Infante, Carlos III encomendaba la educación de los niños al Arzobispo Primado de Toledo, don Francisco de Lorenzana. Al principio, los legítimos derechos de madre de doña Teresa tropezaban con la voluntad regia, encarnada por el Cardenal, en toda clase de detalles, y, guardando todas las proporciones, no deja de recordar la situación de doña Teresa respecto de sus hijos, aquella otra, tan demencial, que vivió don Juan de Borbón cuando encomendó la educación de su hijo, nuestro actual monarca, a su propio enemigo, Francisco Franco. Con la diferencia de que don Juan actuó por cálculo mientras que a doña Teresa la obligaron.
Que sepamos, el artículo de Manuel Gutiérrez García-Brazales es con diferencia el que mayor información de primera mano proporciona acerca de la infancia de los hijos del Infante e incluso de la estancia en Velada de doña Teresa, hasta que dejando aquellas tierras marchó a Zaragoza.
1.1.1 Una viuda rica
Los trabajos de tasación de los bienes de don Luis se alargaron mucho, y en 1787, cuando por fin se concluyó la testamentaría, los bienes que finalmente le corresponderían a la viuda serían valorados en la enorme suma de siete millones de reales. Parte de esos bienes consistían en la impresionante colección de pinturas que le correspondieron de la herencia cuya enumeración ha tratado con gran precisión doña Rosario Peña Lázaro en su magnífico artículo, tantas veces citado, preludio de su tesis doctoral sobre la pinacoteca de don Luis, el origen y el destino posterior de sus cuadros.
1.1.2 Una viuda sola
Nada sabemos de los años que pasó doña Teresa en Arenas y sobre todo en Velada. Viuda, apartada de sus hijos, separada de su fiel amigo Francisco del Campo ¿a qué se dedicaba? ¿cuáles eran sus ocupaciones? No nos parecería extraño que la más profunda neurastenia se apoderara de ella. De hecho, algo de depresión sí que tuvo que acometerla, porque en una carta de 1786 que reproduce Manuel Gutiérrez García-Brazales, se menciona que sufrió unas fiebres tercianas, entonces muy frecuentes:
Ya sabíamos aquí la novedad que tuvo su principio en una gran debilidad de cabeza, y de tales circunstancias que se temía la perdiese enteramente, todo originado, según decían, de la demasiada aplicación a papelear y escribir, sin que pudiesen retraerla de este trabajo ni su confesor ni el médico que la asiste.
Ya muerto Carlos III, el 25 de julio de 1792 doña Teresa escribió desde Velada al Conde de Aranda quejándose de aquella monstruosa orden que la privaba de la compañía de sus hijos:
V.E. sabe que no pudo haber culpa en mi obediencia a destino que me venía de mano tan superior, y que los frutos con que el Señor quiso bendecirme en él, los debo amar y tener clavados en mi corazón como dones celestiales de su Santa Mano. Mis hijos, la privación de mis hijos, Señor Exmo., su memoria es un grito interior a que ya no alcanzo resistir. Mi confinación en una soledad sin los auxilios precisos para las necesidades de la vida, en un entredicho civil perpetuo, a que es consiguiente el quebranto a la salud, agrava aquella primera pena como se dexa comprender...
Poco después recibió licencia para marchar a Zaragoza. Lo más probable es que llegara allí en diciembre de 1792.A partir de la elevación de sus hijos, bajo el reinado de Carlos IV, el estatuto social de doña Teresa dio un vuelco. Así, de 1802 es la Orden de S.M. mandando que doña Teresa Vallabriga, viuda del Infante don Luis, use tiros de seis mulas o caballos con franja de la casa Real. Sabemos que Teresa Vallabriga vivió, retirada en Zaragoza, en la casa o palacio de Zaporta, en la calle de San Jorge lindando con la de San Andrés. De esa casa sólo se conserva el patio, conocido como de la Infanta, en recuerdo de Teresa. Allí llevó la colección de arte que heredó de su difunto esposo, que sólo cabe calificar como fabulosa, y que ha merecido un detallado estudio por parte de Rosario Peña Lázaro, y vivió allí durante largos años con su hija María Luisa. Durante la guerra con Napoleón estuvo en Mallorca. En 1813 regresó a su casa de la calle San Jorge, en Zaragoza, y allí pasó el resto de su vida hasta su muerte, el 26 de febrero de 1820.
El día veinte y seis de febrero de 1820 a las tres y media de la mañana murió la Exma. Sra. Doña María Theresa de Ballabriga, viuda de Su Serenísima el Señor don Luis Antonio Jaime de Borbón, Infante de España, a la edad de 70 años, 3 meses y 19 días. Vivía en la calle del Coso. Testamento del día 25 de febrero ante don Pablo Treviña notario de numero de esta Ciudad. Deja en hijos al Eminentísimo y Excelentísimo Señor don Luis Mª de Borbón, Presbítero, Cardenal de la Santa Madre Iglesia Católica Romana, Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, Grande de España, Caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, la Real Orden de San Genaro, de San Fernando de España de Primera Clase y a la Exma. Sra. Dª María Teresa de Borbón, Condesa de Chinchón, Grande de España de Primera Clase, mujer del Excelentísimo Señor don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz y de la excelentísima Señora Doña María Luisa de Borbón, Grande de España de Primera Clase y mujer del Excelentísimo Señor Duque de San Fernando, Grande de España de Primera Clase, Gentilhombre de Cámara de Su Majestad, Primer Secretario de Estado, se enterró en el Panteón de la Capilla de Nra. Señora del Pilar. = Don Juan Francisco Cortés, cura de San Gil.
A pesar de que esta partida precisa que los restos de doña Teresa están enterrados en el Panteón de la capilla del Pilar, Tejero Robledo afirma que se ignora su localización exacta. La verdad es que en este culebrón don Carlos III, al que tanto respeta, por lo general, el juicio de la Historia, hace el papel del villano, por no decir del perfecto canalla.
1.1.3 Muchos errores
El hecho de que lo poco que se cree saber de esta señora suele ser inexacto cuando no fantástico, nos mueve a enmendar, en la medida de nuestros medios, tal cúmulo de errores y, lamentando no poder estudiar a la persona, nos ceñiremos a los aspectos genealógicos que, por su naturaleza, son de interés para este pequeño estudio acerca de la Pragmática de Carlos III.
Se ha dicho de los Vallabriga que descendían de los reyes de Escocia; que María Teresa pertenecía nada menos que a la casa real de Navarra, y que su padre era un noble titulado. A estas afirmaciones, unas inexactas y las demás por probar, otros autores añaden que don Luis se enamoró de ella al verla correr tras unas mariposas, que por amor renunció al cardenalato y procuran presentar la unión de Luis y Teresa como una pasión otoñal entre un príncipe ya madurito y algo fondón con una jovencita pizpireta de cuyos atractivos nadie duda. Pasión impura, precisan esos eminentes polígrafos, ya que alguno sitúa el nacimiento del primero de sus hijos en fecha anterior a la boda. Permítasenos, pues, despejar algunas dudas acerca de los orígenes del personaje y sus relaciones familiares.
1.2 Filiación de doña Teresa
Que María Teresa Vallabriga era hija de "don José Vallabriga Español, coronel del Primer Regimiento de Voluntarios de España a caballo, y de Doña Josefa de Rozas y Drummond, condesa que fue de Torresecas", es algo que saben hasta los historiadores. ¡Ya es decir! Esta filiación sirve de estribillo a todos los documentos referentes a doña Teresa. Tampoco podemos dudar que la madre de nuestro personaje fue, por su primer matrimonio, condesa consorte de Torresecas, dado que quienes citaron a esa señora nunca dejan de declinar su anterior calidad y lo de condesa-que-fue-de-Torresecas viene a ser un tercer apellido.
Las informaciones que se proporcionan al Rey con ocasión de la boda de su hermano insisten en la filiación del padre de Mª Teresa, sin aludir para nada a la familia de la madre. Curiosa actitud, en verdad, sobre la que tendremos ocasión de hablar mas tarde.
Pero no demoremos más la exposición de nuestras modestas pesquisas y hagamos un repaso de las fuentes que hemos usado y de las otras que podríamos utilizar para un trabajo más exhaustivo.
1.2.1 Fuentes disponibles y que hemos consultado
Existe alguna documentación acerca de la familia de Teresa Vallabriga.
1.2.1.1 Información genealógica
En primer lugar, el expediente de Santiago (1803) de su hermano Luis, plagado de referencias concretas y genealógicas de cuya validez se supone que responde el prestigio de la Orden, que no daba precisamente facilidades a la hora de admitir en su seno a nuevos profesos. Expediente donde, por cierto, figura reiteradamente la firma de Leandro Fernández de Moratín, traductor de algunos documentos franceses e ingleses, y que acaso no haya sido detenidamente consultado por ninguno de los historiadores que se han ocupado del matrimonio del Infante. El estupendo trabajo de Vicente de Cadenas Vicent acerca de los caballeros de Santiago del siglo XIX, reproduce parte de los datos del expediente, pero con numerosas erratas. Como don Luis Vallabriga fue marino, deben existir su hoja de servicios y la habitual información genealógica que se hacía de los cadetes de marina, que no hemos consultado.
Son también de interés puramente genealógico los datos contenidos en distintos expedientes de Alcántara de los hermanos Antonio, Francisco, José y Luis Rozas Meléndez de Agama, con los números de expediente 1322, 1323, 1324 y 1325, los cuatro de 1702, y el de su padre, Francisco de Rozas. Nos hemos limitado a consultar la obra de Vicente de Cadenas y Vicent, acerca de los caballeros de Alcántara en el siglo XVIII. Otra obra, reeditada por el CSIC, de Guillermo Lohman permite cotejar los datos acerca de la ascendencia de Teresa por los Rozas hasta el siglo XVI.
Finalmente, hay escuetas referencias genealógico-nobiliarias en los papeles que se presentaron al Rey con motivo de su matrimonio con el Infante. De esos documentos que se conservan en el Archivo Histórico Nacional, sección de Estado, y que se supone fueron los únicos que se presentaron a Carlos III, se omitió cualquier tipo de referencia a los Rozas o a la antigüedad de la familia Drummond, antecesora de las casas reales de Inglaterra y Escocia y estrechamente emparentada con los Estuardos.
1.2.1.2 Información heráldica
Ignorábamos casi todo de las armas de Teresa hasta que a finales de 1996 salió a la luz la obra Goya y el Infante don Luis, que reproduce un retrato de don Luis de Vallabriga Rozas, hermano de Teresa, con sus armas, y dos retratos por el gran Oudry del conde de Castelblanco y de su mujer María Drummond, tía abuela de Teresa, con sus respectivas armas. Hasta entonces era sumamente difícil conseguir información alguna acerca de las armas de los Vallabriga.
Vicente de Cadenas y Vicent proporciona dos descripciones de las armas de Ballabriga o Vallabriga y Villabriga. Sin duda se trata del mismo linaje. Pero ninguna de estas armas son las que usaron Teresa y sus familiares. Tampoco nos es de gran ayuda un grabado de don Luis María de Borbón Vallabriga en que aparecen las armas de dicho prelado dónde en los cuarteles superiores figuran las armas de Borbón y en los inferiores otras que no hemos acertado a identificar.
Esperando que se nos disculpe nuestra ignorancia en heráldica, podemos describir las armas que figuran en el retrato de don Luis de Vallabriga de esta guisa:
Vallabriga: Cuartelado, 1º y 4º de azur y una torre de plata. Rodeando la torre siete estrellas de oro, tres a cada lado y una encima de la torre, y al pie de la torre una estrella idéntica, pero de mayor tamaño que las anteriores. 2º y 3º de gules y un árbol de sínople y un león de plata empinado al árbol.
Rozas: Cuartelado. 1º de gules y tres rozones o guadañas de oro, las tres en palo. 2º y 3º de plata, y un árbol de su color, y dos lobos pasantes de sable con un cordero en la boca, uno por delante y el otro por detrás del árbol. 4º de azur y cuatro lises de oro. Bordura de plata con 8 aspas de gules.
Español: Cuartelado. 1º y 4º de oro y un águila de sable. 2º y 3º de oro y tres bandas de gules.
Drummond: naranjado y tres fajas ondeadas de gules.
Una descripción de las armas de los apellidos de los hermanos Rozas y Meléndez de Agama figura en sus expedientes de Alcántara, y la resume así Cadenas:
Rozas: Tres hoces en campo de oro
Fernández Santayana: Encina y dos lobos negros
Meléndez: Castillo en campo azul.
Gama [o Agama]: Cinco cuarteles de oro y cuatro rojos atravesados con listas blancas.
Se observa que no coinciden exactamente con las que usa don Luis de Vallabriga por su herencia Rozas. Por otro lado las armas que usó el abuelo de don Luis, José de Rozas, son ligeramente distintas de las que usó su nieto Vallabriga puesto que en los cuarteles 2º y 3º sólo figura un lobo, no dos, y la bordura del 4º rodea todo el blasón, a su vez timbrado por una corona de duque con un ángel.
En lo que a las armas de los Gama se refiere, por lo que dice el Carrafa, se trata de las mismas armas de los Gama oriundos de Olivenza de los que descendía Vasco de Gama, el gran descubridor.
Los Español de la Corona de Aragón llevaron distintas armas, siendo conocidas las tradicionales del solar de Cáncer (Graus), las de los Español de Borrast, los Español de Niño y otras distintas de Mallorca y Valencia.
Las que figuran en las armas de Luis de Vallabriga parecen ser de una línea de los Español de Graus, la de los hermanos Español y Serra. Nos informa al respecto el Carrafa que Don José Español y Serra, natural de Graus, Prior del Santo Sepulcro de Jerusalén en Calatayud, confesor de la Emperatriz y obispo de Viena, obtuvo en el año de 1638 la singular gracia de ser elevado, juntamente con sus hermanos, a la dignidad de Noble del Sacro Imperio, y se les concedió que incrementaran las armas primitivas del solar con las imperiales.
Así, en las armas de los Español y Serra, cuarteladas, figuraban en los cuarteles 1º y 4º en campo de oro un águila explayada bicéfala de sable con la corona imperial, y en los 2º y 3º las armas primitivas de los Español de Graus.
Precisa el Carrafa que otras líneas de los Español de Aragón usaron las armas de Español tal y como figuran en el retrato de Luis de Vallabriga, es decir, en los cuarteles 1º y 4º las del Sacro Romano Imperio y en el 2º y 3º tres bandas de gules en campo de oro, que parecen una brisura de las de los Español y Serra.
Las armas de los Drummond tradicionales son las que figuran en el retrato de don Luis de Vallabriga. El retrato por Oudry de María Drummond es cuartelado. En los cuarteles 1º y 4º figuran las armas de los Drummond y en el 2º y 3º otras que no hemos acertado en identificar, ¿las de los Wallace? pero que recuerdan las de Escocia, brisadas, es decir, la misma composición, pero cambiando a azur el campo y a oro las figuras.
Naturalmente los Drummond tenían su propio tartan, es decir su propio diseño de falda escocesa y sus jefes usaron como badge, es decir, como insignia, el acebo (Holy) y el tomillo salvaje (wild thyme). Los Drummond, incluso en la actualidad, conservan estos símbolos y su propia marcha de gaiteros, titulada, en gaélico, Spaidsearachd Dhiuc Pheairt, en inglés Duke of Perth's March.
1.2.1.3 Información histórica y bibliográfica
Algunos de los familiares de doña Teresa, han dejado rastro en obras de carácter bibliográfico. Son muy útiles los magníficos índices biográficos de K.G. Saur, referidos a Francia, el mundo hispánico y el británico. También existe un artículo muy interesante del marqués de Lozoya sobre el conde de Castelblanco, abuelo de Teresa Vallabriga, cuyos datos parecen contradecir los que hemos podido espigar en los expedientes originales. Lozoya se basó en datos publicados por el duque de Alba en 1925 en su valiosa obra El Mariscal de Berwick.
1.3 Ascendencia de doña Mª Teresa Vallabriga
1.3.1 Padres
José de Vallabriga y Español, señor de Soliveta, teniente coronel del regimiento de voluntarios de España. Bautizado en Zaragoza el de febrero de 1721. Casó, en Zaragoza, el 4 de marzo de 1750 con
Josefa de Rozas y Drummond de Melfort, viuda de José Villalpando, conde de Torresecas. Bautizada el 25-12-1722 en la Parroquia de San Ginés y de San Luis (de los franceses) de Madrid. Hizo testamento en Zaragoza el 10 de septiembre de 1773. Se menciona en dicho testamento a tres hijos: Luis, Teresa y Mariana.
1.3.2 Abuelos paternos
José de Vallabriga y de las Foyas. n. en Zaragoza el 17 de febrero de 1685. Regidor Perpetuo de Zaragoza. Testó, mancomunadamente con su mujer, el 15 de septiembre de 1739. Se menciona un solo hijo: José-Ignacio. Casó en Zaragoza el 4 de agosto de 1717 con
Antonia Español y Ardanuy. n. en Arén, el 8 de marzo de 1686. Señora de Soliveta
1.3.3 Abuelos maternos
José de Rozas y Meléndez de la Cueva, conde de Castilblanco, duque de San Andrés (título jacobita). Bautizado en Lima el 3 de enero de 1666. Casado en primeras nupcias con doña Magdalena de Irrutia, enviudó y no tuvo hijos. En segundas nupcias casó con María Drummond de Melfort que le dio tres hijos, dos de los cuales murieron antes de recibir el bautismo y el otro, María de Rozas, a los seis meses de nacer. Tercer y último matrimonio, el 13 de febrero de 1721 en la parroquia de San Luis de los Franceses, de Madrid, con Francisca Drummond, hermana de María, la segunda mujer.
Francisca Drummond de Melfort y Wallace, Dama de honor de los Reyes de España. Bautizada el 1-1-1696 en Saint Sulpice, París, siendo su padrino don Bernardo Dunn, doctor de la Sorbona. Testó en Madrid el 2 de junio de 1724
1.3.4 Bisabuelos paterno paternos
José de Vallabriga y Coscón. n. Monzón. Regidor Perpetuo de Zaragoza y Jurado de Cap en esa ciudad. Casado el 12 de marzo de 1725 con
Isabel de las Foyas y Cominges. n. en Zaragoza. Testó el 12 de marzo de 1725. Se mencionan cinco hijos: Pedro, José, Francisco, Manuel y Juana.
1.3.5 Bisabuelos paterno maternos
José Español, señor de Soliva. Alcalde y Regidor en Arén. n. en Arén. Testó en Arén el 7 de enero de 1687. Se mencionan cinco hijos: José, Francisco, Antonia, Gertrudis y Teresa. Casó en Arén el 29 de octubre de 1670. con
Inés Ardanuy. n. Arén. Testó el 2 de abril de 1705 en Arén.
1.3.6 Bisabuelos materno paternos
Francisco de Rozas, Caballero de Alcántara, Superintendente de Rentas en el Perú, n. Santayana (Valle de Soba, en España) el 9 de junio de 1630
Luisa Meléndez de la Cueva y Agama (o Gama). n. San Cristobal de Chavín (Guamallas) en Perú, el 10 de enero de 1638. Hija de Luis Meléndez de la Cueva, Gobernador de las Armas de León de Guanuco, en Perú y de doña Isabel Clara de Gama.
1.3.7 Bisabuelos materno maternos
John Drummond, duque de Melfort, hermano de James Drummond, duque de Perth y Primer ministro de Inglaterra.
Eufemia Wallace, hija de Thomas Wallace de Craigie.
De John Drummond y Eufemia Wallace se dice que ambos consortes proceden de la sangre real de Escocia
1.3.7 Nota importante sobre esta genealogía
Estos datos los extraemos del expediente de Santiago de Luis de Vallabriga y Rozas, de 1804. La genealogía de doña María Benita de Rozas, tía de los hermanos Vallabriga y Rozas se puede consultar también en el legajo correspondiente a su matrimonio con José del Campillo, ya que al ser este personaje caballero de Santiago fue necesario, siguiendo la regla de la Orden, esclarecer la ascendencia de su mujer. El expediente en cuestión, de 1737, se limita a recoger los nombres de sus padres, José de Rozas y Francisca Drummond, hija, según ese mismo expediente, John Drummond y de Eufemia Wallace. No hemos podido consultar un artículo del marqués del Saltillo que varios autores citan pero del que no hemos hallado rastro, que confirmaría estos datos. De acuerdo con Saltillo se manifiesta Sánchez Cantón en un interesante artículo.
En el expediente de casamiento de María Benita con Campillo se reproducen las declaraciones de varios testigos, entre otros las de dos escoceses, el padre Guillermo ?gil, del colegio de los escoceses de la Compañía de Jesús y don Guillermo Morgan, que confirmarían que John Drummond, primer duque de Melfort y su mujer, Eufemia Wallace (llamada Wallis) fueron realmente los abuelos maternos de María Benita.
Sin embargo, en la obra El Mariscal de Berwick se proporcionan, respecto de la ascendencia Drummond datos sensiblemente distintos. La segunda y tercera esposas del conde de Castilblanco serían hijas del segundo duque de Melfort, John Drummond y de su mujer Gabriela de Audibert, condesa de Lussan, viuda de Enrique Fitz-James, duque de Albermale. Este John Drummond sería el hijo primogénito del primer duque, también llamado John Drummond y de Eufemia Wallace. Luego John Drummond y Eufemia Wallace serían bisabuelos y no abuelos de María Benita. Existe en la British Library una obra que no hemos podido consultar de un Sr. Bourgeois acerca de los Drummond de Melfort y los Audibert de Lussan que quizás ayudara a aportar claridad a este asunto.
El marqués de Lozoya se decanta por la versión que se proporciona en El mariscal de Berwick. Sin embargo, nosotros nos atenemos a la nuestra porque, aparte del valor más o menos relativo que se pueda conceder a las probanzas caballeriles, hemos podido leer en una obra especializada acerca de los jacobitas de Lawrence Bartlam Smith, una nota dónde se alude a una carta de Bubb a Adisson precisando que Castelblanco había casado con dos hijas de Drummond, la primera de nombre Mary y la segunda Frances, o sea, María y Francisca. Bubb era contemporáneo y la probabilidad de un error, en este caso, viene a ser nula.
1.4 Relaciones de parentesco de doña Teresa
De algún interés en cuanto al parentesco son su hermano Luis, del que trataremos más adelante, así como los hermanos de su madre, Juan-José y María Benita de Rozas y Drummond de Melfort.
1.4.1 María Benita de Rozas
María Benita, nació en Bayona (Francia) el 14 de diciembre de 1719. Su partida de bautismo, traducida del francés al español por don Miguel José de Aoiz, dice lo siguiente:
El día catorze de Diziembre de mil setecientos y diez y nuebe. Bautize a Maria Benita que nacio el mismo dia hija de Don Joseph de Rosas, nacido en España, y de Doña Francisca Droumont, nacida en Paris, su esposa, fue padrino el Sr. Juan Baptista de Laborde, que fue en su casa, en la calle de Luc, y madrina Maria de Villiene que vive con su marido en la calle de Pillonic, que han firmado conmigo=Laborde, padrino=Maria Villiere=Detcheverry. Vicario.
Pronto perdería María Benita a su padre, puesto que del expediente de Santiago de Luis de Vallabriga se puede deducir que Rozas murió en Madrid, entre 1724 y 1725. Uno de sus últimos deseos consistía en que se trasladara su cuerpo a la capilla familiar, en Santillana.
Como correspondía a las personas de calidad, la niña María Benita acabó en un colegio, del que saldría para casarse. Se conserva en el Archivo de Palacio el siguiente documento:
Permitirá Vuestra Merced salgan por espre. de esse Real Colegio de nuestra señora de Loreto Dª María y Dª Josefa de Rozas. Porzion esta es de el, mediante estar tratada de cassar la Dª Maria con don Joseph Campillo, pagando los susodichos lo que estuvieron deviendo de sus alimentos y entregandola esa parte legitima a cuio fin dara Vuestra Merceda las ordenes convenientes. = Madrid, 30 de junio de 1737 = El Patriarcha
Nota al margen: salieron del ¿? en 1º de julio de 1737. Las llevo la mujer de Don Bartolomé de Rozas, en cuya casa se hizo celebrar el desposorio.
Este José del Campillo y Cossío fue Intendente y llegó a ser un importante ministro de Marina y el equivalente a Primer Ministro. María Benita casó en segundas nupcias (1749) con Pedro Fitz-James Stuart y Colón, marqués de San Leonardo, caballero del Toisón del Oro, etc... hermano del duque de Veragua y de Berwick, origen del linaje de la actual Casa de Alba.
El matrimonio de María Benita con don Pedro fue, por lo visto, motivo de alguna discordia entre éste y su hermano, el duque de Veragua. La casa de Alba publicó al respecto la carta de Pedro Stuart (marzo 1753) a Lord Lismore al respecto, así como la del Caballero de San Jorge a Veragua, (abril 1753) dónde el Pretendiente reprochaba al duque su actitud con don Pedro. Traducimos algunas frases de esta última carta. La original está en francés. Entre paréntesis los personajes a los que se alude pero que no se nombran. Modernizamos la puntuación.
...(Don Pedro) ha desposado una dama virtuosa (María Benita) y de mérito cuya madre pertenecía a una las más antiguas familias de Escocia, y quizás de Europa. La nobleza de la familia de Castelblanco debe conocerse en España y su fidelidad para conmigo. Si ha resultado ser viuda de un primer ministro de España (Campillo) yo miraría más bien esta circunstancia como un incremento de decoro que como un motivo de alejamiento de su alianza...
1.4.2 Juan José de Rozas
Sucedió a su padre en el título de conde de Castilblanco (a veces usó conde duque de Castilblanco). Felipe V, por decreto de 23 de agosto de 1741, (San Ildefonso), "en consideración a la distinguida calidad de don Juan Joseph de Rozas y Drummond, conde de castilblanco, mi Page, y a los servicios de su madre" vino a nombrarlo mayordomo de semana del rey, con su sueldo, gajes y emolumentos. Tres meses después, el 25 de septiembre de 1741, el rey le concedió permiso para que se casara con María Josefa Topete, de ilustre familia andaluza que tanta importancia ha tenido en la historia de nuestra marina. A partir de su matrimonio, Juan José vive en Morón y cobra sus emolumentos a través de distintos apoderados. En julio de 1746 se encuentra de nuevo en Madrid.
1.4.3 José de Rozas, conde de Castilblanco
José de Rozas y Meléndez de Agama, abuelo de Teresa Vallabriga, nació en la ciudad de Lima. Era hijo de una peruana, por lo visto riquísima, Luisa Meléndez de la Cueva y Agama, hija de un Luis Meléndez de la Cueva, Gobernador de la ciudad de León, de Guanuco de los Caballeros y de una Isabel de Gama, Agama o Hagama, única heredera del encomendero Pablo de Agama y de Vega
a quién concedieron los Reyes por Conquista, Población y Pacificación del Perú diferentes obrages y sucesiones de indios
Padre de don José era Francisco de Rozas, un santanderino nacido en el lugar de San Bartolomé, feligresía de Santayana, en el valle de Soba, maestre de Campo y caballero de Alcántara, que sirvió la Superintendencia de Rentas del Reino del Perú. Nada de esto tendría particular interés, si no fuera porque don José de Rozas es uno de los más singulares personajes que han salido del Perú.
Nuestro limeño recibiría en temprana edad la Gobernación, Capitanía General y Presidencia de la Audiencia de Guatemala, el 6 de marzo de 1700, lo que sin duda debía no solo a sus méritos, que desconocemos, sino a la fortuna que heredó. Caballero de Alcántara, al cabo de unos años, el 12 de noviembre de 1709 se le extendió el título nobiliario de conde de Castelblanco que le había sido concedido a su hermano Tomás Casimiro por Real Decreto de 6 de mayo de 1706. En fecha que ignoramos se traslada a París, a la corte de Saint-Germain-en-Laye, que el destronado Jacobo II y su hijo el Pretendiente mantuvieron al amparo del Rey So. Se dice en el referido expediente, literalmente que
...dirigió y dispuso a su costa el Armamento, embarque y tropas del Rey Jacobo de Inglaterra a Escocia donde desembarcó el año 1716
en una de las desgraciadas tentativas de los jacobitas por recobrar el trono de los Estuardo. El Pretendiente había sido sacrificado por Luis XIV en el altar de la Paz con Inglaterra, tras la guerra de Sucesión. En febrero de 1713 salía de París rumbo a la corte de Lorena y luego se afincó en Roma. En 1719 fue recibido por Alberoni en Madrid, con ocasión de la preparación de la expedición que saliendo de la Coruña pretendía la conquista de Inglaterra. El agradecido Pretendiente, al que las monarquías católicas reconocían como Jacobo III, nombraría a Rozas duque de San Andrés.
En Saint-Germain contrajo matrimonio con María Drummond, de la que enviudó pronto y ya en Madrid contrajo nuevas nupcias con una hermana de aquella: Francisca Drummond Wallace, hija del primer duque de Melfort, John Drummond, hermano de James Drummond, primer duque de Perth, que fue Par Canciller de Escocia y Primer Ministro antes de acompañar en el exilio a su rey y que también fue ayo del Príncipe de Gales, el futuro Jacobo III.
y ambos hermanos tan fieles a su Rey en la Revolución de Inglaterra que salvando de ella la Real Persona desentendiéronse de los grandes estados y rentas que poseían y perdieron en los dominios de Gran Bretaña.
No proporciona el expediente más información, pero desde luego no deja de estimular la imaginación la presencia de este perulero en la corte de los Jaimes, y aunque sólo podamos hacer hipótesis sobre su papel en la larga serie de intentonas jacobitas, sería del mayor interés contestar a las preguntas que puedan surgir al respecto: ¿Se debía la presencia de Rozas en París a sus propias ambiciones o seguía instrucciones de España, entonces aliada con Francia por el Pacto de Familia y partidaria de Jacobo? ¿Debíase únicamente a su fortuna la prodigiosa carrera de Rozas? Podemos imaginar el entusiasmo que sintieron los arruinados jacobitas por la llegada de aquel limeño rebosante de posibles. Castelblanco se convirtió en hombre de confianza de la reina María y el Pretendiente. Así, en la relación de los problemas de financiación de los jacobitas durante los años de 1715 a 1716 nos dice Lawrence Bartlam Smith que
La Reina María estaba insatisfecha con la pequeñez de la donación de Felipe V; no obstante los jacobitas no podían rehusar ninguna contribución, por pequeña que fuera, y se acordó el giro de letras de cambio. María sugirió que Cellamare debía entregar el dinero al conde de Castelblanco —un partidario español del Caballero (de San Jorge) y yerno de Lord Melford, el consejero principal de Jaime II desde 1689 a 1694— a quién ella había autorizado a trasladar el dinero a su hijo, en Avignon. Cellamare aprobó absolutamente la sugestión de la reina, así como el intermediario elegido, y el giro se llevó a cabo tal y como ella había aconsejado: el embajador de España recibió un recibo (fechado en 27 de octubre) por el importe de las 37.113 libras y Castelblanco llevó las letras de cambio a Avignon, dónde llegaron a finales de noviembre.
Más arduo sería explicar la actitud de Rozas. Es difícil imaginar a un hombre rico, noble y cubierto ya de honores en su propia tierra como un aventurero. ¿Cuáles fueron entonces los motivos que le hicieron vincularse a la causa del llamado "Caballero de San Jorge"?
Ya perdida la causa de los Estuardos, una de las hijas de Rozas, María, viuda del Ministro de Marina José del Campillo y Cossío que tan importante papel tuvo en la reconstrucción naval de las Españas, casó con el marqués de San Leonardo, Pedro Fitz-James Suart y Portugal, hijo de los duques de Berwick y Liria, familia más que vinculada a los Estuardos puesto que descendiente de James Fitz-James Stuart hijo natural de Jaime II y de Arabela Churchill, la hermana del celebre Malborough.
Su otra hija, Josefa, casó en segundas nupcias con José Vallabriga Español, noble aragonés cuya hija Teresa sería la mujer, como ya quedó dicho, de don Luis Antonio de Borbón. De la vida de Rozas, de la importancia de sus alianzas, y de su fortuna sólo esto conocemos. De su carácter no sabemos nada, ni del pormenor de sus actos, pero sin duda merece mayor atención.
Independientemente de los aspectos biográficos o de la pura genealogía, es del mayor interés este ejemplo de cómo la riqueza que nacía en el Perú servía para financiar aventuras mas o menos quiméricas en el Viejo Continente. Es también un ejemplo de cómo la milenaria nación andina tiene con España y su Imperio toda una serie de lazos de sangre que para bien o para mal dieron a sus habitantes una participación en los acontecimientos mundiales que quizá no ha sido debidamente estimada. El caso de este limeño lanzándose a la conquista de Inglaterra, o que el azar de las alianzas emparentó con la Casa Real española merece un estudio exhaustivo.
Dice de estos Rozas (a los que llama Rosas) don Manuel de Mendiburu lo siguiente:
Rosas. El Capitán D. Francisco. Caballero de la orden de Alcántara y superintendente general de rentas del Perú. A su hijo D. Tomás Casimiro, cruzado de la misma orden y gobernador de Cajatambo, le concedió el rey Felipe V, en 10 de mayo de 1706 el título de conde de Castell-blanco: éste había publicado en 1704, un memorial acerca de los servicios de sus ascendientes. Sucedióle en dicho título su hijo, don José de Rosas y Agama Meléndez de la Cueva, nacido en Lima y también caballero de Alcántara. Jacobo II, aquel rey tan ardoroso e intransigente que quiso restablecer el catolicismo en Inglaterra fue destronado, entrando a reinar su yerno el príncipe de Orange, y tuvo que asilarse en Francia. No pudo recuperar la corona, pues a pesar de los auxilios y protección de Luis XIV, la mala fortuna destruyó todas sus empresas y falleció en San Germán el año de 1701. Su hijo Jacobo III, como él se denominaba, pero más conocido por el pretendiente, y el caballero de San Jorge, era católico al igual que su padre, y lo mismo que él nada feliz en sus tenaces intentos. A este príncipe y a su padre Jacobo II, sirvió con entera consagración el hábil y entendido limeño que nos ocupa, don José de Rosas, heredero del condado de Castell-blanco, el cual en sus dictados usaba los de Duque de San Andrés, marqués de Borlan, Villamonte y Pezuela, conde de Jordán, vizconde de Baz, duque y Par, grande de primera clase, caballero de la orden de la Jarretiere, y embajador del cristianísimo rey Jacobo al Papa. En un retrato de Rosas que hemos visto en casa de los marqueses de Santa María, sus deudos, se hallan estas noticias y la de que estuvo previsto para virrey del Perú, lo cual ignorábamos. Después de su muerte invistió el título de conde de Castell-blanco su hijo don Juan José de Rosas (hermano de la marquesa de San Leonardo), Grefier de la insigne orden del Toisón de oro y mayordomo de semana del Rey Felipe V. Habríamos deseado adquirir abundantes datos con respecto a Rosas pero no los hemos conseguido, sin embargo de nuestras diligencias.
Existe también información genealógica en la fabulosa colección de Luis de Salazar y Castro que incluye los "Costados de don Luis de Rozas y Meléndez de la Cueva Fernández de Santayana y de Gama, natural de la Concepción de Tapo, parroquia de Tarma (Perú)" en su obra "Apuntamientos Genealógicos de diferentes familias de España, sacadas de sus escritores y autores fidedignos".