SONETO XXXVII

    SONETO XXXVII

A la entrada de un valle, en un desierto,
do nadie atravesaba, ni se vía,
vi que con extrañeza un can hacía
extremos de dolor con desconcierto;

agora suelta el llanto al cielo abierto,
ora va rastreando por la vía;
camina, vuelve, para, y todavía
quedaba desmayado como muerto.

Y fue que se apartó de su presencia
su amo, y no le hallaba; y esto siente;
mirad hasta do llega el mal de ausencia.

Movióme a compasión ver su accidente;
díjele, lastimado: «Ten paciencia,
que yo alcanzo razón, y estoy ausente».


Garcilaso de la Vega



   Sonetos    

Incluido en Poesía Completa. Garcilaso de la Vega. Ed. Juan Francisco Alcina. Colección Austral A96, tercera edición de junio de 1995. ESPASA CALPE S.A.

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