SALMO XVII

    SALMO XVII

Miré los muros de la Patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de larga edad y de vejez cansados,
dando obediencia al tiempo en muerte fría.

Salíme al campo y vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
porque en sus sombras dio licencia al día.

Entré en mi casa y vi que, de cansada,
se entregaba a los años por despojos.
Hallé mi espada de la misma suerte;

mi vestidura, de servir gastada;
y no hallé cosa en que poner los ojos
donde no viese imagen de mi muerte.

Francisco de Quevedo y Villegas, antes de 1613



Heráclito Cristiano y Segunda Arpa a Imitación de la de David. Soneto
Otras Versiones: Posterior

Incluido en Poesía varia. Francisco de Quevedo. Ed. James O.Crosby. Ediciones Cátedra - Letras Hispánicas, nº 134. Undécima edición. 1997.


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