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Teresa Vallabriga, Rozas, Español, Drummond de Melfort

Esta página reproduce el capítulo IV de la obra de Luis Español Bouché, Nuevos y viejos problemas en la Sucesión de la Corona Española, Madrid, Instituto Salazar y Castro, 1999, págs. 158-204, sin las correspondientes notas. Se puede consultar y reproducir libremente a condición de citar como fuente original el texto editado.

Reproducción del Capítulo IV

Ascendencia y familia de Teresa Vallabriga


 


© Luis Español Bouché 1999, 2005


 


1. Un personaje desconocido


No podemos concluir este trabajo sin decir algunas palabras acerca de los orígenes de María Teresa Vallabriga. Por muy aburridas que nos parezcan las largas relaciones genealógicas o las circunstancias familiares de nuestro personaje, no debemos pasar por alto el hecho de que la pertenencia a un estamento, el linaje y la fortuna prefiguraban, en aquel siglo XVIII, el destino de cualquier persona, máxime tratándose de una mujer. Pues si sus propios méritos podían brindar a un varón alguna mejora en la suerte que por su nacimiento podía esperar, las mujeres, para merecer el recuerdo de la Historia solo podían ser hijas, esposas o madres de alguien cuya fama destiñera sobre ellas. Esto es tan cierto, que con la excepción de aquellas cuya santidad rememora la hagiografía, es difícil hallar en nuestras enciclopedias mención de mujeres cuya vida transcurriera en tiempos anteriores al siglo XIX que no sean consortes o familiares de algún soberano.


María Teresa Vallabriga no es a este respecto ninguna excepción. Nadie recogió sus sueños ni sus cualidades, ni ninguna otra circunstancia que, quizá, tratándose de un hombre hubiese merecido mayor atención. Las escasas obras y demás fuentes que, de pasada, tratan de doña Teresa, se ciñen prácticamente a una breve mención de su ascendencia y relaciones familiares y a la circunstancia de su matrimonio con don Luis. Y sin embargo, ¡qué personaje para una novela! Jovencita a la que casan con un Infante entrado ya en años; separada del brillante ambiente de la capital por la famosa Pragmática; privada, tras la muerte de su marido, de la compañía de sus propios hijos, Teresa Vallabriga es un personaje a la búsqueda de autor.


En las dos ultimas décadas han aparecido interesantes publicaciones respecto de doña Teresa y don Luis, que no dejaremos de citar, claro está, y que procuraremos integrar en una visión más general.


1. 1 Apuntes biográficos de Teresa Vallabriga


Sabemos muy poco de doña Teresa, ni de su niñez y juventud, antes de casarse con don Luis, ni de su existencia junto al Infante, ni de su vida tras la muerte de don Luis. Ricardo del Arco ofrece una brevísima biografía, por desgracia carente de cualquier tipo de nota, y existen artículos de gran interés como el de Manuel Gutiérrez García-Brazales, muy completo, y recientemente ha salido a la luz la obra Goya y el Infante don Luis. Lo que sí sabemos es que se trataba de una muchacha de gran hermosura, porque Goya que nunca fue pintor complaciente con sus modelos nos ha dejado de Teresa bellísimos retratos.


¿Por qué esta joven aristócrata aragonesa se avino a casarse con el Infante don Luis? Según Ricardo del Arco, la boda la hizo su tía María Benita Rozas y Drummond, marquesa consorte de San Leonardo y viuda del ministro Campillo. Por su posición en la Corte, sin duda doña Benita estaba al tanto de los pormenores del deseo, por parte del Infante don Luis, de contraer matrimonio. También afirma Ricardo del Arco que se estorbó el matrimonio con la nieta del duque de Alba, heredera única de vastos dominios y que, por fin, María Teresa consintió al matrimonio, no precisamente entusiasmada.


Hay un misterio sin duda en la razón que pudo mover a esa jovencita a aceptar como marido al vejestorio de don Luis. Una persona tan linajuda y hermosa como Teresa podía perfectamente haber optado por enlaces mucho más gratos. Por rico que fuera el Infante, no hay dinero que pueda compensar los amargos tragos por los que pasó Teresa, que no podía desconocer la Pragmática de 23 de marzo de 1776. Quizás mediara en sus parientes el cálculo, porque sus familiares estaban perfectamente al tanto, sin duda, de la cuestión sucesoria. Un pariente de Teresa como Manuel de las Foyas había sido diputado en las cortes de 1712 y 1713 y su propio abuelo paterno, José Vallabriga de las Foyas, como Regidor de Zaragoza tuvo acceso a toda la documentación remitida por Felipe V a la ciudad.


María Benita, la tía de Teresa, no podía desconocer su propia ascendencia, por su madre, abuela de Teresa, Lady Francisca Drummond y Wallace con las casas reales de Inglaterra y Escocia. Esa ascendencia fue ocultada cuidadosamente a Carlos III que, quizás, de haberla conocido, no hubiese permitido el matrimonio, igual que, según Ricardo del Arco, estorbó el matrimonio del Infante con una nieta del duque de Alba, quizás porque los Alba del linaje de los Fitz-James Stuart descienden directamente del rey Jaime Estuardo y de Arabella Churchill, hermana del gran Malborought, el que los niños españoles recuerdan en la canción Mambrú se va a la guerra, y además la Casa de Alba está emparentada con los antiguos reyes de Castilla, Navarra y Aragón. Según Ricardo del Arco don José Ignacio Vallabriga y Español, padre de Teresa, presentó una vez al Rey


un memorial demostrando las consecuencias de haber infamado la descendencia de aquella unión legítima; y en su desesperación invocó los derechos y prerrogativas de la familia de los Estuardo, de quien la suya era aliada. Sentó mal el escrito; pero sin duda, hizo efecto


En todo caso el 27 de junio de 1776 don Luis y doña Teresa celebraron su boda en la capilla del palacio de Olías del Rey, perteneciente a la duquesa de Fernandina. Se supone que el Infante y su mujer vivieron felices y comieron perdices, pero quizás no sea esto del todo exacto. La situación de don Luis era absurda, pero por lo menos cuando el Infante iba a Madrid, su hermano Carlos III lo recibía con todos los honores. En cambio a doña Teresa se la mantenía en las distintas posesiones del Infante como en un exilio interior, como si fuera culpable de algo. Sin duda el único consuelo de Teresa fueron sus hijos y la distracción que le aportaba la presencia de artistas como Goya o Boccherini.


Como si no fueran bastantes las humillaciones a las que se le sometía, tenía que sufrir doña Teresa la presencia en su propia casa de personas que ni ella ni el Infante habían elegido sino que les venían impuestas desde Madrid, como don Miguel de Aristia, del Consejo de S.M., secretario del Infante, o fray Urbano de los Arcos, el confesor de don Luis. De ahí, sin duda, que doña Teresa sólo se fiara de sus aragoneses y en particular de don Francisco del Campo, su hombre de confianza. Existen todavía cartas en los archivos que critican las presuntas relaciones de doña Teresa con don Francisco del Campo, hermano de Marcos del Campo, el cuñado de Goya, a espaldas de don Luis. Esas cartas sólo merecen, a mi juicio, ser tenidas por sospechosas, calumniosas e indignas, por tanto, de crédito alguno, cuando se sabe que sus autores eran informantes del propio Rey. En todo caso en febrero de 1786 don Francisco del Campo recibió orden de presentarse en Madrid, con la amenaza de severo castigo si así no lo cumplía. Nos informa Rosario Peña Lázaro de cómo don Francisco, una vez en Madrid, hizo una fulgurante carrera. Fue miembro del Consejo de S.M., caballero de Orden de Carlos III, ministro honorario del Tribunal de la Contaduría mayor y contador general de los Infantes Carlos María y Francisco de Paula. Por otra parte, la separación de doña Teresa y don Francisco fue cosa relativa. En documentos de 1797, es decir, trece años después, aparece don Francisco del Campo como apoderado general de doña Teresa.


Muerto don Luis, se quemaron los papeles cerrados que contenían sus bolsillos, y Carlos III tomó como determinación privar a los hijos de don Luis de la compañía de su madre. A los ocho días de la muerte del Infante, Carlos III encomendaba la educación de los niños al Arzobispo Primado de Toledo, don Francisco de Lorenzana. Al principio, los legítimos derechos de madre de doña Teresa tropezaban con la voluntad regia, encarnada por el Cardenal, en toda clase de detalles, y, guardando todas las proporciones, no deja de recordar la situación de doña Teresa respecto de sus hijos, aquella otra, tan demencial, que vivió don Juan de Borbón cuando encomendó la educación de su hijo, nuestro actual monarca, a su propio enemigo, Francisco Franco. Con la diferencia de que don Juan actuó por cálculo mientras que a doña Teresa la obligaron.


Que sepamos, el artículo de Manuel Gutiérrez García-Brazales es con diferencia el que mayor información de primera mano proporciona acerca de la infancia de los hijos del Infante e incluso de la estancia en Velada de doña Teresa, hasta que dejando aquellas tierras marchó a Zaragoza.


1.1.1 Una viuda rica


Los trabajos de tasación de los bienes de don Luis se alargaron mucho, y en 1787, cuando por fin se concluyó la testamentaría, los bienes que finalmente le corresponderían a la viuda serían valorados en la enorme suma de siete millones de reales. Parte de esos bienes consistían en la impresionante colección de pinturas que le correspondieron de la herencia cuya enumeración ha tratado con gran precisión doña Rosario Peña Lázaro en su magnífico artículo, tantas veces citado, preludio de su tesis doctoral sobre la pinacoteca de don Luis, el origen y el destino posterior de sus cuadros.


1.1.2 Una viuda sola


Nada sabemos de los años que pasó doña Teresa en Arenas y sobre todo en Velada. Viuda, apartada de sus hijos, separada de su fiel amigo Francisco del Campo ¿a qué se dedicaba? ¿cuáles eran sus ocupaciones? No nos parecería extraño que la más profunda neurastenia se apoderara de ella. De hecho, algo de depresión sí que tuvo que acometerla, porque en una carta de 1786 que reproduce Manuel Gutiérrez García-Brazales, se menciona que sufrió unas fiebres tercianas, entonces muy frecuentes:


Ya sabíamos aquí la novedad que tuvo su principio en una gran debilidad de cabeza, y de tales circunstancias que se temía la perdiese enteramente, todo originado, según decían, de la demasiada aplicación a papelear y escribir, sin que pudiesen retraerla de este trabajo ni su confesor ni el médico que la asiste.


Ya muerto Carlos III, el 25 de julio de 1792 doña Teresa escribió desde Velada al Conde de Aranda quejándose de aquella monstruosa orden que la privaba de la compañía de sus hijos:


V.E. sabe que no pudo haber culpa en mi obediencia a destino que me venía de mano tan superior, y que los frutos con que el Señor quiso bendecirme en él, los debo amar y tener clavados en mi corazón como dones celestiales de su Santa Mano. Mis hijos, la privación de mis hijos, Señor Exmo., su memoria es un grito interior a que ya no alcanzo resistir. Mi confinación en una soledad sin los auxilios precisos para las necesidades de la vida, en un entredicho civil perpetuo, a que es consiguiente el quebranto a la salud, agrava aquella primera pena como se dexa comprender...


Poco después recibió licencia para marchar a Zaragoza. Lo más probable es que llegara allí en diciembre de 1792.A partir de la elevación de sus hijos, bajo el reinado de Carlos IV, el estatuto social de doña Teresa dio un vuelco. Así, de 1802 es la Orden de S.M. mandando que doña Teresa Vallabriga, viuda del Infante don Luis, use tiros de seis mulas o caballos con franja de la casa Real. Sabemos que Teresa Vallabriga vivió, retirada en Zaragoza, en la casa o palacio de Zaporta, en la calle de San Jorge lindando con la de San Andrés. De esa casa sólo se conserva el patio, conocido como de la Infanta, en recuerdo de Teresa. Allí llevó la colección de arte que heredó de su difunto esposo, que sólo cabe calificar como fabulosa, y que ha merecido un detallado estudio por parte de Rosario Peña Lázaro, y vivió allí durante largos años con su hija María Luisa. Durante la guerra con Napoleón estuvo en Mallorca. En 1813 regresó a su casa de la calle San Jorge, en Zaragoza, y allí pasó el resto de su vida hasta su muerte, el 26 de febrero de 1820.


El día veinte y seis de febrero de 1820 a las tres y media de la mañana murió la Exma. Sra. Doña María Theresa de Ballabriga, viuda de Su Serenísima el Señor don Luis Antonio Jaime de Borbón, Infante de España, a la edad de 70 años, 3 meses y 19 días. Vivía en la calle del Coso. Testamento del día 25 de febrero ante don Pablo Treviña notario de numero de esta Ciudad. Deja en hijos al Eminentísimo y Excelentísimo Señor don Luis Mª de Borbón, Presbítero, Cardenal de la Santa Madre Iglesia Católica Romana, Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, Grande de España, Caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, la Real Orden de San Genaro, de San Fernando de España de Primera Clase y a la Exma. Sra. Dª María Teresa de Borbón, Condesa de Chinchón, Grande de España de Primera Clase, mujer del Excelentísimo Señor don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz y de la excelentísima Señora Doña María Luisa de Borbón, Grande de España de Primera Clase y mujer del Excelentísimo Señor Duque de San Fernando, Grande de España de Primera Clase, Gentilhombre de Cámara de Su Majestad, Primer Secretario de Estado, se enterró en el Panteón de la Capilla de Nra. Señora del Pilar. = Don Juan Francisco Cortés, cura de San Gil.


A pesar de que esta partida precisa que los restos de doña Teresa están enterrados en el Panteón de la capilla del Pilar, Tejero Robledo afirma que se ignora su localización exacta. La verdad es que en este culebrón don Carlos III, al que tanto respeta, por lo general, el juicio de la Historia, hace el papel del villano, por no decir del perfecto canalla.


1.1.3 Muchos errores


El hecho de que lo poco que se cree saber de esta señora suele ser inexacto cuando no fantástico, nos mueve a enmendar, en la medida de nuestros medios, tal cúmulo de errores y, lamentando no poder estudiar a la persona, nos ceñiremos a los aspectos genealógicos que, por su naturaleza, son de interés para este pequeño estudio acerca de la Pragmática de Carlos III.


Se ha dicho de los Vallabriga que descendían de los reyes de Escocia; que María Teresa pertenecía nada menos que a la casa real de Navarra, y que su padre era un noble titulado. A estas afirmaciones, unas inexactas y las demás por probar, otros autores añaden que don Luis se enamoró de ella al verla correr tras unas mariposas, que por amor renunció al cardenalato y procuran presentar la unión de Luis y Teresa como una pasión otoñal entre un príncipe ya madurito y algo fondón con una jovencita pizpireta de cuyos atractivos nadie duda. Pasión impura, precisan esos eminentes polígrafos, ya que alguno sitúa el nacimiento del primero de sus hijos en fecha anterior a la boda. Permítasenos, pues, despejar algunas dudas acerca de los orígenes del personaje y sus relaciones familiares.


1.2 Filiación de doña Teresa


Que María Teresa Vallabriga era hija de "don José Vallabriga Español, coronel del Primer Regimiento de Voluntarios de España a caballo, y de Doña Josefa de Rozas y Drummond, condesa que fue de Torresecas", es algo que saben hasta los historiadores. ¡Ya es decir! Esta filiación sirve de estribillo a todos los documentos referentes a doña Teresa. Tampoco podemos dudar que la madre de nuestro personaje fue, por su primer matrimonio, condesa consorte de Torresecas, dado que quienes citaron a esa señora nunca dejan de declinar su anterior calidad y lo de condesa-que-fue-de-Torresecas viene a ser un tercer apellido.


Las informaciones que se proporcionan al Rey con ocasión de la boda de su hermano insisten en la filiación del padre de Mª Teresa, sin aludir para nada a la familia de la madre. Curiosa actitud, en verdad, sobre la que tendremos ocasión de hablar mas tarde.


Pero no demoremos más la exposición de nuestras modestas pesquisas y hagamos un repaso de las fuentes que hemos usado y de las otras que podríamos utilizar para un trabajo más exhaustivo.


1.2.1 Fuentes disponibles y que hemos consultado


Existe alguna documentación acerca de la familia de Teresa Vallabriga.


1.2.1.1 Información genealógica


En primer lugar, el expediente de Santiago (1803) de su hermano Luis, plagado de referencias concretas y genealógicas de cuya validez se supone que responde el prestigio de la Orden, que no daba precisamente facilidades a la hora de admitir en su seno a nuevos profesos. Expediente donde, por cierto, figura reiteradamente la firma de Leandro Fernández de Moratín, traductor de algunos documentos franceses e ingleses, y que acaso no haya sido detenidamente consultado por ninguno de los historiadores que se han ocupado del matrimonio del Infante. El estupendo trabajo de Vicente de Cadenas Vicent acerca de los caballeros de Santiago del siglo XIX, reproduce parte de los datos del expediente, pero con numerosas erratas. Como don Luis Vallabriga fue marino, deben existir su hoja de servicios y la habitual información genealógica que se hacía de los cadetes de marina, que no hemos consultado.


Son también de interés puramente genealógico los datos contenidos en distintos expedientes de Alcántara de los hermanos Antonio, Francisco, José y Luis Rozas Meléndez de Agama, con los números de expediente 1322, 1323, 1324 y 1325, los cuatro de 1702, y el de su padre, Francisco de Rozas. Nos hemos limitado a consultar la obra de Vicente de Cadenas y Vicent, acerca de los caballeros de Alcántara en el siglo XVIII. Otra obra, reeditada por el CSIC, de Guillermo Lohman permite cotejar los datos acerca de la ascendencia de Teresa por los Rozas hasta el siglo XVI.


Finalmente, hay escuetas referencias genealógico-nobiliarias en los papeles que se presentaron al Rey con motivo de su matrimonio con el Infante. De esos documentos que se conservan en el Archivo Histórico Nacional, sección de Estado, y que se supone fueron los únicos que se presentaron a Carlos III, se omitió cualquier tipo de referencia a los Rozas o a la antigüedad de la familia Drummond, antecesora de las casas reales de Inglaterra y Escocia y estrechamente emparentada con los Estuardos.


1.2.1.2 Información heráldica


Ignorábamos casi todo de las armas de Teresa hasta que a finales de 1996 salió a la luz la obra Goya y el Infante don Luis, que reproduce un retrato de don Luis de Vallabriga Rozas, hermano de Teresa, con sus armas, y dos retratos por el gran Oudry del conde de Castelblanco y de su mujer María Drummond, tía abuela de Teresa, con sus respectivas armas. Hasta entonces era sumamente difícil conseguir información alguna acerca de las armas de los Vallabriga.


Vicente de Cadenas y Vicent proporciona dos descripciones de las armas de Ballabriga o Vallabriga y Villabriga. Sin duda se trata del mismo linaje. Pero ninguna de estas armas son las que usaron Teresa y sus familiares. Tampoco nos es de gran ayuda un grabado de don Luis María de Borbón Vallabriga en que aparecen las armas de dicho prelado dónde en los cuarteles superiores figuran las armas de Borbón y en los inferiores otras que no hemos acertado a identificar.


Esperando que se nos disculpe nuestra ignorancia en heráldica, podemos describir las armas que figuran en el retrato de don Luis de Vallabriga de esta guisa:


Vallabriga: Cuartelado, 1º y 4º de azur y una torre de plata. Rodeando la torre siete estrellas de oro, tres a cada lado y una encima de la torre, y al pie de la torre una estrella idéntica, pero de mayor tamaño que las anteriores. 2º y 3º de gules y un árbol de sínople y un león de plata empinado al árbol.


Rozas: Cuartelado. 1º de gules y tres rozones o guadañas de oro, las tres en palo. 2º y 3º de plata, y un árbol de su color, y dos lobos pasantes de sable con un cordero en la boca, uno por delante y el otro por detrás del árbol. 4º de azur y cuatro lises de oro. Bordura de plata con 8 aspas de gules.


Español: Cuartelado. 1º y 4º de oro y un águila de sable. 2º y 3º de oro y tres bandas de gules.


Drummond: naranjado y tres fajas ondeadas de gules.


Una descripción de las armas de los apellidos de los hermanos Rozas y Meléndez de Agama figura en sus expedientes de Alcántara, y la resume así Cadenas:


Rozas: Tres hoces en campo de oro


Fernández Santayana: Encina y dos lobos negros


Meléndez: Castillo en campo azul.


Gama [o Agama]: Cinco cuarteles de oro y cuatro rojos atravesados con listas blancas.


Se observa que no coinciden exactamente con las que usa don Luis de Vallabriga por su herencia Rozas. Por otro lado las armas que usó el abuelo de don Luis, José de Rozas, son ligeramente distintas de las que usó su nieto Vallabriga puesto que en los cuarteles 2º y 3º sólo figura un lobo, no dos, y la bordura del 4º rodea todo el blasón, a su vez timbrado por una corona de duque con un ángel.


En lo que a las armas de los Gama se refiere, por lo que dice el Carrafa, se trata de las mismas armas de los Gama oriundos de Olivenza de los que descendía Vasco de Gama, el gran descubridor.


Los Español de la Corona de Aragón llevaron distintas armas, siendo conocidas las tradicionales del solar de Cáncer (Graus), las de los Español de Borrast, los Español de Niño y otras distintas de Mallorca y Valencia.


Las que figuran en las armas de Luis de Vallabriga parecen ser de una línea de los Español de Graus, la de los hermanos Español y Serra. Nos informa al respecto el Carrafa que Don José Español y Serra, natural de Graus, Prior del Santo Sepulcro de Jerusalén en Calatayud, confesor de la Emperatriz y obispo de Viena, obtuvo en el año de 1638 la singular gracia de ser elevado, juntamente con sus hermanos, a la dignidad de Noble del Sacro Imperio, y se les concedió que incrementaran las armas primitivas del solar con las imperiales.


Así, en las armas de los Español y Serra, cuarteladas, figuraban en los cuarteles 1º y 4º en campo de oro un águila explayada bicéfala de sable con la corona imperial, y en los 2º y 3º las armas primitivas de los Español de Graus.


Precisa el Carrafa que otras líneas de los Español de Aragón usaron las armas de Español tal y como figuran en el retrato de Luis de Vallabriga, es decir, en los cuarteles 1º y 4º las del Sacro Romano Imperio y en el 2º y 3º tres bandas de gules en campo de oro, que parecen una brisura de las de los Español y Serra.


Las armas de los Drummond tradicionales son las que figuran en el retrato de don Luis de Vallabriga. El retrato por Oudry de María Drummond es cuartelado. En los cuarteles 1º y 4º figuran las armas de los Drummond y en el 2º y 3º otras que no hemos acertado en identificar, ¿las de los Wallace? pero que recuerdan las de Escocia, brisadas, es decir, la misma composición, pero cambiando a azur el campo y a oro las figuras.


Naturalmente los Drummond tenían su propio tartan, es decir su propio diseño de falda escocesa y sus jefes usaron como badge, es decir, como insignia, el acebo (Holy) y el tomillo salvaje (wild thyme). Los Drummond, incluso en la actualidad, conservan estos símbolos y su propia marcha de gaiteros, titulada, en gaélico, Spaidsearachd Dhiuc Pheairt, en inglés Duke of Perth's March.


1.2.1.3 Información histórica y bibliográfica


Algunos de los familiares de doña Teresa, han dejado rastro en obras de carácter bibliográfico. Son muy útiles los magníficos índices biográficos de K.G. Saur, referidos a Francia, el mundo hispánico y el británico. También existe un artículo muy interesante del marqués de Lozoya sobre el conde de Castelblanco, abuelo de Teresa Vallabriga, cuyos datos parecen contradecir los que hemos podido espigar en los expedientes originales. Lozoya se basó en datos publicados por el duque de Alba en 1925 en su valiosa obra El Mariscal de Berwick.


1.3 Ascendencia de doña Mª Teresa Vallabriga


1.3.1 Padres


José de Vallabriga y Español, señor de Soliveta, teniente coronel del regimiento de voluntarios de España. Bautizado en Zaragoza el de febrero de 1721. Casó, en Zaragoza, el 4 de marzo de 1750 con


Josefa de Rozas y Drummond de Melfort, viuda de José Villalpando, conde de Torresecas. Bautizada el 25-12-1722 en la Parroquia de San Ginés y de San Luis (de los franceses) de Madrid. Hizo testamento en Zaragoza el 10 de septiembre de 1773. Se menciona en dicho testamento a tres hijos: Luis, Teresa y Mariana.


1.3.2 Abuelos paternos


José de Vallabriga y de las Foyas. n. en Zaragoza el 17 de febrero de 1685. Regidor Perpetuo de Zaragoza. Testó, mancomunadamente con su mujer, el 15 de septiembre de 1739. Se menciona un solo hijo: José-Ignacio. Casó en Zaragoza el 4 de agosto de 1717 con


Antonia Español y Ardanuy. n. en Arén, el 8 de marzo de 1686. Señora de Soliveta


1.3.3 Abuelos maternos


José de Rozas y Meléndez de la Cueva, conde de Castilblanco, duque de San Andrés (título jacobita). Bautizado en Lima el 3 de enero de 1666. Casado en primeras nupcias con doña Magdalena de Irrutia, enviudó y no tuvo hijos. En segundas nupcias casó con María Drummond de Melfort que le dio tres hijos, dos de los cuales murieron antes de recibir el bautismo y el otro, María de Rozas, a los seis meses de nacer. Tercer y último matrimonio, el 13 de febrero de 1721 en la parroquia de San Luis de los Franceses, de Madrid, con Francisca Drummond, hermana de María, la segunda mujer.


Francisca Drummond de Melfort y Wallace, Dama de honor de los Reyes de España. Bautizada el 1-1-1696 en Saint Sulpice, París, siendo su padrino don Bernardo Dunn, doctor de la Sorbona. Testó en Madrid el 2 de junio de 1724


1.3.4 Bisabuelos paterno paternos


José de Vallabriga y Coscón. n. Monzón. Regidor Perpetuo de Zaragoza y Jurado de Cap en esa ciudad. Casado el 12 de marzo de 1725 con


Isabel de las Foyas y Cominges. n. en Zaragoza. Testó el 12 de marzo de 1725. Se mencionan cinco hijos: Pedro, José, Francisco, Manuel y Juana.


1.3.5 Bisabuelos paterno maternos


José Español, señor de Soliva. Alcalde y Regidor en Arén. n. en Arén. Testó en Arén el 7 de enero de 1687. Se mencionan cinco hijos: José, Francisco, Antonia, Gertrudis y Teresa. Casó en Arén el 29 de octubre de 1670. con


Inés Ardanuy. n. Arén. Testó el 2 de abril de 1705 en Arén.


1.3.6 Bisabuelos materno paternos


Francisco de Rozas, Caballero de Alcántara, Superintendente de Rentas en el Perú, n. Santayana (Valle de Soba, en España) el 9 de junio de 1630


Luisa Meléndez de la Cueva y Agama (o Gama). n. San Cristobal de Chavín (Guamallas) en Perú, el 10 de enero de 1638. Hija de Luis Meléndez de la Cueva, Gobernador de las Armas de León de Guanuco, en Perú y de doña Isabel Clara de Gama.


1.3.7 Bisabuelos materno maternos


John Drummond, duque de Melfort, hermano de James Drummond, duque de Perth y Primer ministro de Inglaterra.


Eufemia Wallace, hija de Thomas Wallace de Craigie.


De John Drummond y Eufemia Wallace se dice que ambos consortes proceden de la sangre real de Escocia


1.3.7 Nota importante sobre esta genealogía


Estos datos los extraemos del expediente de Santiago de Luis de Vallabriga y Rozas, de 1804. La genealogía de doña María Benita de Rozas, tía de los hermanos Vallabriga y Rozas se puede consultar también en el legajo correspondiente a su matrimonio con José del Campillo, ya que al ser este personaje caballero de Santiago fue necesario, siguiendo la regla de la Orden, esclarecer la ascendencia de su mujer. El expediente en cuestión, de 1737, se limita a recoger los nombres de sus padres, José de Rozas y Francisca Drummond, hija, según ese mismo expediente, John Drummond y de Eufemia Wallace. No hemos podido consultar un artículo del marqués del Saltillo que varios autores citan pero del que no hemos hallado rastro, que confirmaría estos datos. De acuerdo con Saltillo se manifiesta Sánchez Cantón en un interesante artículo.


En el expediente de casamiento de María Benita con Campillo se reproducen las declaraciones de varios testigos, entre otros las de dos escoceses, el padre Guillermo ?gil, del colegio de los escoceses de la Compañía de Jesús y don Guillermo Morgan, que confirmarían que John Drummond, primer duque de Melfort y su mujer, Eufemia Wallace (llamada Wallis) fueron realmente los abuelos maternos de María Benita.


Sin embargo, en la obra El Mariscal de Berwick se proporcionan, respecto de la ascendencia Drummond datos sensiblemente distintos. La segunda y tercera esposas del conde de Castilblanco serían hijas del segundo duque de Melfort, John Drummond y de su mujer Gabriela de Audibert, condesa de Lussan, viuda de Enrique Fitz-James, duque de Albermale. Este John Drummond sería el hijo primogénito del primer duque, también llamado John Drummond y de Eufemia Wallace. Luego John Drummond y Eufemia Wallace serían bisabuelos y no abuelos de María Benita. Existe en la British Library una obra que no hemos podido consultar de un Sr. Bourgeois acerca de los Drummond de Melfort y los Audibert de Lussan que quizás ayudara a aportar claridad a este asunto.


El marqués de Lozoya se decanta por la versión que se proporciona en El mariscal de Berwick. Sin embargo, nosotros nos atenemos a la nuestra porque, aparte del valor más o menos relativo que se pueda conceder a las probanzas caballeriles, hemos podido leer en una obra especializada acerca de los jacobitas de Lawrence Bartlam Smith, una nota dónde se alude a una carta de Bubb a Adisson precisando que Castelblanco había casado con dos hijas de Drummond, la primera de nombre Mary y la segunda Frances, o sea, María y Francisca. Bubb era contemporáneo y la probabilidad de un error, en este caso, viene a ser nula.


1.4 Relaciones de parentesco de doña Teresa


De algún interés en cuanto al parentesco son su hermano Luis, del que trataremos más adelante, así como los hermanos de su madre, Juan-José y María Benita de Rozas y Drummond de Melfort.


1.4.1 María Benita de Rozas


María Benita, nació en Bayona (Francia) el 14 de diciembre de 1719. Su partida de bautismo, traducida del francés al español por don Miguel José de Aoiz, dice lo siguiente:


El día catorze de Diziembre de mil setecientos y diez y nuebe. Bautize a Maria Benita que nacio el mismo dia hija de Don Joseph de Rosas, nacido en España, y de Doña Francisca Droumont, nacida en Paris, su esposa, fue padrino el Sr. Juan Baptista de Laborde, que fue en su casa, en la calle de Luc, y madrina Maria de Villiene que vive con su marido en la calle de Pillonic, que han firmado conmigo=Laborde, padrino=Maria Villiere=Detcheverry. Vicario.


Pronto perdería María Benita a su padre, puesto que del expediente de Santiago de Luis de Vallabriga se puede deducir que Rozas murió en Madrid, entre 1724 y 1725. Uno de sus últimos deseos consistía en que se trasladara su cuerpo a la capilla familiar, en Santillana.


Como correspondía a las personas de calidad, la niña María Benita acabó en un colegio, del que saldría para casarse. Se conserva en el Archivo de Palacio el siguiente documento:


Permitirá Vuestra Merced salgan por espre. de esse Real Colegio de nuestra señora de Loreto Dª María y Dª Josefa de Rozas. Porzion esta es de el, mediante estar tratada de cassar la Dª Maria con don Joseph Campillo, pagando los susodichos lo que estuvieron deviendo de sus alimentos y entregandola esa parte legitima a cuio fin dara Vuestra Merceda las ordenes convenientes. = Madrid, 30 de junio de 1737 = El Patriarcha


Nota al margen: salieron del ¿? en 1º de julio de 1737. Las llevo la mujer de Don Bartolomé de Rozas, en cuya casa se hizo celebrar el desposorio.


Este José del Campillo y Cossío fue Intendente y llegó a ser un importante ministro de Marina y el equivalente a Primer Ministro. María Benita casó en segundas nupcias (1749) con Pedro Fitz-James Stuart y Colón, marqués de San Leonardo, caballero del Toisón del Oro, etc... hermano del duque de Veragua y de Berwick, origen del linaje de la actual Casa de Alba.


El matrimonio de María Benita con don Pedro fue, por lo visto, motivo de alguna discordia entre éste y su hermano, el duque de Veragua. La casa de Alba publicó al respecto la carta de Pedro Stuart (marzo 1753) a Lord Lismore al respecto, así como la del Caballero de San Jorge a Veragua, (abril 1753) dónde el Pretendiente reprochaba al duque su actitud con don Pedro. Traducimos algunas frases de esta última carta. La original está en francés. Entre paréntesis los personajes a los que se alude pero que no se nombran. Modernizamos la puntuación.


...(Don Pedro) ha desposado una dama virtuosa (María Benita) y de mérito cuya madre pertenecía a una las más antiguas familias de Escocia, y quizás de Europa. La nobleza de la familia de Castelblanco debe conocerse en España y su fidelidad para conmigo. Si ha resultado ser viuda de un primer ministro de España (Campillo) yo miraría más bien esta circunstancia como un incremento de decoro que como un motivo de alejamiento de su alianza...


1.4.2 Juan José de Rozas


Sucedió a su padre en el título de conde de Castilblanco (a veces usó conde duque de Castilblanco). Felipe V, por decreto de 23 de agosto de 1741, (San Ildefonso), "en consideración a la distinguida calidad de don Juan Joseph de Rozas y Drummond, conde de castilblanco, mi Page, y a los servicios de su madre" vino a nombrarlo mayordomo de semana del rey, con su sueldo, gajes y emolumentos. Tres meses después, el 25 de septiembre de 1741, el rey le concedió permiso para que se casara con María Josefa Topete, de ilustre familia andaluza que tanta importancia ha tenido en la historia de nuestra marina. A partir de su matrimonio, Juan José vive en Morón y cobra sus emolumentos a través de distintos apoderados. En julio de 1746 se encuentra de nuevo en Madrid.


1.4.3 José de Rozas, conde de Castilblanco


José de Rozas y Meléndez de Agama, abuelo de Teresa Vallabriga, nació en la ciudad de Lima. Era hijo de una peruana, por lo visto riquísima, Luisa Meléndez de la Cueva y Agama, hija de un Luis Meléndez de la Cueva, Gobernador de la ciudad de León, de Guanuco de los Caballeros y de una Isabel de Gama, Agama o Hagama, única heredera del encomendero Pablo de Agama y de Vega


a quién concedieron los Reyes por Conquista, Población y Pacificación del Perú diferentes obrages y sucesiones de indios


Padre de don José era Francisco de Rozas, un santanderino nacido en el lugar de San Bartolomé, feligresía de Santayana, en el valle de Soba, maestre de Campo y caballero de Alcántara, que sirvió la Superintendencia de Rentas del Reino del Perú. Nada de esto tendría particular interés, si no fuera porque don José de Rozas es uno de los más singulares personajes que han salido del Perú.


Nuestro limeño recibiría en temprana edad la Gobernación, Capitanía General y Presidencia de la Audiencia de Guatemala, el 6 de marzo de 1700, lo que sin duda debía no solo a sus méritos, que desconocemos, sino a la fortuna que heredó. Caballero de Alcántara, al cabo de unos años, el 12 de noviembre de 1709 se le extendió el título nobiliario de conde de Castelblanco que le había sido concedido a su hermano Tomás Casimiro por Real Decreto de 6 de mayo de 1706. En fecha que ignoramos se traslada a París, a la corte de Saint-Germain-en-Laye, que el destronado Jacobo II y su hijo el Pretendiente mantuvieron al amparo del Rey So. Se dice en el referido expediente, literalmente que


...dirigió y dispuso a su costa el Armamento, embarque y tropas del Rey Jacobo de Inglaterra a Escocia donde desembarcó el año 1716


en una de las desgraciadas tentativas de los jacobitas por recobrar el trono de los Estuardo. El Pretendiente había sido sacrificado por Luis XIV en el altar de la Paz con Inglaterra, tras la guerra de Sucesión. En febrero de 1713 salía de París rumbo a la corte de Lorena y luego se afincó en Roma. En 1719 fue recibido por Alberoni en Madrid, con ocasión de la preparación de la expedición que saliendo de la Coruña pretendía la conquista de Inglaterra. El agradecido Pretendiente, al que las monarquías católicas reconocían como Jacobo III, nombraría a Rozas duque de San Andrés.


En Saint-Germain contrajo matrimonio con María Drummond, de la que enviudó pronto y ya en Madrid contrajo nuevas nupcias con una hermana de aquella: Francisca Drummond Wallace, hija del primer duque de Melfort, John Drummond, hermano de James Drummond, primer duque de Perth, que fue Par Canciller de Escocia y Primer Ministro antes de acompañar en el exilio a su rey y que también fue ayo del Príncipe de Gales, el futuro Jacobo III.


y ambos hermanos tan fieles a su Rey en la Revolución de Inglaterra que salvando de ella la Real Persona desentendiéronse de los grandes estados y rentas que poseían y perdieron en los dominios de Gran Bretaña.


No proporciona el expediente más información, pero desde luego no deja de estimular la imaginación la presencia de este perulero en la corte de los Jaimes, y aunque sólo podamos hacer hipótesis sobre su papel en la larga serie de intentonas jacobitas, sería del mayor interés contestar a las preguntas que puedan surgir al respecto: ¿Se debía la presencia de Rozas en París a sus propias ambiciones o seguía instrucciones de España, entonces aliada con Francia por el Pacto de Familia y partidaria de Jacobo? ¿Debíase únicamente a su fortuna la prodigiosa carrera de Rozas? Podemos imaginar el entusiasmo que sintieron los arruinados jacobitas por la llegada de aquel limeño rebosante de posibles. Castelblanco se convirtió en hombre de confianza de la reina María y el Pretendiente. Así, en la relación de los problemas de financiación de los jacobitas durante los años de 1715 a 1716 nos dice Lawrence Bartlam Smith que


La Reina María estaba insatisfecha con la pequeñez de la donación de Felipe V; no obstante los jacobitas no podían rehusar ninguna contribución, por pequeña que fuera, y se acordó el giro de letras de cambio. María sugirió que Cellamare debía entregar el dinero al conde de Castelblanco —un partidario español del Caballero (de San Jorge) y yerno de Lord Melford, el consejero principal de Jaime II desde 1689 a 1694— a quién ella había autorizado a trasladar el dinero a su hijo, en Avignon. Cellamare aprobó absolutamente la sugestión de la reina, así como el intermediario elegido, y el giro se llevó a cabo tal y como ella había aconsejado: el embajador de España recibió un recibo (fechado en 27 de octubre) por el importe de las 37.113 libras y Castelblanco llevó las letras de cambio a Avignon, dónde llegaron a finales de noviembre.


Más arduo sería explicar la actitud de Rozas. Es difícil imaginar a un hombre rico, noble y cubierto ya de honores en su propia tierra como un aventurero. ¿Cuáles fueron entonces los motivos que le hicieron vincularse a la causa del llamado "Caballero de San Jorge"?


Ya perdida la causa de los Estuardos, una de las hijas de Rozas, María, viuda del Ministro de Marina José del Campillo y Cossío que tan importante papel tuvo en la reconstrucción naval de las Españas, casó con el marqués de San Leonardo, Pedro Fitz-James Suart y Portugal, hijo de los duques de Berwick y Liria, familia más que vinculada a los Estuardos puesto que descendiente de James Fitz-James Stuart hijo natural de Jaime II y de Arabela Churchill, la hermana del celebre Malborough.


Su otra hija, Josefa, casó en segundas nupcias con José Vallabriga Español, noble aragonés cuya hija Teresa sería la mujer, como ya quedó dicho, de don Luis Antonio de Borbón. De la vida de Rozas, de la importancia de sus alianzas, y de su fortuna sólo esto conocemos. De su carácter no sabemos nada, ni del pormenor de sus actos, pero sin duda merece mayor atención.


Independientemente de los aspectos biográficos o de la pura genealogía, es del mayor interés este ejemplo de cómo la riqueza que nacía en el Perú servía para financiar aventuras mas o menos quiméricas en el Viejo Continente. Es también un ejemplo de cómo la milenaria nación andina tiene con España y su Imperio toda una serie de lazos de sangre que para bien o para mal dieron a sus habitantes una participación en los acontecimientos mundiales que quizá no ha sido debidamente estimada. El caso de este limeño lanzándose a la conquista de Inglaterra, o que el azar de las alianzas emparentó con la Casa Real española merece un estudio exhaustivo.


Dice de estos Rozas (a los que llama Rosas) don Manuel de Mendiburu lo siguiente:


Rosas. El Capitán D. Francisco. Caballero de la orden de Alcántara y superintendente general de rentas del Perú. A su hijo D. Tomás Casimiro, cruzado de la misma orden y gobernador de Cajatambo, le concedió el rey Felipe V, en 10 de mayo de 1706 el título de conde de Castell-blanco: éste había publicado en 1704, un memorial acerca de los servicios de sus ascendientes. Sucedióle en dicho título su hijo, don José de Rosas y Agama Meléndez de la Cueva, nacido en Lima y también caballero de Alcántara. Jacobo II, aquel rey tan ardoroso e intransigente que quiso restablecer el catolicismo en Inglaterra fue destronado, entrando a reinar su yerno el príncipe de Orange, y tuvo que asilarse en Francia. No pudo recuperar la corona, pues a pesar de los auxilios y protección de Luis XIV, la mala fortuna destruyó todas sus empresas y falleció en San Germán el año de 1701. Su hijo Jacobo III, como él se denominaba, pero más conocido por el pretendiente, y el caballero de San Jorge, era católico al igual que su padre, y lo mismo que él nada feliz en sus tenaces intentos. A este príncipe y a su padre Jacobo II, sirvió con entera consagración el hábil y entendido limeño que nos ocupa, don José de Rosas, heredero del condado de Castell-blanco, el cual en sus dictados usaba los de Duque de San Andrés, marqués de Borlan, Villamonte y Pezuela, conde de Jordán, vizconde de Baz, duque y Par, grande de primera clase, caballero de la orden de la Jarretiere, y embajador del cristianísimo rey Jacobo al Papa. En un retrato de Rosas que hemos visto en casa de los marqueses de Santa María, sus deudos, se hallan estas noticias y la de que estuvo previsto para virrey del Perú, lo cual ignorábamos. Después de su muerte invistió el título de conde de Castell-blanco su hijo don Juan José de Rosas (hermano de la marquesa de San Leonardo), Grefier de la insigne orden del Toisón de oro y mayordomo de semana del Rey Felipe V. Habríamos deseado adquirir abundantes datos con respecto a Rosas pero no los hemos conseguido, sin embargo de nuestras diligencias.


Existe también información genealógica en la fabulosa colección de Luis de Salazar y Castro que incluye los "Costados de don Luis de Rozas y Meléndez de la Cueva Fernández de Santayana y de Gama, natural de la Concepción de Tapo, parroquia de Tarma (Perú)" en su obra "Apuntamientos Genealógicos de diferentes familias de España, sacadas de sus escritores y autores fidedignos".

2. Linajes y alianzas


2.1 Los Drummond de Melfort


2.1.1 Antigüedad del linaje Drummond de Escocia


Los Drummond son uno de los linajes más antiguos de Escocia, emparentados con su casa real. En los orígenes de esta antigua familia es difícil separar lo histórico de lo legendario. El primero de esa familia que, tomó el nombre de Drummond, sería un Mauricio, caballero húngaro, nieto de Andrés, rey de Hungría, que dejó Inglaterra con Edgard Atheling, el legítimo heredero de aquella corona que había sido privado de la Sucesión por Haroldo I y más tarde por Guillermo, duque de Normandía, que conquistó el Reino en 1066. Mauricio, capitaneó el barco en el que Edgardo, su Madre, Agatha, y sus hermanas, Margarita y Chisline se embarcaron. Teniendo que enfrentarse a una fuerte tormenta, tuvieron que refugiarse en Escocia dónde entraron por la desembocadura del río Perth y acamparon en un lugar que todavía se llama Margaret?s Haop, por Margarita, la hermana de Edgardo. Esta princesa, la futura Santa Margarita, patrona de Escocia, casó con Malcolm III, rey de Escocia, que recompensó a Mauricio Drummond cargándolo de honores y riqueza y concediéndole un amplio condado. Por influencia de la Reina se casó con una de sus damas de honor, de la cual descienden los Drummond de Escocia. A esta versión, que Collier hace suya, otros autores modernos añaden la precisión de que el apellido Drummond derivaría de las tierras de Drummond o Drymen en Stirlingshire cuyo Lord fue Malcom Beg, descendiente de Mauricio. Los jefes del clan Drummond fueron barones de Cargill y Stobhall on the Tay. A esta ilustre familia pertenecieron una reina y la mujer de un rey: Anabella Drummond, que casó con Robert III, rey de Escocia y fue la madre de Jaime I, y Margarita Drummond quien se casó privadamente en 1470 con Jaime IV, rey de Escocia, pero con quien no llegó a casarse públicamente porque tardó en llegar la oportuna dispensa papal y cuando llegó, Margarita había sido envenenada, se cree que por nobles escoceses envidiosos. Por estas alianzas regias con la casa de los Estuardos, los Drummond son antecesores de los reyes de Inglaterra y de Escocia, y en su virtud, aliados de varias casas reales europeas.


2.1.2 John Drummond, duque de Melfort


El bisabuelo de Teresa Vallabriga, John Drummond (1649-1714), había casado en primeras nupcias con la heredera de la baronía de Lundis, de la que tuvo seis hijos, y en segundas nupcias con Eufemia Wallace, hija de Thomas Wallace, barón de Craigie o Craig, de antiquísima familia escocesa, de la que tuvo al menos nueve hijos, que, según Collier, fueron seis varones y tres mujeres, respectivamente John, marqués de Forth, Thomas, William, Andrew, Reynald y Philip, siendo las tres mujeres Catherine, Theresa y Mary. Collier no cita entre esos hijos a Francisca, la abuela de Teresa Vallabriga. Probablemente la benjamina, Mary, sea la María Drummond que casó en primeras nupcias con José de Rozas.


De John Drummond y de su hermano James, el duque de Perth, existen, como es lógico, referencias en la rica bibliografía francesa y británica. De Irving tenemos la siguiente descripción:


Melfort, John Drummond, Earl of


Second son of James, Third Earl of Perth, Depute-Governor of Edinburg Castle and General of Ordnance, 1680; a principal Secretary of State, 1684; created Viscount Melfort by King James, April 1685; at the Revolution, repairs to the abdicated King in France; and, in 1690, attends him to Ireland; is invested wiht the Order of the Garter by the fallen monarch; and, in 1701, when he was chief director of affairs at St. Germains, is made Duke of Melfort and Count de Lussan in France. The Earl?s second wife, Euphemia, daughter of Wallace of Craigie, lived till she was over 90 years of age, and is said to have suported himself in her latter days by keeping one of the two faro tables authorized by Louis XIV


En Francia existen numerosas referencias a personajes de la familia Drummond de Melfort, descendientes de John.


Louis Drummond de Melfort, (1722-1790?), conde de Melfort, mariscal de Campo. Sobre él existen referencias en el diccionario de Courcelles.


Louis-Charles Drummond de Melfort, (1790-1880), hijo de Louis Malcolm, conde de Melfort, teniente general, y de Lady Caroline Maekensie, hija única del XV conde Scoforth, par de Escocia y gobernador de Ceilán. Sirvió a Luis XVIII. A pesar de ello combatió en Waterloo, y entre otras acciones, participó en la expedición de los Cien mil hijos de San Luis, en 1823, que acabó con el trienio liberal en España.


Louis Hector Drummond de Melfort (1726-1788), general que publicó en 1748 un Ensayo sobre la caballería ligera, resultado de su viaje a Prusia y en 1776 un Tratado de la caballería. Ese libro fue adoptado como manual de caballería de numerosos ejércitos europeos.


Louis-Pierre Drummond de Melfort, nacido en 1760, mariscal de campo. Emigró durante la Revolución y percibía todavía una pensión en 1817.


En el Index Biographique Français podemos hallar también referencia a una Marie Caroline Drummond de Melfort (1869-1898), mujer del barón Durand de Fontmagne, escritora y compositora.


Ya subrayamos cómo existe una obra acerca de los Drummond de Melfort que no hemos podido consultar.


También menciona Courcelles algún personaje de la rama francesa de los Drummond de Perth, en particular


Louis Drummond de Perth, teniente general en los ejércitos franceses, del que Courcelles no consiguió averiguar la fecha de nacimiento ni la de fallecimiento, pero que en 1734 era capitán en el regimiento irlandés de Berwick y que quizás falleciera en 1787.


En todo caso no deja de ser curioso que si el primer Drummond llegó a Escocia huyendo de Inglaterra escoltando a un príncipe destronado, estos hermanos Drummond pasaron a Francia sacrificándolo todo a la causa de un Rey destronado. Curioso paralelismo. De los hermanos Drummond, J.F. Waller, imperialista inglés y estuardófobo, nos ha dejado una negrísima visión.Y al gran panfletista, periodista y novelista inglés Danie Defoe, universalmente conocido como autor de Robinson Crusoe, se atribuyen unas memorias apócrifas del duque de Melfort. Precisemos que el ducado, antes condado, de Perth, llevado primero por James Drummond, pasó sucesivamente a cinco de sus hijos y luego revertió en la rama de los Drummond de Melfort. La Reina Victoria restauró los títulos de conde Perth y de Melfort en George Drummond (fallecido en 1902), hijo de Léon Drummond.


2.2 Los Wallace de Craigie


La familia Wallace es un antiguo linaje de Escocia. De Anderson extraemos el dato de que los Wallace de Craigie, Ayrshire, descienden de Richard Wallace de Riccarton, tío del famoso William Wallace, el héroe escocés que encarna Mel Gibson en la reciente y oscarizada película, Brave Heart. John Wallace de Riccarton, nieto de aquel Richard Wallace, casó con Margaret, hija y heredera de Sir John Lindsay de Craigie, cuyas armas están cuarteladas con las suyas propias. Su hijo, Adam Wallace, heredó Craigie y de él desciende Hugh Wallace, creado baronet de Nova Scotia. Como el hijo de Sir Hugh sufría de una enfermedad mental, heredó a Sir Hugh su sobrino-nieto Thomas Wallace.


2.3 Los Vallabriga


Los Vallabriga, o Ballabriga, a veces erróneamente escrito como Villabriga toman su apellido del lugar de Ballabriga, provincia de Huesca, junto al río Isabena. Los Vallabriga son sin duda una familia de intachable pedigrí, como de ello da sobrada demostración el que varios miembros de esta familia, antepasados de Mª Teresa, fueran elegidos jurados de cap, honor este que solo se atribuía a personas linajudas. Tenemos a un Raymundo de Ballabriga justicia mayor de Aragón en el siglo XV, y en los siglos XVII y XVIII varios Vallabriga serán regidores perpetuos de la ciudad de Zaragoza, y entre ellos algún antepasado de Teresa.


El expediente de Santiago de Luis de Vallabriga y Rozas, del que tomamos estas informaciones no habla para nada de un origen real de esta familia, y contrariamente a algunas afirmaciones aparecidas a este respecto soy de la opinión de que si ese origen real fuese cierto no habrían dejado de reivindicarlo los hermanos Vallabriga. Antes bien, nos dice el referido expediente que de la villa de Cosculluela del Toro donde se afincó esa familia originariamente, pasó una rama a Monzón de la que saldría el tatarabuelo de Teresa para afincarse en Zaragoza.


Fueren cuales fueran los méritos de los antepasados de Teresa, el tiempo no ha permitido que sobrevivieran hasta nuestros días, lo que contrasta con el tono enfático y las demostraciones de respeto que se registran en el expediente.


Quizá en el Archivo de la Corona de Aragón existan más datos que yo ignoro. Latassa sólo menciona a un Vallabriga, Micer don José Vallabriga y Descartín.


2.3.1 Luis de Vallabriga y Rozas


De Luis Vallabriga y Rozas, hermano de Teresa, Teniente General de la Armada hemos hallado escuetas referencias en Carrasco y Saiz. Mucho más extenso es el trabajo de Pavía que le dedica tres páginas:


Vallabriga (D. Luis de) Teniente general.


Damos cabida en nuestra colección a la del mencionado General que sirvió con crédito en nuestras antiguas escuadras y que, sin embargo de la alta graduación que obtuvo, murió en edad temprana.


Nació el Sr. D. Luis Vallabriga y Rozas, señor de Soliveta, en la ciudad de Zaragoza, capital del antiguo reino de Aragón, de nobilísima familia, y dedicado por inclinación a la carrera de la mar, solicitó y obtuvo Carta-orden de guardia marina y sentó plaza en 30 de abril de 1767.


Ascendió a alférez de fragata el 21 de agosto de 1770; a alférez de navío el 11 de enero de 1773; a teniente de fragata, el 16 de marzo de 1776; a teniente de navío, el 2 de junio de 1777; a capitán de fragata, el 21 de diciembre de 1782; a capitán de navío, el 14 de junio de 1785; a Brigadier el 25 de enero de 1794; a jefe de escuadra, el 11 de diciembre de 1800 y a teniente general, en 27 de agosto de 1802.


Ha estado embarcado 19 años, incluso cinco de viajes a la América meridional.


En el navío Trinidad, de Ayudante de la Mayoría de la escuadra del Excmo. Sr. D. Luis de Córdova, se halló en el combate naval que sostuvo la escuadra combinada contra la inglesa regida por el Almirante Howe a la desembocadura del estrecho de Gibraltar en 1782, estando también el propio año en el puerto de Algeciras con el encargo de la lancha del propio navío para el socorro de las flotantes.


Hecha la paz en 1783 pasó con Real licencia a Zaragoza, siguiendo después su carrera con distinción, tanto en las costas de la Península como en las de Buenos Aires, Chile y el Perú, hasta el año de 1794 que se le confirió el mando del navío Concepción en que tenía arbolada su insignia el Teniente General D. Francisco de Borja, en el que subsistió hasta mediados de 1796 que desembarcó por enfermo.


En 28 de abril de 1797 se presentó en el Departamento y se le confirió el mando del navío San Pablo, con el que asistió a todas las operaciones del sitio de Cádiz, perteneciendo su navío a la escuadra del mando del Excmo Sr. D. José de Mazarredo; en 1798 salió de Cádiz con la propia Armada en persecución de la inglesa que bloqueaba el puerto, regresando a la bahía; en 1799 repitió segunda salida para el Mediterráneo, e incorporado en Cartagena con la escuadra francesa del Almirante Bruix, salió para Cádiz y luego para Brest .


Continuó en aquel Departamento marítimo de la Francia, concurriendo con su navío a todos los trabajos penosos que se ofrecieron hasta el 1 de enero de 1800 que desembarcó por enfermo y obtuvo licencia para trasladarse a Zaragoza; pasó después a Madrid ya ascendido a General, y allí falleció de enfermedad natural el 25 de noviembre de 1803 a los 52 años de edad y 36 de honrosos servicios a sus Reyes y patria.


Era el General Vallabriga un modelo de honor, firmeza y probidad, y se conserva una buena memoria de él en el cuerpo de la Armada.


2.4 Los Villalpando


La madre de Teresa, Josefa Rozas y Drummond había casado en primeras nupcias, en 1740, con don José Custodio de Villalpando y López de Ruesta, tercer conde de Torresecas y segundo marqués de la Compuesta, título que heredó de su tío carnal materno don José Rodrigo de Villalpando. De este matrimonio fue fruto don José de Villalpando y Rozas, cuarto conde de Torresecas, tercer marqués de la Compuesta y hermano uterino de Teresa Vallabriga. En 1748 doña María Josefa enviudó y contrajo segundo matrimonio, con don José de Vallabriga, el padre de Teresa. Los Villalpando estaban vinculados desde hacía ya tiempo a Zaragoza. Ya vimos como un Alonso de Villalpando, conde de Torresecas, fue regidor de esa ciudad en los primeros lustros del siglo XVIII.


2.5 Don Pedro Fitz-James Stuart y Portugal, marqués de San Leonardo


Esposo de María Benita Rozas y Drummond, tía carnal de María Teresa Vallabriga, el marqués de San Leonardo fue todo un personaje. Marino, sin duda a él se debió la vocación de su sobrino don Luis de Vallabriga. Reproducimos a continuación las páginas que sobre este personaje escribió Francisco de Paula Pavía:


Con gusto colocamos en nuestra colección biográfica la del General que se menciona, que pertenecía a una de las primeras familias de nuestra aristocracia, y que por sus méritos y distinguidos servicios alcanzó la principal dignidad de la milicia.


Nació este ilustre personaje, que se llamaba don Pedro Fitz-James Stuart, en Madrid; era hijo segundo, del segundo matrimonio de la Duquesa de Veragua doña Catalina Colón de Portugal con el tercer Duque de Berwich y Liria. Estaba entroncado con la principal nobleza castellana y fue tío político de doña Teresa Vallabriga, esposa del Infante don Luis de Borbón.


La educación del joven Stuart fue correspondiente al lustre de su cuna y desde bien joven, como a otros de su clase y condiciones, le concedió el Rey Felipe V el empleo de capitán de caballería. Pero teniendo él una gran inclinación a la carrera de la mar, solicitó entrar en el cuerpo de la Real Armada.


Hubo desde luego la dificultad consiguiente que lo verificase con el empleo militar de que estaba revestido, y por fin, después de muchos favores, consiguió hiciese el aprendizaje como guardia marina y luego obtendría aquel.


Al efecto se le expidió Carta-orden y sentó plaza en el Departamento de Cádiz el 9 de mayo de 1736.


Examinado al momento de los estudios elementales, que ya tenía aprendidos con aprovechamiento, se le embarcó para ejecutar la parte práctica en los buques que navegaban en las costas del propio Departamento, concediéndosele el empleo de teniente de navío el 29 de Agosto de 1737, en analogía con el anterior militar que disfrutaba.


Embarcó como tal en uno de los jabeques que hacían el corso contra moros, tuvo varios encuentros con buques de las potencias berberiscas, y condujo tropas a nuestras plazas de África.


Trasbordado al navío Astuto, navegó en el Océano haciendo un viaje redondo a las islas Canarias y un crucero de 80 días sobre las Terceras para proteger la recalada de las embarcaciones de América.


Ascendido a capitán de fragata en 28 de Agosto de 1740 y embarcado en la escuadra mandada por el General don Rodrigo de Torres, salió de Cádiz a principios de 1741 para la América septentrional, recorrió nuestras Antillas y la Costa-Firme, y en Cartagena de Indias transbordó a la escuadra del Teniente General don Blas de Lezo, con la que estuvo en la gloriosa y porfiada defensa de aquella plaza en dicho año de 1741, sosteniendo con multitud de combates el puesto de Boca Chica, rechazando el gran armamento y escuadra del mando del Almirante Vernon, con gloria de las armas reales y honra y prez para el valor español.


Restituido a España el año siguiente, pasó a Madrid con licencia al lado de su familia, para descansar algún tiempo de vida tan azarosa y trabajos tan notables.


Ascendió a capitán de navío el 24 de Enero de 1745; obtuvo el mando de la fragata Aurora, con la que recorrió el Mediterráneo, visitando los principales puertos de las costas de España, Italia y Francia.


En 1750 pasó a mandar el navío Dragón, con el cual y llevando a sus órdenes el nombrado América, hizo el corso en el Océano y Mediterráneo, y sostuvo varios combates con buques argelinos siendo el más notable el que vamos a referir.


Los navíos españoles eran de 64 cañones, y los dos argelinos con que se batieron, el uno se llamaba el Danzik (la capitana) y el otro el Castillo Nueco (la Almirante), de 54 cañones.


Hallándose don Pedro Stuart el 28 de Noviembre con sus dos navíos al OSO. del cabo de San Vicente, a distancia 20 leguas, avistó por barlovento los expresados navíos argelinos, que con fuerza de vela se dirigían a reconocerlos. Con este fin, y con el de ganarles el barlovento, orza don Pedro Stuart con sus dos buques hasta que reconocidos por enemigos y ya a tiro de cañón empezó el combate y a las dos primeras descargas logró poner en fuga a la Almiranta enemiga, la cual, por haberse colocado muy a barlovento, no pudo volver a batir ni entró más en función.


Por esta razón y la de asegurar la rendición de la capitana que ya tenía a sotavento suyo, continúo con ella el combate desde las cinco y media de la tarde del 28 hasta las dos y media de la madrugada del 29, que logró desarbolarla del mastelero la gavia y cortarle las drizas de la mayor.


En este estado, dispuso Stuart que don Luis de Córdova, con su navío el América, continuase el combate, lo que verificó desde luego, suspendiéndolo él con el objeto de componer la maniobra de su navío que estaba muy maltratada.


A las once y media de la mañana del expresado día 29, volvió al fuego don Pedro Stuart, y se retiró el América para que también remediase sus descalabros y verificado continuaron juntos hasta las dos y media de la tarde, que el poco viento y mucha mar los separó fuera de tiro de cañón quedando el enemigo sin palo de mesana, con la popa hecha pedazos, destrozado el aparejo y las velas. La Almiranta se mantuvo a barlovento a larga distancia, hasta la mañana del 30, que se perdió de vista.


En este día arrió la capitana la bandera por ver que, habiendo refrescado el viento, se dirigían sobre ella los navíos españoles; pero el Arraez, obligado de su tripulación, la volvió a izar y prosiguió el combate desde las dos y media de la tarde hasta ponerse el sol.


Suspendió Stuart la función, siguiendo a vista del enemigo el 1º de Diciembre, porque sus navíos, con la mucha mar, no podían jugar la batería baja, y sí el enemigo por tenerla muy alta.


Al siguiente día 2, a las dos y media, volvieron los españoles al combate, atacando fuertemente al Danzik y lo continuaron hasta las cuatro y media que finalmente le obligó a arriar bandera, tan destrozado el buque que no se pudo contener el agua que hacía, por lo que dispuso Stuart prenderle fuego, sacando antes la tripulación.


Del parte de este Jefe consta que dicha tripulación del Danzik se componía de 564 hombres, que de ellos murieron en el combate 194 moros y turcos, que se rescataron 50 cristianos y que se hicieron prisioneros 320 moros y turcos, de ellos 90 heridos incluso el Arraez, tres oficiales y seis renegados.


En nuestros navíos hubo 25 hombres fuera de combate entre muertos y heridos, atribuyéndose tan moderada perdida de parte de los españoles a las precauciones que tomó don Pedro Stuart y a que el combate lo practicó de lejos para sacar partido del mayor alcance de su artillería. Los aparejos y velamen de los navíos quedaron muy destrozados.


El Rey, en vista de este glorioso hecho de armas, mandó expedir a su Secretario de Estado y del Despacho de Marina la orden que a continuación se copia, dirigida al Capitán y Director General de la Armada, Marqués de la Victoria, que residía en Cádiz y mandaba a la vez el Departamento.


"Ha leído el Rey y oído S. M. con mucha satisfacción la relación que V. E. acompaña con carta de 19 del corriente, del combate que tuvo con gloria de las armas reales don Pedro Stuart y Portugal, con los dos navíos de su cargo, Dragón y América, sobre el cabo de San Vicente, con la capitana y Almirante argelina habiendo logrado poner en fuga este último bajel bien maltratado, y quemar la capitana enemiga, haciendo cautiva la mayor parte de la tripulación y guarnición. Y enterado S. M. muy por menor de todas las circunstancias de tan bizarra función y del valor y acertada conducta con que han peleado y maniobrado don Pedro Stuart y Portugal, don Luis de Córdova, y a su ejemplo los Oficiales, guardias marinas, tripulaciones y guarniciones, ha resuelto S. M. que V.E. manifieste a todos su Real agrado, y a don Pedro Stuart, que S. M. le ha promovido a Jefe de Escuadra y a capitanes de navío al Marqués de Casinas y don Juan Ignacio Salaverría, segundos de los expresados navíos; y ha concedido a don Luis de Cordova la encomienda de Vetera en la orden de Calatrava. Asimismo ha resuelto S.M. se gratifique a las tripulaciones y guarniciones de ambos bajeles (exclusos Oficiales mayores y guardias marinas) con el importe de una paga de sus sueldos respectivos: que si los que han muerto en el combate o después de él de resultas de las heridas, eran casados, se asista a las viudas con las dos terceras partes del sueldo que gozaban los maridos; y que a los heridos que quedasen imposibilitados de servir se les asista con el sueldo de inválidos en cualquier parte que los quieran disfrutar. Los turcos y moros cautivos han de ponerse en la Carraca o en donde estén con seguridad y trabajen en las obras de arsenales, cuyo punto determinará V.E. de acuerdo con don Francisco de Varas; y a los turcos que lo merezcan y pareciesen más o menos distinguidos, según el concepto que V.E. Y don Francisco formasen, con referencia a nuestros esclavos en Argel, se les tratará con discreción. Don Pedro Stuart y el Marqués de Casinas deberán desembarcarse, y don Luis de Córdova ha de mandar los navíos Dragón y América, y don Juan Ignacio Salaverría, se embarcará de Comandante del en que no embarque don Luis de Córdova. Dará V.E. y don Francisco de Varas prontas providencias para que inmediatamente se reparen los cascos, arboladura y aparejos de los navíos Dragón y América, con el fin de que salgan a continuar el corso contra moros en el Océano, según lo ha practicado don Pedro Stuart, a quien entregará V.E. el adjunto pliego— Dios Guarde a V.E. muchos años. Madrid, 25 de Diciembre de 1751— El Marqués de la Ensenada— Sr. Marqués de la Victoria".


Con la indicada graduación obtuvo don Pedro Stuart el mando de una escuadra de tres navíos y dos fragatas, con la hizo una comisión al canal de la Mancha, visitando el departamento inglés de Plimouth y los franceses de Brest y Rochefort; empleó en esta comisión un año, y después pasó a Ferrol conduciendo en su escuadra a Lisboa el Ministro nuestro en aquella corte, y restituyéndose después a Cádiz.


Aumentada su escuadra, salió para el Mediterráneo recorriendo las costas de España, Francia e Italia, siendo promovido a Teniente General de la Armada en 17 de Diciembre de 1757.


En 1759 se le mandó a Stuart unirse con su escuadra a la del Exmo. Sr. Capitán General Marqués de la Victoria, en la cual quedó de tercer Jefe, y con la que se condujo de Nápoles a Barcelona al Sr. Rey don Carlos III y toda su Real Familia.


Concluida esta comisión desembarcó y fue nombrado primer Caballerizo del Rey el 15 de Diciembre del repetido año de 1759, a cuyo efecto pasó Stuart a la corte para desempeñar su nuevo cometido.


Don Pedro Stuart había obtenido la Gran Cruz de San Genaro de Nápoles, a consecuencia de su última campaña de mar, siendo Gentil-Hombre de Cámara de S.M. con ejercicio y Comendador del Corral de Caraquél y de la Huerta de Valdecaravanos en la orden militar de Calatrava, que le reditaban anualmente la cantidad de 17.867 reales de vellón.


Por cesión de su hermano el Duque de Berwich y Veragua se le autorizó en 8 de mayo de 1764 para llevar el antiguo título de Marqués de San Leonardo, creado en 1649 y que hoy posee el Duque de Berwich y Alba.


En 1771 obtuvo la Gran Cruz de la Real y distinguida orden española de Carlos III, y por último, en 1789, elevado a la suprema dignidad de Capitán General de la Armada.


Corto tiempo disfrutó el anciano General esta alta distinción pues a poco murió en el monasterio de nuestra Señora de Sopetran a los 70 años, ocho meses y tres días de edad.


El Marqués de San Leonardo en todos sus destinos acreditó tan singular amor al Rey, como actividad, celo y pericia en el desempeño del servicio de S.M., por cuya circunstancia mereció el Real aprecio, la consideración particular del cuerpo de la Armada y el concepto público de marino valiente y honrado y cumplido y pundonoroso caballero.


Cita Francisco Vázquez, dos trabajos de don José Cepeda y Adán basados en la correspondencia entre don Pedro y su hermano el duque de Liria.


2.6 Los Español


Existen numerosas referencias a la familia Español que reproducimos en un trabajo todavía inédito. No mencionaremos nada de este linaje, que está documentado en Enciclopedias, nobiliarios y de pasada en alguna obra de carácter general.


Sólo diremos que se tiene constancia de cómo en el antiguo condado de Ribagorza, fueron apareciendo de forma continuada distintos caballeros que llevaron el apellido Español, y en todos los nobiliarios que mencionan esta familia no hay ninguno que deje de aludir a un Bernardo Español que acompañó a Jaime I en su conquista de Mallorca. Curiosamente no aluden nunca a Berenguer, hermano de Bernardo, que también participó en aquella empresa.


El señorío de Soliva o Soliveta, junto a Arén, estaría vinculado a esta familia desde el 1213, por donación de Sancho Ramírez, y en toda la Ribagorza aparecen otros Español que ocuparon distintos cargos en las antiguas instituciones de Aragón. Como suele suceder, los únicos testimonios escritos que han sobrevivido a las guerra e incendios son documentos de eclesiásticos. Sabemos, por ejemplo, que en 1260 un Guillén Pérez Español era prior del célebre monasterio de Piedra.


Dejando de lado los ilustres Español mallorquines, para centrarnos en los puramente aragoneses, los únicos personajes de esta familia que merecieron la atención de los cronistas fueron un José Español y Serra que fue obispo de Viena y capellán de la emperatriz Mariana de Austria, autor de distintos escritos, de los cuales muchos se han perdido, con el que sin duda tenían cercano parentesco los Español ascendientes de Teresa, puesto que usaron, brisadas, las mismas armas, y un Antonio-Domingo Español y Lara que fue del consejo de S.M. en tiempos de Felipe IV y Carlos II, y que sin duda debió su carrera a la circunstancia de ser sobrino del conde de Haro.


Muy fieles a sus señores los reyes debieron ser los Español antepasados de doña Teresa, ya que su bisabuelo José Español, que se hizo valedor de Felipe V, durante la guerra de Sucesión, tuvo que enfrentarse a todo su pueblo natal de Arén que se había decantado a favor del Archiduque, y por ello sufrió la quema de su casa con todos los papeles y pertenencias que en ella se conservaban.


El abuelo de José, Agustín, organizó la defensa de Arén durante la guerra de 1640 contra los franceses y sus aliados catalanes.

3. Conclusión


Se podría, claro estar, profundizar más acerca de los orígenes familiares de doña Teresa Vallabriga. Que los Vallabriga fueran un linaje de reyes, no lo he podido confirmar en ningún documento. Sí es cierto, en cambio, que Teresa Vallabriga descendía por los Drummond de un linaje emparentado con familias reales.


Entre sus antepasados, tanto Rozas como Español, hubo quien sacrificó vida y hacienda al servicio del primer Borbón español, Felipe V. En especial, el personaje del conde de Castilblanco, José de Rozas, merece un detallado estudio. Quizás aquellos antepasados de Teresa que tanto hicieron al servicio de Felipe V, se hubieran indignado al ver cómo Carlos III trataba a su nieta.


Esperamos que estas líneas sirvan, si no para deshacer entuertos del siglo XVIII, por lo menos para iluminar algunos puntos que hasta ahora han permanecido en la sombra proyectada por el oportunismo político y la falta de rigor de algunos historiadores.